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Adulto Mayor

 Un calzado adecuado para el adulto mayor

Unos buenos zapatos deben ser flexibles, ligeros y permitir la buena circulación de la sangre y el libre movimiento de tobillos y dedos.

Pocas veces se toma en cuenta que el paso de los años también tiene efectos en los pies, por ello cuanto más avanzada sea la edad, más cuidados hay que tener con esta parte del cuerpo. La búsqueda de un par de zapatos cómodo y “saludable” se hace fundamental.

En diálogo con Salud en RPP, John Polo Urbina, tecnólogo médico en terapia física y rehabilitación,  brindó algunas recomendaciones sobre cómo debe ser el calzado para los adultos mayores.

El contrafuerte del talón debe ser estable y rígido. La caña o altura del soporte del tobillo debe ser lo suficientemente cómoda y de altura adecuada de tal manera que no restrinja el movimiento del tobillo y sin presiones.

La altura del taco no debe ser nula ni tampoco sobrepasar los cuatro centimetros. El material debe absorber los impactos de la descarga de peso al contacto con el suelo.

La suela debe ser lo suficientemente flexible y ligera pero a la vez firme y antideslizante, que permita un adecuado soporte del arco plantar.

Tanto el forro externo como interno deben permitir la respiración del pie, evitando materiales sintéticos. Utilice preferentemente pasadores sobre el empeine para controlar mejor la presión en esta región y tener una adecuada irrigación del pie.

El antepie, donde se ubican los dedos y se descarga el 25 por ciento del peso corporal, debe tener amplitud en espacio de tal manera que los dedos puedan moverse, tanto lateral como anteriormente, en este caso la recomendación es usar una punta redondeada.

 

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Dormir 9 horas al día aumenta el riesgo de alzhéimer

La enfermedad de Alzheimer afecta a millones de personas en todo el mundo.

muyinteresante.es

Las cifras asociadas a la enfermedad de Alzheimer no paran de crecer en todo el planeta y el futuro no parece muy halagüeño. Ahora, un estudio sugiere que puede haber un vínculo entre dormir mucho y el riesgo de desarrollar demencia.

La investigación, dirigida por Sudha Seshadri, profesor de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (EE. UU.) examinó los datos del Framingham Heart Study, un gran estudio de cohortes que comenzó en 1948 con 5.209 hombres y mujeres de entre 30 y 62 años que vivían en la ciudad de Framingham, Massachusetts. El propósito original del estudio era identificar los factores de riesgo para la  enfermedad cardiovascular.

Para este experimento, los investigadores preguntaron a los participantes cuánto tiempo dormían cada noche, realizando un seguimiento clínico durante 10 años para ver quién desarrollaba finalmente la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. Con los datos sobre la duración del sueño, los expertos calcularon el riesgo de demencia.

Los datos son tajantes: dormir 9 horas al día o más aporta el doble de probabilidades de desarrollar alzhéimer en 10 años, en comparación con los que duermen habitualmente menos de 9 horas.

 
La educación también cuenta

“Los participantes sin un título de escuela secundaria que dormían más de 9 horas cada noche tenían seis veces el riesgo de desarrollar demencia en 10 años en comparación con los participantes que dormían menos. Estos resultados sugieren que tener una educación superior puede proteger contra la demencia en relación a una larga duración del sueño”, afirma Seshadri.

Los investigadores también descubrieron que las personas que dormían más horas cada noche parecían tener volúmenes cerebrales más pequeños, por lo que sospechan que el sueño excesivo es probablemente un síntoma más bien que una causa de los cambios neuronales que acontecen con la demencia. Como consecuencia, especulan que la reducción de la duración del sueño no tiene por qué reducir el riesgo de demencia.

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Los pacientes mayores que se ponen de pie salen antes del hospital

Según los investigadores, incluso pequeños incrementos en la movilidad podrían acelerar el alta hospitalaria

Un estudio reciente halla que los pacientes hospitalizados de edad avanzada que se vuelven a poner de pie lo antes posible pasan menos tiempo en el hospital que los que permanecen en cama.

