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General

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Curiosidades y Trivialidades

  • En Italia es ilegal construir ataudes de cualquier otra cosa que no sea madera o cascara de nuez
  • Las pecas se deben a una producción desigual de melanina
  • Las extremidades del caballo han ido perdiendo dedos durante su evolución. Han pasado de tener cuatro hasta tener uno solamente. Los llamados “dedos rudimentarios” no son mas que la expresión de “residuos genéticos” en un momento, el actual, de transición de tres dedos a uno
  • Un huevo de avestruz de tamaño medio mide de 15 a 20 cm de largo, por 10 a 15 cm de diámetro. Su cáscara tiene un espesor de 1,5 mm.,lo que le permitiría soportar sobradamente el peso de una persona obesa, y que pesa el equivalente a dos docenas de huevos medianos de gallina, es decir, entre 1,6 y 1,8 Kg.
  • El 20 por 100 de las plantas medicinales contiene niveles peligrosos de metales pesados, según el Journal of the American Medical Association.

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El hueso cantante
Hermanos Grimm

En un país lejano había una vez un gran desconsuelo por un jabalí que arrasaba todos los campos de los agricultores, mataba el ganado y destrozaba los cuerpos de las personas con sus afilados colmillos.

El Rey decidió prometer una gran recompensa a cualquiera que liberara su tierra de esta plaga, pero esa bestia de jabalí era tan grande y tan fuerte que nadie se atrevía a acercarse al bosque en el cual él vivía. Por fin, el rey dio aviso de que todo aquel que capturara o matara al jabalí tendría a su única hija por esposa.

Vivían en el país dos hermanos hijos de un humilde hombre, que se declararon dispuestos a acometer la peligrosa empresa. El mayor era astuto, sagaz, y orgulloso. El más joven era sencillo e ingenuo, de gran corazón. El rey dijo:

-“A fin de que ustedes puedan tener más seguridad de encontrar a la bestia, entrarán al bosque por lados opuestos.”-

Así entró el mayor por el lado oeste, y el más joven por el este. En cuanto el más joven había avanzado un poco, un pequeño hombre se acercó a él. Tenía en la mano una lanza negra y le dijo:

-“Te doy esta lanza, porque tu corazón es puro y bueno; con esto podrás atacar con valentía al jabalí, y no te hará ningún daño.”-

Dio las gracias al pequeño hombre, cargó con la lanza, y continuó sin miedo. En poco tiempo vio a la bestia, que se abalanzó sobre él, pero él apuntó la lanza hacia el jabalí, y éste, en su furia ciega corrió con tanta rapidez en su contra que su corazón quedó partido en dos por la lanza. Luego el joven montó al monstruo en la espalda e inició su regreso donde el rey. Al salir al otro lado del bosque, encontró a la entrada una casa donde la gente estaba haciendo fiesta con vino y baile. Su hermano mayor, que se había quedado allí pensando que después de todo, el jabalí no se alejaría, iba a beber hasta sentirse exhausto. Pero cuando vio a su hermano menor que salía del bosque con su carga, su envidioso y mal corazón no le dio paz. Él le gritó:

-“¡Ven, querido hermano, descansa y refréscate con una copa de vino!”-

El joven, quien no sospechaba nada malo, fue y le contó acerca del pequeño hombre que le había dado la lanza con la que había dado muerte al jabalí. El hermano mayor lo mantuvo allí hasta la noche, y después se marcharon juntos. Cuando en la oscuridad, llegaron a un puente sobre un arroyo, el hermano mayor dejó que el otro fuera de primero, y cuando estaban a mitad del puente le dio un fuerte golpe por detrás dejándolo muerto. Lo enterró bajo el puente, tomó al jabalí, y lo llevó al rey, fingiendo que él lo había matado, con lo cual obtuvo a la hija del rey en el matrimonio. Y como su hermano menor no regresaba, dijo,

-“El jabalí debe haberlo matado”-

Todo el mundo lo creyó. Pero como nada permanece oculto ante Dios, este malvado hecho también iba a venir a la luz.

