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Autismo

Autismo en niños: los peligros de un mal diagnóstico
Especialistas alertaron a Infobae de que cada vez más menores reciben esta valoración por dificultades que son propias del desarrollo. Los riesgos de medicar sin tener evidencia conclusiva
infobae.com
 Las alteraciones en el habla o dificultades para caminar no siempre responden al trastorno del espectro autista (Shutterstock)
No se conocen las causas del trastorno del espectro autista (TEA). Hoy se sabe que tanto los genes como los factores ambientales juegan un rol importante en el desarrollo de esta alteración.
Lo cierto es que el diagnóstico de las diferentes patologías requiere un proceso interdisciplinario. En el caso puntual del autismo y otras patologías no se suele estudiar al paciente, en general se lo incluye dentro de un “espectro”, dentro del cual se acumulan múltiples trastornos que se tratan del mismo modo, desechando así la posibilidad de una posible cura.
“Existen indicadores que no son patognomónicos (síntomas) de una enfermedad, y que llevan a muchos profesionales a mal diagnosticar o estigmatizar a un paciente sin arribar en forma correcta a un diagnóstico”. Así de contundente fue el médico especialista en Psiquiatría Gabriel González (MN 119.038) consultado por Infobae sobre cuáles son los parámetros para diagnosticar autismo a un niño.
Y ahondó: “Muchas veces, las alteraciones en el habla, dificultades para caminar, fallas en la comunicación pueden derivarse de infinitas etiologías y no específicamente del llamado trastorno del espectro autista (TEA), dado que es un ‘espectro’ y se confunden y mal diagnostican miles de niños. Desde alteraciones metabólicas, hormonales, neurológicas, entre otras”.
En la misma línea opinó el licenciado en Psicología Miguel Tollo (MN 5416), presidente de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, para quien “en primer lugar es necesario aclarar que no es lo mismo autismo que TEA, denominación muy discutida, que es mucho más abarcativa y a la vez imprecisa”. “En todos los casos el diagnóstico debe hacerse a partir de un equipo interdisciplinario porque hay aspectos psiquiátricos, psicológicos, psicopedagógicos, neurológicos, genéticos, psicomotrices, familiares y sociales que merecen ser evaluados para una aproximación diagnóstica –profundizó–. El autismo no tiene una sola causa y tanto el diagnóstico como el abordaje deben realizarse en el marco de un abordaje interdisciplinario”.
Luego –según el especialista– “es preciso tener en cuenta que un diagnóstico en la primera infancia está sujeto a lo que suceda en el curso del desarrollo y por lo tanto no puede establecerse de manera fija para siempre”.
En un niño de un año, características como que no hable o no camine, ¿son suficientes para el diagnóstico?, preguntó Infobae a Tollo, quien respondió: “No son suficientes porque pueden corresponder a otras patologías, características singulares de cada niño/a, circunstancias de la vida familiar o situaciones traumáticas. Por ejemplo, la violencia o el abuso, la pérdida de uno de los padres, pueden generar cuadros de retracción o regresión en la conducta sin que constituyan indicadores de autismo. En ese sentido la evaluación diagnóstica no sólo se debería dirigir al niño/a sino también al vínculo con sus padres y el contexto”.
En ese sentido, el desarrollo propio de cada niño y los tiempos personales parecen clave en la confusión de los síntomas. “Es decisivo. Cada niño y cada familia deberían ser considerados en su singularidad y en sus modalidades del desarrollo. Hay por ejemplo rasgos propios de cada cultura que tienen que ser considerados”, insistió Tollo, para quien “es importante la detección oportuna en la infancia de signos que pueden corresponderse con posibles patologías graves –no sólo de autismo–, que luego podrán ser evaluadas para su diagnóstico por especialistas”.

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El autismo: Desorden neurológico del aprendizaje que puede detectarse

Un desorden del aprendizaje poco conocido y del que se tiene una visión errónea: el autismo. La identificación temprana es el primer paso hacia el tratamiento para que su niño pueda integrarse a la sociedad.

El autismo es un desorden neurológico del apredizaje que afecta el desarrollo futuro del niño, por ello detectarlo tempranamente favorece un tratamiento que le da al menor la posibilidad de integrarse a la sociedad.

Myriam Velarde neuróloga del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas explicó que las primeras semana de vida son fundamentales para poder detectar algún trastorno o desorden neurológico que impida el dasarrollo del niño.

En diálogo con RPP Noticias la especialista señaló al respecto que en los dos primeros meses “los niños sanos sonrien como respuesta mientras los niños con autismo no”, indicando con ello que no se produce el contacto del menor con el mundo que lo rodea.