El equipo de investigación estudió a 162 pacientes hospitalizados mayores de 65 que tenían un contador de pasos en uno de los tobillos. Este pequeño dispositivo electrónico contaba cada paso que daban, según explicaron los investigadores de la División de Medicina de la Universidad de Texas (UTMB) en Galveston.

Los monitores mostraron que incluso las caminatas cortas por el hospital resultaban beneficiosas.

“Con estos monitores, logramos ver una correlación entre mayor movilidad, por reducida que fuera, y una permanencia más corta en el hospital. Seguimos encontrando este efecto después de usar un modelo estadístico para ajustar los diferentes niveles de gravedad de las enfermedades de los pacientes”, aseguró en un comunicado de prensa de la UTMB Steve Fisher, autor líder y profesor asistente.

El estudio fue publicado en una edición reciente de la revista Archives of Internal Medicine.

Se instó a los pacientes que tenían afecciones neurológicas u ortopédicas a que se volvieran a poner de pie lo antes posible, aunque ese “estándar de atención” no existe actualmente para los pacientes hospitalarios de edad avanzada que tienen afecciones agudas, anotaron los investigadores.

Los autores señalaron que su estudio podría ser el primer paso hacia una meta que también podría conducir a otras mejoras en la atención de los pacientes hospitalizados de mayor edad.

“La movilidad es una medida clave de la independencia y de la calidad de vida de las personas de edad avanzada en general. Este estudio sugiere que eso también aplica en el ambiente hospitalario”, agregó Fisher.

“Cuando hospitalizamos a los adultos mayores, iniciamos una situación paradójica”, explicó. “Se puede lograr un resultado positivo para el problema agudo que los condujo allí, pero aún así podríamos tener consecuencias negativas como resultado de la inmovilidad”.

 

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Adultos mayores que se ejercitan ganan cinco años más de vida

Según estudio, hacer menos de una hora de ejercicio ligero a la semana “no tiene ningún impacto”.

Los adultos mayores que hacen ejercicio regular, mínimo tres horas a la semana, viven cinco años más que los sedentarios, ya que tiene un efecto tan benéfico en la salud como dejar de fumar, aseguran especialistas.

En un artículo publicado en la revista ‘British Journal of Sports Medicine’, expertos afirman que el ejercicio tiene un poderoso impacto en la esperanza de vida, por lo que piden campañas para fomentar el deporte entre las personas mayores.

Los especialistas, del Hospital Universitario de Oslo, llevaron a cabo un estudio de seguimiento de cinco mil 700 hombres en edad avanzada (de 68 a 77 años) en Noruega sobre sus niveles de ejercicio.

Encontraron que hacer menos de una hora de ejercicio ligero a la semana “no tiene ningún impacto”, pero en general el practicar 150 minutos de actividad física semanal -a cualquier intensidad- “alarga la vida”.

De acuerdo con el estudio, que duró 11 años, ejercitarse un mínimo de seis sesiones de 30 minutos por semana reduce en 40% las probabilidades de morir.

Incluso, cuando los hombres tenían 73 años de edad en promedio al inicio del seguimiento, la actividad física les regala cinco años o más de vida.

La actividad física regular, a cualquiera que sea la edad, es beneficioso para la salud de su corazón y en última instancia puede ayudar a vivir más tiempo.

Sin embargo, las más recientes estadísticas muestran que casi la mitad de la gente adulta no hace ejercicio moderado en absoluto.

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La pérdida de memoria relacionada con la edad podría ser peor para los hombres, encuentra un estudio

Y la acumulación temprana de placa en el cerebro quizá no tenga tanto que ver con los problemas de memoria como se sospechaba

¿No puede recordar el nombre de ese compañero de trabajo? ¿Se le perdieron las llaves de nuevo? No se estrese. Un estudio reciente encuentra que casi todo el mundo sufre de lapsos en la memoria a medida que envejece, y que los hombres son más vulnerables a los fallos de la memoria que las mujeres.

