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Pareja – Romance

Los nueve ‘pecados’ del primer mes de relación

Un chispazo desencadena todo lo demás. Las relaciones deben superar la frontera de las primeras semanas para consolidarse y dar un paso hacia el compromiso, pero a veces esa frontera es una diabólica carrera de obstáculos. El ansia por sentirnos queridas o la inseguridad pueden hacer que nos comportemos como auténticas psicópatas y echemos a perder justo aquello que andábamos persiguiendo.

Muchas veces ser natural es lo más difícil. Como decía Fernando Pessoa, “amar es pensar”, y pensar demasiado hace perder el norte a cualquiera. Para evitar los errores en los albores de una relación, el portal de citas EHarmony ha elaborado una lista con los nueve pecados más frecuentes durante la primera toma de contacto con una posible media naranja.

  1. Llegar tardePuede parecer una tontería, pero no lo es en absoluto. Hacer esperar a la otra persona no es solo una falta de educación, sino también una falta total de respeto. A nadie le gusta sentirse despreciado, y menos durante el comienzo de la relación. De modo que, si eres de las que deja todo para el último momento, ponte las pilas y organízate para llegar con 20 minutos de antelación.
  2. Pasarte con las copasUn par de vinos pueden ayudarte a sentirte más a gusto y hacer que la cita fluya mejor. Sin embargo, parecer una ebrio durante la cena no hará que él o ella te mire con buenos ojos. Si piensa que no eres capaz de moderarte, podría entender que también eres irresponsable en otras áreas de tu vida. La emoción está bien, pero vivir junto a un torbellino incontrolable no es divertido. Por tanto, un persona que valga la pena preferirá una pareja tímida y sobria -al menos en la primera fase- que alguien que se líe la manta a la cabeza mientras agita el quinto cubata.
  3. Hacer ‘la búsqueda’ en internetEs un clásico: conoces a alguien y te lanzas a investigarle en las redes sociales. Te sientes Sherlock por unos minutos (o incluso unas horas). Al final del día sabes dónde estudió, quiénes son sus padres y cuáles son sus cinco grupos de música favoritos. Lo de ‘La Búsqueda’ es una auténtica droga, sí, pero debes dejarla. De modo que bloquea tus instintos y espera para conocer a tu cita por los cauces normales: cena y conversación, de esa forma resultará mucha más natural y divertido para ambos.
  4. Hablarle de tu exProbablemente te marcó para siempre, pero no es el momento de hablar de él o de ella. Cuando comienzas una relación tienes que centrarte en el futuro, no en el pasado. En caso de que sigas siendo amigo/a de tu ex pareja, tampoco deberías compartir los detalles de esa amistad con tu nueva conquista, porque podría crear inseguridad y hacerle creer que tiene un competidor demasiado cerca. El tema de los amoríos pasados debe quedarse en el cajón, por lo menos hasta que tu nueva relación sea un poco más sólida.
  5. Decirle que te estás enamorandoHablar de esa clase de sentimientos demasiado pronto puede estropear la relación. Durante las primeras semanas, la pareja aún no es lo suficientemente fuerte como para decir ‘te quiero’. Al principio, los sentimientos de cada uno evolucionan a ritmos diferentes, de manera que siempre habrá una parte más ‘colgada’ que la otra. Dar a entender que estás enamorado hará sentir incómoda a tu pareja y podría arruinar lo vuestro. Es mejor esperar y disfrutar de su compañía, ver cómo se van desarrollando los acontecimientos y dejar el ‘te quiero’ para cuando sea una expresión real y correspondida.
  6. Soltar la ‘bomba’ del matrimonioPuede que comiences a quedar con alguien con la idea de terminar teniendo una relación seria. Quizá planeas, en un futuro no muy lejano, casarte y tener hijos. Sin embargo, las primeras semanas de una relación no son el mejor momento para poner ese tipo de cartas sobre la mesa, ya que una declaración así podría asustar a tu pretendiente. Interrogarle sobre su opinión acerca del matrimonio no es buena opción tampoco. La mejor estrategia es esperar, porque entre conversación y conversación, sus perspectivas respecto al compromiso quedarán claras sin necesidad de ponerle contra la espada y la pared.
  7. CriticarLa línea entre preocuparse y criticar a alguien es peligrosamente fina. Si no te gusta cómo le queda la barba o el vestido que se ha puesto, no es buena idea dejárselo caer en la tercera cita. De la misma manera, debes tener mucho cuidado con las personas que vierten críticas sobre ti demasiado pronto, puesto que es una actitud que seguramente empeorará con el tiempo. Si te dice que debes perder un par de kilos o que no le gusta cómo vistes, posiblemente no sea para ti.
  8. Poner verde a alguienTodos tenemos nuestra opinión sobre los demás. Hay personas que nos hacen hervir por dentro y rasgos que no soportamos. Sin embargo, con un puñado de citas con alguien en nuestro haber, no sabemos lo suficiente como para ensañarnos con alguien. Podemos detestar ciertas ideas políticas o algún tipo de acento, pero cuidado, no sabemos si su hermano, por ejemplo, cumple con nuestro objeto de rechazo. Ser moderado puede evitar un comentario muy desafortunado para el que no estáis preparados.
  9. El sexoEse arma de doble filo. Cuando conocemos a alguien que nos gusta, a las pocas citas sentimos la tentación de intimar en todos los sentidos. El deseo aparece enseguida y es difícil decir que no a los instintos naturales. El problema es que ir a la cama sin estar preparados puede abrir una brecha grande en la pareja. Estar seguros de los sentimientos y que fluya cierta confianza es importante para que los juegos sexuales actúen como un vínculo y no un motivo de distanciamiento.

