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Pareja – Romance

 Los viajes largos dificultan las relaciones de pareja

Un estudio sueco encuentra que el riesgo de separación es un 40% mayor para las personas que realizan un largo viaje de ida y vuelta al trabajo

En una economía difícil, muchas personas se encuentran tomando trabajos que requieren un largo viaje, pero una nueva investigación sugiere que puede haber un alto precio personal a pagar por esa decisión.

De hecho, un investigador de Suecia encontró que aquellos que viajan largas distancias hacia el trabajo tienen más probabilidades de separarse de su cónyuge o pareja que las que trabajan más cerca de la casa.

Erika Sandow, una geógrafa social en la Universidad de Umea, evaluó estos largos desplazamientos en Suecia y sus efectos en los ingresos y en las relaciones. En el análisis de más de 2 millones de adultos que estaban casados o vivían con una pareja, Sandow encontró que aquellos que viajan largas distancias, de hecho, tenían acceso a más empleos y mejores oportunidades de carrera, pero no sin sacrificios dentro del hogar.

Entre sus conclusiones, Sandow señaló que el 11 por ciento de los estudiados pasó por lo menos 90 minutos viajando todos los días (ida y vuelta). Los resultados también revelaron que un gran porcentaje de viajeros de larga distancia tienen niños pequeños y sus familias tienen raíces en su comunidad. Sin embargo, una vez comienzan la rutina de un largo viaje, la mayoría se quedan en ella. De hecho, más de la mitad de los que realizan viajes de larga distancia al trabajo habían estado haciéndolo durante al menos cinco años, informó.

Aunque las personas se adaptan a este tipo de viajes con el tiempo, muchas relaciones no sobreviven a este largo recorrido. El estudio de Sandow encontró que los viajeros de larga distancia son 40 por ciento más propensos a separarse que otras parejas, sobre todo en los primeros años de los largos viajes.

El género también entra en juego, dijo Sandow. La mayoría de los viajeros de larga distancia son hombres y sus parejas tienden a ganar menos dinero, señaló Sandow, agregando que las mujeres suelen trabajar a tiempo parcial o tener puestos trabajo más cerca de casa con el fin de poder recoger a los niños en la guardería. Como resultado, encontró que muchas mujeres están ganando menos y todavía tienen que asumir el papel principal como encargadas del cuidado de la familia y los niños.

Si bien las mujeres que realizaron viajes largos también mostraron tener más oportunidades y mejores salarios que las que no, estudios anteriores han demostrado que es más probable que se sientan estresadas, presionadas por el tiempo y menos exitosas en sus trabajos, en comparación con sus pares masculinos, indicó Sandow en un comunicado de prensa de la universidad.

Los resultados deberán ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada.

 

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El resentimiento: veneno para la relación de pareja

“Resentimiento es la facultad que desarrollamos los seres humanos para revivir el pasado en el presente y volverlo a sufrir como si estuviera pasando”

Cuando atiendo parejas en terapia, uno de los temas más recurrentes, y al que hay que dedicarle una buena cantidad de tiempo, es el de los resentimientos. En algún momento, en todas las interacciones humanas surgen estos sentimientos de agravio que, bien sabemos, si no se resuelven pueden llegar a dañar seriamente o a destruir la relación. Sin embargo, debido a la naturaleza de cercanía e intimidad de la relación, es más fácil que se geste el rencor entre los miembros de una pareja.

Me parece importante distinguir entre el enojo natural que sentimos ante algo que nos disgusta que haga nuestra pareja, por ejemplo, y el resentimiento, que tiene su origen en el enojo guardado derivado del incumplimiento de promesas o de recibir un trato injusto. Si bien el enojo se manifiesta abiertamente, el resentimiento generalmente permanece escondido en nuestra mente, donde habita y es alimentado por nuestros pensamientos repetitivos, nuestro deseo de justicia y venganza hacia el otro.

Es esa rabia anquilosada con la que nos quedamos anclados en el pasado sólo para repasar una y otra vez lo ya sucedido. Como ves, el resentimiento reside en nuestras mentes, listo para en el momento menos esperado saltar y hacerse evidente en frases como: “Ya me cansé de ser yo quien siempre…” o “Estoy harto de que…sea más importante que yo”.

Son muchas las causas para estar resentido con la pareja, pero es la falta de interés en el otro lo que genera mayor irritación y amargura. ¿Cómo es que esto sucede? Cuando la pareja inicia la relación encuentra novedad en casi todo lo relacionado con el otro, lo cual es muy estimulante. No obstante, con el paso del tiempo, se hace necesario hacer un esfuerzo para mantener el interés del otro y por el otro. Es por esto que la creatividad juega un papel tan importante en una buena relación de pareja. Este es quizás el tipo de relación más demandante en cuanto a paciencia, tolerancia, comprensión y uso constante de la creatividad.

