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Epilepsia

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¿Qué hacer si alguien padece un ataque de epilepsia?

Muchos conocen el término “epilepsia”, pero la verdad es que esta condición tiene asociado un gran desconocimiento por parte de la población.

Muy pocos saben que esto le puede pasar a cualquier persona, independiente de su edad y herencia genética, ya que la enferemedad no trae asociado un carácter hereditario.

La Epilepsia es una condición neurológica crónica, caracterizada por la aparición recurrente de crisis no provocadas y debidas a una descarga anormal de las neuronas. Existen múltiples tipos de Epilepsias y sus manifestaciones son diversas, pudiendo también no ser con crisis convulsivas.

Por esto, según la Liga Chilena Contra la Epilepsia, las medidas que se deben tomar en caso de presenciar una crisis tónico clónica generalizada, conocida también como crisis con convulsiones, son:

  • Mantener la calma. No alterarse
  • Acostar a la persona de lado para proteger la vía aérea
  • Protegerle la cabeza con algún objeto blando, como ropa, cojines u otros
  • Despejar el área cercana para protegerla de golpes o posibles lesiones
  • No colocar nada dentro de la boca y no tratar de abrírsela a la fuerza
  • Esperar que la persona se recupere espontáneamente. No reanimarla ni sujetarla.
  • Acompañarla hasta que recupere completamente la conciencia
  • Una vez repuesta, trasladarla a un servicio de urgencia si la crisis tiene una duración mayor a 5 minutos, presenta embarazado o se lesiona durante la crisis.
  • Si se provoca alguna lesión en la lengua, el tratamiento a seguir es con frío local. En caso de dolor intenso, se pueden utilizar analgésicos locales con indicación médica.

 

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Cannabis medicinal: un arma contra la epilepsia refractaria en niñosepilepsia canabis

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos crónicos más frecuentes, y suele manifestarse en la infancia o en la adolescencia tardía. La mayoría de los casos se trata con fármacos que permitan controlar su aparición. Sin embargo, algunos son resistentes al tratamiento y sus crisis solo pueden ser tratadas con cannabis medicinal.

sputniknews.com

A la epilepsia resistente al uso de fármaco se la conoce también como epilepsia refractaria. En el caso de los niños que sufren esta patología, pueden llegar a tener convulsiones todos los días, incluso algunos hasta 50 veces.

Para conocer más de este tratamiento con cannabis medicinal, en Big Bang hablamos con el doctor Gabriel González, director de la Cátedra de Neuropediatría del Instituto de Neurología de la Facultad de Medicina de Uruguay. Y con el médico español Mariano García de Palau, de la Fundación Kalapa Clinic, que funciona en España.

“Nosotros estamos tratando a 102 niños, y estamos en un porcentaje de mejoría de un 65% a 75%, y tenemos solo un paciente asintomático, que lleva un año y medio sin ninguna crisis. En el caso de la mejoría conseguimos disminuir el número de crisis y la intensidad. (…) Y una mejoría tanto a nivel lo cognitivo, como en los psicomotriz. Tenemos niños que han vuelto a caminar, y a poder hablar”, explicó Mariano García de Palau.

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El sonambulismo se asocia a la epilepsia

En un 40 por ciento de los casos, el sonambulismo se asocia a la epilepsia.

Guadalajara, Jalisco.- La neuróloga María Ingrid Alanís Guevara, señaló que hasta en un 40 por ciento de los casos, el sonambulismo se asocia a la epilepsia.

Dijo que “resulta fundamental que, quien padece dicha parasomnia, se estudie a profundidad, no sólo con la polisomnografía, sino también con electroencefalogramas que permitan un diagnóstico preciso”.

La experta indicó que el sonambulismo es una parasomnia caracterizada por una alteración en la conducta durante el ciclo superficial del sueño.

Explicó que es expresada a través de conductas automáticas que pueden ser tan breves como sentarse y hablar o dar unos pasos, hasta casos extremos como salir del domicilio e incluso conducir un vehículo.

“Por mucho tiempo se le veía como algo chistoso y no se le daba mayor importancia”; sin embargo, recientemente se han establecido aspectos muy interesantes sobre el sonambulismo, como el que ya se señaló, que hasta en un 40 por ciento tiene una asociación con la epilepsia, reiteró.

