From the category archives:

Cuentos

“EL PRÍNCIPE FELIZ” – Oscar Wilde

by publicaciones on 05/02/2011

.
EL PRÍNCIPE FELIZ
Oscar Wilde

Dominando la ciudad, sobre una alta columna, descansaba la estatua del Príncipe Feliz. Cubierta por una capa de oro magnífico, tenía por ojos dos zafiros claros y brillantes, y un gran rubí centelleaba en el puño de su espada.

Era admirado por todos: “Es tan hermoso como el gallo de una veleta”-  afirmaba uno de los dos concejales de la ciudad que deseaba ganar fama como conocedor de las bellas artes- “nada más que no resulta
tan útil”- añadía, temiendo que las gentes pudieran juzgarle impráctico; cosa que en realidad no era.

-”¿Por qué no puedes ser como el Príncipe Feliz?” -decía una madre razonable a su pequeño que lloraba por alcanzar la luna- “Al Príncipe Feliz nunca se le ocurre llorar por nada”.

-”Me alegra que haya alguien en el mundo que sea tan feliz”-mascullaba un pobre hombre frustrado, contemplando la estatua maravillosa.

-”Es igual que un Ángel” -comentaban los niños del coro de la catedral cuando salían de ella con sus esclavinas rojas y sus roquetes blancos y almidonados.

-”¿Cómo lo sabéis?” -replicaba el maestro de matemáticas-, “¿si nunca habéis visto uno?”

-”¡Ah, porque los hemos visto en sueños!” -contestaban los muchachos; y el maestro de matemáticas fruncía el ceño y tomaba una actitud muy seria porque no le gustaba que los niños soñasen.

Una noche voló sobre la ciudad una golondrina. Sus compañeras ya habían partido hacia Egipto seis semanas antes, pero ella se retrasó porque estaba enamorada de un bellísimo junco. Lo había conocido al
principio de la primavera cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y se sintió atraída de tal manera por su tallo esbelto, que se detuvo para hablarle.

-¿Aceptas mi amor? -le preguntó la golondrina que nunca se andaba con rodeos; y el junco hizo una ceremoniosa inclinación. Entonces la golondrina voló haciendo grandes círculos a su alrededor, rozaba la

superficie de las aguas con las puntas de sus alas, dejando brillantes estelas de plata. Ésa era su manera de cortejar; y así transcurrió todo el verano.

-”Son unas relaciones tontas” -gorjeaban las otras golondrinas-. “El es pobre y tiene demasiados parientes”. -Y verdaderamente, el río estaba lleno de juncos. Entonces, al llegar el otoño, todas las golondrinas alzaron el vuelo.

Cuando ya se habían alejado, la golondrina se sintió sola, y comenzó a cansarse de su amante. “No tiene conversación” -se decía-. “Además creo que es casquivano, porque constantemente coquetea con brisa”.- Y era verdad, en cuanto la brisa comenzaba, el junco hacía las reverencias más graciosas.”Además tengo que reconocer que es demasiado casero” -continuaba- “y a mí me gusta viajar, y a mi compañero, por tanto, deberá gustarle viajar conmigo.”

-”Te vendrías conmigo” -le preguntó al fin, pero el junco. sacudió la cabeza,… ¡se sentía tan ligado a su hogar!

“¡Te has estado burlando de mí!” –gritó la golondrina-. “Me marcho a las Pirámides, ¡adiós!” -y echó a volar.

Voló durante todo el día, y ya de noche llegó a la ciudad. -”Dónde me alojaré” -se preguntó-. “Espero que la ciudad haya preparado algún lugar para mí.”

Entonces divisó la gran columna, -”Me cobijaré allá” -gorjeó-. “Es un magnífico lugar con bastante aire fresco.” -Y así, se detuvo justamente entre los dos pies del Príncipe Feliz.

-”Tengo una habitación dorada” -se dijo quedamente después de mirar en torno suyo y preparándose a dormir; pero en el momento en que iba a poner la cabeza bajo el ala, una gran gota de agua le cayó encima-.

- “¡Qué raro!”-exclamó- “no hay una sola nube en el cielo, las estrellas se ven claras y brillantes, y sin embargo está lloviendo. El clima en el norte de Europa es verdaderamente terrible. Al junco le gustaba la
lluvia, pero eso no era más que puro egoísmo.”