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Llamar a tu pareja con sobrenombres cariñosos mejora la relación

Lejos de ser ridículos, son una forma de mantener el amor latente.

nuevamujer.com.-Por Karen Hernández

La comunicación es una de las claves para tener éxito con tu pareja y aunque suene extraño, llamarla “cosita”, “chiquito” u “osito”  puede asegurarte una relación más duradera, según los expertos.

Por más que digamos que los apodos son para parejitas melosas y ridículas, todas en algún momento hemos llamado a nuestro amado con el nombre de algún animalito o término que denote algo esponjoso. Lo peor/mejor del caso es que entre broma y broma, estas palabras salen de lo más profundo de nuestro corazón e incluso nos hacen sentir mariposas en el estómago cuando el otro se dirige a nosotras de la misma forma.

De acuerdo expertos, las parejas más felices tienden a utilizar este extraño lenguaje como una forma de comunicación positiva pues establece niveles de confianza.  Pat Love y Steven Stosny, autores de ‘Cómo mejorar su matrimonio sin hablar de ello’, dice que esto “es una manera de identificar la relación como exclusiva”, una especia de “marcador auditivo de territorio”, pues cuando otros alrededor escuchan una conversación entre la pareja, saben que están comprometidos el uno con el otro.

Con los apodos se crea una especie de lenguaje inventado entre ambos que los conecta de forma única. “Es una manera fácil de inyectar comunicación positiva en la vida cotidiana”, explica Jamie Turndorf, psicoterapeuta de relaciones en Nueva York y autor del libro ‘Kiss Your Fights Good-bye: Dr. Love’s 10 Simple Steps to Cooling Conflict and Rekindling Your Relationship’. Esto a su vez permite tener bromas internas que alivian la tensión al momento de argumentar o discutir.

Lillian Glass, experta en lenguaje corporal y consultora de comunicaciones, de la Universidad de Minnesota explica que los apodos también manifiestan niveles de contento o descontento entre las personas así como el nivel en el que se encuentra la relacion sin necesidad de hacer o decir de más. No es casualidad que las parejas que están empezando se apoden con cosas que recuerden a algo muy dulce (como “algodón de azúcar” o “corazón de melón”) ya que ante los ojos de cada uno, el otro es una delicia y algo muy atractivo.

A medida que la relación avanza, la pareja ya habrá creado todo un lenguaje propio y los apodos pasarán a reflejar más las experiencias compartidas.

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Cómo no morir de amor

Hay vida después de un querer incomprendido,  asegura el psicólogo clínico Walter Riso, quien nos ofrece los diez principios de supervivencia afectiva pensados para no morir de amor.

1. Retírate dignamente. “Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente, ya que luchar  por  un amor imposible, nuevo o viejo, deja muchas secuelas”. Este es el primer  principio de este psicólogo italiano.

2. Ten espíritu guerrero. “Cuando realmente ya no te aman, con independencia  de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no librar una batalla inútil y desgarradora; es mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel”, aconseja el psicólogo.

3. No te cases con un amante. El segundo consejo de este experto es que nunca te cases con el amante, “porque es como echarle sal al postre. Solamente un pequeño porcentaje de amantes que acaban casándose o se van a vivir juntos, mantienen una relación que funcione”, mantiene el experto.

