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Pareja – Romance

 

Relaciones: los de afuera ¿son de palo?

Muchas veces, solemos contar nuestros problemas sentimentales a amigos, familiares y compañeros de trabajo exponiendo a nuestra pareja.

Cuando nos encontramos en una relación de pareja, es normal que usemos como confidentes a todos los que nos rodean: padres, amigos, compañeros de trabajo, etc. Un poco porque necesitamos consejos y otro poco porque inexorablemente necesitamos comparar nuestra relación con las demás, para buscar acciones ajenas, ejemplos que nos den la razón en supuestos problemas de amores.

En esa búsqueda desesperada de una opinión externa, solemos contar nuestros problemas a boca de jarro, sin darnos cuenta que no solo exponemos a nuestra pareja, sino que aparte exponemos nuestra relación. “¿A vos te parece bien lo que me dijo mi novio?”, “¿Qué harías si te hace esto?”, pasando por alto que todas las personas son distintas y todas las relaciones son diferentes. Entonces seguimos buscando desesperadamente un parámetro de cordura que nos guíe, como si las relaciones de amor fuesen un mueble que trae instrucciones y encaja perfectamente.

Es en esa misma búsqueda en la que cometemos el peor de los errores: mostrar las miserias de la persona que amamos.

Primero comenzamos contando un par de diferencias. Más tarde, plasmamos en los demás las actitudes y esencias de la persona que amamos como erróneas. Con el correr del tiempo, pasamos a relatar nuestra relación como una novela de televisión a los televidentes, dándole, y casi exigiéndoles una opinión. Como si ellos fuesen a decir qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.

Cuando contamos todas las peleas y diferencias que tenemos con nuestra pareja, es normal que obviemos todos nuestros errores, y solo contemos la parte en la que la otra persona es casi un demonio que nos está haciendo mal. Entonces, finalmente, la gente que nos rodea comienza a engancharse con la historia y a participar activamente de la misma, opinando y diciéndonos lo malvada que es la persona que tenemos al lado.

Ignorantes de quiénes somos nosotros mismos, nos juzgan como amigos, primos, hijos y otras yerbas, sin pensar que para juzgar a una persona como amante, hay que amarla. Así que nuestros confidentes comienzan a ser nuestros socios en esto de destruir nuestra relación y comienzan a remarcarnos nuestras cualidades, dejando a relucir las miserias de quien tenemos al lado: “Vos sos una excelente persona, no te mereces que te corten el teléfono”, dice un amigo sin saber que antes de que nos corten el teléfono nosotros le estábamos gritando a nuestra pareja. “¿Cómo te va a tratar así?”, dice una amiga sin saber que para que nos traten así, nosotros estábamos portándonos peor. “Ubicalo porque no tiene limites”, opina un familiar sin saber que nosotros nunca pusimos límites.

Y en esa búsqueda desesperante, seguimos siendo juzgados como hijos, hermanos, amigos y primos, por personas que no saben de nuestros celos, de nuestra forma de amar, de nuestro accionar ante una indiferencia, y de quiénes somos en el amor.

Es en este momento cuando nos encontramos con lo que fuimos tejiendo inconscientemente de a poco: “Dejalo”, “Cortale”, “Abrite”. Y esas palabras nos suenan a nosotros como una locura. En ningún momento nos percatamos de que le estábamos dando un poder innecesario a quienes creíamos nuestros consejeros. Ahora, nuestros amigos, familiares, y demás, piensan de nuestra pareja lo que nosotros reflejamos. Nuestra visión, nuestro sentir, nuestro descontento, pero desconocer lo que hicimos nosotros, lo que nos equivocamos, y desde el amor que sienten por nuestra persona, nos recomiendan que nos alejemos de quien nos está lastimando.

Un pensamiento tan básico y primitivo como la protección maternal. Entonces nos damos cuenta que expusimos a la persona que amamos, que nuestros amigos no la quieren ver más, que nuestra familia no la quiere en su mesa, y que todos los confidentes que antes nos consolaban, hoy se transforman en enemigos íntimos que no están dispuestos a escuchar más relatos, porque como toda serie de televisión, tienen sed de final.

Y aquí nos encontramos, de la mano con la persona que amamos, a quien no supimos cuidar. De la mano de la persona que amamos, a quien no le dimos privacidad. De la mano de la persona que amamos, a quien hoy todos quieren lejos menos nosotros.