Detalló que cuando la persona es sonámbula, se ha observado que presenta alteraciones en la conducción eléctrica cerebral, lo cual se concluyó cuando este trastorno dejó de tratarse solamente como una parasomnia y se realizaron estudios aparte de la polisomnografía que incluyeron el ya referido electroencefalograma.

Además, destacó, dentro del sinfín de formas de epilepsia, existen las llamadas nocturnas, dentro de las cuales están las frontales y las temporales caracterizadas no tanto por convulsiones, sino por trastornos conductuales como los que se expresan en el sonambulismo.

Destacó que cuando se establece el diagnóstico de sonambulismo, el tratamiento es farmacológico y se administra como mínimo durante seis meses y tanto al administrarlo como al retirarlo, se hace de manera progresiva “nunca de un día para otro” para evitar se produzca dependencia.

Detalló que el sonambulismo suele ser más común en la infancia y también en la adolescencia, en el primer caso debido al proceso de conocimiento y capacidad de asombro propio de los niños, mientras que en los adolescentes, puede deberse a la ‘explosión hormonal’ característica de esta etapa.

Luego, dijo, suele haber otro pico de aparición en individuos entre los 40 y los 50 años, pero lo común es que, si hubo sonambulismo durante la niñez, es prácticamente un hecho que éste reaparecerá.

Asimismo indicó que al margen del tratamiento, las personas con este tipo de parasomnia, idóneamente deben evitar el consumo de café, té, refrescos oscuros, así como bebidas alcohólicas y tabaquismo.

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Síndrome de West, la rara enfermedad que le “roba” la sonrisa a los bebés

bebesymas.com

En Bebés y más hemos hablado en diversas ocasiones de enfermedades que afectan a los bebés y niños pequeños. En el tema de las condiciones relacionadas con la epilepsia infantil hay ocasiones en las algunos tipos de epilepsia son diagnosticados de manera errónea pues los síntomas pueden pasar desapercibidos, como en el caso del síndrome de West.

Esta enfermedad se caracteriza por espasmos infantiles y retraso psicomotor, siendo este último el motivo por el que los infantes pierden la sonrisa a causa de esta condición.

¿Qué es el síndrome de West?

El sindrome de West o de síndrome de espasmos infantiles es una encefalopatía epiléptica de la infancia, una enfermedad que es grave pero poco frecuente. Se caracteriza por tres elementos: espasmos epilépticos, retardo del desarrollo psicomotor e hipsarritmia en el electroencefalograma, aunque uno de estos puede estar ausente.

Esta condición se presenta aproximadamente en 1 de cada 4 mil a 6 mil bebés y predomina en el sexo masculino. Los niños con síndrome de West suelen manifestar la condición entre los 3 y 7 meses de edad, aunque ha habido casos en los que aparece hasta pasados los 2 años. Pese a que se han tenido avances en su tratamiento, ha habido casos en los que no se detecta a tiempo, especialmente cuando los síntomas son leves, ya que las convulsiones se pueden confundir con hipo, cólicos o dolor abdominal.

Las causas que provocan este síndrome pueden ser prenatales, perinatales o postnatales. Las causas prenatales son las más frecuentes y entre ellas se encuentran las siguientes:

  • Displasia cerebral, es la causa más frecuente. Incluye: esclerosis tuberosa, neurofibromatosis, síndrome de Sturge-Weber, síndrome del nevus epidérmico con hemimegalencefalia, síndrome de Aicardi, displasia focal cortical, entre otros.
  • Anomalías cromosómicas como síndrome de Down o síndrome de Miller Dieker.
  • Infección: citomegalovirus, herpes simple, rubéola, toxoplasmosis o sífilis (cuando afectan al feto).
  • Enfermedades metabólicas.
  • Síndrome congénito como síndrome de Sjogren-Larsson, síndrome de CHARGE, síndrome de PEHO, síndrome de Smith-Lemli-Optiz, enfermedad de Fahr, entre otros.
  • Hipoxia o isquemia de causa prenatal: poroencefalia, hidranencefalia, leucomalacia periventricular.

Las causas perinatales son las que tienen lugar entre la semana 28 del embarazo y los primeros siete días de vida, y entre ellas se incluyen:

  1. Encefalopatía hipóxico-isquémica, necrosis selectiva neural, status marmoratus, daño cerebral parasagital, leucomalacia periventricular, necrosis isquémica focal y multifocal (poroencefalia, encefalomalacia multiquística).
  2. Hipoglicemia.

Las causas postnatales son las menos frecuentes entre los bebés diagnosticados con síndrome de West e incluyen:

  • Infecciones como meningitis bacteriana (tuberculosis, meningococo, neumococo), absceso cerebral, meningoencefalitis de etiología viral (sarampión, varicela, herpes simple, enterovirus, adenovirus, citomegalovirus, virus Epstein-Barr, entre otros).
  • Hemorragia y trauma: hemorragia subdural y subaracnoidea.
  • Encefalopatía hipóxicoisquémica: paro cardíaco, entre otros.
  • Tumor cerebral.

La terapia de esteroides y el uso de fármacos suelen ser efectivos en el tratamiento de esta enfermedad cuando se detecta en edad temprana, pero en general, tiene un mal prónostico. El 90% de los casos presentan un retraso psicomotor importante, con limitaciones motoras y rasgos de personalidad autista.

El síndrome de West tiene una mortalidad del 5%, y casi la mitad de los casos pueden desarrollar otros síndromes epilépticos, como el síndrome de Lennox-Gastaut. La mayoría de los niños presentará secuelas graves como retraso mental y epilepsia grave, mientras que alrededor del 10% tendrán una vida normal.

Síntomas del síndrome de West

Como lo mencioné previamente, existen tres elementos que manifiestan la presencia del síntoma en bebés:

Espasmos epilépticos

Los espasmos se caracterizan por la contracción brusca, generalmente bilateral y simétrica de los músculos del cuello, tronco y extremidades. Suelen acompañarse de la pérdida de conciencia.

Existen 3 tipos principales de espasmos: en flexión (cabeceo o encogimiento de hombros), extensión (brusca extensión del cuello y del tronco, con extensión y abducción de las 4 extremidades) y mixtos.

Retraso psicomotor

En bebés con síndrome de West es posible detectar un retraso psicomotor incluso antes de que cominencen a presentarse los espasmos infantiles. En este retraso hay pérdidas de habilidades adquiridas y anormalidades neurológicas.

Este retraso psicomotor se manifiesta con la modificación del humor. El bebé comienza a ser indiferente, mostrando pérdida de la sonrisa y de las reacciones a los estímulos sensoriales. Abandonan la presión de los objetos y seguimiento ocular, se vuelven muy irritables, lloran sin motivo y duermen peor.

Alteraciones del EEG

Durante la realización de un electroencefalograma se presenta hipsarritmia, que consiste en el enlentecimiento y la desorganización de la actividad eléctrica cerebral, en forma de trazado caótico con mezcla de puntas y ondas lentas independientes.

Cómo identificar si tu bebé padece espasmos infantiles

Las características más comunes de los espasmos infantiles son las siguientes:

  • El patrón típico de los espasmos consiste en una flexión repentina hacia adelante y una rigidez del cuerpo, brazos y piernas.
  • Cada ataque dura solo un segundo o dos, pero suelen ser en serie.
  • Son más comunes después de despertar pero rara vez ocurren durante el sueño.
  • Suelen comenzar a manifestarse entre los 3 y 7 meses de edad.

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Uno de cada 10 tras accidente cerebrovascular desarrollan epilepsia

elpulsolaboral.com.mx

Un estudio elaborado por la Doctora. Beate Diehl, neuróloga y neuropsicóloga clínica del Colegio Universitario de Londres, revela que al menos uno de cada 10 supervivientes a un accidente cerebrovascular (ACV) desarrollan epilepsia, y mientras mayor es el daño cerebral provocado por el ACV, más alto es el riesgo de convulsiones.

Asimismo, indica que el daño cerebral del ACV tiende a ser más extensivo en las personas más jóvenes, poniéndolos en un mayor riesgo de epilepsia.

En una colaboración de Robert Preidt difundido en el sitio web especializado MedlinePlus, éste refiere que la epilepsia es una afección neurológica crónica caracterizada por convulsiones, espasmos musculares o ataques recurrentes y no provocados”.

En su artículo reproducido y traducido por el HealthDay, precisa que analizaron datos de 450 supervivientes a un ACV en el Reino Unido, y encontraron que un 11 por ciento desarrollaron epilepsia tras el ACV.

“El estudio halló que los que desarrollaron epilepsia tenían el doble de daño cerebral que los que no desarrollaron convulsiones. Los que desarrollaron epilepsia tenían una edad promedio de 44 años, frente a una edad promedio de 56 entre los que no desarrollaron epilepsia. Pero el estudio no demostró que un mayor daño cerebral haga que el riesgo de epilepsia aumente”.