Años después, un pastor que conducía su rebaño a través del puente, vio abajo sobre la arena, un pequeño hueso blanco como la nieve. Pensó que sería una buena boquilla, por lo que bajó, lo recogió, e hizo con él una boquilla para su cuerno. Pero sucedió que cuando sopló a través de él por primera vez, para gran sorpresa suya, el hueso inició por su cuenta a cantar:

-“¡Ah, amigo, tú soplaste sobre mi hueso! Por largo tiempo he permanecido junto al agua; Mi hermano me mató por el jabalí, Y tomó por esposa a la joven hija del rey.”-

-“¡Que cuerno tan maravilloso”-, dijo el pastor, -“que canta por sí mismo, tengo que llevarlo a mi señor el rey!”-

Y cuando llegó con él al rey, el cuerno de nuevo comenzó a cantar su canción. El rey lo entendió todo, y mandó a mover la tierra bajo el puente para ser investigado todo, y entonces el esqueleto del hombre asesinado salió a la luz. El perverso hermano no podía negar el hecho, y fue encarcelado varios años, y luego expulsado del reino sin más haber que lo que tenía puesto encima. Su matrimonio fue anulado y la hija del rey casó de nuevo con un magnífico príncipe vecino. Y los huesos del hombre asesinado fueron sepultados en una tumba hermosa en el cementerio.

Enseñanza : Los malos hechos tarde o temprano son castigados

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Curiosidades y Trivialidades 28-10-13

  • Los pacientes masculinos se caen el doble de frecuencia de las camas de los hospitales de lo que los hacen las pacientes femeninas
  • Los músculos producen calor para mantener la temperatura corporal
  • El músculo más grande es el glúteo (nalgas), y el más pequeño es el del estribo (1,26 mm de longitud)
  • A Walt Disney lo despidió el editor de un periódico por falta de ideas. También se fué a la bancarrota varias veces antes de construir Disneylandia
  • Los maestros de Thomas Alva Edison dijeron que era demasiado estúpido para aprender algo o crear algo útil.

 

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Curiosidades y Trivialidades

  • El epitafio escrito en la tumba del rockero Frank Zappa dice “AAAFNGR”, que son las siglas de “Always Assing Around For No Good Reason”
  • Las uñas de la mano tardan 6 meses en crecer desde la base a la punta
  • Sólo 16 días tarda una hembra de Hamster en tener cría
  • Durante la guerra de secesión, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra “0 Killed” (cero muertos). De ahí proviene la expresión “O.K.” para decir que todo está bien.
  • Los mosquitos del género Forcipomyia poseen el aleteo más rápido de un insecto:  62.760 veces por minuto. Los científicos han calculado que el ciclo de contracción y expansión muscular para un solo aleteo es de 0,00045 segundos, el más veloz del  mundo animal

 

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Curiosidades y Trivialidades

  • La rana Kermit (la rana Rene) de Plaza Sesamo y el Show de los Muppets, es zurda
  • El cheetah (el guepardo) es el unico felino en el mundo que no puede retractar sus garras
  • Se rumora que chupar una moneda de cobra puede causar que el analizador de aliento alcoholico marque cero
  • El numero romano para 1666 es MDCLXVI. Este año es famoso por ser la unica vez en la historia en la cual la fecha ha sido escrita con todos los numeros romanos desde el valor mas alto hasta el valor mas bajo (1000+500+100+50+10+5+1)
  • El nombre mas comun en Italia es Mario Rossi

 

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Curiosidades y Trivialidades

  • El grasnido del pato no causa eco.
  •  En el mundo existen más de 23 millones de refugiados.
  • Los CDs fueron diseñados para tener una capacidad de 74 minutos de música  porque esa es la duración de la Novena Sinfonía de Beethoven.
  • Los americanos gastan más en comida de perro que en comida de bebe.
  • Los perros mestizos viven más años que los perros de raza. Esto sucede con excepción de algunas razas longevas como los pekineses

 

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“El conde Drácula”

En algún lugar de Transilvania yace Drácula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y guardando a que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la muerte con toda seguridad, permanece en la oscuridad en su caja forrada de raso que lleva iniciales inscritas en plata. Luego, llega el momento de la oscuridad, y movido por instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe  la sangre de sus victimas. Por último, antes de que los rayos de su gran enemigo, el sol, anuncien el nuevo día, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo.

Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas responde a un instinto milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y se acerca la hora. Esta noche, está especialmente sediento y, mientras allí descansa, ya despierto, con el smoking y la capa forrada de rojo confeccionada en Londres, esperando sentir con espectral exactitud el momento preciso en que la oscuridad es total antes de abrir la tapa y salir, decide quiénes serán las víctimas de esta velada. El panadero y su mujer, reflexiona. Suculentos, disponibles y nada suspicaces. El pensamiento de esa pareja despreocupada, cuya confianza ha cultivado con meticulosidad, exita su sed de sangre y apenas puede aguantar estos últimos segundos de inactividad antes de salir del ataúd y abalanzarse sobre sus presas.

De pronto, sabe que el sol se ha ido. Como un ángel del infierno, se levanta rápidamente, se metamorfosea en murciélago y vuela febrilmente a la casa de sus tentadoras víctimas.

-¿Vaya, conde Drácula, que agradable sorpresa!- dice la mujer del panadero al abrir la puerta para dejarlo pasar. (Asumida otra vez su forma humana. entra en la casa ocultando, con sonrisa encantadora, su rapaz objetivo.)

-¿Qué le trae por aquí tan temprano?- pregunta el panadero.

-nuestro compromiso de cenar juntos- contesta el conde-.

Espero no haber cometido un error. Era esta noche, ¿no?

-Sí, esta noche, pero aún faltan siete horas.

-¿Cómo dice?- inquiere Drácula echando una mirada sorprendida a la habitación.

-¿o es que ha venido a contemplar el eclipse con nosotros?

-¿Eclipse?

-Así es. Hoy tenemos un eclipse total.

-¿Qué dice?

-Dos minutos de oscuridad total a partir de las doce del mediodía.

-¡Vaya por Dios! ¡Qué lío!

-¿Qué pasa, señor conde?

-Perdóneme… debo…

-Debo irme…Hem…¡Oh, qué lío!…- y, con frenesí, se aferra al picaporte de la puerta.

-¿Ya se va? Si acaba de llegar.

-Sí, pero, creo que…

-Conde Drácula, está usted muy pálido.

-¿Sí? necesito un poco de aire fresco. Me alegro de haberlos visto…

-¡Vamos! Siéntese. Tomaremos un buen vaso de vino juntos.

-¿Un vaso de vino? Oh, no, hace tiempo que dejé la bebida, ya sabe, el hígado y todo eso. Debo irme ya. Acabo de acordarme que dejé encendidas las luces de mi castillo… Imagínese la cuenta que recibiría a fin de mes…

-Por favor- dice el panadero pasándole al conde un brazo por el hombro en señal de amistad-. usted no molesta. No sea tan amable. Ha llegado temprano, eso es todo.

-Créalo, me gustaría quedarme, pero hay una reunión de viejos condes rumanos al otro lado de la ciudad y me han encargado la comida.

-Siempre con prisas. Es un milagro que no haya tenido un infarto.

-Sí, tiene razón, pero ahora…

-Esta noche haré pilaf de pollo- comenta la mujer del panadero-. Espero que le guste.

-¡Espléndido, espléndido!- dice el conde con una sonrisa empujando a la buena mujer sobre un montón de ropa sucia. Luego, abriendo por equivocación la puerta del armario, se mete en él-. Diablos, ¿dónde está esa maldita puerta?

-¡ja,  ja!- se ríe la mujer del panadero-. ¿Qué ocurrencias tiene, señor conde!

-Sabía que le divertiría- dice Drácula con una sonrisa forzada-, pero ahora déjeme pasar.

Por fin, abre la puerta, pero ya no le quedaba tiempo.