Entonces, me pregunto yo: ¿Tan importante es lo que piensan los demás? Si las personas viven llenas de problemas, de guerras, de diferencias. A la hora de hablar todos nos cuentan lo ideal, olvidándose que lo ideal es amigo de lo irreal, y que si ellos fuesen tan exitosos, no podrían siquiera engancharse en nuestros tontos culebrones quinceañeros.

Por eso, sospecho que la mejor manera de cuidar a quien queremos es discutir nuestras diferencias en la privacidad. Confrontar lo que nos molesta cara a cara y hacer lo imposible por resolverlo. Cuando exponemos a la persona que amamos, trazamos una línea imaginaria entre nuestros vínculos sociales y ella, pero por más imaginaria que sea la línea, después es muy difícil de saltar. Y cuando nos encontramos con la directiva de apartarnos de esta relación, nos damos cuenta que en realidad no es lo que queremos, y ahora pretendemos que ellos acepten a nuestra pareja, aquel demonio que tanto mal nos hacia, pero que sin ella no podemos vivir.

Como profeta una frase futbolística: “Los de afuera son de palo”, y siempre es mejor dejarlos siendo palos, a permitir que le den a quien amamos con un palo.

 

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 Después de la infidelidad qué

Muchas parejas logran retomar su relación, pero es un proceso que requiere paciencia, voluntad y esfuerzo

Tras una infidelidad, muchas parejas enfrentan la misma duda: ¿es posible continuar? ¿volver a confiar? Especialistas en relaciones de parejas coinciden en que muchas veces la respuesta es sí. Depende de la voluntad de las partes para trabajar tanto las consecuencias de lo ocurrido como la amplia gama de emociones que puedan sentir los dos.

Usualmente, quien sufrió la infidelidad y desea perdonarla pone en una balanza lo positivo de su relación.

“La gente que tiene una base bien sólida en el matrimonio y en general todo está bien, excepto eso que ocurrió, tienen posibilidades de salir. Por ejemplo, si es buen padre o madre, tienen intereses en común, son comprensivos, entre otras cualidades, es mucho más fácil ponderar y decidir perdonar”, explica el psicólogo clínico Santiago Rivera Santos, quien comúnmente recibe consultas de parejas que enfrentan el problema.

Mayormente, en su experiencia, es la mujer quien llega a buscar ayuda para intentar perdonar y continuar la relación. Se expresan “devastadas” por la traición, incapaces de retomar la relación sexual con su pareja. Es común que utilicen frases como que se sienten “sucias” al pensar en el contacto íntimo con quien les mintió.

“La mujer se afecta mucho, se traumatiza, pero recibe el mensaje cultural de perdonar, de quedarse en la relación. Queda sumida en una ambivalencia de mantenerse en la relación, pero a la misma vez se siente traicionada, humillada y ansiosa, con una crisis de apego muy fuerte. Inclusive, muchas se sienten responsables. Oscilan entre la culpa y el sentimiento de rechazo hacia el hombre”, señala, por su parte, el psicólogo clínico Miguel Ángel Pagán.

Los hombres, por su parte, también llegan a consulta. En ocasiones lo hacen tras haber sufrido la infidelidad, pero según la experiencia de los psicólogos, la mayoría de las veces acuden a terapia como una condición de sus parejas para retomar la relación tras la infidelidad.

ELLAS HABLAN

Cuando es la mujer quien peca, muchos hombres se marchan, observa el doctor Pagán. Muchas veces porque cuando ellas se involucran en una relación fuera del matrimonio han cruzado la frontera del mero encuentro sexual a la intimidad emocional. A menudo, ya están enamoradas de su amante.

Pero no siempre es así. “El hombre que quiere estar con su esposa es porque la ama y se siente, en cierta medida, responsable o copartícipe de que ella haya sido infiel. Sinceramente quieren salvar la relación”, opina el psicólogo especializado en terapia de pareja.

Muchas veces, las motivaciones para la infidelidad entre el hombre y la mujer son similares, coinciden los entrevistados. Sentirse deseado, atractivo y valorado parece ser una tentación difícil de vencer cuando la relación se ha reducido a la rutina.

“Todos tenemos necesidad de intimidad, afecto y compañía. Por eso, sin uno darse cuenta puede terminar en una relación extramarital”, comenta Pagán.

Esto le ocurrió a Carla, quien tras un matrimonio de 16 años le fue infiel a su esposo. Decidió, incluso, dejarlo con el pretexto de que estaba agobiada por la relación para estar con su amante. Aunque afirma que fue “maravilloso” sentir que despertaba emoción e interés en un hombre, actualmente recibe terapia para lidiar con su culpa pues sostiene que ama a su esposo y no quiere perderlo.

Rivera sostiene que aunque suele afirmarse que la infidelidad implica falta de amor, muchas personas infieles aseguran que no han dejado de amar a su pareja.

Claro que hay otros factores menos románticos por los cuales la gente se niega a salir de una relación deteriorada por la infidelidad y de ello los psicólogos son los mejores testigos.

“Muchas veces quien fue infiel se da cuenta de que hay muchos valores en la relación que no había mirado o había dado por sentado. Pero también los hijos son un factor. Y hay que decir que muchos hombres no están dispuestos a pagar una pensión y hay muchas mujeres dependientes económicamente de sus maridos”, apunta Rivera.

Ahora bien, cuando hay amor e interés de parte de los dos, ¿qué hace falta para continuar?

Es fundamental, sostienen los expertos, que la pareja se comprometa con mantener la unión. Sencillamente, terminar no puede ser visto como opción. La persona infiel debe aceptar sin reservas su culpa, demostrar arrepentimiento genuino y tener paciencia para enfrentar reacciones comunes a causa de su acción como, por ejemplo, el cuestionamiento y el reclamo. No es recomendable que intente reconquistar a su pareja de maneras demasiado obvias, como enviando flores o llamando todo el tiempo, especialmente si no solía hacerlo antes del evento. Quien fue víctima, por su parte, tiene que saber cuándo detener su desahogo pues continuará un círculo vicioso que impedirá progreso en la relación.

La terapia de pareja funciona como aliada para ventilar sentimientos y superar las heridas. En ocasiones, la separación temporera puede ser una alternativa, pero bajo el asesoramiento de un profesional.

La confianza se puede volver a retomar, coinciden los psicólogos. Hay que entender, no obstante, que es un proceso intenso y a veces lento.

 

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Cuando la esposa no puede dormir, el matrimonio puede sufrir

Un estudio no encontró resultados similares cuando los esposos eran quienes contaban ovejas

Cuando las esposas no pueden dormir, esto tiende a desatar tensiones matrimoniales al día siguiente, sugiere un estudio reciente, mientras que los problemas de sueño del esposo apenas tienen un impacto sobre las relaciones de la pareja.

Investigadores evaluaron los patrones de sueño de 35 parejas casadas, jóvenes y saludables, durante diez noches, usando sensores no invasivos que monitorizaban los ciclos de descanso y actividad. Las esposas que tenían dificultades para dormir provocaban significativamente más interacciones conyugales negativas al día siguiente, según la investigación, que será presentada el lunes en Minneapolis en la reunión anual de las Sociedades Profesionales del Sueño Asociadas (Associated Professional Sleep Societies). Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publican en una revista médica revisada por colegas.

“Los hallazgos sugieren que la incapacidad prolongada de dormir de la esposa predice las interacciones conyugales tanto de ella misma como de su esposo. Éstas tienden a ser más negativas, y menos positivas”, señaló Wendy Troxel, profesora asistente de psiquiatría en la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, e investigadora líder del estudio.

Troxel dijo que las parejas, que eran mayormente profesionales blancos con una edad promedio de 32 años, usaron diarios electrónicos para proporcionar evaluaciones diarias sobre sus interacciones conyugales, apuntando si eran negativas, como ser ignorado o criticado, o positivas, como ser atendido y respaldado. Los resultados fueron independientes de los síntomas de depresión.

Para las mujeres que tenían problemas para dormir, las interacciones conyugales se volvieron sustancialmente más negativas que positivas en ambos cónyuges, encontró el estudio. Al contrario, cuando los esposos dormían mal, hubo poca diferencia en cómo se relacionaba la pareja al día siguiente.

“Por lo general, las mujeres son más expresivas y tienden a marcar el clima emocional de la relación de pareja”, explicó Troxel. Las esposas que no pueden dormir son más propensas a expresar estrés, a estar irritables y a verbalizar sus sentimientos, apuntó.

“Los hombres son más propensos a reprimir sus sentimientos o a no estar conscientes o sintonizados con el clima de cambio que ocurre”, añadió Troxel.

Aunque la incapacidad de dormir de la esposa podría agitar los sentimientos negativos en un matrimonio, otros problemas de la relación también pueden resultar en insomnio, en vigilia esporádica durante la noche, y un sueño profundo inadecuado, anotó Troxel.

“Es un proceso cíclico que puede afectar a las parejas y ponerlas en trayectorias negativas en cuanto a su salud mental y bienestar”, advirtió Troxel. “Los problemas de sueño deben abordarse desde la clínica y quizás, si la pareja tiene problemas, iniciar terapia matrimonial”.

El Dr. Clete A. Kushida, director del Centro de Investigación sobre el Sueño Humano en la Universidad de Stanford, dijo que el estudio es único, al relacionar la incapacidad de dormir con la forma en que las parejas interactúan al día siguiente.

“Enfocarse en el impacto del sueño inadecuado en términos de interacciones conyugales positivas o negativas al día siguiente es un enfoque interesante de los datos”, aseguró Kushida.

Esto añade a la concienciación de las consecuencias interpersonales y la angustia emocional que pueden resultar de la falta de sueño, señaló.

“Cuando un médico valida una queja de sueño, es importante que el cónyuge también acuda a la consulta para averiguar en qué forma la falta de sueño de su pareja le afecta como persona, influye en su estado de ánimo o impacta la relación”, aconsejó Kushida.

Estudios anteriores de Troxel encontraron que la presencia estable de un esposo o cónyuge predecía una mejor calidad de sueño en las mujeres, y que las esposas que eran felices en sus matrimonios reportaban menos molestias del sueño. Ahora, se están analizando los datos de la investigación actual para determinar los tipos precisos de conducta conyugal y consecuencias interpersonales que ocurrían tras una noche de sueño inadecuado.

En general, el nuevo estudio encontró evidencia más potente que relaciona al sueño con las interacciones conyugales al día siguiente, en lugar de la dirección contraria, añadió Troxel.

“Intuitivamente, esto tiene sentido en que no se funciona al mejor nivel cuando falta sueño, pero hay sorprendentemente pocos datos sobre cómo esto afecta las relaciones matrimoniales”, señaló Troxel.

El estudio fue financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU., y los Premios de Ciencias Clínicas y Translacionales (Clinical & Translational Science Awards).

 

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 Los viajes largos dificultan las relaciones de pareja

Un estudio sueco encuentra que el riesgo de separación es un 40% mayor para las personas que realizan un largo viaje de ida y vuelta al trabajo

En una economía difícil, muchas personas se encuentran tomando trabajos que requieren un largo viaje, pero una nueva investigación sugiere que puede haber un alto precio personal a pagar por esa decisión.

De hecho, un investigador de Suecia encontró que aquellos que viajan largas distancias hacia el trabajo tienen más probabilidades de separarse de su cónyuge o pareja que las que trabajan más cerca de la casa.

Erika Sandow, una geógrafa social en la Universidad de Umea, evaluó estos largos desplazamientos en Suecia y sus efectos en los ingresos y en las relaciones. En el análisis de más de 2 millones de adultos que estaban casados o vivían con una pareja, Sandow encontró que aquellos que viajan largas distancias, de hecho, tenían acceso a más empleos y mejores oportunidades de carrera, pero no sin sacrificios dentro del hogar.

Entre sus conclusiones, Sandow señaló que el 11 por ciento de los estudiados pasó por lo menos 90 minutos viajando todos los días (ida y vuelta). Los resultados también revelaron que un gran porcentaje de viajeros de larga distancia tienen niños pequeños y sus familias tienen raíces en su comunidad. Sin embargo, una vez comienzan la rutina de un largo viaje, la mayoría se quedan en ella. De hecho, más de la mitad de los que realizan viajes de larga distancia al trabajo habían estado haciéndolo durante al menos cinco años, informó.

Aunque las personas se adaptan a este tipo de viajes con el tiempo, muchas relaciones no sobreviven a este largo recorrido. El estudio de Sandow encontró que los viajeros de larga distancia son 40 por ciento más propensos a separarse que otras parejas, sobre todo en los primeros años de los largos viajes.

El género también entra en juego, dijo Sandow. La mayoría de los viajeros de larga distancia son hombres y sus parejas tienden a ganar menos dinero, señaló Sandow, agregando que las mujeres suelen trabajar a tiempo parcial o tener puestos trabajo más cerca de casa con el fin de poder recoger a los niños en la guardería. Como resultado, encontró que muchas mujeres están ganando menos y todavía tienen que asumir el papel principal como encargadas del cuidado de la familia y los niños.

Si bien las mujeres que realizaron viajes largos también mostraron tener más oportunidades y mejores salarios que las que no, estudios anteriores han demostrado que es más probable que se sientan estresadas, presionadas por el tiempo y menos exitosas en sus trabajos, en comparación con sus pares masculinos, indicó Sandow en un comunicado de prensa de la universidad.

Los resultados deberán ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada.

