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Adulto Mayor

Una ensalada al día mantendría el cerebro 11 años más joven

Una ensalada al día mantendría el cerebro 11 años más joven

Un estudio en adultos mayores ha relacionado una mejora de la memoria y la capacidad cognitiva con el consumo periódico de hortalizas de hoja verde.

muyinteresante.es.-Laura Marcos

El paso del tiempo, el envejecimiento, el acortamiento de los telómeros… Es algo que no podemos evitar. A medida que vamos cumpliendo años, naturalmente, las habilidades cognitivas y la memoria disminuyen.

Sin embargo, ingerir una porción de verduras de hoja verde al día puede ayudar a preservar la memoria y las habilidades cognitivas, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Rush en Chicago.

El ácido fólico, del grupo B de las vitaminas, se encuentra en grandes cantidades en las verduras de hoja verde, como las espinacas, las acelgas o la lechuga.

En un comunicado emitido por la Universidad, que ha publicado la investigación en la prestigiosa revista científica Neurology, la Dra. Martha Clare Morris, epidemióloga nutricional, explica los resultados del estudio y cómo es posible que la introducción de un hábito tan sencillo en la dieta pueda tener tales implicaciones para el cerebro:

“Agregar una porción diaria de verduras de hoja verde a la dieta puede ser una forma sencilla de ayudar a promover la salud cerebral”, afirma.

En occidente continúa habiendo un fuerte aumento de personas con demencia debido al envejecimiento de la población y la mayor esperanza de vida. Por ello, explica la doctora, “se necesitan estrategias eficaces para prevenir la demencia”.

En la investigación, 960 adultos mayores completaron cuestionarios sobre alimentos y recibieron evaluaciones cognitivas anuales, en un seguimiento que duró casi 5 años.

Los resultados fueron claros: de las personas observadas en la investigación, aquellas que periódicamente consumían una porción de verduras de hoja verde presentaron una tasa de disminución más lenta en las pruebas de memoria y habilidades de pensamiento que las personas que rara vez o nunca las ingerían.

Además, los adultos mayores con este hábito de alimentación dieron muestras de ser cognitivamente 11 años más jóvenes.

A mayor frecuencia, mejor

Los participantes también completaron el cuestionario de frecuencia de alimentos, que evaluó la frecuencia y la cantidad de porciones de media taza que comieron hortalizas de hoja verde, como las espinacas, la col rizada, las acelgas o la lechuga.

En concreto, el estudio dividió a los participantes en cinco grupos según la frecuencia con que comían verduras de hoja verde, y comparó las evaluaciones cognitivas de los que más comieron (un promedio de aproximadamente 1,3 porciones por día) y los que menos comieron (0,1 porciones por día).

En general, los puntajes de los participantes en las pruebas de pensamiento y memoria disminuyeron a un ritmo normal, correspondiente a la degradación normal de las capacidades asociadas a la edad.

No obstante, la tasa de disminución cognitiva para aquellos que ingerían los vegetales más a menudo fue más lenta que la tasa para aquellos que consumían menos vegetales de este tipo. Una diferencia de pérdida de capacidades equivalente a tener 11 años menos de edad, según Morris.

El estudio tuvo incluso en cuenta variables implicadas que afectan a la salud cerebral: el consumo de bebidas alcohólicas, el tabaquismo, la presión arterial alta, la obesidad, el nivel educativo y la cantidad de actividades físicas y cognitivas.

Aún así, la relación que establece el estudio puede presentar matices. ”Los resultados del estudio no prueban que comer verduras de hoja verde ralentiza el envejecimiento cerebral, pero muestra una asociación”, en palabras de la Dra. Morris. “El estudio no puede descartar otras posibles razones de esta relación”.

Debido a que el estudio se centró en los adultos mayores, los resultados pueden no aplicarse a los adultos más jóvenes. A partir de ahora los resultados deberán ser confirmados por otros investigadores en diferentes poblaciones y mediante ensayos aleatorios para establecer una relación de causa y efecto entre el consumo de hojas verdes y la reducción en la incidencia de deterioro cognitivo.