“Muchos médicos que tratan a pacientes de ACV no se dan cuenta de que las caídas, los episodios de confusión y la pérdida de conciencia podrían ser señales de epilepsia post ACV”.

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La receta contra la epilepsia

Francesca tenía más de 25 convulsiones por día. En una jornada de 14 horas representa una cada media hora. Tumores benignos en la cabeza le provocaron epilepsia y no podían controlar sus crisis con medicamentos.

Al año y medio de vida tomaba cuatro, sin resultados. Entonces, su madre comenzó a administrarle la dieta cetogénica, (alimentación que prioriza grasas, reduce azúcares y controla proteínas). Dos años y medio después ya no tiene convulsiones. No toma un solo medicamento.

No es un caso aislado, el seguimiento de 28 pacientes uruguayos cuya epilepsia no lograba ser controlada con químicos (epilepsia refractaria) obtuvo que en 15 años el 75% redujo más del 50% la frecuencia de crisis y 30% quedó libre de convulsiones, movimientos descontrolados en todo el cuerpo.

“Las cifras se ubican dentro de los mejores resultados internacionales e implican una eficacia muy superior de la dieta cetogénica si se la compara con la introducción de una medicación nueva en este tipo de pacientes”, expresó Alejandro Scaramelli, director del Grupo de trabajo en Epilepsia del Hospital de Clínicas y del Programa de Cirugía.

La epilepsia es padecida por aproximadamente 1% de los uruguayos. El número puede parecer bajo pero equivale a 30.000 personas. De ellas, unas 8.000 no logran controlar las crisis con fármacos, algo que altera seriamente su calidad de vida y en niños puede comprometer su desarrollo neurológico. Para ellos, existen pocas alternativas. Una es la cirugía pero no todos pueden ser operados.

En este marco, Gabriel González, director de Neuropediatría en el Hospital Pereira Rossell cuestionó que el Ministerio de Salud Pública no tenga una posición activa en la promoción de esta dieta cetogénica como forma de combatir la epilepsia refractaria.

LA DIETA.

Lejos de ser un tratamiento para adelgazar o una terapia alternativa, era el tratamiento utilizado antes de que aparecieran los fármacos. “Se ideó porque se observó que el ayuno paraba las crisis”, contó Maren Torheim, nutricionista del Hospital Británico con un entrenamiento en dieta cetogénica del Hospital Johns Hopkins, Estados Unidos.

“Entonces, en 1920, a alguien se le ocurrió ‘¿y si hiciéramos una dieta que copiara los efectos del ayuno?’” Lo que hicieron es la base de lo que se aplica hoy.

Cuando el cuerpo ayuna, ilustró Torheim, “entiende” que no está comiendo porque no recibe carbohidratos (azúcares, almidones y fibras). “Si come grasas cambia como si fuera a reemplazar el motor de nafta a diesel y empieza a quemarlas de una manera distinta a como las quema en general”. El resultado son unas estructuras llamadas “cuerpos cetónicos” que pasan a ser la nafta del cuerpo.

Traducido a un plato, la diferencia entre una dieta convencional y la cetogénica es que en lugar de comer un churrasco con papas, lechuga y tomate, se prepara un trozo pequeño de carne, lechuga, algo de zanahoria y muchísima mayonesa (nada de papas). En el postre se reemplaza una fruta por crema doble. Si en la alimentación de una persona sana suele haber 20% de proteínas, 30% de grasas y 50% de carbohidratos, en la cetogénica hay 90% de grasas y proteínas necesarias para que el niño se desarrolle correctamente.

DÍA A DÍA.

El proceso se inicia con un día de internación en el que la persona debe estar en ayuno. Luego comienza a recibir alimentos preparados según la dieta, para después sí continuarla en su casa. “A veces los familiares se cansan de comer tan distinto, tan estricto y dejan la dieta”, comentó Andrea Avellanal, nutricionista que a su vez es neuróloga del Grupo de Epilepsia del Hospital de Clínicas. “Da trabajo pero vale la pena porque a medida que pasa más tiempo más chances tienen de mejorar”, contó Avellanal.

Junto a Torheim generan recetas y alternativas sabrosas, aseguró Andrea, madre de Francesca, que hace “pizzas cetónicas” con un complemento que compra en Argentina.

