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El tabaco es uno de los agentes externos que más dañan al feto

  • Podría desencadenar malformaciones y problemas evolutivos en el bebé.
  • El tabaco causa un desarrollo neuroevolutivo inferior.
  • La medicina fetal estudia qué tipo de agentes causan problemas en el feto.

El tabaco, según la Organización Mundial de la Salud, causa cada año la muerte de tres millones de personas. Su peligro no se dirige solo a quienes lo consumen. Lo sufren los fumadores pasivos y entre ellos el bebé en gestación. El humo del tabaco es uno de los agentes externos que más daños causan en el feto.

Muchas de las malformaciones fetales y de los problemas más frecuentes en el desarrollo evolutivo de los fetos podrían reducirse evitando el humo del tabaco. Y sin embargo, entre el 25 y el 40% de las embarazadas fuman durante la gestación.

Ello provoca en los fetos un desarrollo neuroevolutivo “discretamente inferior” al de los hijos de las gestantes no fumadoras, ha explicado el jefe de Obstetricia del Hospital Clínic de Barcelona, Eduard Gratacós.

Sincronización entre madre y feto

Según este especialista, los problemas mas frecuentes que interfieren en el correcto desarrollo del feto son el retraso en el crecimiento intrauterino, que afecta al 7-8% de la población gestante, y los problemas de prematuridad, que afectan a otro tanto de los embarazos.

Son resultado de adaptaciones inadecuadas al embarazo. Esto ocurre porque para que un embarazo transcurra con normalidad, debe producirse una “perfecta sincronización” entre la madre y el feto; si no, el cuerpo de la madre “lo rechazaría como si fuera un trasplante de otra persona”.

Cuando ese mecanismo de reconocimento falla, la placenta -que suministra alimento y oxigeno al bebé- no se desarrolla bien.

En esos casos, el feto, “que no deja de construirse”, se adapta a la nueva situación y reprograma sus funciones, lo que después puede producir problemas endocrinólogicos, cardiovasculares, o neurológicos, que el niño arrastrará toda su vida y que no se detectarán hasta que el menor tenga entre cuatro y siete años.

Agentes externos: el tabaco

Sin embargo, también hay agentes externos que, como algunos medicamentos, pueden causar complicaciones durante el embarazo: el peor de todos, el tabaco.

Saber qué tipo de agentes, externos o no, causan problemas en el feto es el reto al que cada día se enfrenta la medicina fetal, una especialidad relativamente nueva (treinta años), que ya permite realizar cirugía fetal y que en poco tiempo será capaz incluso de medir las conexiones cerebrales del feto durante la formación del cerebro.

Este investigador del Clinic de Barcelona afirma que en los próximos años esta disciplina médica conseguirá entender por qué algunos individuos tienen más riesgo de sufrir ciertas enfermedades de adultos, lo que permitirá “intervenir desde que son niños”.

 

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[27-8-15]

Los varones muy prematuros sobreviven menos que las mujeres

Un equipo de Australia descubrió entre más de 2.500 bebés muy prematuros que los varones solían tener una tasa de supervivencia más baja que las mujeres y eran más propensos a desarrollar problemas neurológicos crónicos, como ceguera, sordera o parálisis cerebral.

El 23 por ciento de 1.394 bebés varones nacidos antes de la semana 28 de gestación murió en el hospital, comparado con el 19 por ciento de las niñas, según publica la revista Pediatrics.

A los tres años, el 20 por ciento de los varones extremadamente prematuros y el 12 por ciento de las mujeres habían desarrollado alguna “discapacidad funcional” moderada a grave, como ceguera, sordera, parálisis cerebral y retraso mental.

Estas diferencias de género desaparecieron en los bebés nacidos en la semana 27 ó 28 de gestación. Aunque el equipo aclara que eso “debería interpretarse con cautela”.

Los resultados demuestran que, aunque “se ha avanzado mucho” en ayudar a sobrevivir a los prematuros más pequeños, esos bebés siguen enfrentando riesgos considerables, según indicó la doctora Alison L. Kent, del Hospital de Canberra y de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Australia.

Un embarazo a término dura unas 40 semanas. Los bebés que nacen antes de la semana 37 son prematuros; los que nacen antes de la 34 semana son “muy prematuros”. En Estados Unidos, entre el 3 y el 4 por ciento de los partos son de bebés muy prematuros.

