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Familia

 El biberón después del año fomenta la obesidad infantil

El mejor regalo para el primer cumpleaños de su bebé podría ser un ‘pase’ para prevenir la obesidad infantil. ¿Cómo? Tan sencillo como retirarle el biberón. Un equipo de investigadores estadounidenses afirma que mantener esta práctica más allá de los 12 meses aumenta el riesgo de desarrollar obesidad infantil hasta en un 30%.

Según un artículo publicado en ‘The Journal of Pediatrics’, el 17,6% de los bebés estudiados (un total de 6.750) era obeso a los cinco años y medio y el 22,3% de ellos tomaba biberones de leche hasta los dos años. Algunos (18,9%) mantenían este hábito antes de irse a la cama y el resto utilizaba el biberón de forma regular también durante el día.

“No es que la leche sea perjudicial. Lo que falla es el contexto. En algunos casos, se utiliza el biberón en sustitución del chupete (como tranquilizador) y como inductor del sueño y, al final, lo que consigue es un aporte excesivo de calorías que favorece la obesidad”, argumenta Luis Moreno, coordinador del grupo de investigación sobre nutrición infantil de la Universidad de Zaragoza. Como señalan los autores del estudio, “una niña de 24 meses que se va a la cama con un biberón de leche de casi un cuarto de litro recibe aproximadamente el 12% de sus necesidades calóricas diarias”.

Los resultados lo dejan claro. La prevalencia de obesidad entre los pequeños que mantenían dicha costumbre a los 24 meses era del 23%, frente al 16% de los bebés a los que ya se les había retirado el biberón. En definitiva, concluyen los expertos de la Universidad de Temple y de Ohio (ambas en EEUU), “observamos que el primer grupo era un 30% más propenso a ser obeso a los cinco años que los demás”.

La leche materna protege de la obesidad

Lo ideal, recomienda el doctor Moreno, es “promover durante los primeros seis meses la lactancia materna como principal alimento (se adapta a las necesidades del bebé y protege de la obesidad) y a partir de este momento, empezar a utilizar la cuchara de tal forma que al año ya se vaya retirando el biberón”. Para ir deshabituando poco a poco al pequeño, la Asociación Americana de Pediatría lanza algunas recomendaciones para seguir a partir de los nueve meses: “Que las comidas entre horas no se realicen nunca con biberón, para tomar agua mejor usar vasos o tazas y no dejar que el niño se vaya a la cama con el biberón”.

Como explican los autores del artículo, la prevención de la obesidad debería comenzar antes de que los niños empiecen la escuela. El problema, añaden, es que “apenas hay investigaciones que demuestren qué intervenciones son efectivas durante los primeros años”. La limitación del uso del biberón es la primera.

“Hasta ahora, el biberón se había relacionado con déficit de hierro y más probabilidades de caries, pero no con la obesidad”, recuerdan los científicos. Tras la fase de la lactancia materna, sabe reseñar que “la leche no tiene hierro y por sí sola no suple las necesidades que el pequeño tiene. También necesita cantidades importantes de otros alimentos”, explica Luis Moreno. “Es importante que a partir del cuarto o sexto mes, aproximadamente, se introduzcan los cereales; a los seis, las frutas y las verduras; y a los ocho la carne y el pescado. Al principio, triturado y cuando el niño tenga dientes, a partir de los 10 meses, puede empezar a masticar”.

 

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La lactancia reduce el riesgo de artritis en la madre

Muchas mujeres en todo el mundo apuestan por la lactancia materna natural frente a biberones. Y es que dar el pecho aporta muchos beneficios no solo para el bebé sino también para la madre. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista científica Rheumatology ha demostrado que las mujeres que amamantan a sus hijos tienen menos riesgo de padecer artritis reumatoide en el futuro.

Para llegar a esta conclusión los investigadores encuestaron a unas 7.000 mujeres de más de 50 años de edad procedentes del sur de China de las cuales, aproximadamente una de cada diez sufrían artritis. De este modo recopilaron desde el historial sanitario y el estilo de vida y el número de embarazos aparte, claro está, de la cantidad de tiempo que habían dado el pecho a cada uno de sus bebés. Los resultados mostraron que las mujeres que habían dado de mamar tenían aproximadamente la mitad de probabilidades de sufrir artritis reumatoide que aquellas que no lo habían hecho.