“Despertar del éxtasis, reestructurar la locura simpática que mantenía viva la relación tiene sus consecuencia y contraindicaciones;  es muy difícil reglamentar el amor pasional y que el hechizo no se rompa”, remacha Riso.

4. Sácalo de tu vida de raíz. “En ocasiones, los ex se convierten en una especie de apéndice: no cumplen ninguna función, son incómodos  y habría que extraerlos de raíz si  se quiere tener una vida saludable y en paz”, aconseja el especialista.

Para aquellos enamorados a quienes su pareja martiriza con la frase “ni contigo ni sin ti”, Riso aconseja que corran con todas las fuerzas  lo más lejos posible y no salten  al compás del otro, sino que sean rotundos y contundentes en el “se acabó”.

5. Las emociones dependen de ti. Muchos creen que el poder afectivo lo tiene quien necesita menos del otro y no faltan quienes intentan sacarle provecho con el mensaje implícito de que se irán si no le dan lo que desea.

“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico.

6. Aprende a estar solo. “Ensaya la soledad”, es el consejo del experto, en el bien  entendido de que la soledad afectiva no tiene porqué ser una tortura y que no se define por  sustracción (estar “sin ella o sin él”) sino por la multiplicación del ‘yo’, que se recrea en el autodescubrimiento.

“Invítate a ti mismo a salir y conversa de ‘tu a tú’ o de “’yo a yo’ y tendrás que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la persona a la que quieres, a veces, sobra y molesta,  a pesar de que la ames”, añade Riso.

7. Un clavo no siempre saca a otro. “Un clavo no saca  otro clavo y, a veces, pueden  quedar dentro los dos”, advierte el psicólogo para quienes suelen recurrir a este proceso, bien por la necesidad de ser amado, la baja tolerancia al dolor afectivo, o el revanchismo.

“Con esta idea en la cabeza, los dolientes se lanzan al mundo  del mercado afectivo en busca de un ”clavo” más grande y más potente que desplace y retire el anterior, sin pensar que en el mundo emocional  hay una leyes que subsisten antes deben ser asimiladas y diluidas por  el organismo”, asegura Riso, en relación con el duelo amoroso.

En su opinión, lo mejor sería un proceso a la inversa: primero hay que sacar  el viejo clavo y luego, si tienes suerte, hallarás una persona que valga la pena y que pueda a entrar en tu vida tranquila y sin estorbos del exterior.

8. No te autocastigues. Otro principio de supervivencia afectiva pasa por evitar el sacrificio irracional e intentar anularte para que tu pareja sea feliz “porque autocastigarte para levantarle la moral a otro es matar el amor en nombre del amor; ésa es la paradoja”, apunta Riso.

9. Reencuentra la pasión. Otra máxima a tener en cuenta es que “si el amor no te ve, ni te siente, no existe o no te sirve” y  abomina de quienes no son capaces de expresar amor porque “no es suficiente sentir el amor, sino que hay que sacarlo a relucir, hay que probarlo”.

“Necesitamos algo de locura, un poco de desorden, una chispa que nos recuerde que la pasión no ha muerto y el juego no ha terminado; entre un estilo afectivo  apocado y preciso y otro locuaz y explícito,  la mayoría  preferimos el segundo”, enfatiza el experto.

10. Una separación te enseña. Y, por último, concluye que algunas separaciones son instructivas ya que “permiten saber lo que no quieres del amor”.

 

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Relaciones tormentosas, una adicción silenciosa

Carlos no contaba con que su pareja lo maltrataría, gritaría y sería capaz hasta de pegarle. Tampoco que una relación pudiera consumirlo hasta el punto de terminar pidiendo siempre perdón, aunque tuviera la razón. Pero mucho menos, que esas circunstancias lo hicieran sentirse tranquilo.

Tenía 23 años cuando, viviendo en Estados Unidos, conoció a una mujer 13 años mayor que él. Trabajaba en un restaurante y los fines de semana se ganaba la vida en un bar nocturno. Le costaba creer que una mujer profesional, colombiana también, bella y que podía estar con un ejecutivo de una prestigiosa empresa estadounidense, se hubiera fijado en él.

Todo inició bien, pero siempre, relata Carlos, la relación dependía de la intimidad: se peleaban con mucha frecuencia, pero terminaban arreglando las cosas en la cama. “Hubo como 15 días en los que no peleamos. Y yo decía: ‘esta vieja está saliendo con otro, tiene otro tipo, pero no me quiere decir a mí porque dirá que pobrecito’. Uno de esos días me desesperé de saber que llevábamos tantos días sin pelear y le busqué la pelea. Me empezó a gritar de madrazo para arriba y ahí dije: ‘¡Gracias Dios mío gracias, ella sí me quiere, no está con otro!”.