Por todo esto, para González, la dieta debería incorporarse como prestación obligatoria porque muchas veces los padres quedan solos al querer aplicarla. Hay que internarlos un día, apuntó, pero el costo no se compara con el de los fármacos.

“Yo creo que hay sensibilidad tanto de la facultad como del MSP”, matizó Scaramelli, “pero se necesita un trámite formal para incorporarlo a la canasta de prestaciones. Sería una lástima que no se hiciera porque a nivel internacional (y nacional) está comprobado que es una de las opciones” que da resultado.

LAS CLAVES

¿Qué es?

La dieta cetogénica es una forma de alimentarse priorizando las grasas hasta en un 90% de lo que se consume. El 10% restante lo ocupan las proteínas (las carnes) y algún carbohidrato, (azúcares, harina y fibra). El cuerpo pasa a funcionar como si estuviera en ayuno; se alimenta de la grasa.

¿Cómo?

Está indicada para personas con epilepsia que no se controla con fármacos. Comienza con un día de internación en que se ayuna y luego se la sigue durante un tiempo variable. Un trabajo entre 28 uruguayos logró 75% de disminución de crisis al 50%; el 30% quedó

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5 cosas que los científicos quieren que sepas sobre la epilepsia.

2ti.es

La epilepsia me toca de cerca. Tengo un familiar que desde muy temprana edad padece este mal. Pero también me tocan de cerca los mitos que rodean la epilepsia. Mi familiar no se cae entre estertores y espuma por la boca. De hecho, si no lo hubiese diagnosticado un médico, nunca sabríamos que esos despertares que creíamos sonambulismo en realidad respondían a una crisis epiléptica.

Una crisis epiléptica ocurre cuando las señales eléctricas y químicas que permiten que nuestras neuronas se comuniquen entre sí—y seamos todo lo que somos como humanos—se sobreactivan. Dependiendo del lugar donde comienza esa actividad excesiva, así serán los síntomas que vemos en los enfermos. Para algunos será solo una mirada fija, para otros implicará una pérdida de la conciencia momentánea.

Existe una gran variabilidad entre los enfermos, pero de mitos va sobrada la epilepsia. La imagen que popularmente tenemos de las personas con este mal dista mucho de la realidad de millones de enfermos. Por esa razón una científica de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, EE.UU, la neuróloga Carla LoPinto- Khoury, quiso ayudar a desmitificar la epilepsia a través de cinco puntos esenciales.

La epilepsia: esto deberías saberlo

    La epilepsia se caracteriza por la “tendencia a tener convulsiones”.

Tener una convulsión no significa que tienes epilepsia. Muchas personas experimentan una convulsión debido a otra condición médica, por ejemplo, un aumento de azúcar en sangre o un traumatismo craneoencefálico. El diagnóstico de epilepsia se establece cuando una persona ha tenido dos o más convulsiones sin que se encuentre otra causa médica que las justifique.

La clave, según esta experta, es si la persona tiene una tendencia a tener convulsiones. Porque puede darse el caso de que a una persona con una sola convulsión le diagnostiquen epilepsia, pero al hacerle las pruebas correspondientes—donde el papel del encefalograma es clave—se identifique que las probabilidades de que ocurra de nuevo son altas.

Hay personas que sufren una crisis cada dos años, otras dos al día, ejemplifica LoPinto.

    La epilepsia puede ser un síntoma de muchos trastornos diferentes.

No hay una sola causa para la epilepsia. Unas personas pueden tener problemas del desarrollo, mientras otros difícilmente puedas distinguirlos de la población general. Hay ciertos factores que pueden contribuir a desencadenar una convulsión, por ejemplo:

– Insomnio
– El periodo menstrual en la mujer.

Ah y sobre el mito de las luces que provocan una convulsión, dice LoPinto que:

“la mayoría de los pacientes no tienen epilepsia fotosensible”

La epilepsia es susceptible de ser tratada.

Existen más de una decena de fármacos para el tratamiento de la epilepsia en el mercado. Aun así, hay un tercio de los enfermos que no logra controlar sus síntomas con estos medicamentos.

Para ellos existen otras opciones, eso sí, mucho más invasivas. Por ejemplo, una cirugía cerebral que elimina parte del tejido que provoca las convulsiones. Según comenta LoPinto casi la mitad de las personas que se someten a este procedimiento logran vivir sin convulsiones y con pocos efectos secundarios. En otros casos en que la medicación ni la cirugía resultan efectivos, se puede practicar la estimulación cerebral.