El cromosoma Y, que determina el sexo masculino, también influye en la salud, como explicó Kent. Por ejemplo, se pierden espontáneamente más embarazos de bebés varones que mujeres.

“También hay pruebas de diferencias sexuales en la respuesta cerebral a las lesiones, lo que explicaría las diferencias en los resultados neurológicos”, dijo Kent.

Otra posibilidad, señaló, serían las diferencias en “las respuestas cardiovasculares” de varones y mujeres. Los problemas del sistema cardiovascular, como la disfunción de la presión, son más comunes cuanto más prematuro sea el parto.

Si los varones son menos propensos a superarlos, eso explicaría las diferencias de género registradas en los bebés muy prematuros, pero no en los nacimientos a partir de la semana 27 de gestación.

Para Kent, lo más importante es que las mujeres lleguen al embarazo con el mejor estado de salud posible, con el peso adecuado y sin fumar.

También recomendó realizar los controles prenatales y, si una mujer advierte cambios que podrían predecir un trabajo de parto prematuro, debe informárselo de inmediato a su médico.

“Si podemos tratar a las embarazadas con esteroides (prenatales) 48 horas antes del parto y con sulfato de magnesio cuatro horas antes, podemos reducir la mortalidad y los riesgos neurológicos crónicos”, aseguró Kent.

Los resultados surgen de las historias clínicas de 2.549 bebés internados entre 1998 y el 2004 en 10 unidades de terapia intensiva neonatal (UTIN) de Australia.

La autora consideró que los resultados podrían aplicarse a otros países con servicios de UTIN similares a los de Australia, pero dado que la mayoría de los bebés estudiados eran blancos, se desconoce si los resultados podrían extrapolarse a una población étnicamente más diversa.

 

 

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El cerebro de los nacidos prematuros envejece antes

El cerebro de los nacidos prematuros envejece antes

Nacer prematuramente equivale a un envejecimiento cerebral acelerado, según un estudio.

muyinteresante.es.-Sarah Romero

Los adolescentes y los adultos que nacieron de forma prematura pueden tener un cerebro ‘más viejo’ que los que nacieron a término. Es la principal conclusión del estudio llevado a cabo por científicos del Instituto de Psiquiatría de Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres (Reino Unido) y que recoge la revista Neuroimage.

El cerebro de un bebé se desarrolla completamente en las últimas semanas de gestación, por lo que nacer muy pronto interrumpe este proceso; de ahí que los bebés prematuros corran mayor riesgo de desarrollar discapacidades, incluyendo problemas con el aprendizaje, el lenguaje y el comportamiento.

Pero, ¿cómo afecta el nacimiento prematuro al cerebro en la edad adulta?

El cerebro no madura completamente hasta que alcanzamos los 25 años de edad, e incluso hay zonas del cerebro que no maduran hasta los 36 años (concretamente la corteza que se encarga de la percepción visual), evidenciando que este magnífico órgano plástico está cambiando y desarrollándose durante toda la vida.

Sin embargo, los expertos quisieron investigar cómo el parto prematuro podría afectar al proceso de maduración cerebral del adulto.

Usando la resonancia magnética, los investigadores analizaron la estructura cerebral de 328 adultos que habían nacido antes de las 33 semanas de gestación. Los sujetos fueron evaluados en dos momentos: adolescencia (edad media 19,8 años) y edad adulta (edad media 30,6 años).

Las exploraciones cerebrales de estos participantes se compararon con las de 232 adultos que nacieron a término (sujetos de control), junto con 1.210 escáneres cerebrales obtenidos de archivos de acceso abierto de resonancia magnética.

Específicamente, los investigadores examinaron el volumen de materia gris en el cerebro de los participantes, como un marcador de la “edad cerebral”.

 

Aceleración de la maduración cerebral

En comparación con los sujetos de control, el equipo encontró que los sujetos nacidos de forma prematura tenían un menor volumen de materia gris en la adolescencia y la edad adulta, particularmente en las regiones cerebrales asociadas con la memoria y el procesamiento emocional.

También señalaron una serie de alteraciones cerebrales estructurales que demostraron resistencia a los efectos del parto prematuro. Por ejemplo, identificaron aumento en el volumen de materia gris en las regiones asociadas con el control del comportamiento.

“Aunque sólo se puede especular sobre el significado funcional de estas alteraciones, estudios previos sugirieron que los mecanismos compensatorios pueden apoyar el procesamiento cognitivo y del lenguaje en muestras de los nacidos muy prematuros”, escriben los autores.

