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Autismo

La sinestesia es más común en personas con autismo

Las personas con autismo son más propensas también a tener sinestesia, según indican los resultados de una nueva investigación.

La sinestesia se caracteriza por experimentar lo que puede describirse como una mezcla de sentidos en cuanto a las percepciones sensoriales. Por ejemplo, una persona con sinestesia puede ver colores cuando oye sonidos, o notar diferentes sabores al escuchar notas musicales.

El autismo, por su parte, se diagnostica cuando una persona tiene problemas psicológicos que le dificultan de manera severa el entablar relaciones sociales e incluso comunicarse con la gente de su entorno más cercano, mostrando intereses inusualmente limitados sobre el mundo a su alrededor, y una gran resistencia a los cambios, incluso pequeños, en su rutina diaria.

En principio, el autismo y la sinestesia no parecen tener nada en común. Pero en el ámbito del cerebro, la sinestesia implica conexiones anormales entre áreas del cerebro que por regla general no están conectadas (por eso un estímulo en un canal automáticamente desencadena una percepción en otro). Se ha postulado también que el autismo implica una hiperconectividad de las neuronas, de modo que la persona se centra demasiado en pequeños detalles pero se le hace muy difícil darle el debido seguimiento a una situación más amplia. Eso implicaría pues que el autismo y la sinestesia se caracterizan por una conectividad neuronal anormalmente elevada.

Los autores del nuevo estudio, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, examinaron a 164 adultos con trastornos del espectro autista, y a 97 adultos sin autismo. Se comprobó en todos los voluntarios si tenían o no sinestesia.

El equipo de Simon Baron-Cohen, del Centro de Investigación del Autismo en la Universidad de Cambridge, puso a prueba y confirmó la predicción de que si tanto el autismo como la sinestesia incluyen más conectividad neuronal, la sinestesia debe ser desproporcionadamente común en las personas con autismo.

Los científicos comprobaron que mientras que la sinestesia sólo se daba en un 7,2 por ciento de los individuos típicos, alcanzaba el 18,9 por ciento de las personas con autismo.

Entre los 31 autistas que también tenían sinestesia, una de las formas más comunes de ésta última era la sinestesia sonido-color. En 21 de ellos, un sonido desencadenaba una experiencia visual de color.

Otra modalidad común de sinestesia entre esos 31 autistas con sinestesia resultó ser la sinestesia grafema-color, que consiste en que ciertas letras o números evocan percepciones de determinados colores. 18 de las personas percibían determinadas letras negras o blancas con un color que no era ninguno de esos dos.

Aparte, hubo 18 de las personas con autismo y sinestesia que padecían una modalidad de ésta última en la que sabores, olores, o incluso dolores, les evocaban experiencias visuales de color.

En la investigación también han trabajado Donielle Johnson, de la Universidad de Cambridge, así como Simon Fisher, Director del Departamento de Lenguaje y Genética en el Instituto Max Planck para la Psicolingüística, en Nijmegen, Países Bajos.

 

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La normalización de la flora intestinal mejora los síntomas asociados al autismo

El incremento de la variabilidad de las bacterias de la microbiota intestinal mejora algunos de los trastornos gastrointestinales y del comportamiento en los TEA

abc.es

Cada vez es mayor el número de evidencias que demuestran el importante, sino crucial, papel que juega la flora intestinal –esto es, el conjunto de especies bacterianas, en su mayoría beneficiosas, que habitan en nuestros intestinos– sobre la salud de nuestro organismo. De hecho, la composición de este microbioma parece condicionar nuestro riesgo de desarrollo de enfermedades –como la diabetes– y de sus síntomas –como ocurre en el párkinson–. Pero aún hay más; algunas investigaciones han sugerido que la clave para el tratamiento de algunos trastornos del neurodesarrollo, y más específicamente de los trastornos del espectro del autismo (TEA) se encuentra en el intestino, no en el cerebro. Y ahora, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe (EE.UU.) muestra que la normalización de la flora intestinal de las personas con autismo mejora muchos de los síntomas de los TEA.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Microbiome», muestra que el trasplante de materia fecal para mejorar la composición y variabilidad de la microbiota intestinal resulta sumamente eficaz para el tratamiento de algunos de los trastornos gastrointestinales y del comportamiento asociados al autismo.