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Salud: la importancia del agua en la tercera edad

La llegada de las altas temperaturas en primavera y verano, sumado al mencionado envejecimiento de la población, pone el énfasis en la deshidratación de los adultos mayores como una de las complicaciones que se agudiza en esta temporada.

Los adultos mayores deben cuidar aún más de ingerir la cantidad de líquidos adecuada para su cuerpo. Si está en esa etapa y además tiene una enfermedad aguda o crónica, puede descompensarse por la falta de hidratación.

El considerable aumento de la población mayor de 60 años se ha acelerado. Incluso, estadísticas señalan que entre los países de Latinoamérica y el Caribe, Chile tiene una de las mayores expectativas de vida al nacer. En la tercera edad, las personas de 80 años o más forman el conjunto de mayor crecimiento, existiendo un predominio del sexo femenino en este grupo etario.

La llegada de las altas temperaturas en primavera y verano, sumado al mencionado envejecimiento de la población, pone el énfasis en la deshidratación de los adultos mayores como una de las complicaciones que se agudiza en esta temporada.

Para dar a conocer los alcances de este problema, el geriatra de Clínica Vespucio Dr. Cristián Mercado aporta interesantes datos y recomendaciones acerca de esta alteración, que ocurre frecuentemente en los adultos mayores.

La deshidratación se define como la pérdida rápida de más del 3% del peso corporal.

Con el paso de los años existe una disminución del agua corporal total. “A los 30 años corresponde a un 60% del peso corporal y a los 80 años es un 50%, aproximadamente”, explica el especialista.

Al envejecer también existen otros cambios que predisponen a la deshidratación como “la disminución del estímulo de la sed (hipodipsia), modificaciones en el sistema regulador de agua y electrolitos (sodio, potasio, cloro), la baja de sensibilidad de una hormona que preserva el agua corporal y  una disminución renal para concentrar la orina”, argumenta.

La  falta de hidratación puede producirse por pérdida excesiva de agua, disminución de cantidad de agua ingerida o por ambas. “Generalmente es debida a varias causas como infecciones, fiebre, diarreas, vómitos, orina excesiva  en el caso de la diabetes y el consumo de  diuréticos”,  señala.

También existen otros motivos que “favorecen la disminución de agua ingerida como el acceso restringido a la misma por limitación física, trastorno visual, restricción de líquidos por indicación médica, alteración de conciencia (tranquilizantes, hipnóticos, delirio), dificultad en deglutir, entre otros. De todos estos, la limitación funcional  y los medicamentos son los que provocan mayor riesgo de  deshidratación”, comenta.

Algunos de los síntomas que puede presentar si usted está deshidratado son: “presión baja, alta frecuencia cardiaca, mucosa oral y sublingual seca, puede presentar alteración de la conciencia, desorientación y escasa orina”, detalla el geriatra de Clínica Vespucio.

Si padece de enfermedades agudas y/o crónicas como diabetes, insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal o edemas, debe controlar adecuadamente su ingesta hídrica, pues la falta o el exceso de agua puede descompensar su enfermedad.  Para ello, deberá seguir exactamente la indicación de su médico tratante.

Sobre el tratamiento, Mercado comenta que este consiste en “suministrar líquidos vía oral o endovenosa, de acuerdo a necesidad del paciente. Además se administran electrolitos si necesario”, puntualiza.

Como la prevención siempre resulta clave, en los casos de adultos mayores sanos o con patología crónica controlada, “se recomienda la ingesta de aproximadamente 30 ml de agua por kilo de peso al día. Por ejemplo una mujer con un peso de 60 kilos deberá ingerir  1.800 ml de agua como mínimo al día”.

La dieta en sal y agua deben ser indicadas cuidadosamente. No se puede olvidar que estos son fundamentales para una adecuada nutrición. “El adulto mayor debe considerar que dentro de su estado nutricional, existe requerimiento diario de agua”.

“A quienes forman parte de la tercera edad se les debe pedir  que beban líquido aunque no tengan sed, más aún si existe un ambiente de calor. En aquellas personas que viven solas o que son dependientes, es necesario asistir su hidratación”, afirma.