 

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El resentimiento: veneno para la relación de pareja

“Resentimiento es la facultad que desarrollamos los seres humanos para revivir el pasado en el presente y volverlo a sufrir como si estuviera pasando”

Cuando atiendo parejas en terapia, uno de los temas más recurrentes, y al que hay que dedicarle una buena cantidad de tiempo, es el de los resentimientos. En algún momento, en todas las interacciones humanas surgen estos sentimientos de agravio que, bien sabemos, si no se resuelven pueden llegar a dañar seriamente o a destruir la relación. Sin embargo, debido a la naturaleza de cercanía e intimidad de la relación, es más fácil que se geste el rencor entre los miembros de una pareja.

Me parece importante distinguir entre el enojo natural que sentimos ante algo que nos disgusta que haga nuestra pareja, por ejemplo, y el resentimiento, que tiene su origen en el enojo guardado derivado del incumplimiento de promesas o de recibir un trato injusto. Si bien el enojo se manifiesta abiertamente, el resentimiento generalmente permanece escondido en nuestra mente, donde habita y es alimentado por nuestros pensamientos repetitivos, nuestro deseo de justicia y venganza hacia el otro.

Es esa rabia anquilosada con la que nos quedamos anclados en el pasado sólo para repasar una y otra vez lo ya sucedido. Como ves, el resentimiento reside en nuestras mentes, listo para en el momento menos esperado saltar y hacerse evidente en frases como: “Ya me cansé de ser yo quien siempre…” o “Estoy harto de que…sea más importante que yo”.

Son muchas las causas para estar resentido con la pareja, pero es la falta de interés en el otro lo que genera mayor irritación y amargura. ¿Cómo es que esto sucede? Cuando la pareja inicia la relación encuentra novedad en casi todo lo relacionado con el otro, lo cual es muy estimulante. No obstante, con el paso del tiempo, se hace necesario hacer un esfuerzo para mantener el interés del otro y por el otro. Es por esto que la creatividad juega un papel tan importante en una buena relación de pareja. Este es quizás el tipo de relación más demandante en cuanto a paciencia, tolerancia, comprensión y uso constante de la creatividad.

Después de vivir lo mismo una y otra vez, es inevitable que la pérdida de interés se haga presente. Cuando los miembros de la pareja permiten que su interés en el otro disminuya, dan oportunidad a que se instalen el descontento y la queja. Es usual que uno de los dos sienta que algo está mal en la relación, pero que no perciba claramente qué es lo que sucede y que tampoco se dé cuenta del rencor que va acumulando ante la actitud del otro. Recordemos que el resentimiento crece silenciosamente y se alimenta de cada una de las muestras de falta de interés del otro, que en el fondo interpreta como un profundo rechazo, pues viene de la persona a quien ha abierto sus sentimientos y la parte más vulnerable de sí mismo. También surge el temor de quedarse solo y de sentirse hecho a un lado. Se disparan sus sentimientos de vergüenza profunda, por ejemplo, de no ser merecedor de la atención o el interés de una persona querida, lo que despierta recuerdos, muchas veces inconscientes, de lo vivido en la infancia con respecto al cuidado que tuvo de sus padres.

Me parece que el escenario es claro, ¿quién puede sentirse rechazado, temeroso del abandono y desvalorizado sin generar enojo? Además, por diferentes razones, entre las que están el hecho de no sentirnos comprendidos o de que imaginamos que podríamos enfrentar peores consecuencias si expresáramos nuestro enojo, guardamos nuestra sensación de rabia y alimentamos el rencor. El dolor es inevitable, pero también se mantiene en silencio, y es este silencio el que mata la relación. La comunicación clara y constante es esencial para mantener sanas nuestras relaciones y sobre todo la relación amorosa.

Conforme disminuyen el interés, el entendimiento y el sentido de conexión, se incrementan el sentimiento de rechazo, de temor, de ser indigno. El problema aquí está en que la persona resentida quiere que su compañero se muestre interesado, comprensivo y con deseos de mantener la conexión. Pero como ya está invadida por el rencor, se siente agraviada y se concentra sólo en lo que ella siente, no se encuentra abierta a las muestras de afecto, sensibilidad y deseo de vincularse del otro. En pocas palabras, el resentido está desensibilizado a los sentimientos de los demás y pierde de vista que su rabia contenida lo hace tan insensible como el otro actuó en algún momento, que es lo que generó la animadversión inicialmente. Es un círculo vicioso cuya solución es la expresión abierta de los sentimientos, con miras a llegar a un acuerdo.