Fue así como sin saberlo, Carlos se iba adentrando en una relación que lo convirtió en un adicto. Y no de una sustancia ingerida. Según Martha Suescún, maestra en Prevención y Tratamiento de Conductas Adictivas de la Universidad de Valencia, y directora general de la Fundación Libérate, existen adicciones no tóxicas, que no obedecen a dependencias de sustancias externas o químicas, pero que llegan a ser tan nocivas que “representan una de las formas más absurdas de atentado contra la libertad personal”.

Estas dependencias, explica la experta, comparten características con las de las sustancias tóxicas denominadas drogodependencias, hasta el punto que la persona llega a perder el control de sus emociones y pasa por encima de su voluntad. Según Suescún, el Manual de Diagnóstico de Enfermedad Mental define el concepto de adicciones no tóxicas y se explica que dentro de ellas por ejemplo, se encuentra el juego patológico. Carlos no empezaba a ser un ludópata, pero sí un dependiente de una relación peligrosa.

De golpes y amores

Carlos vivió tres años bajo las mismas circunstancias con su novia. Tenían peleas fuertes. Tanto que no entendía por qué seguía con ella, la situación era insoportable, pero estar unos días separado de ella le causaba un dolor espiritual más fuerte que el físico, producido por los golpes de ella.

El momento que sobrepasó todos los límites fue cuando cansados de tanto pelear, ella le dijo que terminaran sanamente, así que lo invitó a almorzar en su casa un domingo para que se despidiera de la hija que ella tenía. Concluyeron su relación en buenos términos.

Carlos tenía una amiga cubana a la que le contaba todo lo que pasaba con su novia y quien, cuando terminaron, fue su compañía. “Nos cuadramos y nos estábamos conociendo. Pero el nuevo noviazgo me duró 8 días, porque a la semana siguiente llegué a mi casa y en el buzón había una llamada de mi exnovia gritándome, diciéndome que eso era lo que yo quería, que yo ya tenía otra…”

Carlos se dio cuenta también que entre sus mensajes tenía uno de la cubana en el que le decía que lo extrañaba y le hacía falta verlo. Entonces fue cuando entendió que su exnovia había ingresado desde una clave externa al buzón de mensajes de su casa y que había escuchado también el mensaje de su amiga.

Inmediatamente supo que ella no tardaría en llegar a su casa a reclamarle y llamó a la cubana a advertirle: “ella viene para acá y yo sé que te va a llamar. Por favor dile todo lo que hemos hecho tú y yo en estos ocho días, en qué lugares hemos estado, todo tal cual”.

Unos minutos después llegó la exnovia, empezó a gritarlo, a pegarle y a preguntarle que qué había hecho con la cubana. Él le contó todo el recorrido que había dado con la cubana en esa semana. Luego ella le dijo que la llamaran para confirmarlo. Y todo iba bien hasta que le preguntó a la cubana que si ellos habían tenido relaciones sexuales. Ella le contestó: “sí, cuatro veces”.

Pero eso era mentira, cuenta Carlos, y ahí empezó la batalla campal. Golpes, daños y gritos atrajeron a la policía, que al llegar encontró el lugar destrozado. “Ella había volteado el comedor de la rabia, lo dejó patas arriba. Estaba despelucada y me preguntaban que por qué estaba así. Yo les decía que era una mujer muy celosa”, dice él.

Después de eso, ella demandó a Carlos por lesiones personales y lo citaron a dar declaraciones el 4 de febrero de 2004. Pero él no tenía papeles, estaba como ilegal, así que lo más probable era que fuera a una cárcel. “Los papeles legales tampoco los había podido sacar porque ella no me dejaba, me decía que no me fuera a casar con otra por papeles, que como ella era legal me ayudaba y nos casábamos, pero siempre se dilató la cosa”.

Así fue, como el mismo día que Carlos tenía la cita, tomó un avión de regreso a Colombia y se “auto deportó”.

Reconoció su adicción

Vino la depresión, la soledad, las ganas de volver con ella y los pensamientos de que ellos se querían y que debían volver. La mamá de Carlos vio la situación y lo llevó con la sicóloga Suescún, quien vio en Carlos la sintomatología de un adicto.