Desagradable, pero eficiente

Los autores ya habían observado en un estudio previo una asociación entre los síntomas asociados a los TEA y la composición y diversidad de la flora intestinal. Por ello, el objetivo de esta nueva investigación fue evaluar si la mejora de esta microbiota del intestino podía ser efectiva en el tratamiento del autismo.

Para ello, los autores contaron con la participación de 18 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 7 y los 16 años y diagnosticados de autismo a los que sometieron a un lavado intestinal, a un tratamiento antibiótico durante 10 semanas y a un trasplante fecal diario –a lo largo de dos meses.

Y exactamente, ¿qué es un trasplante fecal? Pues básicamente, la transferencia de las bacterias de la flora intestinal de un donante ‘sano’, en la que se encuentran en torno a un millar de diferentes especies bacterianas, a un paciente. De esta manera se consigue que el receptor pueda tener un microbioma intestinal con una composición y variabilidad ‘normales’.

Los resultados mostraron que el procedimiento conllevó beneficios a largo plazo para los receptores, caso de una mejora promedio de un 80% de los síntomas gastrointestinales asociados a los TEA y de una mejoría de un 20-25% en los trastornos del comportamiento –entre otros, las habilidades sociales y los hábitos del sueño.

Como explica Dae-Wook Kang, co-autor de la investigación, «hemos observado un gran incremento en la diversidad del microbioma y un gran aumento en algunas especies bacterianas específicas, muy especialmente en el caso de las del género ‘Prevotella’, que previamente habíamos visto que se encontraba en baja cantidad en los niños con TEA».

No probar en casa

En definitiva, combinar el trasplante fecal, aun nauseabundo, con enemas y antibioterapia podría ser eficaz para corregir algunos de los síntomas asociados a los TEA. Más aún cuando se contempla que, una vez concluido el tratamiento, las bacterias ‘trasplantadas’ permanecen a largo plazo en la flora del receptor.

Como indica James Adams, director de la investigación, «nuestros resultados son muy convincentes. Hemos completado un ensayo clínico en fase I demostrando la seguridad y la eficacia del procedimiento. Pero para recomendarlo como tratamiento y poder aplicarlo en la práctica clínica se requieren estudios en fases II y III. Así, estamos planificando ampliar nuestra investigación sobre esta estrategia terapéutica mediante un estudio más grande y controlado con placebo que llevaremos a cabo en el futuro».

Es decir, aún habrá que esperar. Tal es así que los autores reclaman cautela a los padres que se vean tentados de reproducir el tratamiento en sus hijos.

Como concluye Rosa Krajmalnik-Brown, co-autora de la investigación, «aunque hemos visto que el tratamiento es prometedor, es importante que los padres lo consulten con sus médicos, dado que el uso de técnicas inadecuadas puede dar lugar a la aparición de infecciones gastrointestinales graves».

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El síndrome de Asperger ¡aprende a identificarlo!

medicinatv.com

El síndrome de Asperger es, posiblemente, uno de los síndromes menos conocidos por los pacientes, pero su detección es muy importante y debe de ser temprana. Según la psicóloga Isabel Menéndez Benavente, “está englobado dentro de los trastornos del espectro autista, siendo mucho más leve”.

¿Cómo podemos identificarlo?

Se advierte que los niños que muestran esta señal, tienen dificultades en cuatro grandes áreas:

  • Habilidades sociales: no se comunican con otros niños de la misma forma, no interactúan. Por ello, no les es fácil relacionarse socialmente.
  • Comunicación: interpretan literalmente lo que otros les dicen, además de tener un lenguaje alterado que se manifiesta en cambios del tono de voz y en el uso de un lenguaje pedante y superficial.
  • Rutina: tienen una rutina de la cual nunca quieren salir porque no les gustan los cambios.
  • Intereses restringidos: gozan de buenos conocimientos sobre un tema concreto, buscan información sobre él de una manera íntegra y tienen mucha memoria, pero se restringen únicamente a ese área en particular.

Debido a estas características, los niños con el síndrome de Asperger necesitan una ayuda especial. Si su diagnóstico es precoz y se trata, pueden llegar a disfrutar de una vida, más o menos, encauzada. De hecho, podemos estar rodeados de personas con este síndrome y ni siquiera saberlo.

