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 El biberón después del año fomenta la obesidad infantil

El mejor regalo para el primer cumpleaños de su bebé podría ser un ‘pase’ para prevenir la obesidad infantil. ¿Cómo? Tan sencillo como retirarle el biberón. Un equipo de investigadores estadounidenses afirma que mantener esta práctica más allá de los 12 meses aumenta el riesgo de desarrollar obesidad infantil hasta en un 30%.

Según un artículo publicado en ‘The Journal of Pediatrics’, el 17,6% de los bebés estudiados (un total de 6.750) era obeso a los cinco años y medio y el 22,3% de ellos tomaba biberones de leche hasta los dos años. Algunos (18,9%) mantenían este hábito antes de irse a la cama y el resto utilizaba el biberón de forma regular también durante el día.

“No es que la leche sea perjudicial. Lo que falla es el contexto. En algunos casos, se utiliza el biberón en sustitución del chupete (como tranquilizador) y como inductor del sueño y, al final, lo que consigue es un aporte excesivo de calorías que favorece la obesidad”, argumenta Luis Moreno, coordinador del grupo de investigación sobre nutrición infantil de la Universidad de Zaragoza. Como señalan los autores del estudio, “una niña de 24 meses que se va a la cama con un biberón de leche de casi un cuarto de litro recibe aproximadamente el 12% de sus necesidades calóricas diarias”.

Los resultados lo dejan claro. La prevalencia de obesidad entre los pequeños que mantenían dicha costumbre a los 24 meses era del 23%, frente al 16% de los bebés a los que ya se les había retirado el biberón. En definitiva, concluyen los expertos de la Universidad de Temple y de Ohio (ambas en EEUU), “observamos que el primer grupo era un 30% más propenso a ser obeso a los cinco años que los demás”.

La leche materna protege de la obesidad

Lo ideal, recomienda el doctor Moreno, es “promover durante los primeros seis meses la lactancia materna como principal alimento (se adapta a las necesidades del bebé y protege de la obesidad) y a partir de este momento, empezar a utilizar la cuchara de tal forma que al año ya se vaya retirando el biberón”. Para ir deshabituando poco a poco al pequeño, la Asociación Americana de Pediatría lanza algunas recomendaciones para seguir a partir de los nueve meses: “Que las comidas entre horas no se realicen nunca con biberón, para tomar agua mejor usar vasos o tazas y no dejar que el niño se vaya a la cama con el biberón”.

Como explican los autores del artículo, la prevención de la obesidad debería comenzar antes de que los niños empiecen la escuela. El problema, añaden, es que “apenas hay investigaciones que demuestren qué intervenciones son efectivas durante los primeros años”. La limitación del uso del biberón es la primera.

“Hasta ahora, el biberón se había relacionado con déficit de hierro y más probabilidades de caries, pero no con la obesidad”, recuerdan los científicos. Tras la fase de la lactancia materna, sabe reseñar que “la leche no tiene hierro y por sí sola no suple las necesidades que el pequeño tiene. También necesita cantidades importantes de otros alimentos”, explica Luis Moreno. “Es importante que a partir del cuarto o sexto mes, aproximadamente, se introduzcan los cereales; a los seis, las frutas y las verduras; y a los ocho la carne y el pescado. Al principio, triturado y cuando el niño tenga dientes, a partir de los 10 meses, puede empezar a masticar”.

 

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Bebés con riesgo de Alzheimer presentan diferencias en el desarrollo del cerebro

Investigadores de la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, y el Instituto Banner de Alzheimer, en Arizona, también Estados Unidos, han descubierto que los niños que llevan un gen asociado con un mayor riesgo para la enfermedad de Alzheimer tienden a poseer diferencias en el desarrollo del cerebro en comparación con los niños sin el gen.

El estudio, publicado en la revista ‘JAMA Neurology’, muestra algunas de las diferencias de desarrollo más tempranas asociadas con una variante del gen llamado APOE- E4, un genotipo común y un factor de riesgo conocido para la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.