Tras una investigación más profunda, los científicos descubrieron que el volumen reducido de materia gris identificado en los prematuros se asoció con la maduración cerebral acelerada. Como resultado, los cerebros de los sujetos prematuros parecían más viejos que los de los sujetos de control.

“El hallazgo de signaturas estructurales de maduración cerebral acelerada en los nacidos prematuramente fue inesperado”, explica Vjaceslavs Karolis, líder del trabajo.

Los autores no pueden explicar de qué manera se traducen estos cambios estructurales cerebrales identificados en adolescentes y adultos prematuros en el funcionamiento cotidiano, pero creen que esto es algo que debe investigarse en el futuro.

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Un aumento excesivo de peso en el embarazo se relaciona con bebés gordos

Investigadores señalan que los bebés con más grasa corporal podrían tener un mayor riesgo de obesidad infantil

Las mujeres que aumentan una cantidad excesiva de peso en el embarazo tienden a tener bebés más gordos, un posible factor de riesgo de la obesidad infantil, sugiere una investigación reciente.

El Instituto de Medicina recomienda que las mujeres de peso normal aumenten de 11 a 16 kilos (25 a 35 libras) en el embarazo. Las mujeres con sobrepeso deben mantener el aumento de peso entre 7 y 11 kilos (15 a 25 libras), mientras que las obesas deben limitarlo a entre 5 y 9 kilos (11 a 20 libras).

El estudio incluyó a 56 mujeres, de las cuales 31 aumentaron peso en el embarazo según las directrices, y 25 que aumentaron demasiado. Ninguna de las mujeres sufría de diabetes gestacional.

Los investigadores evaluaron la grasa corporal de los bebés en un plazo de 48 horas tras el parto usando una técnica más reciente y precisa.

Los bebés nacidos de mujeres que excedieron las directrices tenían 496 gramos (17.5 onzas) de grasa corporal, frente a 394 gramos (13.9 onzas) de los recién nacidos de madres cuyo peso caía dentro de las directrices.

Los investigadores señalaron a la relación entre el aumento de peso del embarazo y la grasa corporal del bebé, independientemente del peso de la mujer antes de quedar embarazada, aunque las mujeres que eran obesas antes del embarazo eran más propensas a exceder las directrices de aumento.

Alrededor del 70 por ciento de las mujeres obesas se excedieron de las recomendaciones de aumento de peso, frente a 31 por ciento de las mujeres de peso normal.

El estudio fue presentado el martes en la reunión anual 93 de la Endocrine Society, en Boston.

“El aumento excesivo de peso durante el embarazo, independientemente del peso antes del embarazo, es un importante factor de riesgo para la obesidad del recién nacido”, apuntó en un comunicado de prensa de la Endocrine Society la investigadora principal del estudio, la Dra. Jami Josefson, endocrinóloga pediátrica del Hospital Pediátrico Conmemorativo y profesora asistente de la Facultad de medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern. “Se necesita más investigación para determinar si las grandes cantidades de grasa al nacer se asocian con grandes cantidades de grasa en la niñez”.

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por colegas.

 

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Un hogar bilingüe ayuda a los bebés a ejercitar el cerebro, según un estudio

La flexibilidad cerebral dura más cuando se habla más de un idioma en casa, muestra una investigación

Los bebés que viven en hogares bilingües tienen un periodo más prolongado en que sus cerebros son flexibles a distintos idiomas que los bebés que viven en una casa donde solo se habla un idioma, afirman investigadores.

El nuevo estudio observó a bebés que vivían en hogares bilingües (inglés y español) o monolingües (inglés o español), y halló que los cerebros de los bebés en hogares bilingües seguían siendo flexibles a los idiomas hasta que tenían entre diez y doce meses de edad, en comparación con seis a nueve meses entre los bebés en hogares monolingües.

La flexibilidad cerebral prolongada de los bebés bilingües podría deberse a su exposición a una mayor variedad de sonidos lingüísticos en casa, sugirieron los investigadores de la Universidad de Washington.

Los investigadores también hallaron que la cantidad relativa de inglés o español a la que los bebés eran expuestos afectaba su vocabulario cuando eran niños pequeños. Por ejemplo, mientras más español escuchaban en la infancia, más palabras sabían de ese idioma cuando tenían 15 meses.