Dependiendo del grado de autismo éste puede detectarse tiempo después del nacimiento, igual existen algunos signos que deben tomarse en cuenta.

“Desde el primero o segundo año de vida, cuando el niño se estaba desarrollando de manera normal comienza a no fijar los ojos en la otra persona, no sociabiliza, o puede hacer actividades repititivas”, sostiene Velarde.

Es importante que una vez identificado el desorden se inicie una terapia que se adapte a cada niño. Los padres deben ser orientados para saber cuál es el pronóstico de su hijo y hasta dónde puede llegar a la hora de desarrollar actividades de lenguaje y habilidades sociales.

 

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Pacientes con Síndrome de Asperger gustan de música y matemáticas

El Síndrome de Asperger es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida

amqueretaro.com

Las personas diagnosticadas con trastorno de Asperger, tienen preferencia por actividades muy especializadas como las matemáticas y la música, además generalmente son inteligentes, informaron autoridades estatales de salud mental.

La directora del Instituto de Psiquiatría del Estado de Baja California (IPEBC), Adriana Balcázar Musacchio, señaló que el Síndrome de Asperger es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida.

Puntualizó que el síndrome o trastorno de Asperger es una serie de características mentales y de conducta que forman parte del espectro autista.

Señaló que quienes padecen Asperger suelen mostrar dificultades para relacionarse socialmente, además de presentar problemas de comunicación que pueden ser leves o graves.

Durante el 2015 se atendió en la clínica del niño y el adolescente del IPEBC a 13 mil 221 pacientes, de los cuales 25 fueron atendidos por autismo y sólo siete por Asperger, resaltó.

Asimismo, invitó a los padres de familia a acercarse a la institución, ya que esto puede hacer la diferencia entre la enfermedad y una buena calidad de vida.

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Detectar el autismo

Los primeros síntomas se hacen notar aproximadamente a los tres años

diarioinformacion.com.-Jorge Martija

Según el Grupo de Estudio del Instituto de Salud Carlos III, existen dificultades para diagnosticar correctamente a un niño autista. De hecho, suelen ser los padres los primeros en detectar síntomas extraños cuando su pequeño tiene aproximadamente 3 años y, desde entonces, vienen a transcurrir más de dos años hasta que finalmente se obtiene el diagnóstico médico. Los problemas que este retraso en el diagnóstico origina son importantes al no poder iniciar el tratamiento cuando fuera recomendable.

Fueron L. Kanner y H. Asperger los primeros en describir en 1943 un cuadro clínico que correspondía con la actual definición del trastorno. Las primeras conjeturas atribuían esta enfermedad a un deficiente trato familiar. Pero ya en los últimos años se comienza a comprender que las causas son una combinación de factores biológicos (anomalías del sistema nervioso central) y ambientales (infecciones víricas como rubeola, herpes o citomegalovirus), y que no se trata de un trastorno único, sino más bien una alteración cuya gravedad puede aparecer a lo largo de un continuo, y que afecta a la capacidad para socializar, la comunicación y la imaginación. Por eso actualmente se denomina Trastorno del Espectro Autista (TEA).

En cuanto a las alteraciones en la socialización vemos que a las personas autistas no les es fácil adaptarse a sus semejantes, puesto que no entienden muy bien las convenciones y normas sociales. Les cuesta entender las intenciones de los demás y tienden a aislarse. Entre las alteraciones de la comunicación encontramos que la mitad de ellos no desarrolla un lenguaje hablado de modo funcional. Y la otra mitad no muestra demasiado interés por usarlo para compartir pensamientos y vivencias. Respecto a los patrones restringidos de comportamiento, intereses y actividades podemos observar que su forma de jugar resulta repetitiva y poco imaginativa. Les llaman la atención elementos especiales, como las partes giratorias de un juguete, de forma diferente al resto de los niños.

Como decíamos, su diagnóstico no es fácil, pese a que la situación va mejorando. De hecho, mientras que hace 25 años sólo se identificaba a un autista entre cada 2.500 niños, actualmente encontramos esta problemática en uno de cada 200. También sabemos que es 3 veces más frecuente en hombres que en mujeres. Pero resulta fundamental identificar los síntomas tempranos que pueden indicarnos la presencia de un trastorno autista en un niño durante sus primeros meses de vida. Debemos prestar especial atención a la ausencia de balbuceo, la ausencia de la conducta de señalar y otros gestos a los 12 meses, la ausencia de palabras sueltas a los 16 meses, la ausencia de frases espontáneas de dos palabras a los 24 meses, y la pérdida de socialización o de lenguaje a cualquier edad.