Los científicos tomaron imágenes de los cerebros de 162 niños sanos de edades entre dos y 25 meses, todos ellos con pruebas de ADN para ver qué variante del gen APOE que llevaban. Un total de 60 tenían la variante E4 que se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Usando una técnica especializada de resonancia magnética, los autores compararon los cerebros de los portadores de E4 con los no portadores y vieron que los niños con APOE E4 poseían un mayor crecimiento del cerebro en áreas del lóbulo frontal y una disminución en varias áreas de las zonas media y posterior del cerebro, que tienden a estar afectadas en los pacientes ancianos con enfermedad de Alzheimer.

Los investigadores destacaron que los hallazgos no significan que cualquiera de los niños en el estudio están destinados a desarrollar la enfermedad de Alzheimer o que los cambios cerebrales detectados son los primeros signos clínicos de la enfermedad. Sin embargo, el estudio plantea que los cerebros de los portadores de APOE-E4 tienden a desarrollarse de forma diferente muy pronto en la vida de los que no llevan E4.

Es posible que estos primeros cambios proporcionen un “punto de apoyo” para las patologías posteriores que conducen a los síntomas de Alzheimer, según los investigadores. La información de esta investigaión puede ser un paso importante hacia la comprensión de cómo este gen confiere un riesgo para el Alzheimer, algo que no se entiende bien actualmente.

“Este trabajo es acerca de la comprensión de cómo este gen influye en el desarrollo del cerebro”, dijo Sean Deoni, quien supervisa bebé Advanced Imaging Lab de la Universidad de Brown y fue uno de los autores principales del estudio. “Estos resultados no establecen una relación directa con los cambios observados en los pacientes de Alzheimer, pero con más investigación que pueden decirnos algo acerca de cómo el gen contribuye al riesgo de Alzheimer más tarde en la vida.

La variante APOE E4 vinculada a la enfermedad de Alzheimer está presente en aproximadamente el 25 por ciento de la población de Estados Unidos. No todo el que lleva el gen tiene la enfermedad de Alzheimer, pero el 60 por ciento de las personas que desarrollan la enfermedad poseen al menos una copia del gen E4.

Se cree que el gen tiene varias funciones diferentes en la sangre y el cerebro, algunos de los cuales aún no se han aclarado. Por ejemplo, se ha mostrado que participa en la regulación de amiloide, una proteína del cerebro que se acumula en la enfermedad de Alzheimer y ahora está siendo foco de tratamientos en investigación.

RESONANCIA MAGNÉTICA

Los investigadores utilizaron una técnica de resonancia magnética desarrollada en ‘Brown’s Advanced Baby Imaging Lab’, que permite fotografiar los cerebros de los bebés sanos mientras duermen sin medicación.

La técnica también es capaz de tener imágenes de la materia gris, la parte del cerebro que contiene neuronas y fibras nerviosas, y la materia blanca, que contiene el material graso que aísla las fibras nerviosas.

Se cree que tanto la materia gris como la blanca se cree que tienen un papel en la enfermedad de Alzheimer. El crecimiento de la materia blanca comienza poco después del nacimiento y es una medida importante del desarrollo del cerebro.

“Estamos en un buen lugar para poder investigar cómo este gen influye en el desarrollo de niños sanos –dijo Deoni, profesor asistente de Ingeniería en la Universidad Brown–. Estos niños no son medicados y no muestran ningún deterioro cognitivo, todo lo contrario, en realidad, se están desarrollando con normalidad”.

No hay ninguna razón para creer que los niños no van a continuar desarrollándose con normalidad, según Deoni. No hay evidencia sólida que sugiere que los portadores de E4 sufren problemas cognitivos o retraso en el desarrollo y las zonas de mayor crecimiento plantean la posibilidad de que el gen en realidad podría conferir algunas ventajas a los lactantes desde el principio.

 

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 Muerte de cuna es un síndrome, no enfermedad: UNAM

La muerte súbita del lactante (o muerte de cuna) no es una enfermedad, sino un síndrome. Se ha caracterizado por sus síntomas, no por sus causas.

“En términos llanos, es el deceso de un recién nacido, comúnmente durante el sueño, que no puede ser explicado clínicamente por una autopsia, ni por un análisis del sitio donde ocurre”, señaló José Fernando Peña Ortega, investigador del Departamento de Neurobiología del Desarrollo y Neurofisiología, del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM, campus Juriquilla.