El estudio aparece en la edición en línea del 17 de agosto de la revista Journal of Phonetics.

“El cerebro bilingüe es fascinante porque refleja la capacidad humana de pensamiento flexible. Los bebés bilingües aprenden que los objetos y eventos del mundo tienen dos nombres, y la flexibilidad para cambiar entre esas etiquetas, dando al cerebro mucho ejercicio”, aseguró en un comunicado de prensa de la UW la coautora Patricia Kuhl, directora del Instituto de Aprendizaje y Ciencias Cerebrales de la Universidad.

Saber más sobre los mecanismos cerebrales que permiten a los bebés aprender varios idiomas podría ayudar al bilingüismo en los adultos, afirmaron Kuhl y colegas.

 

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Apendicitis en niños: La primera causa de cirugía de urgencia en pediatríaApendicitis en niños: La primera causa de cirugía de urgencia en pediatría

Alejandro Aravena, cirujano pediátrico especialista en emergencias – Hospital Regional Coyhaique

eldivisadero.cl

La apendicitis es la primera causa de cirugía de urgencia en Pediatría, siendo la edad de mayor frecuencia entre los 10 y 12 años. Rara vez ocurre en niños menores a los 8 meses. En efecto, hace pocas semanas se realizó la primera cirugía pediátrica en la ciudad de Puerto Aysén, la que justamente fue una apendicectomía. Pero, ¿cómo detectarla?

El cuadro clásico se inicia con un dolor abdominal poco definido y oscilante, el que posteriormente se vuelve más intenso, constante y localizado. En la mayoría de los casos, el dolor es máximo en el cuadrante inferior derecho (abdomen). Las molestias también se pueden sentir en otras zonas del abdomen, e incluso en los genitales.

Dentro de los síntomas más comunes, están los “vómitos no biliosos transitorios”, los cuales se presentan en el 90% de los casos. También es importante considerar que el uso de antibióticos y antiespasmódicos durante la evolución de esta enfermedad puede retardar el diagnóstico.

La fiebre alta no es un síntoma común en las primeras horas, aunque los niños menores de 5 años pueden presentarla (38,5°C o más). En la medida en que el diagnóstico es más tardío, la fiebre es más frecuente.

En primera instancia, el primer paso es comenzar con el examen físico del paciente, donde la presencia de dolor abdominal en el cuadrante inferior derecho sugiere fuertemente una apendicitis aguda.

Es esencial darse el tiempo necesario y distraer al niño durante el examen, y en caso de duda esta revisión física debe repetirse en forma sucesiva, sobre todo en los niños menores de cuatro años, quienes en general no son capaces de lateralizar el dolor.

El dolor que se produce al soltar el abdomen luego de presionar el cuadrante inferior derecho se conoce como “signo de rebote”, siendo éste el síntoma de mayor valor al momento de evaluar al paciente.

Cuando se ha roto el apéndice, el niño puede verse comprometido, pálido, ojeroso, deshidratado e incluso taquicárdico.

Si bien el examen físico y la historia son los elementos más importantes para llegar al diagnóstico, en ciertos casos es necesario recurrir a la toma de muestras.

Los exámenes de sangre pueden apoyar un diagnóstico de apendicitis cuando están alterados, sin embargo, no son específicos y tienen más valor cuando son normales y pueden con relativa seguridad descartar una inflamación del apéndice.

En algunos casos, es necesario tomar exámenes de orina para descartar infección urinaria.

En lo que a estudios de imagenología se refiere, la radiografía abdominal aporta pocos elementos concluyentes, pero se puede solicitar en casos poco claros.

En ese sentido, la ecografía abdominal se usa con más frecuencia porque no genera efecto secundario y puede mostrar la inflamación del apéndice. Sin embargo depende de la habilidad y experiencia del radiólogo y no siempre está disponible. El scanner o TAC es francamente mejor, pero requiere usar altas dosis de radiación, equivalentes al menos al de 150 radiografías.

Otros diagnósticos que pueden simular una apendicitis son la faringoamigdalitis aguda, neumonía, infección urinaria y gastroenteritis aguda.

¿Cómo se maneja esta enfermedad? Básicamente, para intervenir a un niño con inflamación del apéndice, el primer paso es la hospitalización, instalación de suero, uso de antibióticos –una vez confirmado el diagnóstico- y posteriormente se resuelve quirúrgicamente.

