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 Mantenga a los niños en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás hasta los dos años

Un grupo de pediatría señala que colocar a los niños de este modo y por más tiempo es más seguro

Los niños están mejor protegidos si van en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás hasta los dos años o hasta que alcancen la altura y el peso máximos establecidos por el fabricante del asiento, según las nuevas recomendaciones del grupo de pediatría.

Este es un cambio significativo en comparación con las recomendaciones anteriores, que sugerían mantener a los niños en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás al menos hasta el año de edad o hasta que alcanzaran un peso de 9 kilos (20 libras). Los asientos para automóviles orientados hacia atrás protegen mejor la cabeza, el cuello y la columna de los bebés y niños pequeños durante un accidente, de acuerdo con el Dr. Dennis Durbin, autor del informe y médico de emergencia pediátrica del Hospital Infantil de Filadelfia.

Las nuevas directrices, redactadas por la Academia Estadounidense de Pediatría, aparecen en la edición del 11 de abril de Pediatrics.

Aunque las recomendaciones estaban destinadas a animar a los padres a mantener a los niños en los asientos para automóviles más, tiempo, muchos padres interpretaron esa redacción en el sentido de que debían colocar sus hijos en un asiento orientado hacia delante desde su primer cumpleaños, demasiado pronto, señaló el Dr. Benjamin Hoffman, profesor asociado de pediatría en la Universidad de Nuevo México y técnico e instructor certificado en seguridad del pasajero que no colaboró con el informe.

“Existe esta percepción de que es una buena idea pasar al bebé del asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás al asiento de seguridad para automóvil orientado hacia adelante”, apuntó Hoffman. “Pero si los padres quieren proporcionar a su hijo la mejor protección posible contra las principales causas de muerte infantil, quizá prefieran postergar este paso tanto como puedan”.

La mayoría de los asientos para automóvil orientados hacia atrás pueden proteger a los niños y adaptarse a las nuevas directrices, señaló el informe.

La tasa de mortalidad por accidentes automovilísticos en los niños menores de 16 años descendió 45 por ciento entre 1997 y 2009, según la información de respaldo del artículo.

Aún así los accidentes de tráfico siguen siendo la causa principal de muerte de los niños a partir de los cuatro años. Cada año, más de 1,500 niños menores de 16 años mueren por accidentes de tránsito cada año. Y por cada muerte, unos 18 niños son hospitalizados y 400 sufren heridas graves que requieren atención médica, de acuerdo con el artículo.

Un estudio de 2007 de la revista Injury Prevention encontró que los niños menores de dos años son 75 por ciento menos propensos a morir o a sufrir lesiones graves en un accidente si van en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás.

Sin embargo, los dos años no deberían interpretarse como la edad límite, apuntó Durbin. Si tiene un hijo pequeño para su edad, quizá desee postergar cambiar al niño al asiento orientado hacia adelante, mientras que si el niño es más grande quizá deba hacerlo antes de los dos años.

Las recomendaciones también dicen que un asiento de seguridad orientado hacia adelante con arnés ofrece más protección que un asiento elevado, mientras que un asiento elevado es mejor que usar solamente el cinturón de seguridad.

Los niños deben colocarse en los asientos orientados hacia adelante, tanto como se pueda, incluso hasta los ocho años si el peso o la altura están por debajo del límite permitido por los asientos de seguridad para niños, de acuerdo con las nuevas directrices. Los estudios demuestran que los asientos de seguridad para automóviles reducen el riesgo de lesiones en niños hasta en 82 por ciento y el riesgo de muerte en 28 por ciento, en comparación con el uso de los cinturones de seguridad.

“Los asientos de seguridad tienen más estructura, sobre todo lateral que la mayoría de los asientos elevados”, apuntó Durbin. “Esta estructura añadida podría ofrecer protección adicional, sobre todo en los impactos laterales durante accidente. Además, la mayoría de los asientos de seguridad que se venden en la actualidad utiliza un sistema de arnés de cinco puntos que sujetan mejor a los niños en caso de accidente que los cinturones de seguridad de tres puntos, aun cuando el asiento elevado esté en la posición correcta”.

A los padres también se les recomienda mantener a los niños mayores en un asiento elevado, con el cinturón de seguridad ajustado de manera correcta, hasta que alcancen una altura de 1.45 m (4 pies y 9 pulgadas) de alto o tengan entre 8 y 12 años. El niño promedio alcanza esa estatura en algún momento después de los 10 años de edad, señaló Hoffman.

Refuerce la posición del cinturón de seguridad de modo que el cinturón del hombro se encuentre en la parte central del pecho y del hombro y alejado del cuello o la cara, mientras que mantenga el cinturón del regazo bajo y ajustado en las caderas y los muslos, y lejos de los tejidos blandos del vientre.

Una investigación anterior muestra que los asientos elevados pueden reducir el riesgo de lesiones en 45 por ciento en los niños de 4 a 8 años, en comparación con los niños de esa edad que usan cinturones de seguridad.

“Mantenga a sus niños lo más seguro posible en cada viaje que haga al retrasar la transición entre los distintos tipos de asientos de seguridad para automóviles el mayor tiempo posible”, apuntó Durbin. “Con cada transición que haga, de un asiento de seguridad para automóviles orientado hacia atrás a un asiento de seguridad orientado hacia adelante, desde el asiento elevado al cinturón de seguridad, usted prescinde de cierto nivel de protección y su hijo es más propenso a sufrir lesiones en un accidente”.

Los niños deben ir sentados en el asiento de atrás hasta los 13 años, ya que los estudios muestran que esto reduce el riesgo de lesión entre 40 y 70 por ciento, agregó la AAP.

El grupo de pediatría también recomendó que los asientos de seguridad para niños no se deben usar fuera del automóvil, como a menudo sucede, ya que pueden volcar y caer de una mesa, mostradores y otras superficies. Más de 8,000 niños se lesionan cada año cuando los asientos de seguridad se utilizan de forma incorrecta o para fines no deseados, advirtió un informe complementario.

“El seguimiento de estas directrices dará a los padres la tranquilidad de que están haciendo lo mejor posible para proteger a sus hijos de las lesiones en caso de un accidente de tráfico”, apuntó Durbin.

El típico asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás es ideal para niños de hasta 40 libras (18.4 kilos), aunque hay más de 40 modelos que pueden adaptarse a niños de hasta 60, 65 o incluso 85 libras (27.2, 29.5 y 38.6 kilos, respectivamente), apuntó Hoffman.

 

 

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Síndrome de West, la rara enfermedad que le “roba” la sonrisa a los bebés

bebesymas.com

En Bebés y más hemos hablado en diversas ocasiones de enfermedades que afectan a los bebés y niños pequeños. En el tema de las condiciones relacionadas con la epilepsia infantil hay ocasiones en las algunos tipos de epilepsia son diagnosticados de manera errónea pues los síntomas pueden pasar desapercibidos, como en el caso del síndrome de West.

Esta enfermedad se caracteriza por espasmos infantiles y retraso psicomotor, siendo este último el motivo por el que los infantes pierden la sonrisa a causa de esta condición.

¿Qué es el síndrome de West?

El sindrome de West o de síndrome de espasmos infantiles es una encefalopatía epiléptica de la infancia, una enfermedad que es grave pero poco frecuente. Se caracteriza por tres elementos: espasmos epilépticos, retardo del desarrollo psicomotor e hipsarritmia en el electroencefalograma, aunque uno de estos puede estar ausente.

Esta condición se presenta aproximadamente en 1 de cada 4 mil a 6 mil bebés y predomina en el sexo masculino. Los niños con síndrome de West suelen manifestar la condición entre los 3 y 7 meses de edad, aunque ha habido casos en los que aparece hasta pasados los 2 años. Pese a que se han tenido avances en su tratamiento, ha habido casos en los que no se detecta a tiempo, especialmente cuando los síntomas son leves, ya que las convulsiones se pueden confundir con hipo, cólicos o dolor abdominal.

Las causas que provocan este síndrome pueden ser prenatales, perinatales o postnatales. Las causas prenatales son las más frecuentes y entre ellas se encuentran las siguientes:

  • Displasia cerebral, es la causa más frecuente. Incluye: esclerosis tuberosa, neurofibromatosis, síndrome de Sturge-Weber, síndrome del nevus epidérmico con hemimegalencefalia, síndrome de Aicardi, displasia focal cortical, entre otros.
  • Anomalías cromosómicas como síndrome de Down o síndrome de Miller Dieker.
  • Infección: citomegalovirus, herpes simple, rubéola, toxoplasmosis o sífilis (cuando afectan al feto).
  • Enfermedades metabólicas.
  • Síndrome congénito como síndrome de Sjogren-Larsson, síndrome de CHARGE, síndrome de PEHO, síndrome de Smith-Lemli-Optiz, enfermedad de Fahr, entre otros.
  • Hipoxia o isquemia de causa prenatal: poroencefalia, hidranencefalia, leucomalacia periventricular.

Las causas perinatales son las que tienen lugar entre la semana 28 del embarazo y los primeros siete días de vida, y entre ellas se incluyen:

  1. Encefalopatía hipóxico-isquémica, necrosis selectiva neural, status marmoratus, daño cerebral parasagital, leucomalacia periventricular, necrosis isquémica focal y multifocal (poroencefalia, encefalomalacia multiquística).
  2. Hipoglicemia.

Las causas postnatales son las menos frecuentes entre los bebés diagnosticados con síndrome de West e incluyen:

  • Infecciones como meningitis bacteriana (tuberculosis, meningococo, neumococo), absceso cerebral, meningoencefalitis de etiología viral (sarampión, varicela, herpes simple, enterovirus, adenovirus, citomegalovirus, virus Epstein-Barr, entre otros).
  • Hemorragia y trauma: hemorragia subdural y subaracnoidea.
  • Encefalopatía hipóxicoisquémica: paro cardíaco, entre otros.
  • Tumor cerebral.

