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Neurologia

Una ensalada al día mantendría el cerebro 11 años más joven

Una ensalada al día mantendría el cerebro 11 años más joven

Un estudio en adultos mayores ha relacionado una mejora de la memoria y la capacidad cognitiva con el consumo periódico de hortalizas de hoja verde.

muyinteresante.es.-Laura Marcos

El paso del tiempo, el envejecimiento, el acortamiento de los telómeros… Es algo que no podemos evitar. A medida que vamos cumpliendo años, naturalmente, las habilidades cognitivas y la memoria disminuyen.

Sin embargo, ingerir una porción de verduras de hoja verde al día puede ayudar a preservar la memoria y las habilidades cognitivas, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Rush en Chicago.

El ácido fólico, del grupo B de las vitaminas, se encuentra en grandes cantidades en las verduras de hoja verde, como las espinacas, las acelgas o la lechuga.

En un comunicado emitido por la Universidad, que ha publicado la investigación en la prestigiosa revista científica Neurology, la Dra. Martha Clare Morris, epidemióloga nutricional, explica los resultados del estudio y cómo es posible que la introducción de un hábito tan sencillo en la dieta pueda tener tales implicaciones para el cerebro:

“Agregar una porción diaria de verduras de hoja verde a la dieta puede ser una forma sencilla de ayudar a promover la salud cerebral”, afirma.

En occidente continúa habiendo un fuerte aumento de personas con demencia debido al envejecimiento de la población y la mayor esperanza de vida. Por ello, explica la doctora, “se necesitan estrategias eficaces para prevenir la demencia”.

En la investigación, 960 adultos mayores completaron cuestionarios sobre alimentos y recibieron evaluaciones cognitivas anuales, en un seguimiento que duró casi 5 años.

Los resultados fueron claros: de las personas observadas en la investigación, aquellas que periódicamente consumían una porción de verduras de hoja verde presentaron una tasa de disminución más lenta en las pruebas de memoria y habilidades de pensamiento que las personas que rara vez o nunca las ingerían.

Además, los adultos mayores con este hábito de alimentación dieron muestras de ser cognitivamente 11 años más jóvenes.

A mayor frecuencia, mejor

Los participantes también completaron el cuestionario de frecuencia de alimentos, que evaluó la frecuencia y la cantidad de porciones de media taza que comieron hortalizas de hoja verde, como las espinacas, la col rizada, las acelgas o la lechuga.

En concreto, el estudio dividió a los participantes en cinco grupos según la frecuencia con que comían verduras de hoja verde, y comparó las evaluaciones cognitivas de los que más comieron (un promedio de aproximadamente 1,3 porciones por día) y los que menos comieron (0,1 porciones por día).

En general, los puntajes de los participantes en las pruebas de pensamiento y memoria disminuyeron a un ritmo normal, correspondiente a la degradación normal de las capacidades asociadas a la edad.

No obstante, la tasa de disminución cognitiva para aquellos que ingerían los vegetales más a menudo fue más lenta que la tasa para aquellos que consumían menos vegetales de este tipo. Una diferencia de pérdida de capacidades equivalente a tener 11 años menos de edad, según Morris.

El estudio tuvo incluso en cuenta variables implicadas que afectan a la salud cerebral: el consumo de bebidas alcohólicas, el tabaquismo, la presión arterial alta, la obesidad, el nivel educativo y la cantidad de actividades físicas y cognitivas.

Aún así, la relación que establece el estudio puede presentar matices. ”Los resultados del estudio no prueban que comer verduras de hoja verde ralentiza el envejecimiento cerebral, pero muestra una asociación”, en palabras de la Dra. Morris. “El estudio no puede descartar otras posibles razones de esta relación”.

Debido a que el estudio se centró en los adultos mayores, los resultados pueden no aplicarse a los adultos más jóvenes. A partir de ahora los resultados deberán ser confirmados por otros investigadores en diferentes poblaciones y mediante ensayos aleatorios para establecer una relación de causa y efecto entre el consumo de hojas verdes y la reducción en la incidencia de deterioro cognitivo.