Estudios han establecido algunos factores de riesgo. El que la desencadena en la mayoría de los casos es la posición del niño al dormir.

“Si bien no se conoce exactamente cuáles son las causas, hoy sabemos que está asociado a la incapacidad de los bebés para reaccionar ante la hipoxia (falta de oxígeno)”, explicó el investigador, galardonado con el Premio Ciudad Capital: Heberto Castillo Martínez 2010, en el área de la Salud, que otorga el gobierno del Distrito Federal.

Un individuo normal reacciona ante la hipoxia con la generación de un ritmo respiratorio particular llamado boqueo, pero algunos bebés presentan una reducción en esa capacidad.

Es importante señalar, dijo, que la mayor incidencia de casos de muerte de cuna ocurre a partir del primer mes de vida, y hasta el sexto.

Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo se encuentran la hipertermia (aumento de la temperatura), el nacimiento prematuro y la exposición al humo del tabaco y a los opiáceos.

“Los hijos de madres fumadoras o que estuvieron expuestos al humo del tabaco durante su gestación o en los primeros meses de vida, pueden ser víctimas”, indicó Peña Ortega.

Por otro lado, al contrario de lo que se piensa, inhalantes, alcohol, café, miel de abeja, o malnutrición materna, no tienen una relación fuerte con este síndrome, aclaró.

En el terreno de la mistificación, prosiguió, pudieran entrar los detectores de movimiento que se colocan en las cunas para saber si los pequeños dejan de moverse; su eficacia está en duda, pues los bebés y los adultos se quedan quietos durante el sueño.

“En ciertas fases del sueño no hay movimiento; incluso, la respiración se detiene por algunos segundos y eso es normal, pero como el organismo humano tiene la capacidad de detectar la falta de oxígeno, si ocurre echa a andar mecanismos que permiten recuperarla”, señaló el investigador.

Así, todo parece indicar que una medida eficaz para prevenir la muerte súbita del lactante es acomodarlo boca arriba a la hora de dormir. “Con esta sencilla medida, impulsada mediante una campaña publicitaria, se redujo a la mitad la incidencia en Estados Unidos en la década de los 80”, comentó.

Neuronas marcapaso

Ante la dificultad de precisar la etiología de este síndrome, Peña Ortega y sus colaboradores decidieron estudiar la capacidad de roedores recién nacidos para responder a la hipoxia con el boqueo.

“Tratamos de entender cuáles son los mecanismos neuronales involucrados en la generación de este ritmo respiratorio y así explicar por qué disminuye en algunos neonatos; asimismo, buscamos estrategias que permitan favorecer su generación”, abundó.

Actualmente, el universitario y su equipo analizan las neuronas que originan los ritmos respiratorios. “Son del tallo cerebral y envían señales al diafragma, encargado de mover la caja torácica y los pulmones. Eso es lo que genera un ritmo respiratorio: inhalaciones y exhalaciones alternadas”.

Primero, en una preparación in vitro que contiene esas neuronas, los investigadores registran su actividad con técnicas de electrofisiología y de imágenes funcionales. De este modo, pueden ver cómo interactúan para dar paso a los ritmos respiratorios, y cómo cambia su actividad en condiciones de hipoxia.

Luego, correlacionan los hallazgos in vitro y los datos de la actividad respiratoria de animales de laboratorio in vivo, para dar un sustento a la indagación y tenerla más o menos controlada.

Tras casi una década de estudio, Peña Ortega y sus colaboradores han identificado un grupo de neuronas especiales denominadas marcapaso (por su parecido con las fibras marcapaso del corazón), que pueden ser resistentes a la hipoxia y responsables de generar, por sí mismas, los bloqueos.

Los investigadores concluyeron que la actividad de estas células depende de ciertas sustancias del cerebro conocidas como “neuromoduladores”, una de ellas es la serotonina. “Si se bloquea la acción de ésta última en los receptores de las neuronas marcapaso, la actividad disminuye y ya no se producen los bloqueos”, apuntó Peña.