-¡Oh, mira, mamá- dice el panadero-, el eclipse  debe de haber terminado! Vuelve a salir el sol.

-Así es- dice Drácula cerrando de un portazo la puerta de entrada-. He decidido quedarme. Cierren todas las persianas, rápido, ¡rápido! ¡No se queden ahí!

-¿Qué persianas?- preguntó el panadero.

-¿No hay? ¡lo que faltaba! ¡Qué para de…! ¿Tendrían al menos un sótano en este tugurio?

-No- contesta amablemente la esposa-. Siempre le digo a Jarslov que construya uno, pero nunca me presta atención. Ese Jarslov…

-Me estoy ahogando. ¿Dónde está el armario?

-Ya nos ha hecho esa broma, señor conde. Ya nos ha hecho reír lo nuestro.

-¡Ay… qué ocurrencia tiene!

-Miren, estaré en el armario. Llámenme a las siete y media.

Y, con esas palabras, el conde entra al armario y cierra la puerta.

-¡Ja,ja…! ¡qué gracioso es, Jarslov!

-Señor conde, salga del armario. deje de hacer burradas.

Desde el interior del armario, llega la voz sorda de Drácula.

-No puedo… de verdad. Por favor, créanme. Tan solo permítanme quedarme aquí. Estoy muy bien. De verdad.

-Conde Drácula, basta de bromas. Ya no podemos más de tanto  reirnos.

-Pero créanme, me encanta este armario.

-Sí, pero…

-ya sé, ya sé… parece raro y sin embargo aquí estoy, encantado. El otro día precisamente le decía a la señora Hess, deme un buen armario y allí puedo quedarme durante horas. Una buena mujer, la señora Hess. Gorda, pero buena… Ahora, ¿por qué no hacen sus cosas y pasan a buscarme al anochecer? Oh,Ramona, la la la la, ramona…

En aquel instante entran el alcalde y su mujer, Katia. Pasaban por allí y habían decidido hacer una visita a sus buenos amigo, el panadero y su mujer.

-¡Hola Jarslov! espero que Katia y yo no molestemos.

-Por supuesto que no, señor alcalde. Salga, conde Drácula.¡Tenemos visita!

-¿Está  aquí el conde?- pregunta el alcalde, sorprendido.

-Sí, y nunca adivinaría dónde está- dice la mujer del panadero.

-¡Que raro es verlo a esta hora! De hacho no puedo recordar haberle visto ni una sola vez durante el día.

-Pues bien, aquí está. ¡Salga de ahí, conde Drácula!

-¿Dónde está?- pregunta Katia sin saber si reír o no.

-¡Salga de ahí ahora mismo! ¡Vamos!- La mujer del panadero se impacienta.

-Está en el armario- dice el panadero con cierta vergüenza.

-¿No me digas!- exclama el alcalde.

-¡Vamos!- dice el panadero con un falso buen humor mientras llama a la puerta del armario-. Ya basta. Aquí está el alcalde.

-Salga  de ahí conde Drácula- grita el alcalde-. Tome un vaso de vino con nosotros.

-No, no cuenten conmigo. Tengo que despachar unos asuntos pendientes.

-¿En el armario?

-Sí, no quiero estropearles el día. Puedo oír lo que dicen: Estaré con ustedes en cuanto tenga algo que decir.

Se miran y se encogen de hombros. Sirven vino y beben.

-Qué bonito el eclipse de hoy- dice el alcalde tomando un buen trago.

-¿Verdad?- dice el panadero-. Algo increíble.

-¡Díganmelo a mí! ¡Espeluznante!- dice una voz desde el armario.

-¿Qué Drácula?

-Nada, nada. No tiene importancia.

Así pasa el tiempo hasta que el alcalde, que ya no puede soportar esa situación, abre la puerta del armario y grita:

-¡Vamos, Drácula! Siempre pensé que usted era una persona sensata. ¡Déjese de locuras!