El estudio también reportó que las habilidades de memoria y el volumen cerebral de las personas por lo general declinan con la edad. Y, en un giro sorprendente, esto parece tener poco que ver con la acumulación de “placas” cerebrales que son la característica de la enfermedad de Alzheimer, sugiere el estudio.

Los investigadores señalaron que sus hallazgos desafían una opinión prevalente sobre el cerebro que envejece.

Los expertos han especulado que cuando los adultos mayores comienzan a tener lapsos de memoria, quizá sea señal de Alzheimer, y que probablemente se relacione con los aglutinamientos anómalos de una proteína llamada beta amiloidea que se acumula en el cerebro.

“Pero nuestros hallazgos sugieren que la memoria en realidad declina en casi todo el mundo, y bien antes de que haya alguna deposición de amiloidea en el cerebro”, señaló el Dr. Clifford Jack, investigador de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, que dirigió el estudio.

Los depósitos de beta amiloidea, comúnmente conocidos como placas, siguen siendo una característica de la enfermedad de Alzheimer, señaló Jack. Pero los nuevos hallazgos sugieren que no “inician” el proceso de la enfermedad, sino que ocurren posteriormente.

“Parece haber un efecto profundo del envejecimiento en sí sobre la memoria, independiente de la amiloidea”, planteó Jack. “Creemos que la patología [amiloidea] tiende a surgir a una edad más avanzada, acelerando un declive preexistente en la memoria”.

Según Jack, eso es una buena noticia.

“El declive de la memoria que las personas con frecuencia experimentan a medida que envejecen no es por lo general un indicador de una patología subyacente de Alzheimer”, aseguró. “No significa de ninguna forma que la demencia sea inevitable”.

Otros investigadores afirmaron que los hallazgos son “muy importantes”.

“Lo que esto muestra con mucha claridad es que la memoria y el volumen cerebral declinan años antes de que haya algo de amiloidea”, dijo el Dr. Charles DeCarli, profesor de neurología de la Universidad de California, en Davis.

El mensaje principal es que el declive mental relacionado con la edad “no es tan sencillo como nos gustaría”, comentó DeCarli, que escribió un editorial publicado junto al estudio.

Los resultados se basan en más de 1,200 adultos de un condado de Minnesota. Todos tenían entre 30 y 95 años de edad, y no presentaban síntomas de demencia. Tomaron pruebas estándar de la memoria, y se sometieron a dos tipos de escáner cerebral: una IRM para medir el volumen del hipocampo (una estructura cerebral que tiene que ver con la memoria), y una TEP para buscar la acumulación de amiloidea.

Según Jack, los investigadores solo han contado con una tecnología capaz de ofrecer imágenes de la amiloidea en los últimos años.

Y lo que su equipo encontró fue sorprendente. En general, tanto la memoria como el volumen cerebral declinaron de forma gradual entre los 30 años y mediados de los 60 años de edad. Pero pocas personas mostraron alguna acumulación de amiloidea en ese periodo. No fue más o menos hasta los 70 años cuando hubo un aumento sustancial en la cantidad de personas que tenían resultados “positivos de amiloidea” en las TEP.

Esto fue así en particular entre las personas que portaban la variante genética APOE4, que se vincula con un riesgo de Alzheimer más alto del promedio. Las personas con la variante genética APOE4 comenzaron a mostrar amiloidea a una edad más temprana, y mostraron un aumento más marcado en la acumulación de amiloidea después de los 70.

Pero el estudio también encontró que los portadores del APOE4 no mostraban un declive más grande en la memoria ni en el volumen cerebral.

Jack dijo que el hallazgo sobre la memoria fue “un poco sorprendente”. Pero anotó que todos los participantes del estudio estaban libres de demencia. Los portadores del APOE4 tienen un riesgo más alto de Alzheimer, pero ante la ausencia de éste, quizá no tengan una peor memoria que las personas que no portan el gen.