Según registros clínicos, la incidencia de muerte de cuna es mayor entre el sexo masculino. Pruebas de laboratorio con roedores indicaron que las hembras tienen mayor capacidad para resistir la hipoxia que los machos, con una similitud de casi uno a uno de lo que se ve en humanos. Por ello, estudiaremos esos mecanismos para saber cómo ayudar a los bebés varones, finalizó.

 

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¿La edad del padre tiene un impacto en la salud del bebé?

elsoldetampico.com.mx

Mucho se habla sobre los riesgos asociados al embarazo y la maternidad tardía, sin embargo, poco se habla de los problemas relacionados a la paternidad tardía. Recientemente fue anunciado que Amal Clooney, de 39 años, abogada de derechos humanos y esposa del actor estadounidense George Clooney, de 55 años, está embarazada de gemelos. La noticia hace que las dudas se incrementen. La edad del padre, ¿puede causar algún impacto en la salud del bebé? Aunque el tema sea poco estudiado, la respuesta es sí.

Y, si las mujeres se están embarazando cada vez más tarde, para los hombres, esa edad es aún más avanzada, ya que su fertilidad no disminuye tanto como la de la mujer. Así como Clooney, diversas celebridades han tenido hijos casi en la tercera edad. Ellos son: Alec Baldwin, que tuvo a su segundo hijo a los 55 años. Al igual que el actor Steve Martin, que se convirtió padre por primera vez a los 67 años, el cineasta Clint eastwood tuvo su séptimo hijo a los 66 años, entre otros.

“Está bien documentado: los hombres están teniendo hijos más tarde”, dice Mary Samplaski, especialista en fertilidad humana en la Universidad del Sur de California, Estados Unidos, a la red estadounidense CNN.

Eso es común porque la fertilidad de los hombres no cae tan fuertemente como cuando las mujeres envejecen. Por lo tanto, muchos pueden tener hijos biológicos al igual que cuando están más viejos sin la necesidad de intervención de recursos de la medicina moderna, como técnicas de fertilización.

Problemas psiquiátricos y genéticos

Aunque sea biológicamente que un hombre tenga un hijo en la tercera edad sin mayores problemas, algunas investigaciones apuntan a riesgos asociados a ese hecho. Un estudio sueco en 2014, por ejemplo, mostró que los hombres que se convierten en padres con más de 45 años corren más riesgo de tener un niño con esquizofrenia, autismo y otros problemas psiquiátricos.

De acuerdo con los investigadores, ello ocurriría debido a mutaciones del ADN del esperma conforme los hombres ebvejecen. Otro estudio publicado en 2016 en la revista Nature Genetics relacionó el aumento de probabilidad de enfermedades psiquiátricas en hijos de padres más viejos a problemas genéticos y no en mutaciones en el ADN.

Varias otras condiciones de salud han estado asociadas a la paternidad tardía. Una de las más comunes es un tipo de enanismo llamado acondroplasia. Felizmente, hay una prueba genética para analizar esa probabilidad.

Posible beneficio

Por otro lado, algunos médicos han propuesto que el envejecimiento del esperam pueda tener un beneficio: telómeros más largos y, por lo tanto, mayor longevidad. Los telómeros son los extremos de los cromosomas que protegen el ADN cuando él está siendo copiado. Sin embargo, no hay datos consistentes de que los hijos de padres de más edad vivan más tiempo, en comparción con aquellos de padres más jóvenes.

¿Padre o abuelo?

Samplaski resalta que los riesgos que preocupan a sus pacientes no siempre son genéticos. “Si usted tenía 55 años cuando su bebé nació, usted tendrán 65 años cuando él tenga 10 años”, dijo añadiendo que la edad de las personas no siempre es la mejor forma de prever su expectativa de vida, ya que “la mayoría de los casados que están teniendo bebés más tarde en la vida se están cuidando más.”

Sin embargo, las preocupaciones son inevitables. Luego del anuncio del embarazo de Amal, varias publicaciones en internet hicieron bromas con el hecho de Clooney será abuelo y no padre de los niños, en alusión a su edad considerada “avanzada” por esas personas.