Entonces le cayó otra gota. -”De qué me sirve una estatua, si no me protege de la lluvia” -dijo la golondrina-. “Voy a buscar el copete de una chimenea”, y ya iba a emprender el vuelo pero antes de que hubiese desplegado las alas, le cayó encima una tercera gota.

Entonces miró hacia arriba y vio… ¡Ah!, ¿qué es lo que vio?

Los ojos del príncipe estaban bañados en lágrimas, y las lágrimas corrían por sus mejillas doradas. Su cara era tan hermosa bajo la luz de la luna que la pequeña golondrina se sintió llena de lástima. -’¿Quién eres?” -le preguntó. -”Soy el Príncipe Feliz”.

-”Entonces; ¿por qué lloras?” -dijo la golondrina-, “me has empapado.”

-”Cuando estaba vivo, y tenía un corazón humano” -contestó la estatua-, “no sabía lo que eran las lágrimas, porque vivía en el Palacio de Sans-Souci, donde a la tristeza no se le permite entrar. Durante el
día jugaba con mis amigos en el jardín, y en la noche yo dirigía las danzas en el Gran Salón.

“Alrededor del jardín se alzaba una tapia altísima, pero nunca me preocupé por preguntar lo que se encontraba tras ella; todo lo que me rodeaba era tan bello. Mis cortesanos me llamaban El Príncipe Feliz, y en realidad lo era, si es que el placer es la felicidad. Así viví, y así morí. Y ahora que estoy muerto me han colocado a tal altura, que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón ahora es de plomo, no me queda más remedio que llorar.”

-”Pues qué, ¿no está hecho de oro macizo?” -se dijo para sí la golondrina, pues era muy cortés para hacer observaciones en voz alta.

-”Allá lejos” –continuó la estatua en voz baja y melódica-, “allá lejos, en una callejuela, hay una casa muy pobre. Una de las ventanas permanece abierta, y por ella puedo ver una mujer sentada ante una mesa. Su cara se ve demacrada y triste, tiene manos toscas y enrojecidas, y las yemas de sus dedos picadas por la aguja, porque es costurera. Está bordando pasionarias en un vestido de seda que deberá lucir la más encantadora de las damas de honor de la reina, en el próximo gran baile de la Corte. Sobre una cama, en un rincón del mismo cuarto, yace su pequeño hijo enfermo, con fiebre, y pide naranjas. Su madre no tiene nada para darle, más que el agua del río; y por eso el pequeño llora. Golondrina, golondrina, golondrinita,
¿no quisieras llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos a este pedestal, y no puedo moverme.

-”Me están esperando en Egipto” -contestó la golondrina-. Mis compañeras ya vuelan de aquí para allá sobre el Nilo, y hablan con los grandes lotos. Pronto se recogerán a dormir en la tumba del Gran Rey.

El Rey está allí mismo dentro de su sarcófago pintado. Envuelto en bandas de lino amarillo y embalsamado con especies. Tiene puesto un collar de jades verde pálido, alrededor del cuello, y sus manos son como hojas marchitas.”

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -dijo el príncipe- “¿No podrías quedarte conmigo una noche más, y ser mi mensajera?-¡El niño tiene tanta sed, y su madre está tan triste!”

-”No creo que me gusten los niños” -contestó la golondrina-. “El año pasado cuando estaba en el río, andaban por allí dos muchachos groseros, hijos del molinero, y que siempre me tiraban piedras. Nunca
llegaron a alcanzarme, por supuesto; nosotras las golondrinas volamos demasiado bien, y además yo procedo de una familia famosa por su agilidad; pero aun así, eso no dejaba de demostrar una gran falta de
respeto”.

Pero El Príncipe Feliz se veía tan triste, que la pequeña golondrina se sintió compadecida.

-”Aquí hace mucho frío” -dijo al fin- “pero me quedaré contigo por una noche y seré tu mensajera.”

-”Gracias golondrinita” -contestó el Príncipe.

Entonces la golondrina arrancó el gran rubí del puño de la espada del Príncipe, y llevándolo en el pico, voló sobre los techos de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde estaban esculpidos unos ángeles en mármol blanco. Cruzó cerca del palacio y oyó la música del baile. Una preciosa joven se asomó al balcón junto a su novio.

-”¡Qué maravillosas son las estrellas!” -dijo él a la muchacha- ¡y también qué asombroso el poder del amor!”