La terapia de esteroides y el uso de fármacos suelen ser efectivos en el tratamiento de esta enfermedad cuando se detecta en edad temprana, pero en general, tiene un mal prónostico. El 90% de los casos presentan un retraso psicomotor importante, con limitaciones motoras y rasgos de personalidad autista.

El síndrome de West tiene una mortalidad del 5%, y casi la mitad de los casos pueden desarrollar otros síndromes epilépticos, como el síndrome de Lennox-Gastaut. La mayoría de los niños presentará secuelas graves como retraso mental y epilepsia grave, mientras que alrededor del 10% tendrán una vida normal.

Síntomas del síndrome de West

Como lo mencioné previamente, existen tres elementos que manifiestan la presencia del síntoma en bebés:

Espasmos epilépticos

Los espasmos se caracterizan por la contracción brusca, generalmente bilateral y simétrica de los músculos del cuello, tronco y extremidades. Suelen acompañarse de la pérdida de conciencia.

Existen 3 tipos principales de espasmos: en flexión (cabeceo o encogimiento de hombros), extensión (brusca extensión del cuello y del tronco, con extensión y abducción de las 4 extremidades) y mixtos.

Retraso psicomotor

En bebés con síndrome de West es posible detectar un retraso psicomotor incluso antes de que cominencen a presentarse los espasmos infantiles. En este retraso hay pérdidas de habilidades adquiridas y anormalidades neurológicas.

Este retraso psicomotor se manifiesta con la modificación del humor. El bebé comienza a ser indiferente, mostrando pérdida de la sonrisa y de las reacciones a los estímulos sensoriales. Abandonan la presión de los objetos y seguimiento ocular, se vuelven muy irritables, lloran sin motivo y duermen peor.

Alteraciones del EEG

Durante la realización de un electroencefalograma se presenta hipsarritmia, que consiste en el enlentecimiento y la desorganización de la actividad eléctrica cerebral, en forma de trazado caótico con mezcla de puntas y ondas lentas independientes.

Cómo identificar si tu bebé padece espasmos infantiles

Las características más comunes de los espasmos infantiles son las siguientes:

  • El patrón típico de los espasmos consiste en una flexión repentina hacia adelante y una rigidez del cuerpo, brazos y piernas.
  • Cada ataque dura solo un segundo o dos, pero suelen ser en serie.
  • Son más comunes después de despertar pero rara vez ocurren durante el sueño.
  • Suelen comenzar a manifestarse entre los 3 y 7 meses de edad.

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 Una buena nutrición puede aliviar la deficiencia pulmonar de bebés prematuros

Washington, 26 ene (EFE).- La enfermedad pulmonar que suelen desarrollar los bebés prematuros que requieren una prolongada ventilación tras su nacimiento, puede aliviarse con una nutrición adecuada, según un estudio de la Universidad de Michigan (EEUU).

La investigación, publicada hoy en la revista médica “Pediatric Pulmonology”, demuestra la relación entre el desarrollo pulmonar de los niños y su régimen de alimentación.

Así, entre los 18 bebés con displasia broncopulmonar (DBP) en los que se basa el estudio, aquellos que ganaban peso por encima de la media vieron mejorados sus volúmenes pulmonares de manera notable.

La DBP se desarrolla típicamente en los bebés prematuros que requieren una prolongada ventilación o terapia de oxígeno después del nacimiento, lo que lleva a reducciones significativas en el flujo de aire en comparación con los niños que nacen en el término de nueve meses.

Además, los bebés que sufren esta enfermedad pulmonar tienen más probabilidades de desarrollar asma en el futuro.

Los responsables del estudio advierten que se necesitan más investigaciones sobre los efectos de distintos regímenes nutricionales en el crecimiento pulmonar, al tiempo que reconocen que, incluso los bebés que mejoran con una buena alimentación, no son capaces de alcanzar los volúmenes pulmonares de los niños no prematuros.

Se considera prematuros a los bebés que nacen antes de las 37 semanas de embarazo. EFE

 

 

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Vigilancia del bebé en diabetes gestacional

Ante los riesgos con el aumento de la glucosa en el embarazo, es necesario realizar diversos estudios a fin de corroborar el sano desarrollo del bebé

Uno de los principales temores de la mamá cuando se le diagnostica diabetes gestacional es el riesgo de que su bebé nazca muerto, es por ello que el monitoreo constante del desarrollo fetal es fundamental.

El doctor Francisco Ibargüengoitia, jefe del Departamento de Obstetricia del Instituto de Perinatología, explicó a SUMEDICO que el monitoreo fetal para revisar el tamaño y la salud del bebé se realiza a través de la ecografía y cardiotocografía en reposo.

Una cardiotocografía en reposo, precisó,  es un examen simple e indoloro a través de una máquina que, a través del vientre materno, permite percibir y mostrar los latidos cardíacos del bebé.

Es normal, apuntó,  que cuando el bebé se mueve su  frecuencia cardíaca se eleve a 15 o 20 latidos por encima de la tasa regular, pero en todo caso el médico puede comparar el patrón de latidos con los movimientos y averiguar si está bien.

¿Cuándo se requiere la cesárea?

Otro de los problemas frecuentes de la diabetes gestacional es que, precisamente por los altos niveles de azúcar, el bebé tiende a alcanzar un gran tamaño y esto, al momento del parto, también pone en riesgo su vida.

Es por ello que también se debe dar un puntual seguimiento al tamaño y peso que pueda alcanzar el bebé, enfatizó el doctor Francisco Ibargüengoitia, pues en caso necesario se debe de advertir a la mamá respecto a la necesidad de una cesárea.

Pero eso no es todo, después de haber nacido, se debe de mantener la vigilancia en el desarrollo del niño, pues este puede desarrollar diabetes durante su crecimiento.

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La lactancia vence a las farmacéuticas

La proliferación de políticas que fomentan dar el pecho ha devuelto al biberón a la excepcionalidad

Acaban de parir y no saben cómo alimentar a sus hijos. Lo que tienen claro es que, al menos en el primer medio año, no quieren darles el biberón. La lactancia materna ha dejado de ser cuestionada. Las estrategias de las autoridades sanitarias y de los hospitales han dado su fruto: la alimentación natural ha desbancado a la leche de laboratorio.

Una docena de mujeres, todavía con las barrigas hinchadas tras el parto reciente, atienden a las indicaciones de Juana María Aguilar, la enfermera consultora de lactancia materna del Hospital 12 de Octubre de Madrid. El centro imparte desde 2007 un taller de lactancia. Las dudas de las madres recientes son tantas, que obvian por una hora el dolor que aún les dura para asistir a la charla. “Si os sentís mal, podéis salir cuando queráis”, les insiste Juana, muy dulcemente, al inicio de la clase. Ellas sonríen, mientras se acomodan en las sillas de madera de la sala.

El llanto, señal de hambre

“Cuando un niño nace, está acostumbrado, durante nueve meses, a comer constantemente a través del cordón umbilical. De repente, eso se le corta. El niño debe comer cuando quiera. No se le debe someter a horarios. No hay que esperar a que el niño llore, el llanto se considera un signo tardío del hambre. ¿No nos entra mal humor a nosotros cuando llevamos media hora esperando en la mesa?”, explica Juana.

Las mujeres escuchan atentas. Con sus bebés en brazos, las parturientas asumen que a partir de ahora su rutina, sobre todo en los primeros días de vida de sus hijos, va a estar marcado por el hambre que tengan los niños. Ellas dormirán, comerán, saldrán a pasear o se relajarán dependiendo de cuándo el bebé tenga ganas de mamar.

Todas quieren amamantar a sus bebés. Sólo les darán el biberón si no hay otra opción. “Hay alguien que tiene la sensación de que no tiene leche?”, pregunta Pilar. Una de las madres levanta el brazo. “Muy pocas mujeres no tienen leche, son mujeres que están operadas del pecho o tienen enfermedades muy graves, pero son excepciones”, la tranquiliza la enfermera.

Marta, de 38 años, tiene claro que dará de mamar a su hijo, el segundo, hasta que pueda. Para ello, agotará la baja en la empresa donde trabaja como consultora. En su anterior parto cogió una excedencia. “Yo estoy notando en los últimos años que muchas amigas que antes sólo miraban por su trabajo, ahora incluso piden excedencias para poder cuidar el máximo de tiempo a sus hijos”, explica. Disponer de ese tiempo significa permitirse amamantar al bebé.

Los expertos aseguran que tras la moda del biberón de las últimas décadas estaba la industria farmacéutica. “En los últimos 50 años la atención al parto y al nacimiento se ha ido medicalizando a ritmo vertiginoso, por la aplicación de la alta tecnología y por la vulnerabilidad del colectivo médico y enfermero a las presiones de la industria farmacéutica”, asegura Isabel Espiga, del Observatorio de Salud de la Mujer del Ministerio de Sanidad.

Presiones y liberación

Fueron los fabricantes de leche para bebés los que fomentaron el biberón, explica Juana María Aguilar. Se suponía que el biberón liberaba a la mujer. “Se aprovechó para decir que la lactancia artificial liberaba a las mujeres. Pero no es cierto. La lactancia materna, además de sus beneficios nutricionales, supone beneficios psicológicos, emocionales y de equilibrio global del crecimiento del bebé y de su vínculo con la madre”, destaca Isabel Espiga.

“Se vendió la idea de que el biberón lo puede dar también el padre, fomentando de esta forma la equidad. Lo que tiene que hacer el padre es, cuando la madre da de mamar, poner la lavadora, cocinar, limpiar la casa… En realidad, la depresión posparto no es otra cosa que una recarga de trabajo”, insiste Isabel Espiga.

Las primeras iniciativas de fomento de la lactancia comenzaron a hacerse en 2005. Ese mismo año, el Ministerio de Sanidad aprobó el primer plan de calidad que contemplaba el fomento de la lactancia. Dos años después, aprobó la Estrategia de Atención al Parto, que también potenciaba dar el pecho.

“La lactancia es lo que la mayoría de madres desean. No se abandonó porque hubiera algo mejor, sino por las rutinas que se impusieron en los hospitales, con normas y horarios que hacían difícil dar el pecho. Por ejemplo, ahora el niño mama a demanda, cuando tiene hambre. Antes, había muchas teorías, una de ellas decía que se tenía que dar diez minutos de cada pecho y repetir cada cuatro horas”, explica Carlos González, pediatra y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM).

Este experto atribuye el cambio en la tendencia al viraje de la rutina de los hospitales. “El debate sobre la lactancia es falso, no hay que argumentar si es buena o no. Las madres no dan el pecho porque un médico les diga que es lo mejor, es la forma natural de alimentar al niño”, explica. Dar de mamar no es cuestión de modas, sí lo fue sustituir el pecho por el biberón.

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“Separar a un bebé de su madre las primeras horas es muy perjudicial”

Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal, contesta en esta entrevista sobre los procesos que se producen en los cerebros de las puérperas en el parto

elpais.com

De los grandes enigmas que tiene la ciencia, uno de ellos siempre ha sido el parto y los procesos que se desencadenan con él en los cerebros de los dos protagonistas: la madre y el bebé.

Cada día sabemos más y cuánto más se sabe, más se pone de manifiesto que es un hecho casi milagroso donde todo se pone al servicio de que esos dos seres humanos se complementen de la mejor manera posible. De esta manera, se produce un enamoramiento que facilita la supervivencia, esto es, que la madre quiera estar pegado a la cría haciendo posible que ésta sobreviva sin problemas.

Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal, profesora asociada de la Universidad de Alcalá y una de las fundadoras de El parto es nuestro, lleva muchos años impartiendo conferencias donde explica de manera detallada todos los procesos biológicos, químicos y llenos de amor que se producen en el acto de parir. Es todo ciencia pero muchas veces parece algo casi milagroso.

Pregunta. ¿Qué sabemos, qué sabe la ciencia de lo que pasa con los cerebros del bebé y la madre justo cuando se acaba de producir el parto?

Respuesta. El parto es un momento irrepetible e irreproducible desde el punto de vista neuroquímico. Nada más parir, el cerebro de la madre y el de su bebé se encuentran bañados en hormonas como la oxitocina, las endorfinas y la adrenalina. Esto facilita que el primer encuentro en condiciones fisiológicas pueda tener una intensidad indescriptible, y que además, quede profundamente grabado tanto en la memoria de la madre como en la del bebé. Lo que ha previsto la naturaleza es que ese primer encuentro sea amoroso, placentero y adictivo, para que las madres quieran permanecer muy cerca de sus bebés durante los primeros meses de su vida como mínimo. Todo esto en condiciones fisiológicas, es decir, si no alteramos esa química cerebral propia del parto con fármacos o con intervenciones…

P. ¿Los protocolos se establecen en función a qué? Porque si el bebé y la madre necesitan estar pegados durante los primeros momentos, ¿por qué separarlos para lavar al bebé, hacerle pruebas y demás? ¿Esto puede esperar o no?

R. Los protocolos basados en la evidencia científica recomiendan no separar al recién nacido de su madre como mínimo en las dos primeras horas que siguen al nacimiento. Hacerlo es altamente perjudicial especialmente para la salud del bebé. Si no separamos al recién nacido de su madre se lo vamos a poner todo mucho más fácil, el estrés del parto se resuelve rápidamente, la lactancia se va a iniciar espontáneamente, la interacción madre bebé va a ser mejor incluso un año después del parto… Separar a un recién nacido de su madre conlleva un estrés inmenso para el bebé junto con una vivencia que puede ser de abandono. Y para la madre…Se sabe que cuando más agresivas son todas las mamíferas es en la hora tras el parto si alguien les quita a sus crías: esto sucede en las leonas, en las ratas, etc… Sin embargo, nadie ha estudiado esta reacción agresiva en las mujeres cuando se las separa del bebé recién nacido. Tal vez por razones culturales volquemos esa reacción contra nosotras mismas, obviamente no vamos a agredir al pediatra que se lleva a nuestro bebé, pero probablemente a nivel de química cerebral pasen las mismas cosas que cuando a la leona le quitan al cachorro. ¿Será un factor para la depresión posparto? No lo sabemos aún. Sólo una grave urgencia médica justifica separar a un recién nacido de su madre, y en ese caso de todas formas el bebé debería estar siempre acompañado de su padre u otro familiar.