Por ello, es fundamental que los padres identifiquen con rapidez si su hijo tiene alguna de estas señales para que, cuanto antes, puedan tratarle y, así, el niño goce de una vida feliz.

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El autismo y el TDAH a menudo se dan juntos, muestra una investigación

Un estudio halla que casi un tercio de los niños con autismo también tienen problemas con la atención y la hiperactividad

Casi el 30 por ciento de los niños pequeños con autismo también muestran señales del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), una tasa que es tres veces mayor que la de la población en general, muestra un nuevo estudio.

“No sabemos la causa del TDAH en la mayoría de los casos. Ni sabemos la causa del autismo en la mayoría de los casos. No es ninguna sorpresa que algo que afecta al cerebro y causa algún cambio en el desarrollo podría también causar otro cambio en el desarrollo”, afirmó el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Steven y Alexandra Cohen, en Lake Success, Nueva York, que no participó en el estudio.

Los niños del estudio que sufrían de ambas afecciones también tendían a tener más dificultades con el aprendizaje y la socialización que los niños que solo tenían autismo.

Los investigadores comentaron que el tratamiento del TDAH podría beneficiar a los niños con autismo en el caso de que no progresen con los programas de tratamiento del autismo, que a menudo requieren que se mantenga la atención en unas habilidades específicas.

“En un niño [con autismo] que tiene grandes dificultades con la atención, la hiperactividad o ambas cosas, realmente habrá que llegar a otro nivel en las estrategias de intervención”, comentó la autora del estudio, Rebeca Landa, directora del Centro del Autismo y Trastornos Relacionados del Instituto Kennedy Krieger, en Baltimore.

Para realizar el estudio, publicado el 5 de junio en la edición en línea de la revista Autism, los investigadores preguntaron a los padres de los niños que participaban en un estudio comunitario del desarrollo infantil sobre los síntomas de atención e hiperactividad: si los niños podían esperar a que les llegara su turno o no, si interrumpían a los demás cuando hablaban, si jugueteaban con cosas durante las comidas o si no podían hacer las cosas con más lentitud, por ejemplo. Todos los niños del estudio tenían de 4 a 8 años de edad.

De los 62 niños a los que se había diagnosticado autismo, 18 (el 29 por ciento) también mostraban señales de TDAH.

Un estudio anterior de niños un poco mayores halló que el 31 por ciento de los niños tenían los dos trastornos a la vez.

“No es sorprendente”, comentó la Dra. Patty Manning-Courtney, directora del Centro Kelly O’Leary de Trastornos del Espectro Autista, del Centro Médico del Hospital Pediátrico de Cincinnati.

“Lo bueno de este estudio es que se tomaron la molestia de ver quién cumplía los criterios del diagnóstico y qué era lo que diferenciaba a esos niños”, señaló Manning-Courtney, que no participó en la investigación.

Todos los niños que sufrían de ambos problemas eran chicos. Los chicos tienen tasas más altas de autismo y de TDAH que las chicas, según la investigación realizada.

Una limitación del estudio fue que los investigadores tuvieron que confiar en los formularios destinados a detectar el TDAH en los niños típicos. Realmente no hay buenas pruebas de atención e hiperactividad para los niños con autismo, y sus problemas podrían parecer distintos de los de los niños típicos en edad escolar.

Los niños que funcionan en mayor medida dentro del espectro autista pueden tener problemas bastante obvios con la atención.

“No se trata de que tengan un déficit de atención. Se trata de que no pueden repartir su atención o cambiarla a allí donde necesita estar”, explicó Manning-Courtney. “Hablo con los padres de los niños con autismo sobre la regulación de la atención más que del déficit de atención”.

En los niños que tienen un autismo más grave, el TDAH puede ser más complicado de detectar.

“Es difícil de decir si su nivel de actividad es diferente porque se retrasan o porque tienen un autismo más grave o si se trata de un TDAH”, indicó Manning-Courtney.

Pero si los padres y los profesores se percatan de que los problemas de atención o de la actividad afectan la habilidad del niño de progresar, entonces ha llegado el momento de pedir ayuda, afirmó.

Los primeros tratamientos de los problemas de atención en los niños autistas tienen que ver con intervenciones en la conducta con la intención de enseñarles a controlar mejor la concentración de la atención.