-”Espero que mi vestido esté terminado a tiempo para el baile oficial” -respondió ella-. “He mandado bordar en él, pasionarias; pero las costureras son tan perezosas…”

La golondrina pasó por encima del río, y vio la luz de los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Voló sobre el Ghetto, y vio a los viejos judíos, negociando entre sí, y pesando el dinero en balanzas de cobre. Por fin llegó a la pobre vivienda, y miró dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camastro, y la madre se había dormido… ¡estaba tan cansada! … Se deslizó rauda en la habitación, y depositó el gran rubí sobre la mesa, junto al dedal de la costurera. Entonces, graciosamente, revoloteó alrededor de la cama, abanicando con sus alas la frente del niño.

-”¡Qué fresco siento!” -exclamó el niño- “debo estar mejorando”, y se sumergió en un sueño delicioso.

Entonces la golondrina regresó volando hacia el Príncipe Feliz, y le narró lo que había hecho. “Es curioso, comentó, pero ahora me siento con bastante calor, a pesar de estar haciendo tanto frío.”

-”Es porque has realizado una buena acción” -dijo el Príncipe. La golondrinita comenzó a reflexionar, y se quedó dormida. El pensar siempre le daba sueño. Cuando empezaba a amanecer bajó volando al río y se bañó. -’¡Qué fenómeno más notable!” -dijo el profesor de ornitología, al pasar por el puente- “¡Una golondrina en invierno!”

Y escribió sobre este asunto una larga carta al periódico local. Todos la citaban y hablaron de ella, ¡estaba llena de tantas palabras que no alcanzaban a entender! …

-”Esta noche parto para Egipto” -dijo la golondrina, sintiéndose entusiasmada con esta perspectiva.

Visitó todos los monumentos públicos, y estuvo descansando largo rato en la cúspide del campanario. Donde quiera que fuese, los gorriones gorjeaban y se decían unos a otros:

-”Que forastera tan distinguida”.

Y se sentía muy contenta y halagada al oírlo.

Cuando salió la luna, voló de regreso al Príncipe Feliz.

-”¿No tienes ningún encargo para Egipto?” -le gritó-. “Ya me voy”

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -contestó el Príncipe-. “¿No podrías quedarte conmigo una noche más?”

-”Me esperan en Egipto” -fue la respuesta-. “Mañana mis compañeras volarán a la segunda catarata. Allí el hipopótamo descansa -sobre los juncos y el dios Memnón reposa sobre su gran trono de granito, vigilando las estrellas durante toda la noche, y cuando surge brillante la estrella matutina, lanza un gran grito de alegría, y vuelve a quedar silencioso. A medio día los leones amarillos se acercan a las orillas para beber. Tienen ojos como aguamarinas verdes, y su rugido domina al de las cataratas.”

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -dijo el Príncipe-. “Lejos, más allá de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre su mesa llena de papeles, y enfrente tiene un vaso con un ramito de violetas marchitas. Su cabello es castaño y rizado, sus labios rojos como granos de granada; y los ojos son hermosos y soñadores. Está tratando de concluir una obra para el director del teatro; pero tiene un frío tan terrible que ya no puede escribir más. No hay fuego en la habitación, y el hambre ha hecho que se desmaye.”

-”Esperaré una noche más y me quedaré contigo” -contestó la golondrina, que en verdad tenía muy buen corazón-. “¿Le llevaré otro rubí?”

-”¡Ay, ya no tengo rubí!” -dijo el Príncipe-. “Mis ojos son todo lo que me queda. Están hechos con zafiros rarísimos, que fueron traídos de la India, hace mil años. Sácame uno, y llévaselo a él. Lo venderá a un joyero, y comprará leña, y podrá terminar su obra.

-”Querido Príncipe” -replicó la golondrina- “no puedo hacer eso” -y comenzó a llorar.

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -insistió el Príncipe-. “Haz lo que te ordeno”.

Así pues, la golondrina le sacó un ojo al Príncipe, y voló llevándolo hasta la buhardilla del estudiante. Fue fácil entrar, pues había un agujero en el techo. Penetró por él como una flecha, a la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida entre las manos. No pudo percatarse del aleteo del pájaro, y cuando levantó la cabeza, descubrió el hermoso zafiro descansando sobre las violetas marchitas.

-”Empiezo a ser apreciado” -exclamó-. “Esto debe venir de algún gran admirador. Ahora puedo terminar mi obra”-. Estaba verdaderamente dichoso.

Al día siguiente la golondrina voló hacia el puerto. Se detuvo en el mástil de un gran barco, mirando a los marineros que sacaban grandes cajas de la cala, tirando de gruesas cuerdas.