Según las hipótesis de los expertos, la enfermedad puede verse afectada por factores hormonales. En concreto, durante el embarazo y la lactancia se incrementan los niveles de progesterona, una hormona con efectos antiinflamatorio y que podría proteger de algunas enfermedades. Otra de las hipótesis que manejan los investigadores es que en las mujeres que dan el pecho se reducen los niveles de Contaminantes Orgánicos Persistentes, también conocidos como COP’s, que son sustancias químicas tóxicas que se acumulan en el organismo y afectan a nuestro sistema inmunitario.

 

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El ibuprofeno y el Aleve no aumentan el riesgo de pérdida del embarazo, según un estudio

Pero los AINE no deben tomarse en el tercer trimestre del embarazo, avisan los autores

Los analgésicos de una clase de fármacos conocidos como antiinflamatorios no esteroides (AINE) no aumentan el riesgo de una mujer de perder el embarazo, según un estudio reciente.

Los AINE de venta libre, como el ibuprofeno (Advil, Motrin IB) y el naproxeno (Aleve), no afectaron el riesgo de pérdida del embarazo, hallaron los investigadores israelíes.

“No hallamos un mayor riesgo de pérdida del embarazo en las mujeres que tomaron estos fármacos en el primer trimestre, aunque sí observamos un mayor riesgo tras el uso de indometacina”, apuntó la autor líder, la Dra. Sharon Daniel, residente pediátrico del Centro Médico Soroka en Beersheva, Israel.

La indometacina, un AINE recetado, se vinculó con una tasa mucho mayor de pérdida del embarazo, halló el estudio. Los fármacos recetados conocidos como inhibidores de la Cox-2, como celecoxib (Celebrex), se asociaron con un riesgo ligeramente mayor de aborto espontáneo, halló el estudio.

“Los AINE son frecuente y crecientemente utilizados por las mujeres embarazadas, tanto porque los fármacos se indican para síntomas comunes como el dolor y la fiebre como porque en las últimas dos décadas algunos de los medicamentos se venden de forma libre, sin necesidad de una receta médica”, apuntó la autora principal del estudio, Amalia Levy, epidemióloga y directora del departamento de salud pública de la Universidad Ben-Gurion del Negev, en Beersheva.

Los hallazgos deben tranquilizar a las mujeres que han tomado AINE de venta libre a principios del embarazo, apuntaron los autores.

Los autores del estudio señalaron que la indometacina se usa con frecuencia como tratamiento para el parto prematuro, y que muchas pérdidas del embarazo asociadas con el fármaco ocurrieron a finales de los embarazos. Además, las dosis diarias promedio de indometacina fueron más altas que las de otros AINE, según el estudio.

En cuanto al aumento del riesgo con los inhibidores de la Cox-2, los autores anotaron que dado que contaban con tan pocas mujeres que tomaron esos fármacos en el estudio, sus hallazgos deben ser confirmados por un estudio de mayor tamaño.

Los resultados del estudio aparecen en la edición en línea del 3 de febrero de la revista CMAJ (Canadian Medical Association Journal).

El aborto espontáneo es algo que ocurre comúnmente a principios del embarazo. Alrededor del 15 por ciento de todos los embarazos terminan en una pérdida, según la información de respaldo del estudio. El 80 por ciento de las pérdidas ocurren antes de las 12 semanas de embarazo, añadieron los autores del estudio.

Se sabe que varios factores aumentan el riesgo de pérdida del embarazo, entre ellos anomalías genéticas, enfermedades maternas, la obesidad, fumar y el consumo de alcohol. Varios estudios anteriores habían sugerido que el uso de AINE también podría aumentar el riesgo de aborto espontáneo.

Para ver si ese era el caso, los investigadores revisaron los expedientes de más de 65,000 mujeres que habían concebido entre enero de 2003 y diciembre de 2009. Poco más de 6,500 de las mujeres abortaron de forma espontánea en algún momento del embarazo, según el informe.

4,495 mujeres usaron AINE en algún momento del embarazo. El ibuprofeno fue el AINE más comúnmente usado. 132 mujeres utilizaron indometacina, y solo 71 usaron inhibidores de la Cox-2, halló el estudio.