Se puede realizar una apendicectomía con cirugía abierta o laparóscopica, en Pediatría es claramente superior a la cirugía abierta en pacientes obesos, en el resto de los pacientes está en evaluación.

Tras la intervención, el menor es dado de alta cuando: el niño cuenta con una tolerancia oral adecuada, tanto en el consumo de alimentos como de medicamentos; hay ausencia de dolor o bien éste es manejable con analgésicos orales; y por último, cuando ya no hay rastro de fiebre.

La apendicitis es una enfermedad que no sólo puede afectar a los niños cuando se encuentran en sus hogares, sino también mientras están en el colegio o realizando una actividad física, por lo que es muy importante que quienes trabajen con niños y jóvenes sepan cómo detectar los primeros síntomas, lo que sin duda permitirá al equipo médico entregar una ayuda oportuna y resolutiva.

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La licencia por maternidad de mayor duración aumenta las tasas de lactancia materna

Según un estudio, permanecer en casa al menos tres meses disminuye mucho las probabilidades de uso de biberón

Las mujeres que se quedan más tiempo en casa tras tener un bebé son más propensas a darles el pecho, indica un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que las nuevas madres que permanecían en casa tres meses o más eran casi el doble de propensas a alimentar al bebé predominantemente con el seno más allá de los tres meses. Los resultados del estudio aparecen en la edición de junio de la revista Pediatrics.

“Hay que ayudar a las mujeres. Si el gobierno pudiera hacer cambios, como extender la Ley de licencia familiar y médica, las mujeres sabrían que cuentan con seguridad laboral, y eso las ayudaría a desear amamantar a sus bebés”, afirmó la autora del estudio, la Dra. Chinelo Ogbuanu, epidemióloga principal de salud materna e infantil de la división de salud pública del Departamento de Salud Comunitaria de Georgia, en Atlanta.

Dijo que algo incluso mejor sería que la licencia por maternidad con disfrute de pago estuviera disponible para todas las mujeres. “Eso podría ayudar a las mujeres a permanecer más tiempo en casa”, aseguró Ogbuanu. “Algunas mujeres no se toman una licencia porque no les pagan”.

La Ley de licencia familiar y médica de EE. UU., promulgada en 1993, obliga a las empresas a ofrecer doce semanas de licencia sin disfrute de sueldo tras el nacimiento de un niño. Pero dicha ley no aplica para todas las empresas. Las empresas con menos de 50 empleados están exentas, y en todos los casos, las mujeres deben de haber estado en el puesto durante un año o más y haber trabajado al menos 1,250 horas en los últimos doce meses para ser elegibles. Apenas cinco estados ofrecen licencia por maternidad que sobrepasa a la ley federal. California, Hawái, Nueva Jersey, Nueva York y Rhode Island proveen a las mujeres con una compensación salarial parcial tras el nacimiento de un niño.

En comparación, Canadá por lo general provee 17 semanas de licencia por maternidad con disfrute de sueldo, con el 55 por ciento del salario de la mujer, aunque esto varía según la provincia, de acuerdo con la División de Estadísticas de las Naciones Unidas. Suecia ofrece 16 meses de licencia por paternidad o maternidad, con el 80 por ciento del salario del trabajador, y Japón ofrece catorce semanas, con dos tercios del salario, según las Naciones Unidas.

Investigaciones anteriores han señalado que la duración de la licencia por maternidad es un factor significativo en la decisión de una mujer sobre intentar amamantar al bebé, y también en la cesación precoz de la lactancia materna, según la información de respaldo del estudio.

“Muchas mujeres tienen que volver a trabajar en un plazo de seis semanas tras dar a luz”, lamentó la Dra. Deborah Campbell, directora de neonatología del Centro Médico Montefiore de la ciudad de Nueva York. “Pero establecer la lactancia conlleva tiempo. No todos los bebés nacen sabiendo cómo amamantarse. Las madres pueden tener desafíos para la lactancia. Madre y bebé necesitan tiempo para sincronizarse. Incluso con tasas altas de iniciación de la lactancia materna, cuando las mujeres tienen que volver al trabajo, con frecuencia eligen alimentar con una combinación de biberón y leche materna, y el biberón socava la lactancia materna”.