 

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El chocolate negro mejora la capacidad de caminar en personas con enfermedad arterial

La enfermedad arterial periférica (EAP) afecta a un 15-20% de las personas mayores de 70 años y, por ello, éstos tienen problemas para desplazarse debido a la mala circulación de la sangre hacia sus piernas que les provoca calambres y dolores. Ahora, gracias a un nuevo estudio publicado en la revista Journal of the American Heart Association, es posible aplicar un remedio delicioso y sencillo contra este obstáculo: el chocolate negro.

El estudio, llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Roma “La Sapienza” (Italia), se basó en un experimento con dos grupos de pacientes con EAP: al primer grupo se les ofreció una porción de chocolate negro antes de realizar un recorrido en una andadora, y al segundo grupo, una porción de chocolate con leche. Los voluntarios fueron 14 hombres y 6 mujeres de poco más de 70 años. Los científicos descubrieron que los sujetos que ingirieron chocolate negro pudieron aumentar levemente el tiempo y la distancia al caminar, a diferencia de los que comieron chocolate con leche.

Concretamente, los participantes del grupo que iban a comer chocolate negro, tuvieron que caminar sobre una máquina andadora, primero sin haber ingerido chocolate, y dos horas más tarde, tras haberlo comido. El resultado de la segunda prueba dio como resultado que pudieron caminar 17 segundos más y 11,8 metros más que en la primera prueba.

“Ante la presencia de ateroesclerosis, seguir una dieta adecuada es fundamental para reducir la carga de la enfermedad vascular. Este estudio ha demostrado que el consumo de nutrientes ricos en polifenoles, como el chocolate negro, mejoró la circulación sanguínea de las piernas”, afirma Lorenzo Loffredo, líder del estudio.

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Dieta nutricional, base de salud en el adulto mayor

Oaxaca de Juárez.- La edad avanzada puede comprometer el estado de salud ante ello muchas veces es necesario reorientar el estilo de vida del adulto mayor, pues durante el envejecimiento se producen cambios corporales (aumento de masa grasa, disminución de masa magra), aparecen alteraciones metabólicas y alimentarias que coexisten con enfermedades crónicas y agudas, advierte el área médica de la delegación en Oaxaca del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Durante esta etapa, el apetito así como la cantidad de alimentos ingeridos tiende a declinar debido a la ingesta de comidas con bajo valor nutrimental o energético (caldos, atole de agua, verduras muy cocidas), por lo que se debe tener especial cuidado en proporcionar una dieta que sea atractiva y contenga todos los nutrientes, explicó la coordinadora delegacional de Nutrición y Dietética, Rocío Guadalupe Espinoza Castro.

Entre las recomendaciones generales a seguir para una buena alimentación destaca el evitar alimentos con pocos nutrientes como azúcar de mesa y harinas refinadas, el exceso de hidratos de carbono simples pues pueden producir hiperglucemia; incluir multivitaminas, calcio, vitaminas D, B y ácido fólico; promover una dieta con alimentos naturales; así como promover el ejercicio regular para conservar y favorecer el incremento de la masa muscular y estimular el apetito.

La nutrióloga del IMSS destacó que las enfermedades crónico degenerativas (obesidad, padecimientos del corazón; hipertensión arterial, gota, diabetes y osteoporosis) están relacionadas con una alimentación desequilibrada y la falta de actividad física, sin embargo existen alternativas para cada caso como las dietas de reducción, bajas en colesterol y azúcares, las ricas en fibra y agua, las bajas en sal así como las bajas en purinas y visceras.

Por su parte el encargado de la Coordinación de Información y Análisis Estratégico del IMSS, Antonio Cerero Gudiño, explicó que las Unidades de Medicina Familiar ubicadas en las poblaciones de Cuicatlán, Tamazulapan del Espíritu Santo, Puerto Escondido, Pochutla, Etla y Huitzo son las que reportan un mayor número de adultos mayores con desnutrición.