P. ¿Qué es para ti un nido del hospital?

R. Una entelequia, un triste vestigio del pasado, de cuando no sabíamos lo traumáticas que eran esas separaciones, de cuando se pensaba que los bebés no se enteraban de nada ni padecían ni sentían… Los bebés tienen derecho a estar siempre acompañados por un familiar durante la hospitalización, pero es que además es algo muy necesario para la salud. Pasar la noche sin tu madre es un estrés monumental cuando tienes pocas horas o días de vida.

P. ¿Qué ha pasado con las mujeres que ahora no “sabemos” parir y tenemos tantas cesáreas y tantos partos intervenidos? ¿Por qué los políticos no les hacen caso, por qué no les escuchan?

R. La atención al parto en la mayoría de los casos se basa en el miedo a las posibles complicaciones. Ese miedo hace que en muchísimos casos se intervenga demasiado pronto y que, además, muchas de esas intervenciones supuestamente destinadas a “acelerar” o “facilitar” el parto produzcan el efecto contrario: complican el parto, ponen en peligro la llegada de oxigeno al bebé, y hacen que en muchos casos al final sean necesarias cesáreas u otras intervenciones para arreglar el desaguisado previo. Es lo que se conoce como cascada de intervenciones, que es fácil que suceda en un contexto de medicina defensiva, obviamente. Y por otro lado en el parto hay una lucha de poder enorme, no solo entre profesionales (médicos y matronas, por ejemplo), también entre los profesionales y las mujeres que cada vez reclaman más ser tratadas con respeto. La violencia obstétrica existe, es grave, y viene siendo denunciada por la OMS. El parto es un momento de sensibilidad y vulnerabilidad extremas para la parturienta. Atender partos requiere paciencia, cuidado exquisito, respeto por la fisiología, tiempo… Lo mismo que se necesita para hacer bien el amor dado que las hormonas que participan son las mismas… Sin embargo esta dimensión sexual del parto se niega o se ignora sistemáticamente. En fin, que es un problema tremendamente complejo.

P. Dice el obstetra francés Michel Odent, uno de los defensores más conocidos del parto natural, que para cambiar el mundo hay que cambiar la forma en la que nacemos.

R. Si el parto y el nacimiento son respetados (y esto no excluye que en ocasiones haya que hacer cesáreas u otras intervenciones), las madres salen más fuertes emocionalmente del mismo. Les va a ser más fácil criar a sus bebés, lo van a disfrutar y además les van a cuidar y proteger mucho mejor. Si los bebés encuentran una madre y una familia amorosa cuando llegan al mundo es altamente probable que crezcan sintiéndose queridos, lo que les hará adultos empáticos y sensibles. Cuando hablamos de cambiar el mundo nos referimos a que la violencia hay que erradicarla desde el nacimiento, algo que todavía no se reconoce en muchísimos lugares.

P. Los cuidados a la salud mental perinatal en España están bajo mínimos. ¿Por qué? ¿Por qué no se entiende que la salud mental de la mujer tras el parto es tan importante? Y, ¿sobre todo, por qué lo es?

R. Me parece muy difícil ser madre hoy en día en este país. Todo lo que tiene ver con los cuidados está infravalorado e invisibilizado. Las mujeres que desean ser madres se enfrentan a una verdadera carrera de obstáculos, comenzando por esa imposible conciliación laboral que creo que en buena medida es reflejo de la sociedad capitalista en la que vivimos. Se prioriza el consumo por encima de los cuidados, y no se reconoce el valor social que tiene gestar, parir, amamantar o criar a los futuros ciudadanos. En ese contexto, muchísimas madres sufren de ansiedad y depresión incluso desde el embarazo. Pero no se quiere reconocer ese malestar. Por otra parte, la psiquiatría tradicionalmente ha culpado a las madres de muchos trastornos. Solo ahora se empieza a reconocer la importancia de prevenir, detectar, diagnosticar y tratar los trastornos mentales perinatales. Es importante hacerlo porque con ello se alivia sufrimiento, se previenen rupturas de pareja, trastornos psiquiátricos infantiles e incluso infanticidios…

P. Custodia compartida desde el nacimiento. ¿Qué opinión te merece separar a la madre del recién nacido? Damos por hecho que no hablamos de una madre que puede poner en riesgo a su hijo, claro.

R. No tiene ningún sentido. Un recién nacido o un bebé no puede ir de aquí para allá. Quien plantee eso desconoce por completo las necesidades afectivas de los recién nacidos.

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Ningún niño debe ver TV o usar el celular antes del año y medio

Según nueva guía pediátrica de EE.UU. que además pide que entre los 18 meses y los cinco años sólo usen estos aparatos una hora al día.

latercera.com

La omnipresencia de televisores, teléfonos, tabletas y juegos electrónicos en los hogares ha hecho que la Academia Americana de Pediatría (AAP, sus siglas en inglés) publicara nuevas guías para ayudar a padres y adultos a ordenar el uso que sus hijos le dan a estos dispositivos.