    Los tratamientos deben ser muy personalizados.

Según esta experta. Los tratamientos deben tener en cuenta las particularidades de cada persona. Y una vez se comienzan, valorar el efecto. Si no cumple las expectativas, probar con otros. Es una especie de ensayo y error que a veces tanto desconcierta a los enfermos, pero que es la vía de encontrar justo lo que cada persona necesita. Ese proceso implica una estrecha relación de colaboración entre médico y paciente.

    Lo que debes hacer si eres testigo de una convulsión.

Si ves a una persona con epilepsia tener una convulsión, LoPinto señala que lo primero es fijarse si hay cosas alrededor que pueden ocasionar daño al enfermo, como un borde afilado o que esté cerca de una piscina. También es positivo ponerlos de lado y no intentar frenar la convulsión. Esta generalmente dura pocos minutos, pero si se ve que dura más de cinco, lo mejor es llamar a urgencias.

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La lacra de la epilepsia

  • Médicos y pacientes desmontan los falsos mitos y miedos en un ciclo de charlas en Alicante
  • Pese a la evolución en el tratamiento de la enfermedad, sigue habiendo rechazo

elmundo.es

Sergio Solbes trabajaba como administrativo en una empresa de Alicante. Todo iba bien hasta que un día tuvo en la oficina uno de los ataques epilépticos que viene sufriendo desde que era niño. Tras recuperarse, fue llamado al despacho de recursos humanos: «No queremos a gente como tú», le dijeron. Y ahí se le cerró otra puerta más.

El rechazo es algo con lo que Sergio lidia desde pequeño y es parte del estigma que se cierne sobre la epilepsia y sobre quienes la padecen. Existe un gran desconocimiento, suele asociarse con la enfermedad mental y en nuestro imaginario colectivo ha acabado instalándose su imagen más extrema: la de las convulsiones, la espuma por la boca… algo que tanto afectados como doctores coinciden en calificar más como «mito» que como realidad.

«No siento nada. Es como desconectar el cerebro un momento. Cuando me recupero estoy muy desorientado y físicamente fatigado, ya que mis crisis sí van acompañadas de desvanecimiento, de rigidez muscular y de algunos espasmos. Lo peor, sinceramente, es el sentimiento de vergüenza y lo que más me afecta son las caras de rechazo e incluso de asco que he llegado a ver en algunas personas», explica este afectado, quien añade que «lo de que podemos llegar a comernos la lengua es una falsa creencia».

De hecho, la mayoría de personas que manifiestan crisis epilépticas no llegan siquiera a perder el conocimiento, sino que simplemente experimentan una especie de apagón momentáneo o un dejà vu.

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica de causa cerebral muy frecuente y cuyos síntomas se materializan en esas crisis, desencadenadas por el exceso de actividad eléctrica de un grupo de neuronas hiperexcitables. Padecer crisis puntuales no significa que se padezca la enfermedad, sino un síntoma de otra dolencia como traumatismos craneales, tumores, infecciones o infartos cerebrales.

Actualmente, el tratamiento de la epilepsia permite que sea compatible con el desarrollo de una vida relativamente normal. Un 75% de pacientes diagnosticados consiguen prácticamente superarla, mientras que el resto debe seguir un control más estricto y tomar medicación para controlarla.

Sergio Solbes entra dentro de este último porcentaje. Sus crisis son provocadas por un hamartoma hipotalámico (un tumor cerebral benigno congénito en el hipotálamo) que, aunque le fue extirpado en su mayor parte, sigue activando esos episodios. «Decidí no volver a operarme porque había riesgos. Y aunque es un sacrificio, tomar esta medicación y llevar un seguimiento constante me aporta mucha estabilidad».

Sergio Solbes incide en la «normalidad» de su día a día. Aunque ahora está desempleado, sale cada día a buscar trabajo y lleva una vida activa. «Soy consciente de mis limitaciones. Por ejemplo, aunque podría vivir sólo, lo hago con mis padres como medida de precaución y no conduzco. Quitando eso, no soy tan diferente de una persona que tiene una cojera y se ayuda de un bastón para caminar».

A pesar de ello, tanto él como otras miles de personas epilépticas han perdido amistades e incluso oportunidades laborales. Esto hace que muchos incluso lo oculten.

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