-”¡Arriba, iza!” -gritaban según salía cada caja.

-”¡Yo voy para Egipto!” -gritó la golondrina; pero nadie le hizo caso; y cuando se levantó la luna, regresó de nuevo al Príncipe Feliz, volando.

-”He vuelto para despedirme de ti, para decirte adiós.

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -contestó el Príncipe-. “¿No te quedarías una noche más conmigo?”

-”Ya es invierno” -dijo la golondrina- “y la helada nieve pronto llegará. En Egipto el sol es caliente sobre las palmeras verdes, y los cocodrilos descansan en el lodazal y miran perezosos a su alrededor. Mis compañeras están construyendo sus nidos en el templo de Baalbec, y las palomas blancas y rosadas las vigilan, arrullándose entre sí. Querido Príncipe, tengo que abandonarte, pero nunca te podré olvidar, y en la próxima primavera, te traeré dos magníficas piedras preciosas, en lugar de las que has regalado. El rubí será más rojo que una rosa, y el zafiro será tan azul como el ancho mar”.

-”Allá abajo, en la plaza” -siguió diciendo el Príncipe Feliz- “está en pie una niña vendedora de cerillos. Se le han caído todos los cerillos al arroyo, y ya no sirven. Su padre la maltratará, le pegará, si no trae algo de dinero a la casa, y por eso llora. No tiene ni zapatos ni medias, y su cabeza está descubierta. Sácame el otro ojo, dáselo, y su padre no le pegará”.

-”Me quedaré una noche más contigo” -respondió la golondrina-, “pero no puedo sacarte el otro ojo. Te quedarás completamente ciego”.

-”Golondrina, golondrina, golondrinita” -dijo el Príncipe-. “Haz lo que te mando.”

Así las cosas, le sacó el otro ojo, y lo llevó consigo, descendiendo y pasando junto a la pequeña vendedora de cerillos, le deslizó la gema en la palma de la mano.

- “Qué precioso vidrio” -gritó la niña-. Y corrió riendo hacia su casa.

Entonces la golondrina volvió al Príncipe.

-”Ahora estás ciego” -dijo-. “Así es que me quedaré para siempre contigo.”

-”No, golondrinita” -replicó el pobre Príncipe-. “Debes irte a Egipto.”

-”Me quedaré para siempre a tu lado” -dijo la golondrina. Y se durmió a los pies del Príncipe.

Todo el día siguiente lo pasó sobre el hombro del Príncipe, y le contó muchas cosas de todo lo que había visto en países extraños. Le habló de los ibis rojos, que permanecen inmóviles en largas hileras a orillas del Nilo, y pescan peces dorados, con sus largos picos. De la Esfinge, que es tan antigua como el mundo, que vive en el desierto, y todo lo sabe. De los mercaderes, que caminan despacio al lado de sus camellos, y van pasando las cuentas de ámbar de los rosarios entre sus dedos. Le hizo relatos del rey de las montañas de la luna, que es tan negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal. También le describió la enorme serpiente verde que duerme enroscada en una palmera, y tiene veinte sacerdotes que la alimentan con
pastelillos de miel. Y también le dijo de los pigmeos que navegan por un gran lago, sobre anchísimas hojas planas, y que siempre está en guerra con las mariposas.

-”Querida golondrinita” -dijo el Príncipe- “me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso que todo eso, es el sufrimiento de hombres y mujeres. No existe misterio más grande que el de la miseria. Vuela sobre mi ciudad, golondrinita, y dime lo que ves en ella”.

Entonces la golondrina voló sobre la gran ciudad; y pudo ver a los ricos holgar dichosos en sus hermosas mansiones, mientras los mendigos se sentaban a sus puertas. Voló a través de barriadas sombrías, y contempló las caras lívidas de niños hambrientos mirando inmóviles hacia las calles en tinieblas. Bajo uno de los arcos de un puente, dos pequeños dormían abrazados tratando de calentarse uno al otro.

-”Tenemos mucha hambre” -decían.

-”¡Aquí no se puede estar tumbado!” -gritó el vigilante.

Y se alejaron bajo la lluvia. Entonces regresó al Príncipe volando, y le dijo todo lo que había visto.

-”Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe- me lo debes quitar, hoja por hoja, y darlo a mis pobres; los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja tras hoja de oro fino arrancó la golondrina, hasta que el Príncipe Feliz se quedó gris y deslucido. Hoja tras hoja de oro fino llevó la golondrina a los pobres, y las caras de los niños se fueron tornando rosadas, y reían y jugaban en las calles, y exclamaban alegremente: “¡Ahora tenemos pan!”