Más experimentados

Felizmente todo tiene dos lados y a pesar de que algunos hijos de padres más viejos hayan comentado sobre las dificultades de cuidar de sus padres enfermos y ancianos, otros hablan de las valiosas lecciones que aprendieron de sus padres con una mayor expectativa de vida.

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El primer trimestre parece ser crucial para la salud cardiaca del bebé

Un estudio halla que un desarrollo fetal lento se vincula con problemas cardiovasculares posteriores

Los niños que son pequeños en las primeras etapas del desarrollo fetal podrían tener un mayor riesgo de problemas cardiacos, indica un estudio reciente.

Los hallazgos sugieren que los primeros tres meses del embarazo podrían ser un periodo esencial para la salud cardiaca más adelante, apuntaron los investigadores holandeses. Anotaron que el primer trimestre incluye un periodo de desarrollo rápido en que el corazón y otros órganos importantes comienzan a formarse.

Los investigadores evaluaron a casi 1,200 niños a los seis años respecto a los factores de riesgo cardiovascular, como la cantidad y la distribución de la grasa corporal, la presión arterial y los niveles de colesterol e insulina.

En comparación con los niños que tenían el mayor tamaño en el primer trimestre del embarazo, los que tenían el menor tamaño presentaban significativamente más grasa total y grasa abdominal, una presión arterial más alta y unos niveles malsanos de colesterol, halló el estudio.

Tener un menor tamaño en el primer trimestre también se asoció con un aumento en el riesgo de tener varios de estos factores de riesgo cardiovascular en la niñez, según el estudio, que aparece en la edición en línea del 23 de enero de la revista bmj.com.

Pero el estudio solo descubrió un vínculo entre el tamaño pequeño en el primer trimestre y los problemas cardiacos potenciales. No probó una conexión causal.

Se necesitan más estudios para identificar por qué un tamaño más pequeño en el primer trimestre parece asociarse con un mayor riesgo de problemas cardiacos en la niñez, además de las consecuencias a largo plazo, concluyeron Vincent Jaddoe, profesor de epidemiología pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, y sus colaboradores.

Este estudio amplía la creciente evidencia de que un crecimiento fetal lento se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y otros problemas en un futuro, escribieron Gordon Smith y Catherine Aiken, de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, en un editorial acompañante.

Pero antes de apresurarnos a intervenir, “necesitamos una comprensión más profunda de la potencia, la naturaleza y los mecanismos de las asociaciones reportadas”, añadieron los investigadores.

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 Mantenga a los niños en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás hasta los dos años

Un grupo de pediatría señala que colocar a los niños de este modo y por más tiempo es más seguro

Los niños están mejor protegidos si van en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás hasta los dos años o hasta que alcancen la altura y el peso máximos establecidos por el fabricante del asiento, según las nuevas recomendaciones del grupo de pediatría.

Este es un cambio significativo en comparación con las recomendaciones anteriores, que sugerían mantener a los niños en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás al menos hasta el año de edad o hasta que alcanzaran un peso de 9 kilos (20 libras). Los asientos para automóviles orientados hacia atrás protegen mejor la cabeza, el cuello y la columna de los bebés y niños pequeños durante un accidente, de acuerdo con el Dr. Dennis Durbin, autor del informe y médico de emergencia pediátrica del Hospital Infantil de Filadelfia.

Las nuevas directrices, redactadas por la Academia Estadounidense de Pediatría, aparecen en la edición del 11 de abril de Pediatrics.

Aunque las recomendaciones estaban destinadas a animar a los padres a mantener a los niños en los asientos para automóviles más, tiempo, muchos padres interpretaron esa redacción en el sentido de que debían colocar sus hijos en un asiento orientado hacia delante desde su primer cumpleaños, demasiado pronto, señaló el Dr. Benjamin Hoffman, profesor asociado de pediatría en la Universidad de Nuevo México y técnico e instructor certificado en seguridad del pasajero que no colaboró con el informe.

“Existe esta percepción de que es una buena idea pasar al bebé del asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás al asiento de seguridad para automóvil orientado hacia adelante”, apuntó Hoffman. “Pero si los padres quieren proporcionar a su hijo la mejor protección posible contra las principales causas de muerte infantil, quizá prefieran postergar este paso tanto como puedan”.