Algunas acciones que pueden ayudar en la búsqueda de soluciones por medio de la comunicación son:

  • Evitar rumiar acerca de lo acontecido. La comunicación directa es la mejor manera de resolver un conflicto.
  • Escucharse el uno al otro. Dar la oportunidad de que cada uno exprese su sentir: enojo o dolor. Concentrarse en el dolor primero puede evitar que el otro se ponga a la defensiva.
  • Resolver una cosa a la vez. Tratar primero lo que genera sentimientos más fuertes.
  • Expresar el enojo. Hacerlo es una señal de que nos importa tanto la relación como la persona. No hacerlo equivale a permitir que el resentimiento termite matando la relación o que ésta se convierta en un infierno.
  • Aceptar honestamente la propia responsabilidad en la circunstancia desagradable.
  • Agradecer el tiempo y la atención que nos dedican.
  • Hacer una declaración que dé por cerrada la situación y que deje atrás el pasado. Aunque no podemos cambiar lo ya ocurrido, sí podemos resolver y olvidar.

 

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¿Se puede ser amigo de una ex pareja?¿Se puede ser amigo de una ex pareja?

abejorro.net

La amistad entre dos personas es un vínculo que no reconoce fronteras, razas o religiones. Es esa otra persona a la que se considera un “hermano del alma” que está incondicionalmente. Pero, ¿y si esa persona fuera un ex?El debate es amplio y abierto. Algunos profesionales en psicología sostienen que luego de una ruptura en una pareja, lo mejor es tomar distancia y que cada cual siga su camino.Pero de la vereda de enfrente, se encuentran aquellas personas que creen que vale la pena seguir una relación de amistad con aquella persona que fue tan importante en su vida, pese a que el amor se haya diluido.Pero la amistad debe ser recíproca en este caso y que no sea sólo uno quien desee mantener el vínculo con otra finalidad.”Ex’s” y cienciaLas razones por las que se decide tener una relación de amistad con los ex son variadas. Sin embargo para la ciencia, esta conducta puede reflejar signos de “psicopatía”.Así lo reflejó una investigación realizada por la Universidad de Oakland, Estados Unidos, liderada por los doctores Lisa Welling y Justin Mogilski, quienes afirmaron que en la mayoría de los casos, las personas que mantienen una relación de amistad con sus ex parejas “por algún interés” pueden mostrar rasgos de manipulación y/o narcisismo.Para el estudio se recolectaron datos de 861 personas a quienes se les pidió contestar una serie de preguntas que reflejaran los rasgos oscuros de su personalidad, y descubrieron que la mayoría de ellas mantenían una amistad con sus ex parejas para obtener algo a cambio como sexo, dinero o compañía, mostrando una leve tendencia hacia el lado masculino. Los demás, en cambio, mantenían contacto sólo por el apego emocional.El vínculo de amor con una pareja es difícil de superar, ya sea por el apego a lo conocido, miedo a la soledad o por puro egocentrismo. Así es como, muchas veces, las personas no logran “cortar” o, en otros casos, buscan darse otra oportunidad para proyectar una nueva relación de amor.Estas relaciones denominadas “cíclicas”, tienden a ser más impulsivas a la hora de tomar decisiones importantes. Como consecuencia, llevan a la mala comunicación y a estar menos satisfecho con la pareja según un estudio realizado en la Universidad de Kansas de Estados Unidos.Amber Vennum, autora de la investigación, explica que hay una propensión a tomar decisiones que afectan negativamente a la relación y de este modo, la baja autoestima e incertidumbre sobre el futuro de la pareja son protagonistas en la relación, y así es como la confianza sobre el futuro de la pareja, disminuye.La autora sostiene que las mayorías de estas relaciones cíclicas en las cuales hay rupturas y encuentros no tienen un buen futuro por delante.

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 Las 10 peores formas de terminar una relación de pareja

La mayoría de los mortales ha debido enfrentar una ruptura sentimental alguna vez en su vida, una situación difícil que se puede volver aún peor cuando el quiebre se da por los medios inadecuados.

Algunas personas tienen poco ‘tacto’ a la hora de comunicar a sus parejas que quieren terminar, provocando un dolor adicional …y totalmente innecesario.

Conoce 10 formas MUY inapropiadas de decirle a alguien que ‘se acabó’ :

1. En un mensaje de texto: Una forma (muy cobarde) de no enfrentar a la otra persona es enviando un mensaje de texto a su celular. Y es que nadie espera recibir un SMS con tal noticia.

2. Por Facebook: Se asemeja a la anterior. Debe ser muy frustrante ingresar a revisar tu perfil de Facebook y encontrarte con un mensaje diciendo que la relación llegó a su fin.