Y entonces llegó la nieve, y después de la nieve vino la helada. Las calles parecían cubiertas de plata, ¡eran tan brillantes y pulidas!…; grandes témpanos como dagas de cristal colgaban de los aleros de las
casas, toda la gente iba envuelta en pieles, y los niños llevaban gorros rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre golondrinita tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe; ¡era muy grande su amor por él! Picoteaba las migajas en la puerta de la panadería, cuando su dueño no se daba

cuenta y trataba de calentarse, batiendo sus alas.

Pero al fin comprendió que iba a morir. Tuvo suficientes fuerzas para volar de nuevo hasta el hombro del Príncipe.

-”Adiós, querido Príncipe” -murmuró-. “¿Me permites besar tu mano?”

-”Me alegra que puedas por fin regresar a Egipto, golondrinita” -contestó el Príncipe-. “Ya has estado demasiado tiempo aquí; pero tienes que besarme en los labios, porque te amo.”

-”No es a Egipto a donde voy” -dijo la golondrina-. “Voy a la Casa de la Muerte. La Muerte es la hermana del sueño, ¿no es verdad?”

Y besó al Príncipe Feliz en los labios. Y cayó muerta a sus pies. En ese momento un sonido extraño se oyó en el interior de la estatua, como si algo se hubiese quebrado. El hecho es que el corazón de plomo se había partido en dos. Estaba cayendo una terrible helada.

A la mañana siguiente, el Alcalde paseaba abajo, en la plaza, acompañado por los regidores de la ciudad. Al pasar junto a la columna, miraron hacia la estatua:

-”¡Válgame Dios!” -exclamó-. “¡Qué desaliñado se ve el Príncipe Feliz!”

-”¡De veras, qué andrajoso!” -añadieron los regidores de la ciudad, que siempre estaban de acuerdo con el Alcalde; y se acercaron y subieron a examinarla.

-”El rubí se ha caído del puño de su espada, los ojos han desaparecido, y ya no tiene nada de oro encima” -dijo el Alcalde-. “En verdad casi no se diferencia de un mendigo.”

-”No se diferencia de un mendigo” -repitieron los regidores de la ciudad.

-”¡Y aquí se encuentra un pajarillo muerto a sus pies!” -continuó el Alcalde.

-”Debemos promulgar un bando, prohibiendo que los pájaros mueran aquí.”

Y el Alguacil de la ciudad tomó nota de esta iniciativa.

Así fue como bajaron la estatua del Príncipe Feliz. “Ya que habiendo dejado de ser hermoso, ya tampoco era útil”; dijo el Profesor de Arte de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un gran horno, y el Alcalde convocó a una reunión para decidir lo que debería hacerse con el metal.

-”Tendremos que levantar otra estatua, por supuesto” -y añadió-. “Y, por ejemplo, podría ser una estatua mía.”

-”O la mía” -repitieron cada uno de los regidores.

Y comenzaron a discutir. La última vez que supe algo de ellos, fue que todavía estaban discutiendo.

-”¡Qué cosa más rara!” -dijo el maestro de fundidores-. “Este roto corazón de plomo, no se puede fundir en el horno. Lo tenemos que tirar.”

Y lo tiraron sobre un montón de cenizas donde también se encontraba la golondrina muerta.

-”Tráeme las dos cosas más preciosas de toda la ciudad” -dijo Dios a uno de sus ángeles; y el ángel le trajo el corazón de plomo y el pajarillo muerto.

-”Escogiste bien” -dijo Dios-. “Por que en mi Jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro, el Príncipe Feliz me alabará.”

{ Comments on this entry are closed }

El secreto del sastre

by publicaciones on 22/12/2010


.

El secreto del sastre

Klaus era un hombre viejo y solitario. Solía pasear sin rumbo por las calles de Helsinki , en la lejana Finlandia.  El crudo frío de la ciudad no lo afectaba y con actitud de haber perdido el interes por todo, deambulaba con la cabeza gacha, la barba enmarañada y el largo pelo blanco cayendo desprolijamente sobre los hombros.

Sus tristes paseos habían comenzado un año atrás, después de haber perdido a su esposa y a su hijo durante una epidemia. Desde ese momento se habían evaporado de su existencia las ganas de vivir, de trabajar o de tener fe en algo.