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El cerebro de los nacidos prematuros envejece antes

El cerebro de los nacidos prematuros envejece antes

Nacer prematuramente equivale a un envejecimiento cerebral acelerado, según un estudio.

muyinteresante.es.-Sarah Romero

Los adolescentes y los adultos que nacieron de forma prematura pueden tener un cerebro ‘más viejo’ que los que nacieron a término. Es la principal conclusión del estudio llevado a cabo por científicos del Instituto de Psiquiatría de Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres (Reino Unido) y que recoge la revista Neuroimage.

El cerebro de un bebé se desarrolla completamente en las últimas semanas de gestación, por lo que nacer muy pronto interrumpe este proceso; de ahí que los bebés prematuros corran mayor riesgo de desarrollar discapacidades, incluyendo problemas con el aprendizaje, el lenguaje y el comportamiento.

Pero, ¿cómo afecta el nacimiento prematuro al cerebro en la edad adulta?

El cerebro no madura completamente hasta que alcanzamos los 25 años de edad, e incluso hay zonas del cerebro que no maduran hasta los 36 años (concretamente la corteza que se encarga de la percepción visual), evidenciando que este magnífico órgano plástico está cambiando y desarrollándose durante toda la vida.

Sin embargo, los expertos quisieron investigar cómo el parto prematuro podría afectar al proceso de maduración cerebral del adulto.

Usando la resonancia magnética, los investigadores analizaron la estructura cerebral de 328 adultos que habían nacido antes de las 33 semanas de gestación. Los sujetos fueron evaluados en dos momentos: adolescencia (edad media 19,8 años) y edad adulta (edad media 30,6 años).

Las exploraciones cerebrales de estos participantes se compararon con las de 232 adultos que nacieron a término (sujetos de control), junto con 1.210 escáneres cerebrales obtenidos de archivos de acceso abierto de resonancia magnética.

Específicamente, los investigadores examinaron el volumen de materia gris en el cerebro de los participantes, como un marcador de la “edad cerebral”.

 

Aceleración de la maduración cerebral

En comparación con los sujetos de control, el equipo encontró que los sujetos nacidos de forma prematura tenían un menor volumen de materia gris en la adolescencia y la edad adulta, particularmente en las regiones cerebrales asociadas con la memoria y el procesamiento emocional.

También señalaron una serie de alteraciones cerebrales estructurales que demostraron resistencia a los efectos del parto prematuro. Por ejemplo, identificaron aumento en el volumen de materia gris en las regiones asociadas con el control del comportamiento.

“Aunque sólo se puede especular sobre el significado funcional de estas alteraciones, estudios previos sugirieron que los mecanismos compensatorios pueden apoyar el procesamiento cognitivo y del lenguaje en muestras de los nacidos muy prematuros”, escriben los autores.

Tras una investigación más profunda, los científicos descubrieron que el volumen reducido de materia gris identificado en los prematuros se asoció con la maduración cerebral acelerada. Como resultado, los cerebros de los sujetos prematuros parecían más viejos que los de los sujetos de control.

“El hallazgo de signaturas estructurales de maduración cerebral acelerada en los nacidos prematuramente fue inesperado”, explica Vjaceslavs Karolis, líder del trabajo.

Los autores no pueden explicar de qué manera se traducen estos cambios estructurales cerebrales identificados en adolescentes y adultos prematuros en el funcionamiento cotidiano, pero creen que esto es algo que debe investigarse en el futuro.

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El té verde previene el alzhéimer

El té verde previene el alzhéimer

Hasta ahora se desconocía el papel exacto del té verde en la enfermedad de Alzheimer.

muyinteresante.es

Diversos estudios ya han vinculado el consumo de té verde con un riesgo reducido de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, pero los mecanismos que subyacen a este vínculo no estaban claros. Ahora, una investigación liderada por el departamento de química y biología química de la Universidad de McMaster (Canadá) revela cómo: a través de un compuesto del té verde que altera la formación de placas tóxicas que contribuyen a la enfermedad.