En general, el riesgo de aborto espontáneo en las mujeres que tomaban AINE que no eran inhibidores de la Cox-2 (que incluyen a la indometacina) aumentó en un 10 por ciento. Cuando los investigadores observaron a las mujeres que tomaban indometacina sola, hallaron un riesgo 2.8 veces mayor de pérdida del embarazo. Entre las que tomaban inhibidores de la Cox-2, el riesgo aumentó en un 43 por ciento, reportó el estudio.

“Nuestros resultados muestran que el uso de estos fármacos en el primer trimestre no se asoció con el aborto espontáneo”, afirmó Levy.

Levy añadió que este mismo grupo de investigación realizó un estudio anterior que halló que los AINE en el embarazo tampoco aumentaban el riesgo de malformaciones fetales.

Pero Levy y Daniel advirtieron que los AINE no se deben tomar en el tercer trimestre del embarazo.

La Dra. Jill Rabin, obstetra y ginecóloga y jefa de atención ambulatoria y salud de las mujeres del Centro Médico Judío de Long Island en New Hyde Park, Nueva York, dijo que no se sabía si los AINE aumentaban o no el riesgo de aborto espontáneo dado que no ha habido muchos estudios, y los que se han hecho han dado resultados conflictivos. Apuntó que era bueno ver un estudio con una muestra tan grande.

“Si una mujer tiene un motivo clínicamente importante para tomar un AINE, probablemente esto no aumente el riesgo de pérdida del embarazo”, planteó Rabin. “Pero es importante recordar que en el embarazo menos es más. La mayoría de médicos dicen que no pasa nada si toma un Tylenol para un dolor de cabeza. Pero no tome nada sin informar al médico. Siempre hable sobre todo lo que tome con su proveedor”. (El Tylenol es un analgésico, pero no es un AINE).

 

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Bebés con riesgo de Alzheimer presentan diferencias en el desarrollo del cerebro

Investigadores de la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, y el Instituto Banner de Alzheimer, en Arizona, también Estados Unidos, han descubierto que los niños que llevan un gen asociado con un mayor riesgo para la enfermedad de Alzheimer tienden a poseer diferencias en el desarrollo del cerebro en comparación con los niños sin el gen.

El estudio, publicado en la revista ‘JAMA Neurology’, muestra algunas de las diferencias de desarrollo más tempranas asociadas con una variante del gen llamado APOE- E4, un genotipo común y un factor de riesgo conocido para la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.

Los científicos tomaron imágenes de los cerebros de 162 niños sanos de edades entre dos y 25 meses, todos ellos con pruebas de ADN para ver qué variante del gen APOE que llevaban. Un total de 60 tenían la variante E4 que se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Usando una técnica especializada de resonancia magnética, los autores compararon los cerebros de los portadores de E4 con los no portadores y vieron que los niños con APOE E4 poseían un mayor crecimiento del cerebro en áreas del lóbulo frontal y una disminución en varias áreas de las zonas media y posterior del cerebro, que tienden a estar afectadas en los pacientes ancianos con enfermedad de Alzheimer.

Los investigadores destacaron que los hallazgos no significan que cualquiera de los niños en el estudio están destinados a desarrollar la enfermedad de Alzheimer o que los cambios cerebrales detectados son los primeros signos clínicos de la enfermedad. Sin embargo, el estudio plantea que los cerebros de los portadores de APOE-E4 tienden a desarrollarse de forma diferente muy pronto en la vida de los que no llevan E4.

Es posible que estos primeros cambios proporcionen un “punto de apoyo” para las patologías posteriores que conducen a los síntomas de Alzheimer, según los investigadores. La información de esta investigaión puede ser un paso importante hacia la comprensión de cómo este gen confiere un riesgo para el Alzheimer, algo que no se entiende bien actualmente.

“Este trabajo es acerca de la comprensión de cómo este gen influye en el desarrollo del cerebro”, dijo Sean Deoni, quien supervisa bebé Advanced Imaging Lab de la Universidad de Brown y fue uno de los autores principales del estudio. “Estos resultados no establecen una relación directa con los cambios observados en los pacientes de Alzheimer, pero con más investigación que pueden decirnos algo acerca de cómo el gen contribuye al riesgo de Alzheimer más tarde en la vida.