Ante ello recalcó la importancia de que los adultos mayores incorporen dietas saludables para así revertir o retrasar muchos de los cambios asociados al proceso de envejecimiento, asegurando de este modo que muchos de ellos puedan continuar viviendo de forma independiente y disfrutando de una buena calidad de vida que les permita compartir activamente dentro de la familia y de la comunidad.

 

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Vinculan dormir sin descansar con un dolor generalizado en los adultos mayores

La ansiedad, los problemas de la memoria y la mala salud también tienen que ver, sugiere un estudio

Levantarse sin sentirse descansado no es solo una molestia. Los investigadores advierten que el “sueño no restaurador” es el mayor factor de riesgo para el desarrollo de dolor generalizado en los adultos mayores.

El dolor generalizado en distintas partes del cuerpo, la principal característica de la fibromialgia, afecta al 15 por ciento de las mujeres y al 10 por ciento de los hombres mayores de 50 años, según estudio anteriores.

Para identificar los desencadenantes de ese dolor generalizado, los investigadores británicos recogieron datos demográficos, además de información sobre el dolor físico y la salud mental de más de 4,300 adultos mayores de 50 años. Unos 2,700 sufrían algo de dolor al inicio del estudio, pero ninguno tenía dolor generalizado.

Los resultados, que aparecen en la edición del 13 de febrero de la revista Arthritis & Rheumatology, muestran que el sueño sin descansar y la ansiedad, los problemas de memoria y la mala salud desempeñan un rol en el desarrollo de ese tipo de dolor.

Tres años tras el inicio del estudio, el 19 por ciento de los participantes tenían un dolor generalizado nuevo, hallaron los investigadores.

Este nuevo dolor en varias partes del cuerpo fue peor entre los que habían sufrido de algo de dolor al inicio del estudio. Y de los que tenían algo de dolor previo, el 25 por ciento sufrían de un nuevo dolor generalizado. Mientras tanto, el 8 por ciento de los que no tenían dolor al inicio del estudio tenían un dolor generalizado tres años más tarde.

“Aunque la osteoartritis se vincula con el inicio nuevo de dolor generalizado, nuestros hallazgos también hallaron que el sueño, [la memoria], la salud física y la mental de baja calidad podrían aumentar el riesgo de dolor”, concluyó el líder del estudio, el Dr. John McBeth, del centro de investigación sobre la artritis de la Universidad de Keele en Staffordshire, Inglaterra.

“Se necesitan intervenciones combinadas que traten tanto el dolor en lugares específicos como el dolor generalizado en los adultos mayores”, añadió McBeth en un comunicado de prensa de la revista.

Pero el aumento de la edad se vinculó con unas menores probabilidades de contraer dolor generalizado. El dolor muscular, óseo y nervioso es más común entre las personas mayores. Hasta el 80 por ciento de las personas a partir de los 65 años experimentan alguna forma de dolor a diario, según el comunicado de prensa.

Aunque el estudio encontró una relación entre dormir mal y un dolor generalizado, no demostró una causalidad directa.

 

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El sobrepeso en los mayores dificulta las actividades diarias

Los adultos mayores obesos son más propensos a tener problemas para realizar sus actividades diarias, como darse una ducha, vestirse o ir al baño.

Y a mayor sobrepeso, más discapacidades surgían, según un estudio sobre 20.000 mayores de 65 años.

Lo interesante fue que el sobrepeso no elevaba el riesgo de muerte, excepto en los muy obesos, lo que suma este estudio a otros que habían sugerido que el aumento moderado del peso corporal no afectaría por igual a los adultos mayores que a la población general, comentó la doctora Christina Wee, del Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston.

Para conocer mejor ese efecto, el equipo de Wee revisó datos de 20.975 pacientes de la cobertura estatal estadounidense Medicare, obtenidos durante entrevistas realizadas en cuatro años. Más de un tercio tenía sobrepeso y un 18 por ciento era obeso. A todos se los estudió durante 14 años para determinar la mortalidad.

La investigación se concentró en la capacidad de los participantes de realizar actividades diarias, como comer, sentarse y levantarse de una silla o caminar (movimientos básicos), que el equipo distinguió de las instrumentales (usar el teléfono, cocinar, ir de compras o usar dinero).