La sastrería de Klaus, que antes había sido próspera, ya no recibía clientes, y tampoco la visitaban los antiguos conocidos.  Esa misma gente no saludaba al anciano cuando se lo encontraban en el calle porque su aspecto había cambiado tanto que no lo reconocían.

Un día en que, como siempre, Klaus iba sumido en sus oscuros pensamientos, alguien le gritó que se apartara del camino.  Era un obrero que empujaba trabajosamente una carretilla cargada con restos de maderas coloreadas.  Klaus se hizo a un lado, el hombre avanzó y fue a descargar la carretilla unos metros más adelante, sobre una verdadera montaña de desechos.

Klaus se detuvo a mirar y una profunda tristeza lo invadió.  Habia pedazos de trenes, caballos, muñecos, casitas… Provenían de una cercana fábrica de juguetes, la misma donde muchos años atrás, él había comprado un circo completo de madera con el que su hijo se entretuvo durante muchísimo tiempo.  El anciano se volvió bruscamente, apartando los ojos de la montaña de pedacitos de madera pintados, como si de esa forma hubiera querido también apartar de su mente aquellos pensamientos.

Así fue como vio a un chico de aspecto muy pobre, con la nariz pegada a la vidriera de la fabrica.  Era un niño muy delgado con un curioso mechón blanco en el flequillo, que miraba como hipnotizado un enorme tren de ocho o diez vagones tirados por una hermosa locomotora negra con detalles rojos y dorados.

La mirada del chico en la que se combinaban la desesperanza y la desilusión, parecía expresar claramente un pensamiento: “Nunca tendré en mis manos un juguete como éste”.

Klaus sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Y por primera vez en mucho tiempo no estuvo angustiado por sí mismo.

Sentía pena por ese chico y por todos los niños que jamás jugarían con maravillas como las que se veían en esa vidriera. Casi sin pensar a dónde lo llevaban sus pies, Klaus caminó hasta que se encontró trepando sobre aquella montaña de fragmentos.  Con una vitalidad que no había tenido en los últimos tiempos, fue eligiendo pedazos de juguetes y arrojándolos a un costado.  Una sensación desconocida de alegría y creatividad le permitían reconocer de un simple vistazo cada trocito de madera: un rectángulo serviría para el techo de una casa, con un cilindro podría fabricar rueditas si las cortaba prolijamente, el hallazgo de una cabeza completa de elefante lo llevaba a encontrar en segundos un buen pedazo de madera para fabricar el resto del cuerpo…

Estaba tan entusiamado que cuando bajó del montículo ya había pasado bastante tiempo.

El chico a quien pensaba decirle que le construiría con sus propias manos un lindo juguete, ya se había ido.  Sin embargo, Klaus seguía animado por una sensación reconfortante.  No sabia bien por qué, pero la asociaba con su esposa.  Ella, Gertrudis, siempre había admirado a Klaus por sus habilidades manuales.  La mujer solía decir que era capaz de hacer milagros con las manos porque reparaba todo lo que se rompía en la casa; era tan capaz de fabricar una puerta como de recomponer un jarrón destrozado.  Klaus miró al cielo como agradeciéndole a su esposa porque sentía que de alguna manera ella lo había guiado hasta esa valiosa pila de restos de juguetes. A continuación fue hasta el portón de la fáabrica y golpeó.

Abrió un obrero, a quien le pidió una bolsa para llevarse las maderitas que había separado.

El hombre lo miró con desconfianza, y sin decir una sola palabra, se perdió por una puerta lateral; rato después reapareció con dos grandes bolsas y Klaus le agradeció mucho.

Aquella tarde volvió a su casa cargado de maderitas.  De inmediato puso manos a la obra. Trabajó todas las noches y los días siguientes, con breves interrupciones sólo para comer y dormir, casi sin noción del paso de las horas.  Hasta que una mañana, extenuado pero feliz, se sentó en el suelo, apoyó la espalda contra la pared y contempló su obra: cientos de juguetes de todos los tamaños, perfectamente terminados y pintados con vivos colores. Sonrió por primera vez en mucho tiempo al reconocer los restos de un viejo cepillo en el pelo de un muñeco; y aquel costoso abrigo que nunca se había atrevido a usar, convertido ahora en una larga fila de ositos, monos y camellos.