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Las ondas cerebrales podrían ayudar a medir la gravedad del autismo, según un estudio

Medir la rapidez con la que el cerebro de un niño procesa los sonidos podría ayudar a identificar la gravedad del autismo, según un estudio reciente.

Observar las ondas cerebrales de los niños podría también permitir que el autismo se identifique antes de lo que ahora es posible, reportaron los autores del estudio.

“El hallazgo de que la respuesta del cerebro a ciertos tipos de información se asocia con la gravedad del autismo es muy promisorio”, aseguró la investigadora principal, Sophie Molholm, profesora asociada de pediatría y neurociencias del Colegio de Medicina Albert Einstein, en la ciudad de Nueva York.

“Una meta importante de la investigación sobre el autismo es desarrollar medidas para diagnosticar el trastorno lo antes posible, y que puedan ayudar a identificar los puntos débiles y los puntos fuertes, de forma que se pueda optimizar el tratamiento”, apuntó Molholm. “Nuestro trabajo muestra que medir la actividad cerebral es un método viable para alcanzar esos objetivos”.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 22 de septiembre de la revista Journal of Autism and Developmental Disabilities.

Aproximadamente uno de cada 68 niños ha sido diagnosticado con un trastorno del espectro autista, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Pero la experiencia del autismo de esos niños difiere de forma significativa respecto a sus síntomas y discapacidades.

Las investigaciones anteriores de Molholm encontraron que, en los niños autistas, el cerebro tarda un poco más (una medida de apenas milisegundos) en procesar los sonidos, imágenes y otras informaciones sensoriales.

En este estudio, Molholm y sus colaboradores midieron esa velocidad de procesamiento en 43 niños con autismo de 6 a 17 años de edad, utilizando electroencefalogramas (EEG), que registran las ondas cerebrales. Cuando se les mostraban imágenes a los niños, se les reproducía un tono, o se les proveía un tono y una imagen a la vez, presionaban un botón mientras el EEG grababa la rapidez con que sus cerebros registraban los estímulos.

Entonces, el equipo de Molholm comparó las velocidades de procesamiento visual, de audio y audiovisual de los niños con la gravedad de sus síntomas. Los investigadores basaron su evaluación de la gravedad de los síntomas de autismo según qué tan grandes eran las dificultades de comunicación social de los niños, qué tan graves eran sus conductas repetitivas y qué tan restringidos se hallaban sus intereses.

El estudio halló que cuanto más graves eran los síntomas de los niños, con más lentitud procesaban los sonidos. También hubo una conexión entre la lentitud con que los niños procesaban los estímulos audiovisuales combinados y la gravedad de los síntomas, pero no hubo una diferencia en la rapidez con que procesaban las imágenes solas, según el estudio.

“A medida que desarrollemos evaluaciones con EEG que midan las áreas de disfunción, o incluso las áreas en que los individuos con autismo son inusualmente buenos, deberíamos poder usarlos como herramientas para ayudar a diagnosticar el autismo”, aseguró Molholm.

Pero el hallazgo particular de este estudio sobre el procesamiento de audio y audiovisual solo aplicaría a los que tienen un procesamiento sensorial más lento. Quizá eso no incluya a todos los individuos con trastornos del espectro autista, dijo.

Además, la asociación observada en el estudio no prueba causalidad.

Un experto en autismo expresó optimismo sobre el estudio, pero anotó que tiene algunas limitaciones significativas.

“El hallazgo es interesante y podría muy bien abrir nuevas áreas de investigación sobre los problemas que las personas con un trastorno del espectro autista tienen para interactuar con su ambiente”, planteó el Dr. Glen Elliot. Elliot es profesor clínico de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, y psiquiatra jefe y director médico del Consejo de Salud de los Niños.

Pero Elliot enfatizó que el estudio es muy pequeño, con varias variables distintas y unas medidas que solo se tomaron en un punto en el tiempo. Añadió que medir la “gravedad” del autismo puede resultar problemático.

“En realidad no hay un estándar, en parte porque es multidimensional”, señaló Elliot. “No se pueden simplemente contar los síntomas, porque una discapacidad grave en un área podría ser mucho peor que varias discapacidades leves en varias áreas”.

Pero si las investigaciones futuras sobre el tema pueden resolver ese problema, entonces usar las medidas de las ondas cerebrales podría ser útil, sugirió.

“Una medida objetiva de la gravedad del autismo sería sin duda excelente, por ejemplo, al permitir a los centros regionales fijar un umbral sobre quién califica o no para los servicios, aunque cumplan los criterios para un trastorno del espectro autista”, comentó Elliot.