El alzhéimer, una enfermedad neurodegenerativa progresiva caracterizada por una disminución de la memoria y funcionamiento cognitivo general, afecta a casi 50 millones de personas en todo el planeta y se estima que para 2050 podrían ser más de 130 millones de personas.

Las causas exactas de esta enfermedad no están claras, pero se cree que el beta-amiloide juega un papel principal, ya que esta pegajosa proteína puede agruparse, formando placas que interrumpen la comunicación entre las neuronas.

Los investigadores encontraron que el galato de epigalocatequina (EGCG), un polifenol del té verde, detiene la formación de placas beta-amiloide, un sello distintivo de la enfermedad de Alzheimer, al interferir con la función de los oligómeros (proteínas compuestas de mas de una cadena polipeptídica) beta-amiloide.

El poder de EGCG

El estudio, publicado en la revista Journal of the American Chemical Society, arroja luz sobre cómo EGCG podría ayudar a prevenir la formación de placa beta-amiloide, acercándonos a las estrategias de prevención tan necesarias para la enfermedad de Alzheimer.

Los investigadores llegaron a sus conclusiones mediante el uso de resonancia magnética nuclear para obtener una visión en profundidad de cómo este polifenol del té verde (EGCG) podría afectar a la formación de placas beta-amiloides. Los científicos descubrieron que que EGCG “remodela” los oligómeros beta-amiloides -que puede unirse y formar placas tóxicas beta-amiloide-, lo que les impide crear estas placas dañinas.

“A nivel molecular, creemos que EGCG cubre oligómeros tóxicos y cambia su capacidad para crecer e interactuar con células sanas”, explica Giuseppe Melacini, líder del trabajo.

Estos hallazgos no solo respaldan estudios previos que sugieren que el polifenol EGCG puede ayudar a prevenir la formación de placa beta-amiloide, sino también arrojan luz sobre los mecanismos subyacentes a esta asociación.

Sobre la base de sus hallazgos, los investigadores sugieren que los extractos de té verde podrían usarse en la prevención de la enfermedad de Alzheimer:

“Todos sabemos que actualmente no hay cura para la enfermedad de Alzheimer una vez que surgen los síntomas, por lo que nuestra mejor esperanza es la intervención temprana. Eso podría significar usar extractos de té verde o sus derivados desde el principio, digamos de 15 a 25 años antes de que aparezcan síntomas”, comenta Melacini.

Los autores señalan, sin embargo, que es difícil administrar el polifenol EGCG directamente al cerebro, por lo que la investigación futura deberá centrarse en encontrar maneras de modificar este compuesto y superar este problema. Sea como fuere, es una gran noticia.

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Un estudio sugiere una relación entre la privación de sueño y el riesgo de Alzheimer

El cuerpo parece usar el tiempo de descanso del cerebro para eliminar sustancias relacionadas con la enfermedad, afirman investigadores

Un nuevo estudio muestra que los niveles de meta amiloidea, un subproducto de la actividad cerebral que se considera como marcador de la enfermedad de Alzheimer, normalmente aumentan de día y se reducen de noche.

Aunque el hallazgo es preliminar, podría sugerir una posible relación entre la privación de sueño y el riesgo de desarrollar la enfermedad que deteriora al cerebro, afirman investigadores.

“Hace tiempo sabemos que una privación significativa del sueño tiene efectos negativos sobre la función cognitiva [del cerebro] comparables con los de la intoxicación por alcohol”, apuntó en un comunicado de prensa de la Universidad de Washington el Dr. Stephen Duntley, profesor de neurología y director del Centro de Medicina del Sueño de la universidad. “Pero recientemente se ha hecho aparente que la interrupción y la privación de sueño prolongadas podrían realmente tener mucho que ver en los procesos patológicos que subyacen a las enfermedades. Esta conexión con la enfermedad de Alzheimer aún no se ha confirmado en humanos, pero podría ser muy importante”.