Para tener una mejor idea sobre el impacto de la duración de la licencia por maternidad sobre la lactancia materna, los investigadores revisaron datos de la Cohorte de nacimiento del Estudio longitudinal de la niñez temprana. Ese grupo incluyó a una muestra nacionalmente representativa de 6,510 mujeres que habían dado a luz a un solo niño. Todas las mujeres habían trabajado en los doce meses anteriores al nacimiento de su hijo.

Poco más de dos tercios de las mujeres iniciaron la lactancia materna, según el estudio. Alrededor del 74 por ciento de las que se tomaron una licencia por maternidad de al menos trece semanas iniciaron la lactancia materna, frente a alrededor del 65 por ciento de las que se tomaron entre una y seis semanas de licencia.

Entre las mujeres que se quedaron en casa más de tres meses, el 34 por ciento siguió amamantando de forma predominante durante más de tres meses, frente a 18 por ciento de las mujeres que volvieron al trabajo entre una y seis semanas tras el parto, encontró el estudio.

“Este estudio provee más evidencia de que necesitamos tener más licencia por maternidad para que las mujeres establezcan la lactancia materna, y para fomentar su continuación”, aseguró Campbell.

 

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 El biberón después del año fomenta la obesidad infantil

El mejor regalo para el primer cumpleaños de su bebé podría ser un ‘pase’ para prevenir la obesidad infantil. ¿Cómo? Tan sencillo como retirarle el biberón. Un equipo de investigadores estadounidenses afirma que mantener esta práctica más allá de los 12 meses aumenta el riesgo de desarrollar obesidad infantil hasta en un 30%.

Según un artículo publicado en ‘The Journal of Pediatrics’, el 17,6% de los bebés estudiados (un total de 6.750) era obeso a los cinco años y medio y el 22,3% de ellos tomaba biberones de leche hasta los dos años. Algunos (18,9%) mantenían este hábito antes de irse a la cama y el resto utilizaba el biberón de forma regular también durante el día.

“No es que la leche sea perjudicial. Lo que falla es el contexto. En algunos casos, se utiliza el biberón en sustitución del chupete (como tranquilizador) y como inductor del sueño y, al final, lo que consigue es un aporte excesivo de calorías que favorece la obesidad”, argumenta Luis Moreno, coordinador del grupo de investigación sobre nutrición infantil de la Universidad de Zaragoza. Como señalan los autores del estudio, “una niña de 24 meses que se va a la cama con un biberón de leche de casi un cuarto de litro recibe aproximadamente el 12% de sus necesidades calóricas diarias”.

Los resultados lo dejan claro. La prevalencia de obesidad entre los pequeños que mantenían dicha costumbre a los 24 meses era del 23%, frente al 16% de los bebés a los que ya se les había retirado el biberón. En definitiva, concluyen los expertos de la Universidad de Temple y de Ohio (ambas en EEUU), “observamos que el primer grupo era un 30% más propenso a ser obeso a los cinco años que los demás”.

La leche materna protege de la obesidad

Lo ideal, recomienda el doctor Moreno, es “promover durante los primeros seis meses la lactancia materna como principal alimento (se adapta a las necesidades del bebé y protege de la obesidad) y a partir de este momento, empezar a utilizar la cuchara de tal forma que al año ya se vaya retirando el biberón”. Para ir deshabituando poco a poco al pequeño, la Asociación Americana de Pediatría lanza algunas recomendaciones para seguir a partir de los nueve meses: “Que las comidas entre horas no se realicen nunca con biberón, para tomar agua mejor usar vasos o tazas y no dejar que el niño se vaya a la cama con el biberón”.

Como explican los autores del artículo, la prevención de la obesidad debería comenzar antes de que los niños empiecen la escuela. El problema, añaden, es que “apenas hay investigaciones que demuestren qué intervenciones son efectivas durante los primeros años”. La limitación del uso del biberón es la primera.

“Hasta ahora, el biberón se había relacionado con déficit de hierro y más probabilidades de caries, pero no con la obesidad”, recuerdan los científicos. Tras la fase de la lactancia materna, sabe reseñar que “la leche no tiene hierro y por sí sola no suple las necesidades que el pequeño tiene. También necesita cantidades importantes de otros alimentos”, explica Luis Moreno. “Es importante que a partir del cuarto o sexto mes, aproximadamente, se introduzcan los cereales; a los seis, las frutas y las verduras; y a los ocho la carne y el pescado. Al principio, triturado y cuando el niño tenga dientes, a partir de los 10 meses, puede empezar a masticar”.

 

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