3. Frente a la familia: A muchas parejas les gusta compartir diversos aspectos de su relación con la familia, pero comunicar el término del romance frente a los padres, hermanos o cualquier otra persona por muy cercana que sea, debe ser realmente bochornoso.

4. En ‘ese’ lugar especial: El restaurante donde tuvieron su primera cita, el lugar donde se conocieron, el banco de la plaza en donde se reunían siempre, etc. Cualquiera de esas locaciones no son adecuadas para comunicar aquella triste determinación.

5. En la cama: Si vas a arruinarle el estado de ánimo a alguien, al menos espera a que esté vestido y en otro contexto. Definitivamente éste es uno de los peores escenarios para ponerle fin a una relación.

6. En el Día de los Enamorados o en su cumpleaños: Hay otros 363 días del año para decirle a alguien que ya no quieres estar con él o ella. En el caso del día de San Valentín, debe ser muy doloroso finalizar una relación cuando todo el entorno está rodeado de corazones, peluches y cartas de amor. Y en el Cumpleaños, por favor, no es necesario arruinar una celebración.

7. Desapareciendo sin dar explicaciones: Hay personas que no se atreven a terminar con su pareja y simplemente se esfuman. Debe ser muy difícil que tu amado te abandone sin dejar rastro, ni avisar por teléfono o dar una explicación. Siempre es mejor enfrentar las cosas.

8. Pidiéndole a un amigo que lo diga por ti: Otra forma cobarde de terminar es pidiéndole a alguien más que haga lo que tu no quieres hacer por cobardía. Ten un poco de respeto por quien estuvo a tu lado.

9. Presentando a la nueva pareja sin terminar ‘oficialmente’ la relación anterior: Debe ser muy doloroso que quien creías tu ‘media naranja’ de repente aparezca con alguien ‘nuevo’ sin siquiera dar explicaciones. Esta acción no sólo es muy cruel, sino que también muy irrespetuosa.

10. Haciendo que el otro te deje: Ésta es una de las más comunes. Haces algo muy malo (como ser infiel) y esperas que tu pareja se entere, con el fin de que sea él o ella quien te deje y no tengas que ser tú el que de el corte definitivo. ¡Pésimo!

 

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 Las parejas ahora van a terapia antes de que surjan los problemas

AÚN SON POCOS, pero su aumento ha sido sostenido y ya están bien identificados. Diversos especialistas consultados por Tendencias lo confirman: si hasta hace una década sólo una de cada 10 parejas solicitaba una “terapia preventiva”, que la ayudara a esclarecer qué conflictos podría enfrentar una vez casada, hoy ese número ha aumentado en, por lo menos, un 20%. ¿El denominador común? La creencia de que esperar que surja un conflicto para luego “remediarlo” es una estrategiademasiado tardía y que, en esos términos, lo que hay que hacer es buscar a un especialista para que detecte el problema antes de que se manifieste y proponga soluciones. Y esto es válido para casarse o para irse a vivir juntos.

Los que están consultando por este tipo de tratamiento son jóvenes profesionales de entre 25 y 33 años, de los segmentos medios y altos, que viven en torno a una enorme expectativa de éxito en sus vidas. Y en ese escenario, la relación de pareja aparece como una dimensión más de éxito.

Son los representantes de la generación Y, la más preparada académicamente, la que decidió postergar la maternidad, el matrimonio y, en general, la estabilidad que conocieron y persiguieron desde muy temprano otras generaciones.

De hecho, son los mismos que han experimentado varias relaciones de pareja y, muy probablemente, con más de alguna de ellas han convivido, pero por eso mismo, necesitan de mayores garantías cuando quieren llegar a formalizar. Y si bien tienen claro que ningún contrato les asegura que la persona que están eligiendo sea la definitiva, a pesar de eso, quieren que lo sea, y en ese empeño prefieren prevenir.

Para ellos, sostiene la experta en terapia de parejas y subdirectora del Instituto Chileno de Psicoterapia Integrativa, Verónica Bagladi, “está siendo cada vez más notorio que iniciar una relación comprometida no asegura que ésta vaya a terminar bien”, a pesar de todo el esfuerzo que se ponga en ella.