Los hallazgos fueron publicados en una edición avanzada en línea de la próxima edición impresa de la revista Archives of Neurology.

Según los investigadores, los niveles de proteína beta amiloidea parecen fluctuar.

“En las personas sanas, los niveles de beta amiloidea se reducen a su punto más bajo unas seis horas tras el sueño, y vuelven a su punto más alto seis horas tras el máximo de vigilia”, explicó en el comunicado de prensa el Dr. Randall Bateman, profesor asociado de neurología de la Facultad de medicina de la Universidad de Washington, en San Luis.

“Observamos muchas conductas distintas, y las transiciones entre sueño y vigilia fueron los únicos fenómenos que se correlacionaron firmemente con el aumento y la reducción de la beta amiloidea en el líquido cefalorraquídeo”, añadió.

Bateman y colegas también hallaron que este patrón era más prevalente en las personas saludables y jóvenes, y menos pronunciado en adultos mayores que sufrían de periodos de sueño más corto o con más interrupciones.

Sugirieron que el motivo de esto podría ser que la actividad baja del cerebro durante el sueño permite al cuerpo eliminar la beta amiloidea a través del líquido cefalorraquídeo.

Los niveles de beta amiloidea en los adultos mayores con Alzheimer parecen ser constantes, lo que sugiere una posible relación entre la falta de sueño y las probabilidades de una persona de desarrollar la enfermedad, según el equipo.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores dividieron a los participantes del estudio en tres grupos:

  • Personas a partir de los 60 que obtuvieron resultados positivos en pruebas para la presencia de placas de beta amiloidea en el cerebro.
  • Personas a partir de los 60 que no tenían placas de beta amiloidea.
  • Personas sanas entre los 18 y los 60 años de edad.

Usando punción lumbar, los investigadores monitorizaron los niveles de beta amiloidea en el líquido cefalorraquídeo de los participantes cada cuatro horas durante hasta 36 horas. En ese tiempo, también grabaron las actividades de los participantes y monitorizaron su actividad cerebral.

En el grupo con placas en el cerebro, los niveles de beta amiloidea permanecieron casi constantes. Sin embargo, en los otros dos grupos los niveles aumentaron y se redujeron con regularidad en ondas transversales (en forma de serpiente). Los puntos altos y bajos de este patrón eran mucho más obvios en los pacientes más jóvenes, y más planos en las personas mayores.

Aunque las actividades de los participantes no tuvieron un impacto sobre los cambios en los niveles de la beta amiloidea, los picos en su sueño y vigilia ocurrieron constantemente antes de los picos y descensos en los niveles de beta amiloidea.

Los autores del estudio dijeron que se necesita más investigación para explorar cómo los problemas de sueño en las personas jóvenes afectan la fluctuación normal en la beta amiloidea cefalorraquídea, y cómo los medios para regular el sueño podrían ayudar a mantener este patrón parecido a una onda.

“Sigue siendo especulativo, pero hay indicaciones interesantes de que un mejor sueño podría ser útil para reducir el riesgo de Alzheimer”, concluyó Duntley. “Sabemos a partir de varios estudios que el ejercicio mejora el sueño, y la investigación también ha mostrado que el ejercicio se asocia con un menor riesgo de Alzheimer. Quizás el sueño sea un vínculo mediante el cual ese efecto ocurre”.

 

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Los lácteos bajos en grasa se relacionan con un menor riesgo de ACV

Las probabilidades de un ataque fueron ligeramente menores que entre los que comían lácteos con más grasa, halló un estudio

En lo que los investigadores afirman que es el estudio más grande sobre el tema a la fecha, los adultos que consumían cantidades más altas de productos lácteos bajos en grasa también tenían un riesgo a largo plazo de accidente cerebrovascular (ACV) algo menor.

En el estudio participaron casi 75,000 adultos suecos a quienes se dio seguimiento durante un promedio de diez años tras completar una encuesta alimentaria.

Los que consumían las versiones bajas en grasa de productos como la leche, el yogurt o el queso tenían un riesgo 12 por ciento más bajo de ACV que aquellos cuyas dietas normalmente incluían versiones ricas en grasa o con toda la grasa de los lácteos.