Tuvo síndrome de abstinencia, pérdida de control de los impulsos, pérdida de interés por otras actividades gratificantes e interferencias con otras actividades cotidianas: lo que Carlos reconoció como adicción a una relación poco sana.

Estuvo casi un mes y medio internado, superando su abstinencia, reconociendo que aunque es una situación por la que pasan sobre todo mujeres, él como hombre la vivió y que son muchas las personas a las que les cuesta reconocer que pasan por circunstancias parecidas o peores y en las que son presas de situaciones que no los deja ser felices y desarrollarse como seres humanos.

Hoy, pese a estar casado, tener una familia y un trabajo estable, reconoce que le cuesta trabajo estar solo, que le molesta salir a bailar y que cuando alguien grita, realmente se descompone. Aún así, piensa que su experiencia puede servir para que otros reconozcan sus apegos emocionales.

Otras adicciones no tóxicas

Según Martha Suescún, hay otras adicciones no químicas como la adicción a los videojuegos, al Internet, al celular, al sexo o a las relaciones de pareja. Todas ellas, aunque no producen un deterioro físico notable como lo sería el de una sustancia psicoactiva, ni ponen en riesgo inmediato la vida, sí son causantes de serias disfuncionalidades en el entorno laboral, familiar y social del sujeto que las padece y pueden convertir la vida de cualquier ser humano en un caos.

Reconozca la adicción

La doctora Suescún da algunos tips para saber identificar cuándo una relación atraviesa lo normal.

1. ¿Usted cree y siente que es responsable por otras personas; por sus sentimientos, pensamientos, acciones, decisiones, deseos, necesidades, bienestar o malestar, incluso por lo que les ocurra en el futuro?
2. ¿Se siente usted instintivamente impulsado a ayudar a otras personas a resolver sus problemas, aún cuando ellos no le hayan pedido ayuda?
3. ¿Se encuentra a usted mismo diciendo sí, cuando en realidad quería decir no, haciendo cosas que realmente no desea hacer, o haciendo cosas para otras personas que ellos pueden hacer por ellos mismos y entonces sitiendose resentido y victimizado?
4. ¿Se siente aburrido, vacío y sin valor, si no existe una crisis en su vida, un problema que resolver, o alguien a quien ayudar?
5. ¿Usted cree que alguien es responsable de cuidarlo y de hacerlo feliz?
6. ¿Usted cree y siente que alguien, o el problema de alguien está controlando su vida?
7. ¿Se siente usted culpable por lo que piensa y siente y lo niega?
8. ¿Cree usted que no puede ser feliz hasta que otra persona – padre, hijo, amigo, amante o pareja – cambie su conducta? ¿Está usted esperando que otra persona cambien para poder ser usted feliz?
9. ¿Le permite usted a alguien que lo abuse física o emocionalmente?
10. ¿Siente que tiene que ponerse furioso y gritar para que lo oigan?
11. ¿Busca usted la aprobación de otras personas por su conducta o decisiones?
12. ¿Usualmente usted no dice lo que siente?

Si responde positivo a mas de cinco preguntas es momento de buscar ayuda.

 

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El séptimo año sigue siendo crucial en la relación de pareja

Nuevo estudio vuelve a poner en evidencia que además de crítico es un tiempo decisivo en la continuidad o no de la unión matrimonial

eldiariony.com

Al parecer, la temida comezón del séptimo año puede ser más una realidad que un mito, tal como lo demuestra una nueva encuesta efectuada recientemente que reveló que las parejas casadas de Estados Unidos creen que éste es uno de los años más críticos en la relación matrimonial.

De acuerdo con dicha encuesta, realizada por los investigadores de mercado OnePoll (bajo la comisión de la compañía Pure Romance), en promedio, el séptimo año es bastante crucial, aun cuando en la actualidad las crisis tienden a darse  en los primeros años de la relación, especialmente entre las parejas jóvenes.

A la Dra. Isabel Gómez-Bassols, especializada en psicología, no le sorprende el resultado, ya que, aunque cada pareja tiene su propio tiempo de duración, generalmente los siete primeros años de la relación se sitúan como un momento de crisis casi obligatorio.

“La duración de un matrimonio es muy subjetiva”, recalca la popular conductora de un programa radial, en el que imparte consejos a los radioescuchas sobre temas relacionados con la pareja, los hijos y otros integrantes de la familia. “Todo dependerá de qué tan enamorado estaba el uno del otro al momento de la boda… Si ambos se casaron realmente por amor y no por interés”.