En los días que siguieron- ya se acercaba Navidad-, Klaus se dedicó a averiguar las direcciones de todos los chicos de la ciudad.  Las anotó cuidadosamente en una libreta, agrupándolas por calles y barrios, y cuando llegó la víspera de la Nochebuena ya tenía todo listo para llevar a cabo el plan más ambicioso de su vida.  En su taller guardaba siete enormes bolsas repletas de juguetes que pronto tendrían dueños.

Una idea rondaba a Klaus: quien repartiera esos juguetes tendría que ser alguien especial, fantástico, y reconocible a la vez. Es decir, él mismo pero disfrazado de otro. Con una vaga imagen de lo que quería, se puso a confeccionar un traje.  Al fin y al cabo Klaus era un sastre, el mejor de la ciudad y la ocasión merecía ropa nueva. Trabajó todo el día y al atardecer había terminado un curioso traje rojo.  Cuando se lo probó y se miró al espejo, pensó que además necesitaba un gorro en el mismo estilo.  A la hora de cenar ya estaba terminado.

La Nochebuena se presentó fría y tempestuosa.  Poco antes de que sonaran las doce campanadas, acomodó las bolsas de juguetes sobre un viejo trineo en el que muchas veces había llevado de paseo a su hijo.

El cargamento era pesado, y tuvo que esforzarse para transportarlo sobre la nieve.  Pero se las arregló para ir de calle en calle, dejando un paquete en la puerta de cada casa donde vivía una familia pobre.  Cada paquete contenía un juguete para un niño de la casa y una notita que decía: “¡Feliz Navidad!”.

Aquella mañana de Navidad fue la más feliz para los sorprendidos chicos de la ciudad.  Nadie sabia qué pensar y pronto comenzó a circular y tomar forma una leyenda:

“La de un anciano vestido de rojo a quien algunos madrugadores habían visto repartiendo paquetes sobre un viejo trineo…” La leyenda circuló de boca en boca y fue creciendo hasta que se rumoreó que ¡el trineo iba tirado por renos y había descendido del cielo!

Esa Navidad fue radiante para Klaus; salió a caminar como antes, pero ahora veía aquí y allá chicos felices disfrutando de sus juguetes nuevos.  Una sorpresa lo esperaba a la vuelta de una esquina: el chico del mechón blanco, que jugaba con un hermoso tren de diez vagones.

Por un momento, Klaus se asustó: él habia hecho ese tren recordando el juguete que el chico miraba en la vidriera de la fábrica, pero no había vuelto a verlo a él ni había podido saber su dirección.

La cara de Klaus se iluminó con una amplia sonrisa y miró al cielo, como buscando una explicación para ese pequeño milagro que los había hecho tan felices a ese chico y a él…

Relato popular de Finlandia

.

{ Comments on this entry are closed }

“Discurso del oso” – Julio Cortázar

by publicaciones on 04/10/2010

“Discurso del oso”

Soy el oso de los caños de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por los caños.

Creo que me  estíman porque mi pelo mantiene limpios los conductos, incesantemente corro por los tubos y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños. A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal. De noche ando callado y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenéa para ver si la luna baila arriba, y me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano. Y en verano nado de noche en la cisterna picoteada de estrellas, me lavo la cara primero con una mano, después con la otra, después con las dos juntas, y eso me produce una grandísisma alegría.

Entonces resbalo por todos los caños de la  casa, gruñendo contento, y los matrimonios se agitan en sus camas y deploran la instalación de las tuberías. Algunos encienden la luz y escriben un papelito para acordarse de protestar cuando vean al portero. Yo busco la canilla que siempre queda abierta en algún piso; por allí saco la nariz y miro la oscuridad de las habitaciones donde viven esos seres que no pueden andar por los caños, y les tengo algo de lástima al verlos tan torpes y grandes, al oír cómo roncan y sueñan en voz alta, y etán tan solos. cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.

Julio Cortázar
(“Historias de Cronopios y de famas”)

.

_________________________________________

.

Para leer mas “Cuentos”, visita:

http://cuentos7.info/

http://cuentos-7.blogspot.com/

_________________________________________

.

{ Comments on this entry are closed }

Boletines Electrónicos gratis y publicaciones anteriores

 

Estimados suscriptores:

 

Frecuentemente estoy recibiendo consultas solicitando instrucciones para suscribirse a alguno de los boletines electrónicos que manejo.

 

También recibo consultas sobre donde puede encontrar publicaciones anteriores de algún boletín.

 

Poco a poco estoy construyendo una tabla (ver más abajo) con las direcciones donde podrán encontrar las instrucciones de los distintos boletines electrónicos o mailing lists que manejos, así como varias de las publicaciones anteriores de cada boletín.