Según publica Annals of Internal Medicine, entre el 22 y el 32 por ciento de las mujeres con sobrepeso y obesidad, por ejemplo, dijo que le costaba realizar por lo menos una actividad diaria, comparado con el 20 por ciento de las mujeres con peso saludable.

En cuanto a las actividades instrumentales, el 30 a 38 por ciento de los hombres con sobrepeso y obesidad respondió que esas actividades eran cada vez más difíciles desde el inicio del estudio, a diferencia de apenas el 28 por ciento en el grupo sin sobrepeso.

En los afroamericanos, el sobrepeso no causó tanto problema con las actividades diarias, aunque su participación (un 8 por ciento de la cohorte) cuestiona ese resultado.

Se desconoce por qué el sobrepeso influye más en las actividades diarias que en la mortalidad. Una explicación, según la autora, sería el “efecto de supervivencia”, por el que los adultos obesos que viven 65 años o más serían más “resistentes” a la muerte, quizás por genes que los ayudan a contrarrestar los efectos de la obesidad.

“Pero los adultos ya son más propensos a la discapacidad y la obesidad lo potenciaría”, añadió.

De hecho, los participantes con el nivel más bajo de riesgo de morir durante el estudio fueron aquellos con sobrepeso, no con obesidad.

Esto, para Wee, fue especialmente sorprendente. La clasificación se realizó según el índice de masa corporal (IMC), que no es una medición precisa de la grasa corporal en los adultos en general.

“Además, dado que muchas enfermedades crónicas en los adultos mayores causan descenso de peso, ser delgado sería un signo de padecer varias dolencias”, dijo.

Por ahora, la autora recomendó que los adultos mayores con sobrepeso se concentren en no perder las habilidades para realizar las actividades cotidianas: “Puede ser que el tratamiento no sea adelgazar, sino hacer ejercicio para reforzar los músculos y mejorar las funciones generales”.

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La atención coordinada ayuda a los adultos mayores que sufren de enfermedades crónicas

Las probabilidades de complicaciones y de admisiones al hospital se redujeron cuando los pacientes veían a menos médicos, afirma un estudio

Los adultos mayores con enfermedades clínicas con frecuencia acuden a múltiples médicos en distintos centros, y una mala comunicación entre el paciente y el médico es común. Ahora, un nuevo estudio halla que la atención coordinada reduce el riesgo de complicaciones y los costos hospitalarios.

Los investigadores observaron datos de casi 300,000 pacientes de Medicare con diabetes tipo 2, insuficiencia cardiaca congestiva o enfisema. Su análisis reveló que incluso unas mejoras ligeras en la coordinación de la atención de esos pacientes conducía a unas reducciones significativas en las admisiones al hospital y el uso de los departamentos de emergencias, menos complicaciones y unos costos de atención de salud más bajos.

Los hallazgos, que aparecen en la edición en línea del 17 de marzo de la revista JAMA Internal Medicine, sugieren que una mejor coordinación de la atención para los pacientes de esas enfermedades podría ahorrar a Medicare hasta 1.5 mil millones de dólares al año, afirmaron los investigadores de la RAND Corporation, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación.

“Mejorar la coordinación de la atención de los pacientes con enfermedades crónicas puede ser difícil de lograr, pero nuestros hallazgos sugieren que puede tener beneficios tanto para los pacientes como para el sistema de atención de salud”, aseguró el autor líder del estudio, Peter Hussey, investigador principal de políticas de la RAND.

La atención se consideró mejor coordinada si los pacientes acudían a menos proveedores de atención de salud o si las visitas al médico se concentraban en menos proveedores.

“Nuestros resultados sugieren la importancia potencial de la continuidad de la atención y subrayan los beneficios potenciales que pueden alcanzarse a través de programas que mejoren la coordinación”, añadió Hussey en un comunicado de prensa de la RAND. “A medida que los programas de administración y pago de la atención de salud evolucionen”, comentó, es importante “medir si esas reformas mejoran la continuidad y reducen los costos de la atención de la salud”.

