La anemia es una enfermedad silenciosa que se produce por la falta de hierro y es muy frecuente durante el embarazo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de mujeres afectadas por estas condiciones durante la gestación promedia el 56 por ciento en los países dearrollados.
En el embarazo, la anemia por deficiencia de hierro aumenta el riesgo de restricción del crecimiento fetal y puede acarrear prematurez, pérdida del embarazo, mortalidad materna posparto, prolongación del período de expulsión del bebé (esto debido a la falta de fuerza muscular), cansancio y apatía.
“Durante el embarazo el cuadro de anemias asciende un 90 por ciento, porque aumenta el volumen sanguíneo y hace que se incrementen las demandas de hierro. Por otra parte, al tener que alimentar al bebé, en general el consumo de alimentos ricos en hierro terminan siendo insuficientes”, explicó a El Territorio Javier Del Longo, especialista en ginecología y obstetricia.
Un estudio realizado en nueve hospitales públicos de diferentes provincias del país reveló que el 39,5 por ciento de las embarazadas llega al parto con anemia por falta de hierro, lo que implica riesgos para el bebé y para la propia madre. “Algo no se está cubriendo lo suficientemente bien”, señaló a un matutino porteño la doctora María Gabriela Berta, directora de Planeamiento de la Fundación Argentina contra la Anemia (Fundanemia).
Esta institución encaró la investigación con la Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO), entre octubre de 2004 y abril de 2005. De las cifras del estudio se extrajo que la anemia incide en el adelantamiento del parto disminuyendo el tiempo de formación del bebé. Para las mujeres que presentaron esa condición, el tiempo promedio de gestación fue de 38,1 semanas, mientras que aquellas que no eran anémicas gestaron sus “bebitos” durante 38,5 semanas.
La anemia se define como la disminución del número de glóbulos rojos (eritrocitos) en la sangre, usualmente medida a través de la reducción en la concentración de hemoglobina, el pigmento rojo encargado de transportar el oxígeno a todas las células del cuerpo. Este parámetro no es un valor fijo, porque depende de distintos factores como la edad, el sexo y, en el caso de las mujeres, depende también de circunstancias especiales como el período menstrual y el embarazo.
Existen numerosos tipos de anemia, que se diferencian a partir de las causas que la originan. Entre los factores de riesgo, se destacan la pérdida de sangre, las deficiencias nutricionales, las enfermedades, la edad avanzada, el período menstrual abundante y el embarazo.
Esta condición puede manifestarse a través de la fatiga, el dolor torácico y la dificultad para respirar. Sin embargo, uno de los principales indicadores de la presencia de la afección es la palidez y la frecuencia cardíaca rápida. Por otra parte, la mujer pierde al menos 500 mililitros de sangre durante el parto, lo que eleva el déficit de hierro. Otra pérdida de hierro, aunque menor, se registra cuando amamanta.
Consultado acerca de las señales más evidentes, Del Longo señaló: “En el caso de las embarazadas se presenta un cuadro de cansancio y desgano, porque sus glóbulos rojos están disminuidos. El paciente se agota fácilmente y le cuesta mucha más realizar actividades cotidianas”, indicó.
“Otro de los signos es la palidez tanto de la piel como de las mucosas. Finalmente, algunas personas pueden sentir falta de aire”, indicó el doctor Alberto Locatelli, presidente de la Fundación Argentina Contra la Anemia (Fundanemia).
“La detección de la anemia se da a través de un hemograma, que es un estudio de sangre que mide la hemoglobina, los hematocritos y las características de los glóbulos rojos para determinar de qué tipo de anemia se trata”, indicó Locatelli.
Diferentes tratamientos
Una vez detectada la enfermedad es importante comenzar el tratamiento que, dependiendo de las causas que la hayan generado, será diferente en cada caso. A menudo basta con la corrección de ciertos hábitos y la incorporación de determinados alimentos a la dieta.
En este sentido, Javier Del Longo indicó que “en el caso de la anemia por deficiencia de hierro, se soluciona con la incorporación de alimentos a la dieta y, si eso no es suficiente, se trata con comprimidos”. “Si la paciente ingresa al embarazo con buenos depósitos de hierro y tiene una dieta variada, difícilmente tenga anemia”, dijo. Y se mostró crítico al señalar que “hoy está la cultura del ser flaco y eso acarrea graves consecuencias”.
La relevancia de esta sustancia radica en el rol fundamental que ocupa en el funcionamiento del organismo, pues “trabaja” como productor de hemoglobina. Cuando la ausencia de hierro se debe a deficiencias de la alimentación, sobreviene la anemia por falta de hierro.
“Los períodos más característicos de la falta de hierro se dan durante el primer año de vida, la pubertad y el embarazo”, destacó Del Longo. Asimismo, el especialista advirtió que “hay un alto índice de anemia en niños por falta de una buena alimentación. “Para evitar la falta de hierro hay que comer legumbres, especialmente las lentejas, algunas verduras como la espinaca, y los lácteos como la leche y los huevos”.
Un problema nutricional
* Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la anemia está situada entre las diez principales enfermedades que afectan a la población.
* Constituye el problema nutricional de mayor gravedad en el mundo.
* Alrededor del 50% de las mujeres y los niños en los países en desarrollo padece de anemia.
* Se estima que el 30% de la población mundial es anémico, y más de un 50% deficiente en hierro.
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Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra