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Identificados los guardianes de la fertilidad masculinafertilidad masculina hombres

Las células inmunes responsables de ‘defender’ a los espermatozoides son clave para entender la infertilidad masculina y hallar un posible tratamiento.

muyinteresante.es

Un nuevo hallazgo realizado por científicos de la Universidad de Marsella puede ser clave para entender ciertos tipos de infertilidad masculina y, lo que es más importante, encontrar un tratamiento efectivo para ellas. La investigación, publicada en el Journal of Experimental Medicine, ha descrito el origen, desarrollo y características de las células inmunes que “defienden” a los espermatozoides. Una especie de “guardianes de la fertilidad”, que impiden que otros agentes del sistema inmune entren en los testículos.

En concreto, se ha analizado un tipo de células: los macrófagos testiculares. Estos no sólo migran a los lugares de infección y patógenos, sino que también modulan la actividad del sistema inmune para asegurar la función orgánica y la regeneración adecuadas. La investigación con ratones ha permitido describir las poblaciones de macrófagos testiculares en profundidad.

Desde el comienzo de la vida, el sistema inmune de un individuo aprende a distinguir el “yo”, es decir, las células nativas, de otras células potencialmente patógenas. Pero en los hombres, como el esperma no aparece hasta la pubertad, puede ser confundido con células externas por ciertos elementos del sistema inmune. Los macrófagos testiculares son células inmunes especiales que tienen una función de defensa de los espermatozoides. Al liberar moléculas específicas, impiden que otros agentes del sistema inmune entren en los testículos.

El testículo se divide en dos compartimentos. Un tipo de macrófago testicular se encuentra en los espacios intersticiales, donde también están localizadas células productoras de testosterona. Estos macrófagos intersticiales son de origen embrionario: están presentes desde el principio de la vida del individuo. El otro tipo está situado en la zona donde se forman y maduran los espermatozoides (túbulos seminíferos). Cada población de macrófagos tiene distintivos marcadores celulares. Los macrófagos pueden surgir de progenitores embrionarios o células de médula ósea en adultos.

Imagen: corte transversal del testículo del ratón recién nacido, donde podemos ver los túbulos seminíferos en rojos, rodeados de macrófagos testiculares, en verde./ Noushine Mossadegh-Keller y Sébastien Mailfert.

Los investigadores, liderados por Michael Sieweke, del Centre de Inmunología Luminy de Marseille, utilizaron un nuevo método de seguimiento celular para seguir el movimiento de los macrófagos de la médula ósea a los testículos. Descubrieron que estos macrófagos aparecen solo dos semanas después de que los ratones nacen, lo que corresponde a la etapa pubescente en los machos humanos. Sorprendentemente, una vez que se han establecido en los testículos, los macrófagos de ambas poblaciones permanecen allí durante el resto de su vida.

Los macrófagos testiculares son las principales células inmunes de los testículos de mamíferos. Más allá de las funciones inmunes clásicas, se ha demostrado que son importantes para la fabricación de espermatozoides y la producción de hormonas masculinas. Pese a que en el estudio se han identificado dos poblaciones de macrófagos diferentes en el testículo adulto en función de su localización y morfología de tejidos distintos, su origen evolutivo y su modo de mantenimiento son aún desconocidos.

El equipo de Sieweke enfocará ahora sus esfuerzos de investigación en las relaciones entre los macrófagos, los espermatozoides y la producción de testosterona, que pueden conducir a tratamientos innovadores para ciertos tipos de infertilidad masculina.

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¿La obesidad de los papás podría aumentar el riesgo de autismo de los niños?

Un estudio halla un ligero aumento relacionado con el peso de los padres, no de las madres

Los niños con papás obesos, pero cuyas madres no son obesas, podrían tener un riesgo ligeramente más alto de autismo que los niños con papás más delgados, según sugiere un estudio reciente de gran tamaño.

Los investigadores descubrieron que de los casi 93,000 niños noruegos a los que realizaron un seguimiento, los que tenían papás obesos al nacer tenían el doble de riesgo de ser autistas. Pero las probabilidades seguían siendo pequeñas: se diagnosticó autismo a un poco menos del 0.3 por ciento, frente al 0.14 por ciento de los niños con papás con un peso normal.

Los hallazgos, publicados en línea el 7 de abril en la revista Pediatrics, son los primeros que relacionan la obesidad de los papás con el riesgo de autismo. Y los expertos hicieron hincapié en que no está claro que el exceso de peso de los papás, por sí mismo, provoque el aumento.

Una posibilidad es que haya una asociación “indirecta”, afirmó el investigador principal, el Dr. Pal Suren, del Instituto Noruego de Salud Pública en Oslo.

Ciertas variaciones genéticas, por ejemplo, podrían estar relacionadas con riesgos más altos de obesidad y de autismo, explicó Suren. O, dijo, los hombres obesos podrían ser más propensos a ciertas exposiciones ambientales que contribuyen al riesgo de autismo.

Por otra parte, comentó Suren, es posible que la obesidad de los papás tenga un efecto directo, al alterar la calidad del esperma, por ejemplo. Pero, por ahora, todo es especulación.

Lo que fue sorprendente, dijeron los investigadores, es que la obesidad de las madres no estuviera relacionada con un aumento del riesgo de autismo. Alguna investigación anterior ha señalado tal conexión.

Pero en este estudio, cualquier vínculo entre el peso de las mamás y el riesgo del trastorno del desarrollo despareció una vez tomaron en cuenta el peso de los papás.

Esto ofrece pistas de que el peso de los papás podría ser realmente más importante, aunque no está claro por qué, dijo Suren. Se necesitan muchas más investigaciones para comprender qué sucede, comentó.

“Sin duda sería beneficioso el que se replicaran nuestros análisis en estudios de población en otros países, para ver si la asociación es generalizable a otras poblaciones”, dijo Suren.

Un experto en autismo que revisó el estudio se mostró de acuerdo. Y si se confirma el vínculo, “entonces es necesario comprender por qué existe esta asociación”, dijo el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Steven and Alexandra Cohen de Nueva York.

De momento, Adesman enfatizó que el riesgo vinculado a la obesidad de los papás era pequeño.

De los casi 93,000 niños a los que se realizó un seguimiento durante un promedio de hasta los 7 años edad, a 419 se les diagnosticó un trastorno del espectro autista. Esa cifra incluyó a 25 niños con un trastorno autista con papás obesos.

“De modo que la mayoría de los casos de autismo no estaban relacionados con la obesidad parental”, dijo Adesman. Además, añadió, “más del 99.5 por ciento de los niños con papás obesos no tenían autismo. Eso es esperanzador”.

Aun así, dijo Adesman, incluso si la obesidad de los papás tuviera solo un pequeño impacto en el riesgo de autismo, seguiría siendo preocupante a nivel de población general, ya que la obesidad se ha vuelto muy habitual en todo el mundo.

Según las últimas cifras de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., a aproximadamente uno de cada 68 niños estadounidenses les han diagnosticado un trastorno del espectro autista. El término se refiere a un grupo de trastornos del desarrollo que, en distinto grado, alteran la capacidad de las personas de comunicarse y socializar con los demás.

Nadie sabe cuáles son las causas exactas del autismo, pero los expertos están de acuerdo en general en que se trata de una combinación compleja de vulnerabilidad genética y exposición ambiental.

Los investigadores han conseguido encontrar unos pocos centenares de genes que están vinculados con el riesgo de autismo. Todavía no hay responsables ambientales definitivos, pero hay estudios que han sugerido que ciertos factores durante el embarazo podrían ser importantes, como la exposición de las madres al aire contaminado, la ingesta baja de folato (una vitamina B) y las infecciones virales.

 

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Las alteraciones del sueño durante el embarazo pueden ser peligrosas

La Dra. Lisa Shives es fundadora de la clínica de sueño Northshore Sleep Medicine en Evaston, Illinois.

La falta de sueño es una de las quejas más comunes durante el embarazo, a tal grado que muchas mujeres, e incluso médicos, consideran esta situación una parte normal de la maternidad.

Aunque es cierto que el embarazo tiene un impacto significativo en la cantidad y calidad del sueño, muchos de los problemas de sueño que surgen durante éste pueden ser tratados o mejorados.