En vez de eso, los hombres tenían de forma constante una peor memoria que las mujeres, y (en proporción) un hipocampo más pequeño, a todas las edades, mostraron los hallazgos.

Otros estudios han hallado que a las mujeres les va mejor en las pruebas de memoria, pero Jack dijo que el hallazgo sigue siendo sorprendente. Señaló que “básicamente, esto dice que ser un hombre tiene un efecto mucho mayor en la memoria que ser un portador del APOE4”.

Jack sospecha que la tasa más alta en los hombres de factores de riesgo cardiovascular, que se han vinculado cada vez más con el desarrollo de problemas de la memoria, podría ser un motivo de que los hombres tengan una peor memoria que las mujeres. O quizá la hormona estrógeno ofrezca algún factor protector a las mujeres, sugirió.

Antes de que los hombres entren en pánico, DeCarli anotó que la demencia en toda regla no es más común en los hombres que en las mujeres, aunque quizá eso se deba a que las mujeres viven más en general.

Entonces, si los depósitos de amiloidea no provocan el declive gradual en la memoria que tantas personas observan, ¿qué lo hace?

Jack apuntó a un culpable posible. Las enfermedades cardiacas, el accidente cerebrovascular y los factores de riesgo de esas afecciones, como la hipertensión y la diabetes. Todos pueden impedir el flujo sanguíneo al cerebro, y pueden hacer que el tejido cerebral se encoja.

DeCarli se mostró de acuerdo, pero dijo que también debe haber otros factores involucrados.

Mary Sano, investigadora del Alzheimer en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York, dijo que los hallazgos son “emocionantes”.

Gran parte de la investigación que busca la prevención del Alzheimer se ha concentrado en la acumulación de amiloidea, anotó Sano. Pero este estudio sugiere que otras avenidas, incluyendo “intervenciones que se enfoquen en el volumen cerebral”, también deben explorarse, planteó.

¿Y cómo se cambia el volumen cerebral? El ejercicio es una posibilidad. “La investigación ha mostrado que la actividad física podría ralentizar la pérdida de volumen cerebral que sucede con la edad”, comentó Sano.

Para DeCarli, los hallazgos resaltan todo lo que le falta por aprender a los científicos sobre el cerebro que envejece, y sobre el envejecimiento en general.

“¿Por qué se pone la piel reseca a medida que se envejece?”, preguntó. “¿Por qué salen canas? En realidad no sabemos mucho sobre el envejecimiento”.

Los resultados del estudio aparecen en la edición en línea del 16 de marzo de la revista JAMA Neurology.

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Depresión en la vejez… “Inventariando” la vida

El reloj biológico no entiende de cirugías ni de hormonas inyectables. Y aunque se puede simular e incluso retardar el proceso, la vejez llega con la misma naturalidad con la que se da la vida. Muchas imágenes han sido asociadas a esa etapa de la vida a través de la historia; desde los propios cuentos de hadas vemos a personajes que no quieren envejecer y esa idea es reforzada con herramientas tan cotidianas como la publicidad.

Pero en contravía a esa situación hay otra no menos importante: la población se reproduce menos y vive más, generando un desequilibrio nuevo para nuestra especie. Seamos sinceros: aunque técnicamente usted está envejeciendo mientras lee este artículo, lo más probable es que sienta aún lejana esa situación. Y si bien es muy positivo vivir el presente y proponerse metas a corto plazo, no es menos sabio fabricar un proyecto de vida que le permita proyectarse al final del camino.

Si, por el contrario, en este momento se pasea por los pasillos del ‘sexto piso’ para arriba, es probable que comprenda mejor lo que planteamos. Sin embargo, en cualquiera de los dos casos, el tema es de toda incumbencia; las estadísticas confirman el envejecimiento de la población mundial y las políticas estatales buscan prepararse para afrontar los alcances de esta situación.