“Creo que este hallazgo ciertamente tiene sentido”, aseguró Lona Sandon, dietista y profesora asistente de nutrición clínica del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern, en Dallas. “Cuando se consume más lácteos ricos en grasa se tiene más grasa saturada, que se sabe es uno de los tipos de grasa que pueden afectar los niveles de colesterol LDL o ‘malo’. Y comer grasas saturadas lleva al taponamiento de las arterias del corazón y del cerebro. Así que es más probable que coágulos se desprendan y provoquen algo como un ACV isquémico”.

Sin embargo, “cuando se observa algo como el riesgo de ACV realmente es deseable observar todo el plan dietario del individuo”, enfatizó Sandon, quien no participó en el estudio. “Pero ciertamente es plausible que los lácteos con toda la grasa aumenten el riesgo que ya existe”.

Un equipo de investigadores liderados por Susanna Larsson, de la división de epidemiología nutricional del Instituto Nacional de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska, en Estocolmo, reportó los hallazgos el 19 de abril en la revista Stroke.

Los autores del estudio señalaron que en Estados Unidos, alrededor de un tercio de todos los hombres y mujeres adultos a partir de los 18 años tienen hipertensión, que describieron como “un importante factor de riesgo controlable” del accidente cerebrovascular. Aún así, añadieron, apenas alrededor de la mitad de los estadounidenses afectados tienen su presión arterial bajo control.

Teniendo esto en cuenta, hace mucho que los expertos proclaman los beneficios de la dieta DASH (por la sigla en inglés de métodos dietéticos para detener la hipertensión), con su énfasis en el consumo de lácteos bajos en grasa.

En 1997, el equipo sueco administró cuatro encuestas alimentarias a casi 75,000 hombres y mujeres de 45 a 83 años de edad, ninguno de los cuales tenía antecedentes de enfermedad cardiaca ni cáncer.

A partir de ese momento, se monitorizó la incidencia de ACV entre los participantes del estudio vía datos recolectados por el Registro de Altas Hospitalarias de Suecia.

En el transcurso de alrededor de una década, ocurrieron casi 4,100 ACV, anotaron los autores. Las personas que se ciñeron a productos lácteos bajos en grasa parecían tener un riesgo de ACV algo más bajo. El estudio solo pudo hallar una asociación entre comer productos lácteos bajos en grasa y unas probabilidades menores de ACV, pero no pudo probar causa y efecto.

Los investigadores suecos hicieron un llamado por más estudios grandes que examinen la asociación aparente, al mismo tiempo que sugirieron que, si se sostiene bajo un escrutinio posterior, el hallazgo podría tener amplias implicaciones de salud pública.

El equipo de Larsson anotó que cuando se trata del consumo de lácteos, la dieta norteamericana típica se parece mucho a la de los europeos del norte, así que una instantánea de las dietas suecas y el riesgo de ACV podría ser relevante para una población de EE. UU.

“La moraleja es que si uno consume más grasa cada día, independientemente de dónde provenga, esto aumentará el riesgo de ateroesclerosis [endurecimiento de las arterias], y por tanto el riesgo de ACV”, advirtió Sandon. “Y esto es lo que subyace a las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses del USDA, que recomiendan que se consuman tres porciones diarias de lácteos, para poder obtener suficiente calcio y potasio, pero al mismo tiempo asegurar que las porciones sean bajas en grasa”.

El estudio de Larsson fue financiado por el Consejo Sueco de Investigación sobre la Vida Laboral y Social, y el Consejo de Investigación de Suecia.

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La dieta mediterránea no sólo protege al corazón, sino que también al cerebro

Un estudio examinó su relación con los cambios en el volumen de materia blanca, un marcador de daños cerebrales crónicos.

El consumo de una dieta mediterránea puede contribuir a evitar daños cerebrales, según un estudio publicado en “Archives of Neurology”.