Es común que las mujeres sientan mucho sueño y fatiga en el primer trimestre, que se supone se debe al aumento de los niveles de progesterona, que se sabe puede tener un efecto hipnótico.

Los niveles de progesterona continúan a la alza durante en el embarazo, aunque en el segundo trimestre la mayoría de las mujeres dicen sentirse más alertas durante el día y sienten que su calidad de sueño mejoró en comparación con el primer trimestre.

El tercer trimestre ofrece una gran cantidad de problemas que están conectados al aumento de la circunferencia. Durante los últimos meses, las mujeres suelen experimentar falta de aliento y reflujo porque su diafragma está elevado, presionando pulmones y estómago. También deben orinar más durante la noche, situaciones que afectan el sueño.

Estos son conflictos normales durante el embarazo, pero hay otros problemas de sueño que sí podrían ser un desorden y pueden ser tratados.

Existen muchos factores que aumentan las posibilidades de apnea de sueño en mujeres embarazadas.

La apnea es la interrupción completa del flujo nasobucal, lo que provoca que la persona haga pausas en la respiración.

No todo gira en torno al aumento de peso, aunque la obesidad pre-gestacional aumenta significativamente el riesgo de padecer apnea obstructiva de sueño, pues un estudio concluyó que cerca del 40% de las pacientes obesas y embarazadas desarrollaron apnea obstructiva en el tercer trimestre.

Los cambios hormonales en el embarazo crean el escenario perfecto para la apnea obstructiva de sueño. Mientras que la progesterona aumenta la inflamación en los tejidos de la garganta, el estrógeno relaja los vasos sanguíneos, lo que propicia una mayor inflamación. Incluso se libera una hormona sólo durante el embarazo, llamada relaxina, y como muestra su nombre, relaja los músculos.

La apnea de sueño sin tratamiento durante el embarazo ha sido asociada al aumento del riesgo de padecer presión sanguínea alta, preeclampsia y bajo peso en el recién nacido, así como malos resultados en la prueba de APGAR (que evalúa la salud de recién nacidos).

Un estudio interesante publicó que el movimiento fetal en las mujeres que tenían apnea obstructiva del sueño disminuyó 50% durante el sueño no-REM y en 65% durante el sueño REM (etapa del sueño donde hay relajación muscular casi total). Los movimientos fetales aumentaron significativamente cuando la respiración de las mujeres se normalizaba con una máquina de ventilación a presión.

Algunos estudios sugieren que la apnea obstructiva sin tratamiento en una madre pone al niño en riesgo cardiovascular y metabólico. Se necesita una mayor investigación sobre la prevalencia de la apnea obstructiva en mujeres embarazadas y sobre las consecuencias que podría tener para ellas y sus hijos.

Por ahora, las mujeres con factores de riesgo de apnea obstructiva de sueño gestacional deberían relizarse una prueba de sueño. Entre los factores de riesgo se encuentran la obesidad pregestacional, aumento excesivo de peso durante el embarazo, cuello largo, garganta pequeña, ronquidos, fatiga y sueño durante el día, alta presión sanguínea y desarrollo de preeclampsia.

La apnea obstructiva de sueño es uno de los pocos desórdenes que, si se diagnostican en mujeres embarazadas, pueden aprovechar tratamientos seguros para ellas y para el bebé. Dos terapias principales, el CPAP y las terapias orales, son sin medicamentos y seguras en el embarazo. Dado que la apnea obstructiva de sueño gestacional se resuelve por sí sola después del nacimiento del bebé, la mayoría de las mujeres no quieren gastar miles de dólares en tratamientos.

El CPAP, la terapia más veloz para cualquiera con este padecimiento, es quizás el mejor tratamiento para la apnea obstructiva de sueño durante el embarazo. La terapia puede comenzar justo después de que se interprete la prueba de sueño y la máquina puede ser regresada en caso de que la apnea obstructiva de sueño de las mujeres se resuelva después del parto.