Molholm dijo que planifica seguir observando las formas en que los EEG pueden usarse para evaluar a los individuos que tienen un trastorno del espectro autista.

Mientras más precisas puedan ser estas herramientas, más información podrían ofrecer mucho antes de lo que ahora se puede diagnosticar el autismo según la conducta.

“Imaginamos que una vez se desarrollen, se usarán en conjunto con los diagnósticos basados en la clínica, al menos en el futuro previsible”, dijo Molholm. “Pero la esperanza es llegar al punto en que se puedan usar para un diagnóstico muy temprano”.

El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU., con fondos adicionales del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE. UU. y la Administración de Recursos y Servicios de Salud de EE. UU.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTES: Sophie Molholm, Ph.D., associate professor, and Muriel and Harold Block Faculty Scholar in Mental Illness, departments of pediatrics and neuroscience, Albert Einstein College of Medicine, New York City; Glen Elliott, Ph.D., M.D., chief psychiatrist and medical director, Children’s Health Council, emeritus professor of clinical psychiatry, University of California, San Francisco, and clinical professor of psychiatry, Stanford School of Medicine; Sept. 22, 2014 Journal of Autism and Developmental Disabilities, online

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El autismo impacta en los papás

Crean programas para ayudarlos a manejar el estrés

yucatan.com.mx.-NUEVA YORK (HealthDay News).-

En su mayoría las terapias para el autismo se centran en el niño, pero nueva investigación sugiere que los padres estresados podrían beneficiarse de tratamientos diseñados para ellos.

Las madres de niños autistas que participaron en un programa de habilidades de afrontamiento descubrieron que conectaban mejor con sus hijos y sintieron menos estrés, ansiedad y depresión, reportan investigadores de la Universidad de Vanderbilt en Nashville.

“Las intervenciones, por unas buenas razones, se han centrado en el niño, pero lo que faltaba era dirigirse al bienestar y la salud de los padres”, dice la autora del estudio, Elisabeth Dykens, profesora de Psicología. “Es muy importante que se les proporcionen herramientas que puedan usar para gestionar el estrés y que continúen creciendo como padres”.

Las madres de los niños con trastornos del desarrollo como el autismo tienden a sufrir más estrés y tener una salud más deteriorada, además de problemas psiquiátricos como la depresión. Esto puede afectar su habilidad para cuidar al niño.

Los investigadores crearon dos programas que potencialmente podrían ayudarlas y reclutaron a 243 mujeres para que participaran en uno u otro. Dos tercios de ellas tenían un hijo con autismo y un tercio, a un niño con otro tipo de trastorno del desarrollo. Al principio, el 85% de las madres presentaba un nivel de estrés alto, el 48% estaba clínicamente deprimida y el 41% sufría de ansiedad.

Un programa se centró en la meditación, los ejercicios de respiración y prácticas para la mente y el cuerpo, como el yoga, explica la profesora Dykens, directora asociada del Centro Kennedy para la Investigación del Desarrollo Humano de la Vanderbilt. El otro se basaba en la Psicología positiva, que enseñó a las madres a enfocarse en los aspectos positivos de sus vidas. “Realmente le da la vuelta a la Psicología tradicional, porque pensamos en lo que está bien en las personas y hacemos lo que puede potenciar eso”, señala.

Los investigadores dieron seguimiento a su progreso hasta seis meses después. Hallaron que ambos programas llevaron a una reducción significativa del estrés, la depresión y la ansiedad. Las madres también reportaron que el sueño y la satisfacción con la vida habían mejorado.En particular, el programa de meditación consciente (mindfulness) ayudó a las madres, que obtuvieron los mayores beneficios en comparación con el programa de Psicología positiva.

Autismo | Investigación

Los resultados del estudio se publican en la edición de agosto de “Pediatrics”.

Mentores

Los investigadores contrataron a madres de niños con autismo para que actuaran de mentores y enseñaran a sus pares las habilidades de afrontamiento.

Método

“Entre los padres hay un cierto entendimiento. Hay una conexión automática. Usar un modelo que haga de mentor de sus pares realmente sería la manera de trabajar”, considera la profesora Elisabeth Dykens.

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Vacunas y autismo: ¿mito o realidad?

Una fuerte campaña sostiene que las vacunas pueden provocar autismo, pero no hay suficiente evidencia científica de ello.

laraza.com.-Amaly Rodríguez

Todas las madres desean lo mejor para sus pequeños y esto comienza con el cuidado de su salud. Una alimentación balanceada, visitas regulares al pediatra e inmunizarlos para prevenir enfermedades.