La mayoría de los asientos para automóvil orientados hacia atrás pueden proteger a los niños y adaptarse a las nuevas directrices, señaló el informe.

La tasa de mortalidad por accidentes automovilísticos en los niños menores de 16 años descendió 45 por ciento entre 1997 y 2009, según la información de respaldo del artículo.

Aún así los accidentes de tráfico siguen siendo la causa principal de muerte de los niños a partir de los cuatro años. Cada año, más de 1,500 niños menores de 16 años mueren por accidentes de tránsito cada año. Y por cada muerte, unos 18 niños son hospitalizados y 400 sufren heridas graves que requieren atención médica, de acuerdo con el artículo.

Un estudio de 2007 de la revista Injury Prevention encontró que los niños menores de dos años son 75 por ciento menos propensos a morir o a sufrir lesiones graves en un accidente si van en el asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás.

Sin embargo, los dos años no deberían interpretarse como la edad límite, apuntó Durbin. Si tiene un hijo pequeño para su edad, quizá desee postergar cambiar al niño al asiento orientado hacia adelante, mientras que si el niño es más grande quizá deba hacerlo antes de los dos años.

Las recomendaciones también dicen que un asiento de seguridad orientado hacia adelante con arnés ofrece más protección que un asiento elevado, mientras que un asiento elevado es mejor que usar solamente el cinturón de seguridad.

Los niños deben colocarse en los asientos orientados hacia adelante, tanto como se pueda, incluso hasta los ocho años si el peso o la altura están por debajo del límite permitido por los asientos de seguridad para niños, de acuerdo con las nuevas directrices. Los estudios demuestran que los asientos de seguridad para automóviles reducen el riesgo de lesiones en niños hasta en 82 por ciento y el riesgo de muerte en 28 por ciento, en comparación con el uso de los cinturones de seguridad.

“Los asientos de seguridad tienen más estructura, sobre todo lateral que la mayoría de los asientos elevados”, apuntó Durbin. “Esta estructura añadida podría ofrecer protección adicional, sobre todo en los impactos laterales durante accidente. Además, la mayoría de los asientos de seguridad que se venden en la actualidad utiliza un sistema de arnés de cinco puntos que sujetan mejor a los niños en caso de accidente que los cinturones de seguridad de tres puntos, aun cuando el asiento elevado esté en la posición correcta”.

A los padres también se les recomienda mantener a los niños mayores en un asiento elevado, con el cinturón de seguridad ajustado de manera correcta, hasta que alcancen una altura de 1.45 m (4 pies y 9 pulgadas) de alto o tengan entre 8 y 12 años. El niño promedio alcanza esa estatura en algún momento después de los 10 años de edad, señaló Hoffman.

Refuerce la posición del cinturón de seguridad de modo que el cinturón del hombro se encuentre en la parte central del pecho y del hombro y alejado del cuello o la cara, mientras que mantenga el cinturón del regazo bajo y ajustado en las caderas y los muslos, y lejos de los tejidos blandos del vientre.

Una investigación anterior muestra que los asientos elevados pueden reducir el riesgo de lesiones en 45 por ciento en los niños de 4 a 8 años, en comparación con los niños de esa edad que usan cinturones de seguridad.

“Mantenga a sus niños lo más seguro posible en cada viaje que haga al retrasar la transición entre los distintos tipos de asientos de seguridad para automóviles el mayor tiempo posible”, apuntó Durbin. “Con cada transición que haga, de un asiento de seguridad para automóviles orientado hacia atrás a un asiento de seguridad orientado hacia adelante, desde el asiento elevado al cinturón de seguridad, usted prescinde de cierto nivel de protección y su hijo es más propenso a sufrir lesiones en un accidente”.

Los niños deben ir sentados en el asiento de atrás hasta los 13 años, ya que los estudios muestran que esto reduce el riesgo de lesión entre 40 y 70 por ciento, agregó la AAP.