El documento incluye dos recomendaciones claves: acompañar siempre a los menores mientras estén usando pantallas y desarrollar un “plan de medios familiar”, para que se considere las necesidades de salud, educación y entretenimiento de cada niño y miembros de la familia.

Las nuevas directrices señalan que antes de los 18 meses, la indicación es evitar las pantallas, salvo llamada por video chat. Entre los 18 y los 24 meses, pueden usar algunos medios siempre que éstos tengan valor educativo y estén acompañados de los padres.

Entre los dos y los cinco años, la recomendación es que los menores no vean más de una hora de pantalla al día, siempre junto a los padres para que les ayuden a entender lo que ven y lo apliquen en su mundo. A partir de los seis años, los pediatras piden que se pongan límites de acuerdo al tiempo que los niños dedican a otras actividades como dormir, la actividad física, juegos al aire libre y las horas de estudio. El objetivo es que el tiempo de pantalla no quite minutos a estas otras actividades.

Jenny Radesky, experta de AAP y una de las autoras de la declaración, explicó que el uso excesivo de pantallas hace que los niños no tengan tiempo suficiente para jugar, estudiar, hablar o dormir. Lo más importante, dijo, es que los padres sean “mentores de los medios de comunicación de sus hijos”, es decir, que les deben enseñar a usar estos aparatos como “herramientas para crear, conectar y aprender”.

La propuesta de la academia estadounidense se centra en la creatividad y el tiempo de juego “desenchufado” para los pequeños.

Otro punto importante es la restricción horaria y de lugares que debe cumplir toda la familia: se deben designar tiempos libres de pantallas como la hora de comer y lugares dentro de la casa sin acceso a ellos, como los dormitorios, por ejemplo.

Ana Marina Briceño, psiquiatra de la Unidad de Adolescencia de Clínica Alemana explica que el acompañamiento que se pide de los padres “tiene que ver con que el niño más pequeño pueda traspasar al mundo real, análogo, lo que está viendo en la pantalla”. “A los dos o cuatro años, no tienen la capacidad de diferenciar lo que es real y pasar ese aprendizaje a la vida. El adulto debe ser mediador entre lo que el niño está viendo. Incluso, si son más grandes, se pueden asustar con algunas imágenes o llorar, por ejemplo, con películas como Bambi. Hay que estar al lado de ellos, estar atento a sus preguntas, responder sus inquietudes y percibir sus emociones y reacciones frente a lo que ven”, indica la especialista.

La psiquiatra reconoce que las pantallas son las nuevas niñeras o el dispositivo de entretención para los niños en momento en que los adultos no quieren ser molestados.

Cuando se trata de niños más grandes y adolescentes, Briceño cree que la medida más efectiva es sacar las pantallas del lugar en el que duermen. “Es frecuente que se queden chateando hasta tarde y eso efectivamente les quita horas de sueño. Los papás deben revisar los últimos horarios de conexión. Dormir menos repercute en el rendimiento físico, los vuelve más irritables, disminuye la concentración y dificulta la producción de la hormona del crecimiento”, señala.

Lo ideal es que los equipos se carguen fuera del dormitorio y si están dentro, que se desconecten durante la noche porque emiten ruido y luz cada vez que llegan mensajes y eso entorpece el descanso.

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Aconsejan que niños vean al oculista antes del primer año

Cataratas. Cuanto antes se detecten mejor se podrá desarrollar la vista

Realizar un estudio oftalmológico a bebés recién nacidos podría ayudar a detectar más cataratas congénitas y mejorar resultados en tratamientos, señalan especialistas en Oftalmología pediátrica. El MSP lo… exige recién desde los tres años.

Se estima que entre 17% y 20% de los niños uruguayos tiene algún problema visual que sus padres desconocen, de acuerdo a dos investigaciones realizadas por la Facultad de Medicina y la clínica Oftalmología Privada en los últimos años. Es decir, casi dos de cada cinco niños tiene problemas en la vista y sus padres no lo saben.

Osvaldo Borrás, coordinador de Oftalmología Pediátrica de la Asociación Española y uno de los responsables de la clínica Oftalmología Privada, apunta que es muy difícil explicitar qué cantidad de estos problemas corresponden a cataratas. De todas formas, hay datos internacionales que de acuerdo al experto ilustran la realidad uruguaya: la incidencia de la enfermedad (cantidad de casos por año) es de entre 1 y 15 cada 10.000 niños.

Aunque las cataratas suelen asociarse con los ancianos y se tornan más frecuentes con el paso de los años, hay niños que también las sufren.

¿Qué son? Las cataratas aparecen cuando el cristalino -lente que enfoca la luz captada por el ojo- se opaca. Es como cuando los lentes se empañan. La consecuencia es que la luz no ingresa al globo ocular como debería y la imagen que se proyecta sobre la retina es difusa.