Según las proyecciones de Naciones Unidas, en 2050 más de 2.000 millones de personas serán mayores de 60 años. Y por supuesto, en  nuestro país ese panorama tiene connotaciones importantes. El DANE afirma que para 2020, unos 6’500.000 personas serán mayores, 34 por ciento más que en el 2012.

En arenas movedizas

Erróneamente se tiende a asociar la tercera edad con un terreno oscuro, rondado por la muerte y la desprotección. Pero el replanteamiento de esa falsa premisa es indispensable para direccionar el reto real y dejar de asociarla, de una buena vez, a la depresión.

Sin embargo, mientras inventamos “ficciones” alrededor de la edad, los años pasan y cumplen su cometido. La productividad se reduce, el cansancio aumenta y las posibilidades de ser autosuficientes se ven amenazadas. Nunca es fácil tacharle nombres a la lista de amigos y parientes vivos y cuando la muerte se hace real en alguien tan directo como la pareja, los retos se vuelven de otra dimensión.

No obstante hay que ser muy cuidadosos en ese redireccionamiento mental. Mucha gente piensa que la vejez es necesariamente sinónimo de depresión y esto no puede estar más lejos de la verdad. Son muchos los que terminan sus días entregados al trabajo, sin impedimentos físicos incapacitantes y con una vida social envidiable. Pero hay un punto muy cierto: bajo condiciones de vulnerabilidad, todas esas expectativas pueden convertirse en arenas movedizas.

“Hay un estereotipo muy amplio sobre la vejez, asociado con detrimento y empobrecimiento; la vemos como ‘el acabose’ y eso genera unas condiciones muy prolíficas para la depresión. Además, muchos se dedican a realizar este estereotipo social. Generar unas imágenes posibilitadoras para la vejez es una necesidad. De hecho, todos deben prepararse desde antes, construyendo acompañamiento y participación en los sistemas de salud, la familia, y otras asociaciones”, asegura el doctor René Solano, sicólogo con amplia experiencia en terapia familiar.

Una cuestión muy femenina

Al contemplar el panorama general, y contrastándolo con el planteado por la propia depresión (que describiremos más adelante), es claro que la problemática nos atañe a todos. Y para sintonizarnos con ella, lo mínimo por hacer es ampliar nuestra visión sobre el cuidado y atención que le prestamos.

Para ello es necesario entender que los hombres y mujeres envejecen de maneras diferentes,  y a su vez están influenciados por factores sociales que los llevan por otras rutas. La mayoría de personas que ahora están en la tercera edad, hicieron parte del modelo familiar tradicional que permitía, entre otras cosas, más probabilidades a los hombres de educarse, dándoles mejores herramientas para gozar, a su vez, de una vejez con mayor calidad de vida.

Pero las mujeres son más longevas (viven en promedio siete u ocho años más) y esto se debe a factores como la participación masculina en las guerras y al hecho de que anualmente nacen más niñas que niños. También a que ellas beben menos y son más constantes con el cuidado de su salud.

Lo anterior es un factor determinante, pues esto convierte a las mujeres en las mayores afectadas por transiciones como la viudez. Aun así, según nuestro especialista, también están más capacitadas para superar este duelo, pues sobre todo en esas jerarquías familiares pasadas, la madre era la encargada de tejer relaciones más cercanas con los hijos y formar unas redes de apoyo realmente sólidas.

Pero los factores que rodean la situación de viudez abundan, así que en ese proceso también será determinante el momento de la vida que ella atraviese, cuántos años estuvo casada, cuántos hijos tiene, con qué recursos financieros cuenta, y no menos importante, la memoria afectiva que posea. Si todos estos la favorecen, cualquier cuadro depresivo podría sortearse con éxito.

¿Es o no es?

Aunque es lugar común relacionar las enfermedades mentales con la locura, lo cierto es que existe una gama asociada que nada tiene que ver con ella, como la depresión. Esta enfermedad puede atacar en cualquier momento de la vida, pero como lo decíamos antes, las condiciones en que generalmente se encara la vejez, la hacen muy popular en esa época.