La variante APOE E4 vinculada a la enfermedad de Alzheimer está presente en aproximadamente el 25 por ciento de la población de Estados Unidos. No todo el que lleva el gen tiene la enfermedad de Alzheimer, pero el 60 por ciento de las personas que desarrollan la enfermedad poseen al menos una copia del gen E4.

Se cree que el gen tiene varias funciones diferentes en la sangre y el cerebro, algunos de los cuales aún no se han aclarado. Por ejemplo, se ha mostrado que participa en la regulación de amiloide, una proteína del cerebro que se acumula en la enfermedad de Alzheimer y ahora está siendo foco de tratamientos en investigación.

RESONANCIA MAGNÉTICA

Los investigadores utilizaron una técnica de resonancia magnética desarrollada en ‘Brown’s Advanced Baby Imaging Lab’, que permite fotografiar los cerebros de los bebés sanos mientras duermen sin medicación.

La técnica también es capaz de tener imágenes de la materia gris, la parte del cerebro que contiene neuronas y fibras nerviosas, y la materia blanca, que contiene el material graso que aísla las fibras nerviosas.

Se cree que tanto la materia gris como la blanca se cree que tienen un papel en la enfermedad de Alzheimer. El crecimiento de la materia blanca comienza poco después del nacimiento y es una medida importante del desarrollo del cerebro.

“Estamos en un buen lugar para poder investigar cómo este gen influye en el desarrollo de niños sanos –dijo Deoni, profesor asistente de Ingeniería en la Universidad Brown–. Estos niños no son medicados y no muestran ningún deterioro cognitivo, todo lo contrario, en realidad, se están desarrollando con normalidad”.

No hay ninguna razón para creer que los niños no van a continuar desarrollándose con normalidad, según Deoni. No hay evidencia sólida que sugiere que los portadores de E4 sufren problemas cognitivos o retraso en el desarrollo y las zonas de mayor crecimiento plantean la posibilidad de que el gen en realidad podría conferir algunas ventajas a los lactantes desde el principio.

 

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 Muerte de cuna es un síndrome, no enfermedad: UNAM

La muerte súbita del lactante (o muerte de cuna) no es una enfermedad, sino un síndrome. Se ha caracterizado por sus síntomas, no por sus causas.

“En términos llanos, es el deceso de un recién nacido, comúnmente durante el sueño, que no puede ser explicado clínicamente por una autopsia, ni por un análisis del sitio donde ocurre”, señaló José Fernando Peña Ortega, investigador del Departamento de Neurobiología del Desarrollo y Neurofisiología, del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM, campus Juriquilla.

Estudios han establecido algunos factores de riesgo. El que la desencadena en la mayoría de los casos es la posición del niño al dormir.

“Si bien no se conoce exactamente cuáles son las causas, hoy sabemos que está asociado a la incapacidad de los bebés para reaccionar ante la hipoxia (falta de oxígeno)”, explicó el investigador, galardonado con el Premio Ciudad Capital: Heberto Castillo Martínez 2010, en el área de la Salud, que otorga el gobierno del Distrito Federal.

Un individuo normal reacciona ante la hipoxia con la generación de un ritmo respiratorio particular llamado boqueo, pero algunos bebés presentan una reducción en esa capacidad.

Es importante señalar, dijo, que la mayor incidencia de casos de muerte de cuna ocurre a partir del primer mes de vida, y hasta el sexto.

Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo se encuentran la hipertermia (aumento de la temperatura), el nacimiento prematuro y la exposición al humo del tabaco y a los opiáceos.

“Los hijos de madres fumadoras o que estuvieron expuestos al humo del tabaco durante su gestación o en los primeros meses de vida, pueden ser víctimas”, indicó Peña Ortega.

Por otro lado, al contrario de lo que se piensa, inhalantes, alcohol, café, miel de abeja, o malnutrición materna, no tienen una relación fuerte con este síndrome, aclaró.

En el terreno de la mistificación, prosiguió, pudieran entrar los detectores de movimiento que se colocan en las cunas para saber si los pequeños dejan de moverse; su eficacia está en duda, pues los bebés y los adultos se quedan quietos durante el sueño.

“En ciertas fases del sueño no hay movimiento; incluso, la respiración se detiene por algunos segundos y eso es normal, pero como el organismo humano tiene la capacidad de detectar la falta de oxígeno, si ocurre echa a andar mecanismos que permiten recuperarla”, señaló el investigador.