Una de las particularidades de la enfermedad cuando afecta a las niños, especialmente si son muy pequeños, es que es difícil distinguir qué y cómo ven.

De ahí que Borrás resalte que sería muy recomendable realizar un screening en todos los niños recién nacidos para descartar, o detectar, este problema. Miguel Zilberglajt, presidente de la Asociación Uruguaya de Oftalmólogos coincide con él. “Habría que ver a todo niño antes del año, y mejor si es antes de los seis meses”, considera Zilberglajt, ex profesor adjunto de la Cátedra de Oftalmología de la Universidad de la República.

El Ministerio de Salud Pública establece en el carnet del niño y de la niña que las consultas oftalmológicas deben ser realizadas a los tres, cinco y 12 años. Consultado por El País sobre si el MSP evaluaba exigir los controles antes de los tres años, el director de la Niñez del MSP, Gustavo Giachetto, se limitó a señalar que “lo recomendado” está en el “carné del niño y la niña. No es precisamente eso”.

En bebés prematuros los controles sí son más exigentes. Los menores de 28 semanas de edad gestacional (7 meses) o peso menor a 1.500 gramos deben ser sometidos a un primer control a las tres semanas del nacimiento. Y si nacen entre las 28 y las 32 semanas las consultas son obligatorias a partir del mes.

¿Por qué es tan importante intentar detectar la enfermedad lo antes posible? Principalmente por dos razones: las cataratas pueden causar ceguera y, si no se corrigen antes de los seis o siete años, la visión no llegará nunca a desarrollarse correctamente.

CÓMO DETECTARLA. Lo que el oftalmólogo busca en la consulta es el “reflejo rosado pupilar”. “Es lo que vemos cuando sacamos una foto con flash y aparecen las pupilas rojas”, ilustra Borrás. “La ausencia de reflejo rosado denuncia una alteración ya sea en el cristalino (catarata) o en la retina (podría ser un tumor)”, agrega Borrás, cirujano oftalmológico.

“En fotos de frente del bebé si (el reflejo rosado) sale en un ojo y no en el otro debería ser motivo de consulta”, comenta el especialista. Aunque admite que el reflejo puede no aparecer por otras causas apunta que “es un signo de alerta”.

Cuando el niño tiene cataratas lo que suele aparecer en su pupila es una mancha blanca, algo que muchas veces puede percibirse.

Otro síntoma que puede indicar la presencia de la enfermedad es el “nistagmus”, movimiento incontrolado e involuntario de los ojos, en sentido lateral o rotatorio. La ausencia del seguimiento con la mirada (reflejo que se termina de establecer a los tres meses de vida), el estrabismo (desviación de la vista) y la molestia frente a la luz (fotofobia) también pueden ser indicadores.

Según Zilberglajt lo exacto de porqué aparece la enfermedad se desconoce. Pero hay patologías que pueden provocarlas como la galactosemia -alteración de una enzima que procesa lácteos- y la rubéola. También pueden ser consecuencia de complicaciones en el canal de parto, infecciones intrauterinas y alteraciones cromosómicas. En algunos casos aparecen al nacer (congénitas) y en otros durante el crecimiento. Los antecedentes de cataratas congénitas en la familia son otro factor de riesgo.

TRATAMIENTO. La recuperación es una combinación entre intervenciones, lentes, oclusión de los ojos y control del desarrollo de la vista. En suma, debe integrar esfuerzos del médico, de los padres, y del niño.

Para Zilberglajt es importante que las familias comprendan esto. “Es un tratamiento de seis años”, advierte el técnico. Es decir, hay que hacerlo durante todo el proceso de desarrollo de la visión.

No todas las cataratas necesitan cirugía. Según Zilberglajt solo las requieren las que son visualmente incapacitantes. En las otras se vigila que la agudeza visual no disminuya.

En aquellos que sí necesitan cirugía, el cristalino opaco es reemplazado por un lente intraocular. La intervención suele realizarse recién después del año, para que los órganos estén más desarrollados.

Después de la operación el comportamiento de los niños suele modificarse. Zilberglajt recuerda haber operado niños menores de cuatro años que se frotaban los ojos y estaban tristes, “como apagados”. Según cuenta dejaron de estarlo.

Borrás apunta que a veces la cirugía es exitosa pero el desarrollo posterior no. Cuando las cataratas están en un solo ojo el cerebro tiende a “elegir” el ojo sano; el que fue operado no es estimulado y la visión no se desarrolla igual de los dos lados. Ahí es donde entran los padres tapando el ojo sano y asegurando que el niño no se quite el parche, ya que si lo hacen pueden poner en riesgo su vista, asegura Zilberglajt.

Lejos de lo que podría pensarse, el pronóstico es mejor cuando las cataratas están en los dos ojos porque, tras la intervención, se desarrollan simultáneamente. Algunos niños necesitan también usar lentes convencionales para ver de cerca.

 

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