 

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Apendicitis en niños: La primera causa de cirugía de urgencia en pediatríaApendicitis en niños: La primera causa de cirugía de urgencia en pediatría

Alejandro Aravena, cirujano pediátrico especialista en emergencias – Hospital Regional Coyhaique

eldivisadero.cl

La apendicitis es la primera causa de cirugía de urgencia en Pediatría, siendo la edad de mayor frecuencia entre los 10 y 12 años. Rara vez ocurre en niños menores a los 8 meses. En efecto, hace pocas semanas se realizó la primera cirugía pediátrica en la ciudad de Puerto Aysén, la que justamente fue una apendicectomía. Pero, ¿cómo detectarla?

El cuadro clásico se inicia con un dolor abdominal poco definido y oscilante, el que posteriormente se vuelve más intenso, constante y localizado. En la mayoría de los casos, el dolor es máximo en el cuadrante inferior derecho (abdomen). Las molestias también se pueden sentir en otras zonas del abdomen, e incluso en los genitales.

Dentro de los síntomas más comunes, están los “vómitos no biliosos transitorios”, los cuales se presentan en el 90% de los casos. También es importante considerar que el uso de antibióticos y antiespasmódicos durante la evolución de esta enfermedad puede retardar el diagnóstico.

La fiebre alta no es un síntoma común en las primeras horas, aunque los niños menores de 5 años pueden presentarla (38,5°C o más). En la medida en que el diagnóstico es más tardío, la fiebre es más frecuente.

En primera instancia, el primer paso es comenzar con el examen físico del paciente, donde la presencia de dolor abdominal en el cuadrante inferior derecho sugiere fuertemente una apendicitis aguda.

Es esencial darse el tiempo necesario y distraer al niño durante el examen, y en caso de duda esta revisión física debe repetirse en forma sucesiva, sobre todo en los niños menores de cuatro años, quienes en general no son capaces de lateralizar el dolor.

El dolor que se produce al soltar el abdomen luego de presionar el cuadrante inferior derecho se conoce como “signo de rebote”, siendo éste el síntoma de mayor valor al momento de evaluar al paciente.

Cuando se ha roto el apéndice, el niño puede verse comprometido, pálido, ojeroso, deshidratado e incluso taquicárdico.

Si bien el examen físico y la historia son los elementos más importantes para llegar al diagnóstico, en ciertos casos es necesario recurrir a la toma de muestras.

Los exámenes de sangre pueden apoyar un diagnóstico de apendicitis cuando están alterados, sin embargo, no son específicos y tienen más valor cuando son normales y pueden con relativa seguridad descartar una inflamación del apéndice.

En algunos casos, es necesario tomar exámenes de orina para descartar infección urinaria.

En lo que a estudios de imagenología se refiere, la radiografía abdominal aporta pocos elementos concluyentes, pero se puede solicitar en casos poco claros.

En ese sentido, la ecografía abdominal se usa con más frecuencia porque no genera efecto secundario y puede mostrar la inflamación del apéndice. Sin embargo depende de la habilidad y experiencia del radiólogo y no siempre está disponible. El scanner o TAC es francamente mejor, pero requiere usar altas dosis de radiación, equivalentes al menos al de 150 radiografías.

Otros diagnósticos que pueden simular una apendicitis son la faringoamigdalitis aguda, neumonía, infección urinaria y gastroenteritis aguda.

¿Cómo se maneja esta enfermedad? Básicamente, para intervenir a un niño con inflamación del apéndice, el primer paso es la hospitalización, instalación de suero, uso de antibióticos –una vez confirmado el diagnóstico- y posteriormente se resuelve quirúrgicamente.

Se puede realizar una apendicectomía con cirugía abierta o laparóscopica, en Pediatría es claramente superior a la cirugía abierta en pacientes obesos, en el resto de los pacientes está en evaluación.

Tras la intervención, el menor es dado de alta cuando: el niño cuenta con una tolerancia oral adecuada, tanto en el consumo de alimentos como de medicamentos; hay ausencia de dolor o bien éste es manejable con analgésicos orales; y por último, cuando ya no hay rastro de fiebre.