Pero lo cierto es que toda pareja, que se haya casado ya sea por amor o interés, por lo regular, encara la crisis de los siete años porque “a partir del tercero, cuarto, quinto, sexto o séptimo año, todo el brillito del enamoramiento y de la pasión se apaga”.

Y esto se da porque a estas alturas de la relación, “los integrantes de las parejas se quitan todas las máscaras que traían y empiezan a hacerse preguntas como “por qué me casé con este hombre o esta mujer que tiene tantos defectos”, “por qué me casé si este tipo de relación no era lo que yo quería… En fin, empiezan a verse [entre ellos mismos] sus defectos, se apaga la pasión o cambian sus objetivos, sus intereses, sus planes, sus metas”, explica la experta.

Entonces, ¿qué pasa?

“Cuando la pasión se apaga o la situación comienza a cambiar, muchos deciden trabajar en la salvación y el fortalecimiento de su matrimonio y otros, en vez de enfrentarse a la realidad, buscan un escape que en la mayoría de los casos es el de un amante y ahí es cuando se da el problema de las rupturas, las separaciones o los divorcios… y quienes terminan pagando las consecuencias son los hijos, si es que los hay de por medio”, detalla Gómez-Bassols.

Y aunque por lo regular las parejas que en realidad se quieren superan la crisis de los siete años, la psicóloga recomienda trabajar intensa y constantemente en reinventar la pasión y fortalecer los lazos de la relación, creando momentos de acercamiento con el cónyuge (ya sea dentro del ámbito de la sexualidad o en el  de retomar los momentos, recuerdos y sentimientos especiales que los llevaron a enamorarse), debido a que es común que entre los 11 y 13 años se presente otra crisis que puede terminar con la relación si la pareja no está sólida en el amor.

Algunos remedios

“Existen innumerables formas para mantener un matrimonio por largos años”, dice Patty Brisben, fundadora de Pure Romance en un comunicado. “Y una de ellas es la comunicación abierta sobre lo que se quiere, ya sea en términos de la familia, cuentas bancarias y actividad íntima en el dormitorio”.

Fuera de lo anterior, de acuerdo con los datos recopilados en el reciente estudio, las parejas encuestadas señalaron que también las siguientes pequeñas cosas (que requieren un interés y una acción recíproca) ayudan a mantener —entre otras— la pasión dentro de la vida matrimonial: abrazos; besos; caricias; cenas y vacaciones juntos (sin los hijos, si los hay); detalles; piropos; cuidado de la apariencia personal; apoyo mutuo e interés por cómo le va al cónyuge en sus planes propios y en su día laboral u oficio.

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Personas con autoestima baja son menos capaces de romper su relación de pareja aunque esta sea infeliz

Una investigación realizada por el equipo de la psicóloga Megan McCarthy, de la Universidad de Waterloo en Canadá, reveló que las personas con autoestima baja son menos propensas a romper su relación de pareja aunque les resulte negativa.

Según indican los resultados de la investigación, publicado el 27 de febrero del 2015, este tipo de personas no se queja sobre su relación con la pareja porque temen ser rechazadas.

Esto provoca que el cónyuge no deje de hacer las cosas que desagradan a su pareja con poca autoestima, porque ignoran la situación o asumen que la otra persona está conforme.

El estudio también sugiere que el pensamiento de las personas con autoestima baja, le hace creer que enfrentarse a los problemas solo conducirá la situación a resultados negativos en vez de positivos.

De manera que podrían pensar que no pueden manifestar sus quejas sin arriesgarse a que su pareja les eche en cara las cosas por culpa de las cuales estas personas tienen baja su autoestima y que ello dañe su relación, provocando una falta de satisfacción general aún mayor con respecto a dicha situación sentimental.

La psicóloga McCarthy tiene planes para emprender un segundo estudio, en compañía de su equipo de investigación, para buscar cómo incrementar la sensación de poder o influencia en un cónyuge con autoestima baja, y lograr que este pueda exponer a su pareja las quejas que antes no se atrevía a plantearle.

Tener una baja autoestima, o sentirse por debajo de la medida del éxito personal mientras se considera que el cónyuge y otras personas cercanas están por encima, puede provocar que la persona no logre atreverse a presentarle a su pareja las quejas que tiene sobre su forma de ser, y opte por seguir aguantando una relación insatisfactoria con ella.

 

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Casarse es bueno para la salud

Vivir en pareja y estar casado es muy beneficioso para la salud. Un exhaustivo estudio sostiene que, aunque el matrimonio puede estar lleno de dificultades y estrés, la evidencia científica demuestra que “vale la pena” ya que mejora los estándares de salud de quienes se casan.