Así, todo parece indicar que una medida eficaz para prevenir la muerte súbita del lactante es acomodarlo boca arriba a la hora de dormir. “Con esta sencilla medida, impulsada mediante una campaña publicitaria, se redujo a la mitad la incidencia en Estados Unidos en la década de los 80”, comentó.

Neuronas marcapaso

Ante la dificultad de precisar la etiología de este síndrome, Peña Ortega y sus colaboradores decidieron estudiar la capacidad de roedores recién nacidos para responder a la hipoxia con el boqueo.

“Tratamos de entender cuáles son los mecanismos neuronales involucrados en la generación de este ritmo respiratorio y así explicar por qué disminuye en algunos neonatos; asimismo, buscamos estrategias que permitan favorecer su generación”, abundó.

Actualmente, el universitario y su equipo analizan las neuronas que originan los ritmos respiratorios. “Son del tallo cerebral y envían señales al diafragma, encargado de mover la caja torácica y los pulmones. Eso es lo que genera un ritmo respiratorio: inhalaciones y exhalaciones alternadas”.

Primero, en una preparación in vitro que contiene esas neuronas, los investigadores registran su actividad con técnicas de electrofisiología y de imágenes funcionales. De este modo, pueden ver cómo interactúan para dar paso a los ritmos respiratorios, y cómo cambia su actividad en condiciones de hipoxia.

Luego, correlacionan los hallazgos in vitro y los datos de la actividad respiratoria de animales de laboratorio in vivo, para dar un sustento a la indagación y tenerla más o menos controlada.

Tras casi una década de estudio, Peña Ortega y sus colaboradores han identificado un grupo de neuronas especiales denominadas marcapaso (por su parecido con las fibras marcapaso del corazón), que pueden ser resistentes a la hipoxia y responsables de generar, por sí mismas, los bloqueos.

Los investigadores concluyeron que la actividad de estas células depende de ciertas sustancias del cerebro conocidas como “neuromoduladores”, una de ellas es la serotonina. “Si se bloquea la acción de ésta última en los receptores de las neuronas marcapaso, la actividad disminuye y ya no se producen los bloqueos”, apuntó Peña.

Según registros clínicos, la incidencia de muerte de cuna es mayor entre el sexo masculino. Pruebas de laboratorio con roedores indicaron que las hembras tienen mayor capacidad para resistir la hipoxia que los machos, con una similitud de casi uno a uno de lo que se ve en humanos. Por ello, estudiaremos esos mecanismos para saber cómo ayudar a los bebés varones, finalizó.

 

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 Los niños son menos obesos cuando cocina la madre

Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han confirmado que existe una asociación significativa y directa entre el estado nutricional de los niños y quién les prepara la comida en casa. Así, los hijos cuyos menús son preparados por sus madres están mejor alimentados y sufren menos obesidad, mientras que el estado nutricional de los pequeños «empeora cuando una persona diferente a la madre les prepara el menú familiar».

Este trabajo, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, ha revelado que la cuestión de quién elabora el menú familiar a diario es «muy importante», según sus autores. Así, los científicos han observado que, a medida que el menú familiar es elaborado por personas diferentes a la madre, el estado nutricional de los hijos empeora considerablemente.

Y es que en la actualidad «continúa siendo la madre la figura familiar que mejor conoce las necesidades alimentarias de sus hijos y la mejor preparada, en términos de conocimientos alimentarios, para la elaboración y el mantenimiento de una óptima alimentación familiar», según pone de manifiesto la UGR en un comunicado.

En esta investigación, los científicos emplearon una muestra constituida por 718 niños y adolescentes escolares de entre 9 y 17 años de trece centros educativos públicos y privados de la ciudad de Granada y de su provincia. Mediante el uso de técnicas de antropometría, se valoraron las variables de peso y talla de los sujetos y, con ello, el índice de masa corporal; se efectuaron según edad y sexo. También fueron valorados seis pliegues cutáneos (pliegue tricipital, bicipital, subescapular, suprailíaco, pliegue del muslo y de la pantorrilla), así como cuatro perímetros corporales, esto es, de la cintura, de la cadera, del brazo y del muslo.

