Embarazo y educación
Era necesaria una declaración oficial del Ministerio de Educación que prohíbe expulsar o negar matrícula a adolescentes embarazadas. Ya lo dice el respectivo Código y, sin embargo, hay colegios que no lo respetan y que, utilizando innumerables subterfugios, rechazan a las estudiantes embarazadas porque las consideran manzanas dañadas en el cesto de las bondades.
Hace un par de años, la rectora de un colegio fiscal de muchachas solicitó muy comedidamente a una de sus profesoras que apareció en octubre con su embarazo incipiente que, hasta que dé a luz, no fuera a clases. “El colegio pondrá un reemplazo y usted seguirá recibiendo su sueldo normalmente. Es que no quiero que su embarazo se convierta en un mal ejemplo para las chicas que seguramente se van a embarazar como usted”.
Historias interminables de atropellos a los derechos de las mujeres adolescentes que tienen en sus profesoras a sus más enconadas detractoras.
Porque parecería incomprensible que sean las mujeres, rectoras, inspectoras, quienes más persiguen a las chicas, mujeres como ellas, pero que en ese instante dejan de serlo para aparecer como la Eva de los mitos y de las leyes, la Eva transgresora, capaz de dar cuenta de su sexualidad. La Eva de la religión, la causante de todos los males que han asolado a los mortales a lo largo de todas las historias y de todas las persecuciones.
El embarazo ha sido tratado como un delito que merece que se expulse de las aulas a esa pobre muchacha de 14 años que apenas si alcanza a hilvanar unas cuantas ideas que proporcionen alguna explicación de lo que le acontece, cuando ese puñado de afectos contradictorios que le invaden tan solo le confunde más y más. A esa muchacha que, presa de la pasión y los deseos, se entregó a los goces sin pensar más allá de ese instante mágico e infinito que ahora querría que no se hubiese producido nunca.
Con su Acuerdo, el Ministerio de Educación da cuenta de que el problema sigue vigente pese a las leyes y pese a los cambios que se han producido.
Por cierto, existen nuevas actitudes y nuevos saberes pues el trabajo realizado en torno al tema de los derechos no ha significado arar en el mar.
Sin embargo, el maltrato persiste en toda la extensión de nuestra geografía, de los discursos revolucionarios, de las proclamas de igualdad que, en estos y en muchos otros temas, no dan cuenta de otra cosa que de la necesidad de la grandilocuencia, de la urgencia de parecer libertarios en público cuando en los órdenes particulares las cosas no cambian gran cosa.
El Ministerio pide a los colegios poner en juego estrategias destinadas a mejorar las condiciones de vida de la embarazada. Propuesta invalorable e indispensable. Sin embargo, ¿cómo hacerlo sin involucrar al resto de chicas y muchachos en una tarea de la que los varones, por principio, quedan fuera del escenario como si ellos nada tuviesen que ver en el problema?
http://www.hoy.com.ec/
Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
Hace un par de años, la rectora de un colegio fiscal de muchachas solicitó muy comedidamente a una de sus profesoras que apareció en octubre con su embarazo incipiente que, hasta que dé a luz, no fuera a clases. “El colegio pondrá un reemplazo y usted seguirá recibiendo su sueldo normalmente. Es que no quiero que su embarazo se convierta en un mal ejemplo para las chicas que seguramente se van a embarazar como usted”.
Historias interminables de atropellos a los derechos de las mujeres adolescentes que tienen en sus profesoras a sus más enconadas detractoras.
Porque parecería incomprensible que sean las mujeres, rectoras, inspectoras, quienes más persiguen a las chicas, mujeres como ellas, pero que en ese instante dejan de serlo para aparecer como la Eva de los mitos y de las leyes, la Eva transgresora, capaz de dar cuenta de su sexualidad. La Eva de la religión, la causante de todos los males que han asolado a los mortales a lo largo de todas las historias y de todas las persecuciones.
El embarazo ha sido tratado como un delito que merece que se expulse de las aulas a esa pobre muchacha de 14 años que apenas si alcanza a hilvanar unas cuantas ideas que proporcionen alguna explicación de lo que le acontece, cuando ese puñado de afectos contradictorios que le invaden tan solo le confunde más y más. A esa muchacha que, presa de la pasión y los deseos, se entregó a los goces sin pensar más allá de ese instante mágico e infinito que ahora querría que no se hubiese producido nunca.
Con su Acuerdo, el Ministerio de Educación da cuenta de que el problema sigue vigente pese a las leyes y pese a los cambios que se han producido.
Por cierto, existen nuevas actitudes y nuevos saberes pues el trabajo realizado en torno al tema de los derechos no ha significado arar en el mar.
Sin embargo, el maltrato persiste en toda la extensión de nuestra geografía, de los discursos revolucionarios, de las proclamas de igualdad que, en estos y en muchos otros temas, no dan cuenta de otra cosa que de la necesidad de la grandilocuencia, de la urgencia de parecer libertarios en público cuando en los órdenes particulares las cosas no cambian gran cosa.
El Ministerio pide a los colegios poner en juego estrategias destinadas a mejorar las condiciones de vida de la embarazada. Propuesta invalorable e indispensable. Sin embargo, ¿cómo hacerlo sin involucrar al resto de chicas y muchachos en una tarea de la que los varones, por principio, quedan fuera del escenario como si ellos nada tuviesen que ver en el problema?
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Dr. José Manuel Ferrer Guerra
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