La dieta mediterránea, que incluye pescado, legumbres, vegetales, frutas, cereales, carne, productos lácteos y vino en cantidades moderadas, ya ha mostrado anteriormente los beneficios para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

No obstante, los autores señalan que ningún estudio hasta ahora había examinado la relación entre el consumo alimenticio y los cambios en el volumen de materia blanca, un marcador de daños cerebrales crónicos.

Las lesiones de la materia blanca cerebral se suelen dar en personas mayores de 60 años, particularmente en aquellas que son hipertensas o han sufrido un ictus.

El daño en las paredes de los vasos que nutren el cerebro puede provocar que se obstruyan, con lo que llega menos flujo y se daña la materia blanca.

Este fenómeno, que es un indicador de los daños que pueden acabar en enfermedades neurodegenerativas como demencia senil, se ve en una resonancia magnética como unas manchas muy blancas, de ahí que se refieran a la sustancia blanca hiperintensa.

La doctora Hannah Gardener, de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami, y su equipo evaluaron durante un año los datos de los hábitos alimenticios de 966 personas adultas, con una media de edad de 72 años, y posteriormente midieron el nivel de sustancia blanca hiperintensa a través de resonancia magnética.

“Aunque la dieta puede ser un importante indicador para predecir la enfermedad vascular, se sabe poco sobre la posible asociación entre los hábitos dietéticos y la materia blanca hiperintensa”, indican los autores.

Las imágenes revelaron que había menos sustancia blanca hiperintensa entre los participantes con un mayor consumo de productos mediterráneos.

Los investigadores puntuaron del 0 al 9 a los pacientes según los productos consumidos relacionados con la dieta mediterránea. Un 11,6 por ciento tuvo una puntuación de 0 a 2; un 15,8 por ciento de 3; un 23 por ciento 4; un 23,5 por ciento 5 y el 26,1 por ciento de 6 a 9.

Las mujeres tuvieron puntuaciones más bajas que los hombres y los investigadores observaron que los participantes que indicaron que hacían alguna actividad física, también eran más propensos a comer según la dieta mediterránea.

Por otra parte, los participantes con las puntuaciones a partir de 6 también fueron los que tenían un índice de masa corporal más bajo.

“En resumen, el estudio sugiere una posible asociación protectora entre el aumento del consumo de una dieta mediterránea y los daños en los vasos”, concluyen los autores.

Los expertos apuntaron que la disminución de los daños cerebrales detectada pudo ser impulsada por la relación favorable de consumo de grasas monoinsaturadas -grasas que ayudan a bajar el colesterol en la sangre- sobre las grasas saturadas.

No obstante, señalan que sería necesario hacer más estudios con otros grupos de población.

 

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Los cerebros de los obesos podrían sentir mayores deseos de comidas ricas en calorías, según un estudio

El hallazgo podría explicar por qué las personas con sobrepeso no rebajan, sugieren investigadores

Un nuevo estudio relaciona la glucemia baja en personas obesas con un mayor deseo en el cerebro de alimentos ricos en calorías, un hallazgo que da pistas sobre el motivo de por qué la gente que adquiere sobrepeso tiende a conservarlo.

“El cerebro podría impulsarles a comer y desear más esos alimentos, y eso podría fomentar el comer en exceso”, explicó la autora del estudio Kathleen A. Page. “No sabemos si se trata de una consecuencia de la obesidad o contribuye al estado de obesidad. ¿Son sus cerebros distintos desde el principio? ¿O sucede tras volverse obesos?”.

Sea como sea, la investigación apunta a la importancia de mantener niveles estables de glucemia, señaló Page, profesora asistente de medicina de la Universidad del Sur de California.

Los niveles de glucemia se relacionan directamente con la energía, y esos niveles con frecuencia disminuyen tras el almuerzo y causan el cansancio de media tarde. Los niveles de glucemia también se reducen en la mañana, y después de comer alimentos ricos en azúcar, dijo Page. En ese caso, el procesamiento del cuerpo del azúcar puede provocar que los niveles bajen.