Es muy fácil para algunas personas sentir que la padecen, pues existen diferentes cuadros de tristeza y ausencia de energía que podrían simularla. Pero cuando es diagnosticada por un profesional, probablemente exista una causa orgánica, como un desequilibrio en la producción de neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina.

Claro que también puede desencadenarse a partir de cualquier cambio o transición traumática. Y sobre todo, cuando se asocia a la vejez, es capaz de revivir duelos mal hechos. Además, características como la pérdida de interés por la vida y la tendencia a aislarse, se amalgaman con especial fuerza en esta etapa, haciendo el tema más difícil de manejar para los familiares.

“Cuando una persona decide apartarse de los demás y pasar la mayor parte de su tiempo triste o depresiva; cuando se siente vacía, pierde los objetivos de la vida o no duerme bien; o por el contrario, escapa de la realidad durmiendo constantemente, puede estar deprimida”, afirma el doctor Jorge Forero Vargas, médico psiquiatra.

Según nuestro especialista, también es normal experimentar ansiedad, insomnio (algunas veces lo contrario), alteraciones del pensamiento (como fuertes culpas), distraerse y perder vitalidad e interés por lo placentero.

En cualquier caso se debe consultar, y al confirmar el diagnóstico es indispensable seguir al pie de la letra las indicaciones médicas. Una de las terapéuticas más usadas en esos casos son los medicamentos; cuya mayoría suple la producción de los neurotransmisores comprometidos por la enfermedad. Suspenderlos al sentirse mejor, solo dañará el tratamiento.

De hecho, el doctor Forero afirma que entre el 67 y el 75 por ciento de los pacientes recaen por abandono del tratamiento en el primer año. Y casualmente este es el tiempo mínimo requerido para recuperarse de la pérdida neural inducida por la enfermedad.

Depresión y vejez

Como lo planteábamos desde el principio, la vejez necesita de un acompañamiento social y familiar, que le brinde a la persona los medios necesarios para adaptarse mejor a las transiciones que llegan con la edad.

Perder cierta capacidad –si no toda- para ver por sí mismo, promueve un cambio en el rol familiar, y es preciso que ese proceso se dé en un marco de aceptación, respeto por las decisiones de la persona mayor y mucho amor.

“También es un factor crítico la sociabilidad, porque es importante que la vida tenga sentido. De hecho, no se envejece de la noche a la mañana, y dependiendo de cómo se haya manejado la  vida, así se dará esta etapa”, comenta el doctor Solano.

Algo que genera mucha angustia es el balance tan propio de esta época. Es muy fácil echarse encima más culpas de las ganadas, y la capacidad que tengamos de aceptar los aciertos y errores acumulados será determinante en el proceso. Pero de nuevo el entorno familiar es importante, pues a partir de éste se pueden –o no- generar dinámicas de perdón y aceptación.

“Una recomendación muy importante incluye revisar las condiciones de cuidado que proporcionan los familiares. Po ejemplo, al anciano hay que respetarle la opinión, prestarle ayuda pero haciendo que se sienta reconocido, no restarle autodeterminación. Si bien él o ella tiene que aceptar ciertas restricciones, ese cuidado no debe constituir un abuso, y eso pasa cuando no se respeta la opinión y se pierde el derecho a la intimidad”.

Para nadie es un secreto que la muerte es un concepto conocido y evitado, así que enfrentarlo directamente deja ver la poca preparación que se tiene para asumir un duelo. Sin embargo, sobre todo a los hombres que ahora son adultos, se les prohibió la expresión, no se les preparó para estar tristes y el resultado es que en su mente están más desamparados que las propias mujeres.

Aun así, la invitación es a superar las adversidades. Si se trata de una pérdida tan importante como el compañero de vida,  vale la pena darse la oportunidad de agradecer por toda la compañía y el amor compartidos. Entregarse al lamento por lo que no se hizo, rara vez lleva a alguna parte, y en cambio es más productivo significar los aportes hechos.