El grupo de pediatría también recomendó que los asientos de seguridad para niños no se deben usar fuera del automóvil, como a menudo sucede, ya que pueden volcar y caer de una mesa, mostradores y otras superficies. Más de 8,000 niños se lesionan cada año cuando los asientos de seguridad se utilizan de forma incorrecta o para fines no deseados, advirtió un informe complementario.

“El seguimiento de estas directrices dará a los padres la tranquilidad de que están haciendo lo mejor posible para proteger a sus hijos de las lesiones en caso de un accidente de tráfico”, apuntó Durbin.

El típico asiento de seguridad para automóvil orientado hacia atrás es ideal para niños de hasta 40 libras (18.4 kilos), aunque hay más de 40 modelos que pueden adaptarse a niños de hasta 60, 65 o incluso 85 libras (27.2, 29.5 y 38.6 kilos, respectivamente), apuntó Hoffman.

 

 

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Síndrome de West, la rara enfermedad que le “roba” la sonrisa a los bebés

bebesymas.com

En Bebés y más hemos hablado en diversas ocasiones de enfermedades que afectan a los bebés y niños pequeños. En el tema de las condiciones relacionadas con la epilepsia infantil hay ocasiones en las algunos tipos de epilepsia son diagnosticados de manera errónea pues los síntomas pueden pasar desapercibidos, como en el caso del síndrome de West.

Esta enfermedad se caracteriza por espasmos infantiles y retraso psicomotor, siendo este último el motivo por el que los infantes pierden la sonrisa a causa de esta condición.

¿Qué es el síndrome de West?

El sindrome de West o de síndrome de espasmos infantiles es una encefalopatía epiléptica de la infancia, una enfermedad que es grave pero poco frecuente. Se caracteriza por tres elementos: espasmos epilépticos, retardo del desarrollo psicomotor e hipsarritmia en el electroencefalograma, aunque uno de estos puede estar ausente.

Esta condición se presenta aproximadamente en 1 de cada 4 mil a 6 mil bebés y predomina en el sexo masculino. Los niños con síndrome de West suelen manifestar la condición entre los 3 y 7 meses de edad, aunque ha habido casos en los que aparece hasta pasados los 2 años. Pese a que se han tenido avances en su tratamiento, ha habido casos en los que no se detecta a tiempo, especialmente cuando los síntomas son leves, ya que las convulsiones se pueden confundir con hipo, cólicos o dolor abdominal.

Las causas que provocan este síndrome pueden ser prenatales, perinatales o postnatales. Las causas prenatales son las más frecuentes y entre ellas se encuentran las siguientes:

  • Displasia cerebral, es la causa más frecuente. Incluye: esclerosis tuberosa, neurofibromatosis, síndrome de Sturge-Weber, síndrome del nevus epidérmico con hemimegalencefalia, síndrome de Aicardi, displasia focal cortical, entre otros.
  • Anomalías cromosómicas como síndrome de Down o síndrome de Miller Dieker.
  • Infección: citomegalovirus, herpes simple, rubéola, toxoplasmosis o sífilis (cuando afectan al feto).
  • Enfermedades metabólicas.
  • Síndrome congénito como síndrome de Sjogren-Larsson, síndrome de CHARGE, síndrome de PEHO, síndrome de Smith-Lemli-Optiz, enfermedad de Fahr, entre otros.
  • Hipoxia o isquemia de causa prenatal: poroencefalia, hidranencefalia, leucomalacia periventricular.

Las causas perinatales son las que tienen lugar entre la semana 28 del embarazo y los primeros siete días de vida, y entre ellas se incluyen:

  1. Encefalopatía hipóxico-isquémica, necrosis selectiva neural, status marmoratus, daño cerebral parasagital, leucomalacia periventricular, necrosis isquémica focal y multifocal (poroencefalia, encefalomalacia multiquística).
  2. Hipoglicemia.

Las causas postnatales son las menos frecuentes entre los bebés diagnosticados con síndrome de West e incluyen:

  • Infecciones como meningitis bacteriana (tuberculosis, meningococo, neumococo), absceso cerebral, meningoencefalitis de etiología viral (sarampión, varicela, herpes simple, enterovirus, adenovirus, citomegalovirus, virus Epstein-Barr, entre otros).
  • Hemorragia y trauma: hemorragia subdural y subaracnoidea.
  • Encefalopatía hipóxicoisquémica: paro cardíaco, entre otros.
  • Tumor cerebral.