Por otra parte, y con objeto de analizar la influencia del entorno familiar en el desarrollo del sobrepeso y la obesidad entre la población de alumnos, los científicos de la UGR emplearon un cuestionario específicamente elaborado por el equipo investigador, en el que no sólo se recogía información relativa a aspectos de su entorno familiar, sino también a la frecuencia de consumo de determinados alimentos y a la práctica de alguna actividad física.

Ocio sedentario

Los investigadores han encontrado asimismo una relación entre la práctica del ocio sedentario y los valores de índice de masa corporal (IMC), encontrando diferencias estadísticamente significativas para IMC de aquellos individuos con actitudes ociosas eminentemente sedentarias, frente a aquellos otros que no las mantenían. Así pues, a medida que aumenta el número de horas que los alumnos ven la televisión, juegan con los videojuegos o simplemente están conectados a Internet, sus puntuaciones en el índice de masa corporal se incrementan exponencialmente.

A la luz de los resultados de este trabajo, los científicos han concluido que existe «una imperiosa necesidad» de fomentar prácticas y estilos de vida saludables entre las familias, entre las cuales es altamente recomendable la práctica de ejercicio físico a través de «juegos clásicos». Se trata de la mejor herramienta para mantener un adecuado estado nutricional y, en definitiva, un óptimo estado de salud, máxime cuando los principales implicados son sujetos de corta edad, en este caso población en edad escolar.

 

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No dejes que tu salud decaiga aunque hayas tenido un bebé

Las madres, que usualmente se encargan de preparar las comidas muchas veces, tienen poco tiempo para preparar comidas saludables

Un estudio publicado en la revista Pediatrics asegura que los padres primerizos, en especial las madres, descuidan su salud por dedicar gran parte de su tiempo y energía al cuidado de sus pequeños, según Health.com.

Los investigadores estudiaron a 1,500 personas y descubrieron que los jóvenes que se convierten en padres hacen menos ejercicio que los que no tienen hijos.

El estudio también descubrió que son las mujeres quienes presentan mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y dietas menos saludables.

Las madres consumían en promedio 400 calorías más por día que aquellas que aún no habían tenido hijos. Además su consumo de grasas saturadas, azúcares y refrescos es mayor.

Las madres, que usualmente se encargan de preparar las comidas muchas veces, tienen poco tiempo para preparar comidas saludables para ellas mismas y para sus hijos, por lo que también son propensas a consumir alimentos procesados sencillos de preparar como los macarrones con queso, dice Jerica Berge, autora principal del estudio y profesora de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis, en entrevista para Health.

“Las mamás pueden tener múltiples exigencias de tiempo y tienen que sacrificar la preparación de comidas saludables. Cocinan alimentos con mayor grasa porque no tienen tiempo de hacerlo de otra manera”, dijo Berge.

Eso no significa que estén comiendo solamente comida chatarra, agrega Berge. Las madres comen tanta fruta, granos enteros, calcio y fibra como sus contrapartes sin hijos. “Descubrimos que están tratando (de comer sanamente), pero no son capaces de hacerlo todo el tiempo”, dijo Berge.

En el estudio participaron personas de distintos condiciones socioeconómicas con hijos menores a un año.

En lo que respecta al ejercicio, el cuidado de los hijos parece afectar en el tiempo destinado a esa actividad en padres y madres. Cada semana, los papás y las mamás perdían alrededor de 60 a 90 minutos de actividad física, frente a los adultos sin hijos, según Health.

Fran Biagoli, médico de familia en Portland, no participó en la investigación, pero asegura que los hallazgos refuerzan lo que ella dice a muchos padres jóvenes y futuros padres: “Hablo con ellos y les digo que deben sentar cabeza. Es una conversación que tengo a menudo y desde el principio”, dice.

Lograr que entiendan la importancia de una buena dieta y ejercicio regular es necesario antes de la llegada del bebé, pues lo más seguro es que después no tengan tiempo para adoptar esos hábitos, según Biagoli.

“Cuando tienen un recién nacido, no descansan lo suficiente y ningún mensaje les llegará”, dice Biagoli.

Los meses después de convertirse en padres son ciertamente un “periodo de alto riesgo” para los adultos jóvenes, agrega Berges. “Es una nueva fase en la vida, están aprendiendo a ser padres, existe una concesión entre ser padres y cuidar de sí mismos, y tienen que ser capaces de balancearlo”.