La apendicitis es una enfermedad que no sólo puede afectar a los niños cuando se encuentran en sus hogares, sino también mientras están en el colegio o realizando una actividad física, por lo que es muy importante que quienes trabajen con niños y jóvenes sepan cómo detectar los primeros síntomas, lo que sin duda permitirá al equipo médico entregar una ayuda oportuna y resolutiva.

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La licencia por maternidad de mayor duración aumenta las tasas de lactancia materna

Según un estudio, permanecer en casa al menos tres meses disminuye mucho las probabilidades de uso de biberón

Las mujeres que se quedan más tiempo en casa tras tener un bebé son más propensas a darles el pecho, indica un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que las nuevas madres que permanecían en casa tres meses o más eran casi el doble de propensas a alimentar al bebé predominantemente con el seno más allá de los tres meses. Los resultados del estudio aparecen en la edición de junio de la revista Pediatrics.

“Hay que ayudar a las mujeres. Si el gobierno pudiera hacer cambios, como extender la Ley de licencia familiar y médica, las mujeres sabrían que cuentan con seguridad laboral, y eso las ayudaría a desear amamantar a sus bebés”, afirmó la autora del estudio, la Dra. Chinelo Ogbuanu, epidemióloga principal de salud materna e infantil de la división de salud pública del Departamento de Salud Comunitaria de Georgia, en Atlanta.

Dijo que algo incluso mejor sería que la licencia por maternidad con disfrute de pago estuviera disponible para todas las mujeres. “Eso podría ayudar a las mujeres a permanecer más tiempo en casa”, aseguró Ogbuanu. “Algunas mujeres no se toman una licencia porque no les pagan”.

La Ley de licencia familiar y médica de EE. UU., promulgada en 1993, obliga a las empresas a ofrecer doce semanas de licencia sin disfrute de sueldo tras el nacimiento de un niño. Pero dicha ley no aplica para todas las empresas. Las empresas con menos de 50 empleados están exentas, y en todos los casos, las mujeres deben de haber estado en el puesto durante un año o más y haber trabajado al menos 1,250 horas en los últimos doce meses para ser elegibles. Apenas cinco estados ofrecen licencia por maternidad que sobrepasa a la ley federal. California, Hawái, Nueva Jersey, Nueva York y Rhode Island proveen a las mujeres con una compensación salarial parcial tras el nacimiento de un niño.

En comparación, Canadá por lo general provee 17 semanas de licencia por maternidad con disfrute de sueldo, con el 55 por ciento del salario de la mujer, aunque esto varía según la provincia, de acuerdo con la División de Estadísticas de las Naciones Unidas. Suecia ofrece 16 meses de licencia por paternidad o maternidad, con el 80 por ciento del salario del trabajador, y Japón ofrece catorce semanas, con dos tercios del salario, según las Naciones Unidas.

Investigaciones anteriores han señalado que la duración de la licencia por maternidad es un factor significativo en la decisión de una mujer sobre intentar amamantar al bebé, y también en la cesación precoz de la lactancia materna, según la información de respaldo del estudio.

“Muchas mujeres tienen que volver a trabajar en un plazo de seis semanas tras dar a luz”, lamentó la Dra. Deborah Campbell, directora de neonatología del Centro Médico Montefiore de la ciudad de Nueva York. “Pero establecer la lactancia conlleva tiempo. No todos los bebés nacen sabiendo cómo amamantarse. Las madres pueden tener desafíos para la lactancia. Madre y bebé necesitan tiempo para sincronizarse. Incluso con tasas altas de iniciación de la lactancia materna, cuando las mujeres tienen que volver al trabajo, con frecuencia eligen alimentar con una combinación de biberón y leche materna, y el biberón socava la lactancia materna”.

Para tener una mejor idea sobre el impacto de la duración de la licencia por maternidad sobre la lactancia materna, los investigadores revisaron datos de la Cohorte de nacimiento del Estudio longitudinal de la niñez temprana. Ese grupo incluyó a una muestra nacionalmente representativa de 6,510 mujeres que habían dado a luz a un solo niño. Todas las mujeres habían trabajado en los doce meses anteriores al nacimiento de su hijo.