La terapia de esteroides y el uso de fármacos suelen ser efectivos en el tratamiento de esta enfermedad cuando se detecta en edad temprana, pero en general, tiene un mal prónostico. El 90% de los casos presentan un retraso psicomotor importante, con limitaciones motoras y rasgos de personalidad autista.

El síndrome de West tiene una mortalidad del 5%, y casi la mitad de los casos pueden desarrollar otros síndromes epilépticos, como el síndrome de Lennox-Gastaut. La mayoría de los niños presentará secuelas graves como retraso mental y epilepsia grave, mientras que alrededor del 10% tendrán una vida normal.

Síntomas del síndrome de West

Como lo mencioné previamente, existen tres elementos que manifiestan la presencia del síntoma en bebés:

Espasmos epilépticos

Los espasmos se caracterizan por la contracción brusca, generalmente bilateral y simétrica de los músculos del cuello, tronco y extremidades. Suelen acompañarse de la pérdida de conciencia.

Existen 3 tipos principales de espasmos: en flexión (cabeceo o encogimiento de hombros), extensión (brusca extensión del cuello y del tronco, con extensión y abducción de las 4 extremidades) y mixtos.

Retraso psicomotor

En bebés con síndrome de West es posible detectar un retraso psicomotor incluso antes de que cominencen a presentarse los espasmos infantiles. En este retraso hay pérdidas de habilidades adquiridas y anormalidades neurológicas.

Este retraso psicomotor se manifiesta con la modificación del humor. El bebé comienza a ser indiferente, mostrando pérdida de la sonrisa y de las reacciones a los estímulos sensoriales. Abandonan la presión de los objetos y seguimiento ocular, se vuelven muy irritables, lloran sin motivo y duermen peor.

Alteraciones del EEG

Durante la realización de un electroencefalograma se presenta hipsarritmia, que consiste en el enlentecimiento y la desorganización de la actividad eléctrica cerebral, en forma de trazado caótico con mezcla de puntas y ondas lentas independientes.

Cómo identificar si tu bebé padece espasmos infantiles

Las características más comunes de los espasmos infantiles son las siguientes:

  • El patrón típico de los espasmos consiste en una flexión repentina hacia adelante y una rigidez del cuerpo, brazos y piernas.
  • Cada ataque dura solo un segundo o dos, pero suelen ser en serie.
  • Son más comunes después de despertar pero rara vez ocurren durante el sueño.
  • Suelen comenzar a manifestarse entre los 3 y 7 meses de edad.

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 Una buena nutrición puede aliviar la deficiencia pulmonar de bebés prematuros

Washington, 26 ene (EFE).- La enfermedad pulmonar que suelen desarrollar los bebés prematuros que requieren una prolongada ventilación tras su nacimiento, puede aliviarse con una nutrición adecuada, según un estudio de la Universidad de Michigan (EEUU).

La investigación, publicada hoy en la revista médica “Pediatric Pulmonology”, demuestra la relación entre el desarrollo pulmonar de los niños y su régimen de alimentación.

Así, entre los 18 bebés con displasia broncopulmonar (DBP) en los que se basa el estudio, aquellos que ganaban peso por encima de la media vieron mejorados sus volúmenes pulmonares de manera notable.

La DBP se desarrolla típicamente en los bebés prematuros que requieren una prolongada ventilación o terapia de oxígeno después del nacimiento, lo que lleva a reducciones significativas en el flujo de aire en comparación con los niños que nacen en el término de nueve meses.

Además, los bebés que sufren esta enfermedad pulmonar tienen más probabilidades de desarrollar asma en el futuro.

Los responsables del estudio advierten que se necesitan más investigaciones sobre los efectos de distintos regímenes nutricionales en el crecimiento pulmonar, al tiempo que reconocen que, incluso los bebés que mejoran con una buena alimentación, no son capaces de alcanzar los volúmenes pulmonares de los niños no prematuros.

Se considera prematuros a los bebés que nacen antes de las 37 semanas de embarazo. EFE

 

 

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