La investigación, que publica esta semana el ‘British Medical Journal’ (BMJ), estuvo a cargo de la Universidad de Cardiff, en Gales (Reino Unido) y asegura que mejora sobre todo el estado físico de los hombres y la salud mental de las mujeres, según un estudio

Se analizaba el impacto que tiene para la salud vivir en pareja. Uno de ellos, incluso, mostraba que las parejas casadas tenían una tasa de mortalidad entre un 10 y 15 por ciento más baja que la del resto de la población.

De este modo, observaron que las relaciones de pareja de larga duración tienen una mejor calidad de vida, relacionado por los autores con un mayor apoyo social que, según aseguran, comienza en su propia pareja, lo que también “favorece un estilo de vida más sano y una mejor salud emocional y física”.

Sin embargo, los investigadores observan que estos efectos protectores varían de acuerdo al tipo de relación, distinguiendo entre vivir en pareja y estar casados.

“Cuanto mayor es el compromiso con la pareja, mayor beneficio para la salud”, aseguran, comprobando efectivamente que las parejas casadas viven más.

Igualmente, observaron también que el matrimonio es “especialmente beneficioso” para la salud mental de las mujeres, mientras que los hombres que vivían en pareja pero no estaban casados tenían una muy buena salud fisica, según los autores, porque “las mujeres tienen una influencia más positiva en el estilo de vida de su pareja”.

En el estudio también se observó que la duración de las relaciones también afectaba a la salud, siendo mayor el beneficio en las parejas que llevaban más tiempo juntos.

Por contra, los autores no han querido ampliar estas conclusiones a las parejas del mismo sexo, ya que “hasta ahora no se ha logrado obtener evidencia” como con las parejas heterosexuales.

Sin embargo, los investigadores del estudio reconocen a la BBC, en declaraciones recogidas por Europa Press, que en ocasiones es “mejor vivir sólo que mal acompañado”, ya que las relaciones difíciles y estresantes, tanto de corto o largo plazo, tienen un impacto negativo en la salud y en estos casos, “poner fin a la relación trae consigo beneficios para la salud mental”.

“Ser soltero está asociado con una mejor salud mental que estar en una relación difícil”, aseguran los autores.

En el estudio también se ha tratado de definir cuál es el mejor momento para establecer un compromiso duradero de pareja, determinando que para los hombres es después de los 25 años y para las mujeres entre los 19 y los 25 años.

Los investigadores subrayan, sin embargo, que hasta ahora la evidencia científica no ha logrado confirmar si la buena salud mental de un individuo conduce a una buena relación de pareja o viceversa.

“Hay una hipótesis que dice que los individuos bien adaptados tienen más probabilidades de establecer relaciones de largo plazo”, explican, destacando que sobre esto “es probable que los beneficios de salud observados no sean sólo la causa de tener una buena relación de pareja”.

 

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Las 4 razones principales por las que las parejas fracasan, según experta

En teoría las relaciones de pareja son una de las mayores fuentes de alegría y satisfacción emocional, pero en la práctica no siempre es así.

“Las relaciones amorosas pueden ser el fundamento de una vida significativa, y nuestra ancla en medio de dificultades de la vida e incertidumbres. Sin embargo, alrededor del 40% de los matrimonios terminan en divorcio, y las rupturas son más frecuentes entre las parejas no casadas”, señala la doctora en psicología Melanie Greenberg, quien es experta en relaciones de pareja.

En este contexto, la profesional escribió una columna en el portal especializado Psychology Today, donde indica que hay algunas razones que se repiten entre las parejas, y llevan al fracaso de un lazo sentimental.

“Las relaciones comprometidas pueden sobrevivir a altibajos, pero algunos patrones y comportamientos pueden crear un daño más permanente. En mis años como terapeuta e investigadora he identificado cuatro patrones dañinos que levantan banderas rojas en cualquier relación o matrimonio”, plantea.

A continuación te señalamos cuáles son.

1. El egoísmo, el narcisismo, y el desequilibrio

La experta dice que el egoísmo hace que las personas se centren siempre en sus propias necesidades y no piensen en la otra persona cuando deben tomar decisiones importantes o incluso en las interacciones del día a día.

“Si no contribuyes con las tareas del hogar o el cuidado de niños, tu pareja comenzará a construir resentimiento y sentirse poco querida”, dice la experta.

Por otro lado, señala que el narcisismo es un trastorno de la personalidad que puede abarcar muchas características, incluyendo el encanto superficial, la falta de empatía por los demás, y manipular a otros para fines propios.