Poco más de dos tercios de las mujeres iniciaron la lactancia materna, según el estudio. Alrededor del 74 por ciento de las que se tomaron una licencia por maternidad de al menos trece semanas iniciaron la lactancia materna, frente a alrededor del 65 por ciento de las que se tomaron entre una y seis semanas de licencia.

Entre las mujeres que se quedaron en casa más de tres meses, el 34 por ciento siguió amamantando de forma predominante durante más de tres meses, frente a 18 por ciento de las mujeres que volvieron al trabajo entre una y seis semanas tras el parto, encontró el estudio.

“Este estudio provee más evidencia de que necesitamos tener más licencia por maternidad para que las mujeres establezcan la lactancia materna, y para fomentar su continuación”, aseguró Campbell.

 

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Relacionan el hecho de beber alcohol poco antes y después de quedar embarazada con los bebés prematuros

Las mujeres blancas con un nivel alto de educación son las más propensas a ir más allá de las recomendaciones para la bebida, halla un estudio británico

Las mujeres que beben antes de quedar embarazadas o durante los tres primeros meses de embarazo podrían tener un riesgo más alto de tener un bebé prematuro o de tamaño pequeño, halla una nueva investigación.

El estudio contó con más de 1,200 mujeres embarazadas de Reino Unido que proporcionaron información sobre sus hábitos de bebida poco antes y durante el embarazo.

El Departamento de Salud del Reino Unido, al igual que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., recomienda que las mujeres embarazadas y las que intentan quedar embarazadas no beban nada de alcohol. Si lo hacen, deberían limitar el alcohol a no más de una o dos unidades a la semana, según las directrices de Reino Unido.

El contenido alcohólico varía. En general, no obstante, una copa grande de vino puede contener más de 3 unidades de alcohol, más del límite semanal.

Los investigadores de la Universidad de Leeds hallaron que el 53 por ciento de las mujeres bebieron más del máximo recomendado de dos unidades de alcohol a la semana durante los primeros tres meses de embarazo. Casi el 40 por ciento bebían más de 10 unidades a la semana justo antes de quedar embarazadas.

Las que bebían más de dos unidades a la semana tenían más probabilidades de ser blancas, mayores, de tener un nivel más alto de educación y de vivir en barrios más ricos, indicaron los investigadores.

Aproximadamente el 13 por ciento de los bebés de las mujeres del estudio tenían un peso bajo, un 4.4 por ciento eran más pequeños de los normal y el 4.3 por ciento nacieron de forma prematura. Las mujeres que bebieron más de dos unidades de alcohol a la semana durante los tres primeros meses de embarazo tenían el doble de probabilidades de tener un bebé pequeño o de forma prematura que las que no bebieron, halló el estudio.

Pero incluso las mujeres que bebieron menos de dos unidades a la semana durante los tres primeros meses tenían más probabilidades de tener un bebé prematuro que las que no bebieron, indicaron los investigadores.

Las mujeres que bebían justo antes de quedar embarazadas también tenían más probabilidades de tener bebés con un tamaño menor al normal, según el estudio, que fue publicado en línea recientemente en la revista Journal of Epidemiology and Community Health.

Los hallazgos muestran que beber durante el embarazo durante los primeros tres meses de embarazo tiene el mayor impacto para los bebés, señalaron los investigadores. El estudio también hizo hincapié en la necesidad de enfatizar a las mujeres que no deberían beber justo antes de o durante el embarazo.

Aunque el estudio encontró una asociación entre el consumo de alcohol y el parto prematuro, no estableció causalidad.

 

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Los problemas de lenguaje son comunes en los niños con TDAH, según un estudio

La ansiedad a menudo va también de la mano con el trastorno de la atención

Los niños que sufren el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) tienen casi 3 veces más probabilidades de sufrir problemas con el lenguaje que los niños que no tienen el TDAH, según una nueva investigación.

Y esas dificultades lingüísticas pueden tener consecuencias académicas de largo alcance, descubrió el estudio.

El estudio, publicado en línea el 21 de abril en la revista Pediatrics, observó a niños de 6 a 8 años con y sin TDAH en Australia.