Frases, citas, proverbios y refranes    
     
Citas memorables Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Citas para El Alma Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Citas pa’l bronce Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Citas sobre el amor Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Frases geniales Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Frases Memorables Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Frases para el alma Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Frases sobre el Amor Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Klipfiti: humor & ironía Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Proverbios Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Refranes Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     
Hogar    
     
Recetas de cocina tradicional Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Recetas light – dietéticas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Recetas para microondas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tips y Trucos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     
Humor    
     
Chistes gráficos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Chistes locos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Citas pa’l bronce Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
EcoComicos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Empobrezca su vocabulario Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Frases geniales Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Futbol Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Humor y curiosidades PPS (Power Point) Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Klipfiti: humor & ironía Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Leyes de Murphy Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     
Imágenes    
     
Animales Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Arañas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Autos, carros, coches Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Aves Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Aviones Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Bichitos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Caballos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Chistes gráficos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Colorear Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Delfines Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Elefantes Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Emoticones Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Felinos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Firmas animadas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Flores Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Fotos de Colección Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Fotos locas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Fondos para mails Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Fuentes – fonts –Tipos de letra Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Gatitos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Ilusiones ópticas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Mariposas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Mundo marino Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Nombres animados Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Osos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Osos Panda Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Papelería Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Perros Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Trastornos del Sueño Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tags – marquitos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tiernas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tipos de letra – fonts Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Toneladas de imágenes Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (1)
Wallpapers Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     
Para Ellas    
   
Menopausia (nueva) Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Salud mujer Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
   
Para Ellos    
     
Fórmula Uno Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Humor Futbol Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Salud Masculina Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
 

 
Para Pensar

 
 

 
Pensamientos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (2)
Pensamientos PPS – Power Point Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Palabras para el Alma Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (2)
Poemas: El Atelier Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Salud Masculina Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
 

 
Redes Sociales

 
 

 
Energía solar – renovables Twitter  
Frases y citas diarias Twitter  
Noticias médicas Twitter  
Nutrición y obesidad Twitter  
Publicaciones klip7 Twitter Facebook
Vida Saludable Twitter  
 

 
Salud    
     
Adicciones Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (7)
Adulto mayor Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Alergias Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Alternativa – Natural Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Alzheimer Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Anorexia y bulimia Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Artritis, artrosis, osteoporosis Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Asma Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Bebé Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (6)
Cáncer Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Cardiovascular – Vascular Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Cuidado personal y belleza Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Deportes – Ejercicio Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Diabetes Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Dietas y nutrición Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (4)
Ejercicio – Deportes Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Embarazo y fertilidad Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (6)
Epilepsia Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (5)
Estética y cuidado personal Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Fármacos – medicamentos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Familia Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (6)
Femenina Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
General Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (9)
Hombres Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Infantil Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (6)
Masculina Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Medicamentos – Fármacos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Menopausia (nueva) Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Mujer Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Natural – alternativa Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Neurología Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (5)
Noticias medicas Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Nutrición Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (8)
Obesidad – Sobrepeso Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (4)
Pareja, matrimonio, romance Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Parkinson Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (5)
Pediatría Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (6)
Respiratoria – neumología Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Sicología – Siquiatría Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
SIDA – VIH Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Sobrepeso – obesidad Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (4)
Tabaquismo Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (7)
Tercera edad Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tips adelgazar Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (4)
Tips nutrición Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (8)
Tips vida saludable Publicaciones anteriores Boletín Electrónico (9)
Trastornos del sueño Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Vascular – Cardiovascular Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
VIH – SIDA Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     
Twitter    
     
Energía solar – renovables Twitter  
Frases y citas diarias Twitter  
Noticias médicas Twitter  
Nutrición y obesidad Twitter  
Publicaciones klip7 Twitter Facebook
Vida Saludable Twitter  
     
Varios    
     
Cinescopio Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Cuentos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Curiosidades y trivialidades Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Ecología Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Energía Solar Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Gadget Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Línea Directa Chile – reclamos Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Midis – música Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
Tecnología Publicaciones anteriores Boletín Electrónico
     

(1)  Imágenes varias: boletín de alto tráfico

(2)  “Pensamientos” y “Palabras para el Alma”

(3)  Tecnologia y Gadgets

(4)  Obesidad, tips para adelgazar

(5)  Neurologia, alzheimer, parkinson

(6)  Salud Familia, embarazo, fertilidad, infantil bebé

(7)  Adicciones, tabaquismo

(8)  Nutrición

(9)  Salud general

 

{ Comments on this entry are closed }

Estadisticas

Herbalife .