Si las conductas no mejoran con la ayuda, Landa afirmó que los médicos entonces pasarán a la medicación.

“Si su hijo tiene ese tipo de problemas, vale la pena mencionarlo a su pediatra y también ponerse en contacto con los profesores”, añadió Landa.

 

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El perro, un animal de confianza para niños autistas

No todos los perros son adecuados para trabajar con niños autistas, son recomendados las razas más dóciles y tranquilas.

telesurtv.net

Tener un perro como mascosta sirve como terapia para la crianza de los niños autistas, estos animales pueden ayudar a los niños con esta condición en sus relaciones de comunicación social, señala el portal web Experto Animal.

Al igual que sucede con la equinoterapia, los niños descubren en el perro un animal de confianza con el que tienen relaciones sociales sencillas que les permiten estar cómodos en su interacción social.

¿Por qué esta indicada la terapia con perros para niños autistas?    

Tener a un niño con autismo es una situación que viven muchos padres, es por ello que es fundamental ayudarlos con terapias que le ayuden y mejoren su relación con un mundo que les puede resultar extraño.

Los niños autistas entienden las relaciones sociales de una forma distinta a la que lo hacen otras personas. Con este tipo de terapias se puede notar una mejoría trabajándolas de forma adecuada.

“Los niños autistas tienen dificultad para relacionarse y poca flexibilidad cognitiva lo que hace que no reaccionen de la misma forma ante un acontecimiento. En los animales encuentran una figura más simple y positiva que les ayuda a trabajar la autoestima, la ansiedad social y la autonomía. Estos factores de la sintomatología secundaria se trabajan en la terapia con perros”, señaló la psicóloga, Elizabeth Reviriego.

En contexto

El autismo es un trastorno neurológico complejo. Es parte de un grupo de trastornos conocidos como trastornos del espectro autista (ASD por su sigla en inglés).

Actualmente se diagnostica con algún trastorno autista a 1 de cada 68 personas y a 1 de cada 42 niños varones. Se presenta en cualquier grupo racial, étnico y social, y es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas.

El autismo daña la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros.

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Autismo en niños: los peligros de un mal diagnóstico
Especialistas alertaron a Infobae de que cada vez más menores reciben esta valoración por dificultades que son propias del desarrollo. Los riesgos de medicar sin tener evidencia conclusiva
infobae.com
 Las alteraciones en el habla o dificultades para caminar no siempre responden al trastorno del espectro autista (Shutterstock)
No se conocen las causas del trastorno del espectro autista (TEA). Hoy se sabe que tanto los genes como los factores ambientales juegan un rol importante en el desarrollo de esta alteración.
Lo cierto es que el diagnóstico de las diferentes patologías requiere un proceso interdisciplinario. En el caso puntual del autismo y otras patologías no se suele estudiar al paciente, en general se lo incluye dentro de un “espectro”, dentro del cual se acumulan múltiples trastornos que se tratan del mismo modo, desechando así la posibilidad de una posible cura.
“Existen indicadores que no son patognomónicos (síntomas) de una enfermedad, y que llevan a muchos profesionales a mal diagnosticar o estigmatizar a un paciente sin arribar en forma correcta a un diagnóstico”. Así de contundente fue el médico especialista en Psiquiatría Gabriel González (MN 119.038) consultado por Infobae sobre cuáles son los parámetros para diagnosticar autismo a un niño.
Y ahondó: “Muchas veces, las alteraciones en el habla, dificultades para caminar, fallas en la comunicación pueden derivarse de infinitas etiologías y no específicamente del llamado trastorno del espectro autista (TEA), dado que es un ‘espectro’ y se confunden y mal diagnostican miles de niños. Desde alteraciones metabólicas, hormonales, neurológicas, entre otras”.
En la misma línea opinó el licenciado en Psicología Miguel Tollo (MN 5416), presidente de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, para quien “en primer lugar es necesario aclarar que no es lo mismo autismo que TEA, denominación muy discutida, que es mucho más abarcativa y a la vez imprecisa”. “En todos los casos el diagnóstico debe hacerse a partir de un equipo interdisciplinario porque hay aspectos psiquiátricos, psicológicos, psicopedagógicos, neurológicos, genéticos, psicomotrices, familiares y sociales que merecen ser evaluados para una aproximación diagnóstica –profundizó–. El autismo no tiene una sola causa y tanto el diagnóstico como el abordaje deben realizarse en el marco de un abordaje interdisciplinario”.
Luego –según el especialista– “es preciso tener en cuenta que un diagnóstico en la primera infancia está sujeto a lo que suceda en el curso del desarrollo y por lo tanto no puede establecerse de manera fija para siempre”.
En un niño de un año, características como que no hable o no camine, ¿son suficientes para el diagnóstico?, preguntó Infobae a Tollo, quien respondió: “No son suficientes porque pueden corresponder a otras patologías, características singulares de cada niño/a, circunstancias de la vida familiar o situaciones traumáticas. Por ejemplo, la violencia o el abuso, la pérdida de uno de los padres, pueden generar cuadros de retracción o regresión en la conducta sin que constituyan indicadores de autismo. En ese sentido la evaluación diagnóstica no sólo se debería dirigir al niño/a sino también al vínculo con sus padres y el contexto”.
En ese sentido, el desarrollo propio de cada niño y los tiempos personales parecen clave en la confusión de los síntomas. “Es decisivo. Cada niño y cada familia deberían ser considerados en su singularidad y en sus modalidades del desarrollo. Hay por ejemplo rasgos propios de cada cultura que tienen que ser considerados”, insistió Tollo, para quien “es importante la detección oportuna en la infancia de signos que pueden corresponderse con posibles patologías graves –no sólo de autismo–, que luego podrán ser evaluadas para su diagnóstico por especialistas”.