“Algunas veces hay una muerte inesperada y el otro se queda con sensaciones de culpa por pensar que no amó bien al otro. Entonces vale la pena ayudarle a que se perdone, porque todos fallamos. Es mejor reconocer que el otro ya no está y dedicarse a fortalecer los lazos con la familia”.

 

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Relacionan los ruidos fuertes en la carretera con el accidente cerebrovascular en adultos mayores

Un estudio danés halla que el riesgo de accidente cerebrovascular en adultos mayores aumenta en 27 por ciento por cada 10 decibeles adicionales

Según un estudio danés reciente, la exposición prolongada al ruido fuerte del tráfico se relaciona intensamente con el accidente cerebrovascular en personas de 65 años o mayores.

Los investigadores descubrieron que por cada diez decibeles o más de ruido en la carretera, el riesgo de una persona de tener un accidente cerebrovascular aumentó en 14 por ciento.

Para las personas menores de 65, eso no se convirtió en un riesgo estadísticamente significativo, aunque los investigadores hallaron que, entre los que tenían 65 o más, el riesgo de accidente cerebrovascular aumentó de manera significativa en 27 por ciento por cada 10 decibeles de ruido adicionales. Además, en personas mayores, los investigadores hallaron evidencia de un umbral límite alrededor de 60 decibeles, por encima de lo cual, el riesgo de accidente cerebrovascular aumentó aún más.

En el estudio, participaron más de 57,000 personas entre los 50 y los 64 que vivían en Copenhague y Aarhus que fueron reclutados para el estudio de cohorte Dieta danesa, cáncer y salud entre 1993 y 1997, según Mette Sorensen, autora del estudio e investigadora principal del Instituto de Epidemiología del Cáncer de la Sociedad Danesa del Cáncer en Copenhague. El tiempo de seguimiento promedio fue de 10 años.

“Aunque nuestro estudio es el primero que se hace sobre el ruido del tráfico y el accidente cerebrovascular, no me sorprendieron los resultados, pues estudios anteriores encontraron que el ruido del tráfico se relaciona con tras enfermedades cardiovasculares”, aseguró Sorensen. El estudio solo mostró una relación entre los ruidos fuertes y el accidente cerebrovascular, anotó, y agregó que harían falta más investigaciones para confirmar los hallazgos.

Los autores anotaron que el estudio se realizó en una área urbana, por lo que no es representativo de todo el país. Pero al medir la exposición al ruido en distintas viviendas y aplicar los hallazgos para toda Dinamarca, Sorensen calcula que se podrían atribuir 600 casos nuevos de accidente cerebrovascular en su país al ruido del tráfico. Los 5.5 habitantes de Dinamarca sufren 12,400 nuevos de accidente cerebrovascular al año.

Aunque el estudio no determina cómo influye el ruido del tráfico sobre la salud, Sorensen considera que probablemente el estrés tenga que ver.

“Se cree que la exposición al ruido del tráfico provoca una respuesta al estrés y altera el sueño, lo que podría aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular, a través de mecanismos como mayor niveles de hormonas del estrés, mayor ritmo cardiaco y presión arterial, así como problemas con el sistema inmunitario”, señaló Sorensen.

Los investigadores analizaron las historias médicas y residenciales de los participantes durante un periodo promedio de diez años. Un total de 1,881 sufrió un accidente cerebrovascular.

Los investigadores luego midieron su exposición al ruido del tráfico en el tiempo por medio de un programa de cálculo del ruido diseñado para mapear los niveles de ruido en diversos lugares de Escandinavia durante varios años. El programa toma en cuenta diversos factores que podrían ampliar o mitigar el ruido del tráfico, como su composición y velocidad, la superficie y tipo de la vía, los edificios cercanos, y la posición y altura de las viviendas por encima de la vía.