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Claves para lograr un embarazo saludable

La salud de los progenitores resulta fundamental a la hora de pensar en formar una familia. Tanto las mujeres como los hombres deberán tener en cuenta que existen algunos factores de riesgo que pueden afectar la salud del bebé por nacer.

La salud de los progenitores resulta fundamental a la hora de pensar en formar una familia. Tanto las mujeres como los hombres deberán tener en cuenta que existen algunos factores de riesgo que pueden afectar la salud del bebé por nacer. Cuanto más saludable sea la vida de los progenitores, mayor probabilidades de que el embarazo se desarrolle normalmente.

En tal sentido, el especialista en fertilidad Sergio Papier, Director de CEGYR, explicó que ciertos hábitos de consumo o conductas “pueden convertirse en factores de riesgo y algunas enfermedades crónicas y de base en los progenitores (diabetes, hipertensión, enfermedades de origen genético) pueden afectar el normal desarrollo del embarazo como la salud del bebé por nacer”.

Factores de Riesgo: todo lo que hay que saber

– Enfermedades de origen genético: Actualmente se estima que existen entre 6000 y 7000 enfermedades genéticas, responsables del 20% de muertes en la infancia. Afortunadamente los avances de la ciencia y la reprogenética (combinación de las técnicas de reproducción asistida y de la biología molecular) permiten disminuir los riesgos de enfermedades de origen genético. Existen diversos tipos de estudios preconcepcionales y prenatales que permiten estudiar a las parejas que buscan procrear para desarrollar un embarazo saludable.

“Los estudios preconcepcionales detectan la probabilidad de una pareja de transmitir aproximadamente 180 enfermedades genéticas a sus hijos que puedan tener un significativo impacto en la expectativa y calidad de vida, incluyendo algunas enfermedades que requieran cuidados especiales. Los prenatales y del recién nacido analizan la presencia de genes que producen o predisponen a diversas enfermedades que pueden aparecer durante la infancia. Conocer anticipadamente esta información permitirá, en algunos casos, la prevención de la manifestación de la enfermedad o la detección antes que se manifieste clínicamente lo que permite estar alerta para un diagnóstico y tratamiento temprano de la enfermedad”, indicó Papier.

– Vinculados con hábitos de consumo: El consumo de tabaco, alcohol y drogas afectan la salud del bebé por nacer. Mientras que el cigarrillo puede promover partos prematuros, nacimientos de bebés de bajo peso, síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), asma y otros problemas respiratorios, el consumo de alcohol y drogas expone a los bebés a múltiples riesgos, incluyendo el parto prematuro, el retraso del crecimiento, diversas anomalías congénitas y problemas de aprendizaje y de conducta.

– Enfermedades de los progenitores:

Diabetes: el exceso de glucosa en el organismo de la madre afecta al feto durante su maduración y crecimiento dentro del útero. Los hijos de mujeres con niveles elevados de azúcar son dos veces más propensos que otros niños a convertirse en obesos durante la infancia. Además puede provocar macrosomía (crecimiento excesivo del feto) que puede traer aparejados numerosos problemas obstétricos.

Obesidad: la obesidad tiene serias consecuencias en la salud reproductiva tanto para la madre (problemas de fertilidad para lograr el embarazo) como para el bebé por nacer. Padecer obesidad durante el embarazo puede ocasionar preeclampsia (enfermedad que provoca hipertensión arterial, retención de líquidos, e inflamación durante el embarazo), diabetes gestacional (tipo de diabetes que se desarrolla durante el embarazo), cesáreas (las mujeres obesas corren un alto riesgo de experimentar problemas durante el trabajo de parto) e infecciones postparto. En tanto, para el bebé los riesgos incluyen: macrosomía y obesidad Infantil (los bebés de madres obesas son más propensos a padecer obesidad para cuando cumplen cuatro años).

Hábitos saludables – embarazos saludables

“Existen ciertos hábitos saludables que beneficiarán y harán a las mujeres llevar adelante un embarazo placentero”, dijo el experto.

– Consulta preconcepcional especialmente para aquellas mujeres que tienen una enfermedad de base y es necesario tomar medidas sobre su tratamiento durante la gestación
– Buena alimentación e hidratación.
– Mantener un peso saludable.
– Hacer ejercicio.
– Controles médicos periódicos.

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