Sin embargo, desde hace varios años, gracias a campañas impulsadas por estrellas de televisión, muchas personas han decidido dejar de vacunar a sus hijos con el argumento de que las vacunas contienen ingredientes que producen autismo en los pequeños. La controversia sigue y las consecuencias afectan a toda la población.

¿Dónde comenzó el mito?

La relación entre las vacunas y el autismo se originó en un artículo publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet en 1998. En este estudio, el cirujano Andrew Wakefield analizó apenas 12 casos -un número insuficiente para cualquier investigación- y concluyó que la vacuna triple viral que protege contra sarampión, paperas y rubeola era la culpable por contener un conservante llamado thimerosal, acusado de afectar el desarrollo neurológico de los niños.

En 2007, la actriz Jenny McCarthy escribió un libro, que publicitó en el show de Oprah, donde afirma que su hijo fue diagnosticado con autismo después de ser vacunado. En el año 2008 la actriz afirmó que su hijo había sido curado, y aunque muchos doctores coincidieron en que el pequeño había sido víctima de un diagnóstico errado, la actriz sigue con su campaña antivacunación. Teniendo en cuenta la popularidad del programa, la controversia fue mucha.

¿Las vacunas producen autismo?

No existe ningún vínculo entre la vacuna triple viral y el espectro autista. En el año 2004 diez de los trece científicos involucrados en el trabajo publicado por Wakefield retiraron sus firmas del estudio, además los editores de The Lancet publicaron un artículo para rectificarse.

Asimismo, un periodista llamado Brian Deer develó que Wakefield falsificó los datos de su investigación y se han publicado cientos de artículos que lo desmienten desde instituciones como la Asociación Americana de Pediatría.

Vacunarse es imprescindible

La campaña hecha a partir de una investigación científica falsa ha arrojado cifras alarmantes: sólo en Estados Unidos, en 2011 se registró un aumento del 50% de los casos de sarampión y cientos de personas fallecidas, cuando en el año 2000 esta enfermedad se consideraba erradicada de país.

La vacunación es fundamental, pues es el único medio disponible para prevenir y eliminar por completo enfermedades muy contagiosas que pueden ser mortales para niños y adultos. Una vacuna es, sencillamente, una forma de cuidar a tu bebé y a todos los que le rodean.

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Una terapia temprana e intensiva es mejor para los niños autistas, halla un estudio

Las habilidades sociales y de comunicación mejoraron más cuando el tratamiento se inició a una edad temprana

Los niños con un trastorno del espectro autista parecían beneficiarse de una terapia temprana e intensiva para mejorar sus habilidades sociales y de comunicación, según un estudio reciente de la Universidad de Missouri.

“Es importante que los niños autistas inicien el tratamiento tan pronto como sea posible”, señaló en un comunicado de prensa de la universidad Micah Mazurek, profesor asistente de la Facultad de profesiones de la salud y el Centro Thompson de Autismo y Trastornos del Desarrollo Neural. “Mientras más intensa o integral sea la terapia, mejor en términos de ayudar a los niños a mejorar sus habilidades sociales y de comunicación”.

Las personas que padecen un trastorno del espectro autista tienen problemas para comprender, interactuar y relacionarse con los demás. Para el estudio, los investigadores midieron quince habilidades de comunicación social en más de mil niños y adolescentes autistas, que incluían expresiones faciales, gestos, comprensión del lenguaje, compartir el gozo y respuestas sociales adecuadas.

Aunque 95 por ciento de los niños mostraron una mejora en esas habilidades con el tiempo, el estudio halló que los que recibían terapia conductual, del habla y ocupacional tenían mejores resultados.

Además, los niños que recibieron un tratamiento más intensivo a una edad más temprana mostraron la mayor mejora en las capacidades de comunicación social, según los investigadores. Los que tenían CI no verbales más altos mostraron la mejor respuesta a la terapia, hallaron.

“En cuanto a la gravedad de los síntomas de la comunicación social, nuestro estudio revela que el CI no es lo único que contribuye a las mejoras con el tiempo”, aseguró Mazurek. “En vez de ello, tener un CI más alto podría permitir a los niños obtener mayores ganancias en varios tipos de tratamientos”. Los resultados también indican una necesidad de desarrollar métodos alternativos de tratamiento para los niños con discapacidades intelectuales, añadió Mazurek.

El estudio, publicado en línea como adelanto de una próxima edición impresa de la revista Research in Autism Spectrum Disorders, concluyó que tratamientos dirigidos e intensivos podrían tener el mayor éxito en mejorar habilidades específicas en niños autistas.

 

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