En el nuevo estudio, que aparece en la edición en línea del 19 de septiembre de la revista The Journal of Clinical Investigation, Page y colegas intentaron averiguar si los descensos en la glucemia afectan a las personas obesas de forma distinta que a las personas que no tienen sobrepeso.

En el estudio, escáneres de IRM funcional monitorizaron los cerebros de cinco personas obesas y nueve personas no obesas, a medida que los investigadores ajustaban los niveles de glucemia, cambiándolos de normales a bajos. Al mismo tiempo, los investigadores les mostraron fotografías de comidas bajas en calorías (varias frutas y verduras, tofu, semillas de soja y ensaladas) y de comidas ricas en calorías (pastel de chocolate, roscas, pollo frito, filete, helado y otras).

Los investigadores hallaron que las personas obesas tenían menos actividad cerebral en el área conocida como corteza prefrontal, sede del poder de la inhibición (elegir no hacer algo), incluso cuando sus niveles de glucemia eran normales. “Esto implica que las personas obesas podrían tener más dificultades para combatir la necesidad de comer, sobre todo cuando los niveles de glucosa están por debajo de lo normal”, apuntó Page.

Jean-Philippe Chaput, profesor asistente de la Facultad de cinética humana de la Universidad de Ottawa, dijo que la investigación es relevante porque provee una mayor comprensión sobre la forma en que la glucemia afecta los hábitos alimentarios. “Los tratamientos futuros contra la obesidad tendrán que tomar este aspecto en cuenta si desean mejorar las probabilidades de éxito”, señaló Chaput.

Pero el Dr. Marc-Andre Cornier, profesor asociado de medicina de la Universidad de Colorado, advirtió que el estudio no relacionó definitivamente la glucemia y el hambre. “La glucosa más baja podría haber afectado otro factor que a su vez fuera responsable de los efectos”, apuntó, y añadió que decir que mantener los niveles de glucemia estables tras una comida reducirá el hambre es “pura especulación”.

 

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Jugar a videojuegos en 3D mejora la formación de recuerdosmemoria

Expertos en neurobiología realizaron un experimento con juegos en 2D y 3D.

muyinteresante.es

Aparte de generar diversión e impulsar la coordinación y el tiempo de reacción, jugar a videojuegos en 3D puede mejorar la formación de recuerdos, según el último estudio desarrollado por neurobiólogos de la Universidad de California en Irvine (EE.UU.) y que recoge la revista The Journal of Neuroscience.

El trabajo demuestra el increíble potencial de los enfoques virtuales en relación a las personas que pierden la memoria a medida que envejecen o sufren demencia. Así, los científicos contaron con la participación de universitarios no jugones a los que dividieron en dos grupos: el primer grupo tenía que jugar a un juego en 2D sencillo (“Angry Birds”); el segundo grupo a un juego en entorno 3D (“Super Mario 3D World”). Los expertos pidieron a los participantes que jugaran al menos 30 minutos al día durante dos semanas.

Antes de empezar el experimento, los investigadores realizaron diversas pruebas de memoria haciendo hincapié en el hipocampo, la región cerebral asociada a la aprendizaje complejo y la memoria y que con la edad disminuye su efectividad (de ahí que a las personas mayores les resulte difícil recordar dónde han puesto las llaves o recordar nuevos nombres).

Las pruebas de memoria se realizaron de nuevo tras las dos semanas que duró el experimento con los videojuegos. Los resultados revelaron que aquellos voluntarios que jugaron videojuegos en 3D mejoraron sus puntuaciones en las pruebas de memoria, mientras que los que jugaron en 2D no lo hicieron. Según el análisis de los expertos, el rendimiento de la memoria se incrementó en un 12%.

“Es muy posible que al evitar explícitamente un enfoque limitado a un solo dominio cognitivo y en paralelo o más de cerca a la experiencia natural, los videojuegos inmersivos pueden ser más adecuados para proporcionar experiencias enriquecedoras que se traducen en ganancias funcionales”, explica Craig Stark, líder del estudio.

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