En el momento en que los voluntarios se unieron al estudio, el 35 por ciento resultó expuesto a niveles de ruido superiores a los 60 decibeles y la mayoría (el 72 por ciento) vivió en la misma dirección durante todo el estudio. Los investigadores calcularon que la menor exposición al ruido era de 40 decibeles y la mayor de 82.

También tuvieron en cuenta varios factores de riesgo más, como la contaminación del aire, el ruido de ferrocarriles y aeronaves, el tabaquismo, la dieta, y el consumo de alcohol y cafeína.

El estudio aparece en la edición actual de la European Heart Journal.

Los investigadores “hicieron un trabajo razonablemente nuevo al intentar controlar otros aspectos potenciales que podrían afectar el resultado”, señaló el Dr. Larry B. Goldstein, director del Centro del accidente cerebrovascular de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.

Sin embargo, Goldstein anotó que probablemente haya varios factores adicionales que no se hayan tenido en cuenta. “Estos estudios epidemiológicos siempre están sujetos a diversos sesgos no medidos que podrían afectar potencialmente el resultado”, dijo.

Por ejemplo, la gente que vive en áreas con ruido intenso de tráfico también tiene más probabilidades de tener acceso a restaurantes de comidas rápidas y probablemente son de estrato socioeconómico más bajo que quienes viven en áreas rurales o suburbanas más tranquilas, anotó. (Los investigadores también anotaron que un mayor porcentaje de quienes estuvieron expuestos a ruido de más de 60 decibeles eran de un grupo de menores ingresos. Teniendo en cuenta que pertenecer a la clase socioeconómica más baja es en sí un pronosticador de accidente cerebrovascular, concluyeron que no se puede descartar la posibilidad de que esto pudo haber desviado los resultados).

“Los otro es qué se puede hacer aún si resulta cierto. ¿Habrá que pasarse a automóviles eléctricos y eliminar las bocinas?”, se preguntó Goldstein.

Los investigadores tuvieron una respuesta para ello.

Sorensen aseguró que el estudio actual podría usarse para argumentar que se deben utilizar métodos de construcción que limiten la exposición al ruido del tráfico, como vías hechas de asfalto reductor del ruido y barreras contra el ruido, así como viviendas que tengan ventanas que aíslen el ruido y otros materiales que reduzcan los sonidos fuertes.

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Contacto mostró positivos efectos de la música en pacientes con Alzheimer y emocionó a sus televidentes

biobiochile.cl

Siguiendo los pasos de la ONG americana “Música y Memoria”, durante seis meses las periodistas Paz Montenegro Y Magaly Messenet invitaron a personas con esta enfermedad, a participar de una experiencia inédita en nuestro país: recuperar sus recuerdos a través de la música que marcó sus vidas.

En este recorrido el equipo de Contacto contó con la colaboración del musicoterapeuta de la Universidad de Chile, Sergio Hazard. Con él entrevistaron a pacientes, familiares y cuidadores para poder crear el “playlist” de la vida de cada participante.

No es cualquier música, es SU música, aquella que fue significativa para la persona y que cuando la escucha con audífonos, les permite viajar y traer de vuelta recuerdos y emociones que parecían olvidados para siempre.

Los resultados son sorprendentes: pacientes que no caminan, no hablan y apenas abren los ojos con SU música se conectan, comunican y empiezan a recobrar sus memorias.

¿Cómo se explica el poder que tiene la música? ¿Por qué las personas con Alzheimer no son capaces de identificar a sus seres queridos, pero sí recuerdan las canciones que marcaron su vida? ¿Qué beneficios tiene para quienes sufren de una enfermedad que no tiene cura y que avanza sin tregua?

En Leipzig, Alemania “Contacto” encontró respuestas a estas preguntas en la investigación realizada por los científicos del Instituto Max Planck. Descubrieron que la música se aloja en un lugar diferente del cerebro que el resto de los recuerdos y en los enfermos de Alzheimer ésta zona presenta menos daño, atrofia y deterioro.

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