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El autismo: Desorden neurológico del aprendizaje que puede detectarse

Un desorden del aprendizaje poco conocido y del que se tiene una visión errónea: el autismo. La identificación temprana es el primer paso hacia el tratamiento para que su niño pueda integrarse a la sociedad.

El autismo es un desorden neurológico del apredizaje que afecta el desarrollo futuro del niño, por ello detectarlo tempranamente favorece un tratamiento que le da al menor la posibilidad de integrarse a la sociedad.

Myriam Velarde neuróloga del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas explicó que las primeras semana de vida son fundamentales para poder detectar algún trastorno o desorden neurológico que impida el dasarrollo del niño.

En diálogo con RPP Noticias la especialista señaló al respecto que en los dos primeros meses “los niños sanos sonrien como respuesta mientras los niños con autismo no”, indicando con ello que no se produce el contacto del menor con el mundo que lo rodea.

Dependiendo del grado de autismo éste puede detectarse tiempo después del nacimiento, igual existen algunos signos que deben tomarse en cuenta.

“Desde el primero o segundo año de vida, cuando el niño se estaba desarrollando de manera normal comienza a no fijar los ojos en la otra persona, no sociabiliza, o puede hacer actividades repititivas”, sostiene Velarde.

Es importante que una vez identificado el desorden se inicie una terapia que se adapte a cada niño. Los padres deben ser orientados para saber cuál es el pronóstico de su hijo y hasta dónde puede llegar a la hora de desarrollar actividades de lenguaje y habilidades sociales.

 

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Pacientes con Síndrome de Asperger gustan de música y matemáticas

El Síndrome de Asperger es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida

amqueretaro.com

Las personas diagnosticadas con trastorno de Asperger, tienen preferencia por actividades muy especializadas como las matemáticas y la música, además generalmente son inteligentes, informaron autoridades estatales de salud mental.

La directora del Instituto de Psiquiatría del Estado de Baja California (IPEBC), Adriana Balcázar Musacchio, señaló que el Síndrome de Asperger es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida.

Puntualizó que el síndrome o trastorno de Asperger es una serie de características mentales y de conducta que forman parte del espectro autista.

Señaló que quienes padecen Asperger suelen mostrar dificultades para relacionarse socialmente, además de presentar problemas de comunicación que pueden ser leves o graves.

Durante el 2015 se atendió en la clínica del niño y el adolescente del IPEBC a 13 mil 221 pacientes, de los cuales 25 fueron atendidos por autismo y sólo siete por Asperger, resaltó.

Asimismo, invitó a los padres de familia a acercarse a la institución, ya que esto puede hacer la diferencia entre la enfermedad y una buena calidad de vida.

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