Penetra la luz del día; el diabólico monstruo lanza un grito desgarrador y lentamente se disuelve hasta convertirse en un esqueleto y luego en polvo ante los ojos de las cuatro personas presentes. Inclinándose sobre el montón de ceniza blanca, la mujer del panadero pega un grito:

-¡Se ha fastidiado mi cena!

“Woody Allen”

(De ” Cuentos sin plumas” -1988)

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“El almohadón de plumas”
Horacio Quiroga

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. El, por su parte, la amaba, sin darlo a conocer.

Durante tres meses – se habían casado en abril – vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, mas expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silenciosos – frisos, columnas y estatuas de mármol – producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. no obstante había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días;Alicia no se reponía nunca.Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió enseguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aun quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra.

Fue ése el último día en que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándoles cama y descanso absolutos.

– No sé – le dijo Jordán en la puerta de calle con la voz todavía baja – . Tiene una gran debilidad que no me explico. y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme en seguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. la alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a mirar a su mujer.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. la joven, con ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno u otro lado del respaldo de la cama. Una noche quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

– ¡Jordán! ¡Jordán!- clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido de horror.

– ¡Soy yo, alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora, temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella sus ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor, mientras ellos pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. la observaron largo rato en silencio, y siguieron al comedor.

– pst… – se encogió de hombros desalentado su médico – . Es un caso serio… poco hay que hacer.

– ¡Sólo eso me faltaba!- respondió jordán. Y tamborilleó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban ahora en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama, y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. la sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

– ¡Señor! – llamó a Jordán en voz baja – . En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquél. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

– Parecen picaduras – murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

– Levántelo a la luz – le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó pero enseguida lo dejó caer y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

– ¿Qué hay?- murmuró con voz ronca.

– Pesa mucho – articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandos. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca – su trompa, mejor dicho – a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura esa casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. la sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

Horacio Quiroga

(De “Cuentos de amor, de locura y de muerte”, 1917)

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Curiosidades y Trivialidades

  • La Navidad como se celebra actualmente, año a año comenzó en el siglo XIX
  • Fue contra la ley cerrar de golpe la puerta de los automoviles en una ciudad en Suiza
  • Los ojos de las abejas tienen un cierto tipo de pelo
  • En Bangladesh, los niños de 15 años pueden ser encarcelados por hacer trampa en sus examenes finales
  • Se imprime mas dinero del juego de Monopolio en un año que lo que se imprime de dinero real en todo el mundo

 

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LOS GRILLOS Y EL VENDAVAL

La tarde había ido apilando nubarrones en el oeste. Hacía días que el viento norte andaba suelto, acartuchando los maizales y enervando a la gente. Algo tenía que pasar esa noche.  Caído ya el sol, todo el horizonte refucilaba en silencio, como quien prueba el filo de sus armas  antes del entrevero.

Los molinos montaban guardia, cada uno en la esquina de su potrero, olfateando el viento, siempre de frente. Y los grandes eucaliptos de las avenidas entraban en la noche de a pie, bien agarrados en la tierra con sus raíces en abanico y recortando un trozo del cielo estrellado con su ramaje tendido al aire. Algunos eran bien grandes. Se los podía ver desde legua y media de distancia; y hasta podían ser puntos de referencia. Alrededor de las casas estaban desparramados los demás árboles. Unos grandes; otros pobres, más chicos. Algunos tenían como misión dar fruta, otros sólo flores. Y otros estaban allí nomás por llenar un hueco, simplemente porque la casualidad de la vida había hecho entrar allí su carozo. O tal vez porque alguien, alguna vez, se había fijado en ellos y los había trasplantado allí.

Pero todos, eso sí, habían buscado la altura. Su ansia de aire y de luz los había obligado a estirarse para sacar al menos el brazo de una rama por encima de los demás. Algunos no habían llegado a tiempo y ahí estaban, tapados y secos.  Todos entraban en la misma noche, cada uno con su historia hecha de pasado y de proyectos. Cada uno asegurado en su existencia por la profundidad de sus raíces, la seguridad de sus tornillos o la flexibilidad de sus ramas. El tiempo había ido acumulando en ellos fuerza y resistencia.