Cuando las relaciones no están equilibradas y la familia no es la prioridad, o es sólo uno el que decide siempre cómo gastar el dinero, los lazos se van fracturando.

“El matrimonio y las relaciones comprometidas son, principalmente, asociaciones. Cuando el sentido de colaboración es deficiente, cuando tu pareja se muestra ajeno o desconsiderado con tus necesidades, la relación se debilita. Cuando exiges cosas de una pareja sin tener en cuenta cómo se sienten al respecto; cuando reprochas a tu pareja por no cumplir con tus necesidades sin tener en cuenta su punto de vista o la situación; y cuando ignoras las necesidades expresadas relacionadas con la intimidad, la comprensión y ayuda, se empiezan a crear heridas que son difíciles de reparar”, manifiesta Melanie.

“Si esto suena familiar, intenta ponerte en los zapatos de tu pareja y piensa en cómo te sentirías si actuaran de esa manera contigo. Aprende a ser agradecido por tu pareja y empieza a expresarlo con palabras y acciones” aconseja.

2. La relación no es una prioridad

“Nuestro sistema educativo no nos enseña que las relaciones amorosas toman trabajo y compromiso diario. Es fácil pasar la relación a un segundo plano cuando hay niños. Si no te haces tiempo para la intimidad sexual, el deseo se diluye. Si dejas de hablar con tu pareja acerca de tus esperanzas y sueños, se empiezan a distanciar. Si no te haces tiempo para hacer actividades divertidas juntos y con la familia, pueden comenzar a llevar vidas separadas”, dice Greenberg.

“Por todas estas razones, es importante que tengas tiempo para escuchar las historias y preocupaciones de tu pareja. La investigación muestra que haciendo actividades divertidas juntos, las parejas se sienten más cerca. Salgan a caminar o den un paseo en bicicleta, o inscríbanse en una clase de baile o cocina”, recomienda.

La psicóloga dice que también puede pasar que algunos estén más preocupados de los suegros, los amigos, los vecinos y los negocios. “De vez en cuando haz un inventario de cómo estás gastando tu tiempo y asegúrate de que el tiempo con tu pareja no sea lo último en la lista”, indica.

3. Estallidos de ira y rabia

“Las diferencias que se resuelven, y las expresiones de enojo controlado, son partes normales de una relación sana. Pero gritar enfurecido a la pareja puede hacer daño tanto a la persona como la relación. Las parejas en relaciones infelices pueden entrar en ciclos negativos, en las que cualquier pelea se intensifica rápidamente con acusaciones y comentarios negativos sobre la intención o el carácter de la otra persona”, explica Melanie.

Ella dice que hay mucho de cierto en la creencia de que es más fácil dañar a las personas más nos importan. “Sabemos exactamente cómo ir por su yugular y golpearlos donde más les duele. Y el estrés crónico hace que sea más difícil mantener el control emocional”, expresa.

“Las parejas de hoy tienen que hacer malabares -tráfico, cuentas, hipotecas, ahorros, jefes exigentes, responsabilidades de un hogar y los niños- por lo que es fácil estar emocionalmente inestables y estresados”, señala la psicóloga, añadiendo que no es raro estar a la defensiva todo el tiempo por efecto del estrés.

La especialista dice que “para evitar dañar tu relación, es importante no hablar de asuntos importantes cuando has estado bebiendo, tomar un descanso si tú o tu pareja andan mal emocionalmente, y atenerse al tema específico sin sacar en cara cosas del pasado. Puedes comunicar que un comportamiento es molesto, pero aún así transmitir que tu pareja es una hermosa persona”.

4. La infidelidad

Las relaciones saludables se basan en la confianza y cuando ésta se rompe, es muy difícil restaurarla.

Cuando hay una infidelidad, “la relación puede sobrevivir pero tendrá para siempre una parte rota”.

La experta dice que la infidelidad no implica sólo tener relaciones sexuales con otra persona. Tener “asuntos emocionales” y coqueteos por internet con terceros también pueden dañar las relaciones.

“Las mujeres, en particular, se sienten perturbadas cuando sus parejas tienen una estrecha conexión emocional continua con otra mujer. La infidelidad puede actuar como un trauma en la persona traicionada, haciendo que se sienta insegura y enojada, y se obsesione con lo que su pareja está haciendo. El engaño y la mentira para encubrir la infidelidad, suele tomarse como otra capa de traición”, comenta Melanie.

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