 

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Cambios fisiológicos y cognitivos en el adulto mayor

El envejecimiento trae diversos cambios que pueden afectar el estilo de vida de las personas

elcaribe.com.do

Aunque el envejecimiento no es sinónimo de enfermedad, de discapacidad ni dependencia, con el pasar de los años el adulto mayor sufre cambios en la mayoría de los sistemas fisiológicos del organismo, así como también en los cognitivos, los cuales pueden afectar en distintas formas a hombres y mujeres.Durante la conferencia “Los aspectos psicosexuales del adulto mayor”, organizada por la Fundación contra el mal de Parkinson, y en la que participaron la neuróloga Marcia Castillo, el terapeuta sexual Hamlet Montero, la geriatria Evelyn Ulloa, el psicólogo Henry Montero y la uróloga Mericarla Pichardo, se debatieron mitos y dificultades que pueden enfrentar las personas de la tercera edad.

La geriatra Evelyn Ulloa explicó que, en primer lugar, se empiezan a ver modificaciones en la estructura corporal. Por ejemplo, el adulto mayor empieza a perder masa muscular, lo que va relacionado con la edad, la talla, el género y el peso del adulto.

“Nos ponemos más bajitos, por la pérdida de la masa ósea; se produce flacidez, debilidad y pérdida de fuerza por atrofia en la masa muscular y el tejido graso”, detalla.
Entre otros cambios que nombró la geriatria, se encuentran la pérdida progresiva de la capacidad visual: síntomas que conducen a la presbicia, miopía, cataratas; pérdida de la elasticidad muscular, de la agilidad y capacidad de reacción refleja. Así como degeneración de estructuras óseas: osteoporosis y artritis reumatoideas.

Además, aumento de la hipertensión arterial, disminución del colágeno de la piel y de la absorción de proteínas, aparición de arrugas, descenso progresivo de los sentidos del gusto; asimismo, en la audición, de la libido y del espermatogénesis en el hombre.

Cambios cognitivos

Ulloa, manifiesta que el adulto mayor también puede presentar trastornos cognitivos. Estos pueden ser: dificultad para concentrarse, enfocar o prestar atención, pérdida de memoria u olvido de ciertas cosas.

También, pueden presentar deficiencia en las habilidades aritméticas, de organización y del lenguaje, lo cual incluye tareas tales como no poder ordenar los pensamientos, inconveniente para encontrar la palabra correcta, problemas para realizar múltiples tareas y mayor lentitud al procesar información. De igual forma, cambios conductuales y emocionales. Esto incluye conducta irritativa y cambios en el estado de ánimo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a lo largo de la vida son muchos los factores sociales, psíquicos y biológicos que determinan la salud mental de las personas. Aparte de las causas generales de tensión con que se enfrenta todo el mundo, muchos adultos mayores se ven privados de la capacidad de vivir de manera independiente por dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad u otros problemas mentales o físicos, de modo que necesitan asistencia a largo plazo.

La salud mental influye en la del cuerpo, y viceversa. Por ejemplo, los adultos mayores con enfermedades como las cardiopatías muestran tasas más elevadas de depresión que quienes no padecen problemas médicos. Por el contrario, la coexistencia de depresión no tratada y cardiopatía en una persona mayor puede empeorar esta última.

Aspectos psicosexuales

Con relación a la sexualidad en el adulto mayor, el terapeuta sexual Hamlet Montero sostiene que la mayoría de hombres y mujeres se abstienen de hablar de los problemas que enfrentan en su sexualidad, porque les da vergüenza comentarlo.

Algunos de los cambios que se producen en mujeres y hombres son: disfunción eréctil, la disminución de la libido y falta de lubricación, un tema que se maneja en las consultas, sin embargo, la gran mayoría de parejas se cohíben.

Montero señala que existen múltiples mecanismos que las parejas en edad adulta pueden utilizar para tener una vida sexual activa con su pareja sin tener que llegar al coito.

Asistencia

Algunos de los envejecientes se ven privados de vivir de manera independiente por problemas cognitivos y físicos, de modo que necesitan asistencia por parte de sus familiares.

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