Curtidos por los soles o los vientos, habían terminado por tener confianza en ellos mismos. Además, cada uno de ellos comprendía y valoraba el aporte de su propia existencia. Algunos tenían sus frutas casi maduras. Otros las estaban haciendo crecer para mayo. Leña, abrigo, sombra o agua: cada techo y cada árbol tenía conciencia de estar cumpliendo una misión. Y la conciencia de estar cumpliendo una misión importante mantiene fácilmente en pie y hace que uno considere su propia existencia como imprescindible. A los mejor, acostumbrados de tiempo a estar allí plantados, les resultaba difícil imaginarse ese paisaje sin ellos. Y de tanto tomarse entre ellos como puntos de referencia, y de mirar desde la altura de sus ramas hacia abajo, habían reducido su geografía a la superficie capaz de ser cubierta por su sombra. Habían reducido la vida a su vida, y la existencia a su existencia.

Al final la noche terminó por envolverlo todo. El candil de una luna en creciente apenas si lograba mantenerse encendido detrás de las nubes; pero no iluminaba nada. Sólo el chispear de los refucilos cada vez más amplios en sus ademanes, lograba regalar su contorno a los árboles con más tamaño. Pero eso era sólo el gesto de un instante, lo necesario como para ubicar al enemigo.  Cuando del bochorno del día cada uno se fue entregando al descanso atrincherado en sus viejas seguridades. Sólo los grillos parecían estar despiertos y mezclaban en toda esa geografía su humilde canto inútil. Acostumbrados a mirar desde abajo y a sentirse pequeños, se habían olvidado casi de sí mismos y necesitaban de su canto para comunicarse con sus hermanos grillos invisibles, pero también despiertos. Así profesaban su fe en todo lo grande que veían arriba: el cielo, las nubes, los refucilos; y mucho, pero mucho más lejos, las estrellas ahora ocultas.

A media noche se oyó un grito. Ese grito inmenso de la naturaleza sorprendida por el vendaval. Cada rama, cada tronco, cada arista gimió bajo el tremendo empuje de la avalancha. Cedieron las raíces de los inmensos eucaliptos, y en su caída esos gigantes aplastaron en su abrazo a cuanto se guarnecía a su sombra.  Todo cuanto estaba de pie fue sacudido por el vendaval, que en sólo tres minutos cambió el viejo paisaje abriendo brechas de luz y derramando descuajados los ramajes con historias y proyectos. También el canto de los grillos fue ahogado por ese alarido del vendaval y de las cosas, y en esos momentos ya nadie pensó más en ellos. Ni en ello ni en nada. El impacto de la sorpresa y la angustia del paisaje transformado, hicieron que los hombres se olvidaran de todo lo que aún seguía igual.  A lo mejor nadie pensó que las estrellas aún seguían en sus sitios. Nadie de los hombres, aturdidos por el miedo, consideró que aún se darían atardeceres quietos y anocheceres tibios con luciérnagas en los reparos.

Tratando de templar los nervios, tendido en la cama, yo escuchaba los truenos que se alejaban hacia el este destrozando paisajes viejos, arriados por refucilos que la distancia hacía cada vez menos enérgicos. El silencio se fue acercando, como para ver qué pasó. Y fue entonces cuando un chirrido arañó el silencio de los truenos lejanos. Breve, el canto del grillo se detuvo como asustando de lo que había hecho. Pero al ratito se repitió con más confianza. Y pronto tomó la firmeza y el ritmo cadencioso de las letanías de capilla de misión. Otros grillos se unieron a su rezo, y pronto, de entre los pastos prosternados por el vendaval, surgió hacia la noche madre de las estrellas aún ocultas, hacia Dios, esa profesión de fe en la vida y en la victoria sobre todos los vendavales pasados y futuros.

¿Inconsciencia del grillo? No.  Simple y profunda intuición de mi pueblo humilde.

Mamerto Menapace
Monje y escritor argentino

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Dr.patriciobarriga@gmail.com
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