“Descubrimos que el 40 por ciento de los niños del grupo del TDAH tenían problemas de lenguaje, en comparación con el 17 por ciento del grupo de ‘control'”, señaló Emma Sciberras, psicóloga clínica e investigadora postdoctoral en el Instituto de Investigación Pediátrica Murdoch, en Victoria, Australia. “Las tasas de problemas del lenguaje eran parecidas en los chicos y las chicas con TDAH”, añadió.

Los niños con TDAH normalmente tienen problemas con el rendimiento escolar y la socialización. El impacto que los problemas de lenguaje podrían tener en estos factores no se han estudiado bien, indicaron los autores del estudio.

“Las diferencias en el rendimiento académico entre los niños con TDAH y problemas del lenguaje, en comparación con los que solo tienen TDAH, eran muy grandes y clínicamente significativas”, dijo Sciberras.

Los problemas de lenguaje se refieren al lenguaje hablado, tanto al lenguaje receptivo como al expresivo. El lenguaje receptivo es la capacidad de escuchar y comprender lo que se ha dicho; el expresivo es la capacidad de hablar y de que los demás comprendan.

En un estudio distinto sobre el mismo tema que aparece en la revista, Sciberras y sus colaboradores observaron a casi 400 niños con TDAH, de 5 a 13 años de edad, y hallaron que casi dos tercios tenían uno o más trastornos de ansiedad.

Cuando los niños con TDAH que tenían dos o más trastornos de ansiedad (esto sucedió para un tercio de los niños) su calidad de vida, su conducta y la rendimiento diario se vieron perjudicados, indicaron los investigadores.

“Es muy habitual que los niños con TDAH experimenten dificultades adicionales”, dijo Sciberras. “Ambos estudios demuestran que las dificultades adicionales que aparecen en conjunción con el TDAH, en este caso la ansiedad y los problemas de lenguaje, pueden hacer que el funcionamiento diario resulte todavía más difícil para los niños con TDAH”.

El estudio sobre el lenguaje contó con 179 niños a los que habían diagnosticado TDAH y con 212 sin el trastorno de atención. Menos de la mitad de los niños con TDAH estaban tomando medicamentos como ayuda para controlar sus síntomas.

Después de tener en cuenta los factores sociodemográficos y otras afecciones, como los trastornos del espectro autista, los investigadores descubrieron que el riesgo de tener problemas de lenguaje era 2.8 veces más alto en los niños con TDAH.

Cuando los investigadores observaron cómo estos problemas del lenguaje afectaban al trabajo escolar, hallaron unas puntuaciones más bajas en matemáticas, lectura y académicas.

No obstante, los investigadores no hallaron que los problemas del lenguaje tuvieran un impacto en la socialización.

“Nos sorprendió que los problemas del lenguaje no estuvieran asociados con una conducta social más deficiente en los niños con TDAH”, dijo Sciberras. “Podría ser que los niños con TDAH ya tengan una conducta social más deficiente debido a otros factores, incluyendo los síntomas de su TDAH u otras dificultades asociadas”.

Pero Sciberras advirtió que los problemas de lenguaje podrían complicarse más a medida que estos niños crecen porque las relaciones sociales se hacen más complejas con la edad.

Un experto que no participó en el estudio dijo que éste es un buen recordatorio para los padres y los médicos.

“Si un niño tiene un TDAH y no le va bien en la escuela, aunque los síntomas de su TDAH estén bien controlados, además de realizar pruebas para los problemas de aprendizaje, también debería evaluarse si también sufren problemas de lenguaje. Y eso no es algo que siempre tengamos en cuenta”, dijo el Dr. Bradley Berg, director médico del Centro Pediátrico McLane de Baylor Scott & White Healthcare en Round Rock, Texas.

Pero no está claro si las intervenciones sobre el lenguaje y el habla ayudarán a los jóvenes con TDAH.

Berg también indicó que este problema es como el de “la gallina y el huevo”. “¿Tienen estos niños un trastorno del lenguaje que hace que no comprendan lo que se hace en la escuela y eso les hace estar inquietos y nerviosos porque se aburren? ¿O tienen un TDAH y eso es lo que dificulta la comprensión del lenguaje? ¿O sucede algo en esa zona del cerebro que crea ambos problemas?”, planteó. “No lo sabemos”.