Un ejemplo de la necesidad de buscar ayuda antes de que surja el problema es el caso de Paula, una sicóloga de 28 años que junto a su pareja consultó a una especialista sólo cuatro meses antes de casarse. En ese momento, ellos no tenían grandes conflictos, pero ella quería estar segura de poder ayudar en el proceso a la hija de su pareja, en ese entonces de cuatro años. Como él se había separado hace tres años y se había quedado con la tuición de la niña, para Paula era “bueno consultar esto antes, plantear el tema, saber que venía un cambio, una transición grande y que teníamos que aprender a abordarlo”. Para ella, la preocupación más grande era asumir la maternidad, porque implicaba un enorme desafío. Además, no sabía qué dificultades podría traerles el proceso de formar una nueva familia.

Este es uno de los temores de estas parejas, asegura Bagladi, que muchas veces vienen de otro matrimonio o tienen hijos de otras parejas. En estos casos, dice la especialista, está la necesidad de prevenir un conflicto que podría afectar a más personas, no sólo a los dos más involucrados. Uno de los grandes temas, sostiene, es el miedo a que, cuando hay niños, “la pareja no los acepte o que a los niños les resulte muy difícil adaptarse”.

Cuestión de bienestar

El sicólogo clínico y académico de la U. Central, Fernando Urra, asegura que las parejas que llegan a este tipo de terapia están seguras de querer asumir un compromiso importante, pero viven con el fantasma del fracaso rondando y buscan asesoría, tal como lo harían para comprar una casa o un auto. Sin embargo, el mismo especialista cree que hay otro factor en juego, que también es un signo de los tiempos modernos: la necesidad de bienestar en todo ámbito.

Hoy, dice Urra, queremos vivir en pareja para pasarlo bien. “Trabajamos mucho y nos vemos muy poco, por lo que queremos asegurarnos que en esos momentos en que nos veamos, lo pasemos bien”. Algo que le parece más sano que lo que, a su juicio, se vivía hace una década, cuando las parejas aplicaban lo que él llama la “técnica del chicle”, esa que indicaba que la goma de mascar debía botarse apenas perdiera el sabor. Una forma de ejemplificar a las parejas que, ante el primer problema, decidían divorciarse. Hoy, dice el especialista, las parejas jóvenes tienen muy claro que asumir la responsabilidad de una vida en pareja es algo importante y quieren enfocarse en lo esencial.

Renay Cleary, directora de investigación del Instituto de Investigación de Relaciones de Pareja, en EE.UU., comenta a La Tercera que no le extraña esta tendencia que se está dando en Chile y que también se aprecia hace algunos años en ese país, porque, por su experiencia, lo más lógico que pueden hacer estos adultos jóvenes es consultar y, ante la duda, abstenerse. “El divorcio es más común en la generación actual que en, por ejemplo, la 50, por lo tanto, es plausible que los individuos que estén considerando la idea de casarse puedan estar preocupados del divorcio. Además, más individuos que antaño son hijos de padres divorciados, lo que también puede predisponerlos a considerar seriamente las implicancias de casarse”.

Ahora, esta tendencia no ha anulado la mayoritaria manera en que las parejas comiezan a convivir: uno de ellos se empieza a quedar frecuentemente en la casa del otro, sin que eso signifique estrictamente, “vivir juntos”. La ropa se va acumulando junto al cepillo de dientes y el secador de pelo, hasta que un día parece infinitamente más conveniente dejar de “hacerse los lesos” y comenzar a convivir.

Sin embargo, todo parece indicar que esta inercia podría comenzar a tener otra dinámica. De acuerdo con los especialistas, estas consultas “preventivas” de los jóvenes están asociadas a todos aquellos temas que impliquen un aumento del nivel de compromiso, como compartir la casa, tener un hijo o irse a vivir juntos a otro país. Cada vez más, la “teoría de la inercia”, propuesta por diferentes estudios, la misma que hace que se pase de un estado de compromiso a otro sin reflexionarlo mucho, parece el camino menos seguro para afianzar una relación, frente a la que se tienen diferentes temores.

Según Verónica Bagladi, uno de los temas principales que las parejas buscan trabajar es la forma de resolver los conflictos, pero hay diferencias entre hombres y mujeres. La experta explica que en este tipo de terapias participan ambos integrantes, pero que hay una parte que se realiza de manera individual. En esas ocasiones, “cuando sale el tema de pareja, las mujeres tienden a preguntarse si su pareja será el hombre indicado para formar una familia, mientras que ellos suelen preocuparse de qué tan buenos compañeros llegarán a ser en el largo plazo”.

Para Paula, sólo beneficios han quedado después de esta consulta preventiva: “Sin la terapia hubiera sido muy dificil. Yo creo que no hubiera resultado, porque había temas bien fuertes que revisar, sobre todo la relación con mis suegros, y esto me permitió vivir el proceso sin un desgaste tan tremendo”.

 

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