Es posible que los hallazgos de este estudio australiano no sean trasladables a la población estadounidense. Por un lado, las tendencias de los medicamentos podrían ser distintas, dijo Berg.

Para los niños con TDAH que también sufren ansiedad, Sciberras dijo que los medicamentos pueden ser útiles, y un tipo de psicoterapia llamada terapia cognitivo-conductual también podría ser de utilidad. Los investigadores están realizando un estudio sobre el tratamiento de la ansiedad en los niños con TDAH.

“Si a los padres les preocupa que su niño con TDAH tenga ansiedad, dificultades con el lenguaje o cualquier otro tipo de problemas que no se están manejando, les animamos a que comenten sus preocupaciones con el médico que trata a su hijo”, señaló.

 

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 El biberón después del año fomenta la obesidad infantil

El mejor regalo para el primer cumpleaños de su bebé podría ser un ‘pase’ para prevenir la obesidad infantil. ¿Cómo? Tan sencillo como retirarle el biberón. Un equipo de investigadores estadounidenses afirma que mantener esta práctica más allá de los 12 meses aumenta el riesgo de desarrollar obesidad infantil hasta en un 30%.

Según un artículo publicado en ‘The Journal of Pediatrics’, el 17,6% de los bebés estudiados (un total de 6.750) era obeso a los cinco años y medio y el 22,3% de ellos tomaba biberones de leche hasta los dos años. Algunos (18,9%) mantenían este hábito antes de irse a la cama y el resto utilizaba el biberón de forma regular también durante el día.

“No es que la leche sea perjudicial. Lo que falla es el contexto. En algunos casos, se utiliza el biberón en sustitución del chupete (como tranquilizador) y como inductor del sueño y, al final, lo que consigue es un aporte excesivo de calorías que favorece la obesidad”, argumenta Luis Moreno, coordinador del grupo de investigación sobre nutrición infantil de la Universidad de Zaragoza. Como señalan los autores del estudio, “una niña de 24 meses que se va a la cama con un biberón de leche de casi un cuarto de litro recibe aproximadamente el 12% de sus necesidades calóricas diarias”.

Los resultados lo dejan claro. La prevalencia de obesidad entre los pequeños que mantenían dicha costumbre a los 24 meses era del 23%, frente al 16% de los bebés a los que ya se les había retirado el biberón. En definitiva, concluyen los expertos de la Universidad de Temple y de Ohio (ambas en EEUU), “observamos que el primer grupo era un 30% más propenso a ser obeso a los cinco años que los demás”.

La leche materna protege de la obesidad

Lo ideal, recomienda el doctor Moreno, es “promover durante los primeros seis meses la lactancia materna como principal alimento (se adapta a las necesidades del bebé y protege de la obesidad) y a partir de este momento, empezar a utilizar la cuchara de tal forma que al año ya se vaya retirando el biberón”. Para ir deshabituando poco a poco al pequeño, la Asociación Americana de Pediatría lanza algunas recomendaciones para seguir a partir de los nueve meses: “Que las comidas entre horas no se realicen nunca con biberón, para tomar agua mejor usar vasos o tazas y no dejar que el niño se vaya a la cama con el biberón”.

Como explican los autores del artículo, la prevención de la obesidad debería comenzar antes de que los niños empiecen la escuela. El problema, añaden, es que “apenas hay investigaciones que demuestren qué intervenciones son efectivas durante los primeros años”. La limitación del uso del biberón es la primera.

“Hasta ahora, el biberón se había relacionado con déficit de hierro y más probabilidades de caries, pero no con la obesidad”, recuerdan los científicos. Tras la fase de la lactancia materna, sabe reseñar que “la leche no tiene hierro y por sí sola no suple las necesidades que el pequeño tiene. También necesita cantidades importantes de otros alimentos”, explica Luis Moreno. “Es importante que a partir del cuarto o sexto mes, aproximadamente, se introduzcan los cereales; a los seis, las frutas y las verduras; y a los ocho la carne y el pescado. Al principio, triturado y cuando el niño tenga dientes, a partir de los 10 meses, puede empezar a masticar”.

 

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