Después de vivir lo mismo una y otra vez, es inevitable que la pérdida de interés se haga presente. Cuando los miembros de la pareja permiten que su interés en el otro disminuya, dan oportunidad a que se instalen el descontento y la queja. Es usual que uno de los dos sienta que algo está mal en la relación, pero que no perciba claramente qué es lo que sucede y que tampoco se dé cuenta del rencor que va acumulando ante la actitud del otro. Recordemos que el resentimiento crece silenciosamente y se alimenta de cada una de las muestras de falta de interés del otro, que en el fondo interpreta como un profundo rechazo, pues viene de la persona a quien ha abierto sus sentimientos y la parte más vulnerable de sí mismo. También surge el temor de quedarse solo y de sentirse hecho a un lado. Se disparan sus sentimientos de vergüenza profunda, por ejemplo, de no ser merecedor de la atención o el interés de una persona querida, lo que despierta recuerdos, muchas veces inconscientes, de lo vivido en la infancia con respecto al cuidado que tuvo de sus padres.

Me parece que el escenario es claro, ¿quién puede sentirse rechazado, temeroso del abandono y desvalorizado sin generar enojo? Además, por diferentes razones, entre las que están el hecho de no sentirnos comprendidos o de que imaginamos que podríamos enfrentar peores consecuencias si expresáramos nuestro enojo, guardamos nuestra sensación de rabia y alimentamos el rencor. El dolor es inevitable, pero también se mantiene en silencio, y es este silencio el que mata la relación. La comunicación clara y constante es esencial para mantener sanas nuestras relaciones y sobre todo la relación amorosa.

Conforme disminuyen el interés, el entendimiento y el sentido de conexión, se incrementan el sentimiento de rechazo, de temor, de ser indigno. El problema aquí está en que la persona resentida quiere que su compañero se muestre interesado, comprensivo y con deseos de mantener la conexión. Pero como ya está invadida por el rencor, se siente agraviada y se concentra sólo en lo que ella siente, no se encuentra abierta a las muestras de afecto, sensibilidad y deseo de vincularse del otro. En pocas palabras, el resentido está desensibilizado a los sentimientos de los demás y pierde de vista que su rabia contenida lo hace tan insensible como el otro actuó en algún momento, que es lo que generó la animadversión inicialmente. Es un círculo vicioso cuya solución es la expresión abierta de los sentimientos, con miras a llegar a un acuerdo.

Algunas acciones que pueden ayudar en la búsqueda de soluciones por medio de la comunicación son:

  • Evitar rumiar acerca de lo acontecido. La comunicación directa es la mejor manera de resolver un conflicto.
  • Escucharse el uno al otro. Dar la oportunidad de que cada uno exprese su sentir: enojo o dolor. Concentrarse en el dolor primero puede evitar que el otro se ponga a la defensiva.
  • Resolver una cosa a la vez. Tratar primero lo que genera sentimientos más fuertes.
  • Expresar el enojo. Hacerlo es una señal de que nos importa tanto la relación como la persona. No hacerlo equivale a permitir que el resentimiento termite matando la relación o que ésta se convierta en un infierno.
  • Aceptar honestamente la propia responsabilidad en la circunstancia desagradable.
  • Agradecer el tiempo y la atención que nos dedican.
  • Hacer una declaración que dé por cerrada la situación y que deje atrás el pasado. Aunque no podemos cambiar lo ya ocurrido, sí podemos resolver y olvidar.

 

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¿Se puede ser amigo de una ex pareja?¿Se puede ser amigo de una ex pareja?

abejorro.net

La amistad entre dos personas es un vínculo que no reconoce fronteras, razas o religiones. Es esa otra persona a la que se considera un “hermano del alma” que está incondicionalmente. Pero, ¿y si esa persona fuera un ex?El debate es amplio y abierto. Algunos profesionales en psicología sostienen que luego de una ruptura en una pareja, lo mejor es tomar distancia y que cada cual siga su camino.Pero de la vereda de enfrente, se encuentran aquellas personas que creen que vale la pena seguir una relación de amistad con aquella persona que fue tan importante en su vida, pese a que el amor se haya diluido.Pero la amistad debe ser recíproca en este caso y que no sea sólo uno quien desee mantener el vínculo con otra finalidad.”Ex’s” y cienciaLas razones por las que se decide tener una relación de amistad con los ex son variadas. Sin embargo para la ciencia, esta conducta puede reflejar signos de “psicopatía”.Así lo reflejó una investigación realizada por la Universidad de Oakland, Estados Unidos, liderada por los doctores Lisa Welling y Justin Mogilski, quienes afirmaron que en la mayoría de los casos, las personas que mantienen una relación de amistad con sus ex parejas “por algún interés” pueden mostrar rasgos de manipulación y/o narcisismo.Para el estudio se recolectaron datos de 861 personas a quienes se les pidió contestar una serie de preguntas que reflejaran los rasgos oscuros de su personalidad, y descubrieron que la mayoría de ellas mantenían una amistad con sus ex parejas para obtener algo a cambio como sexo, dinero o compañía, mostrando una leve tendencia hacia el lado masculino. Los demás, en cambio, mantenían contacto sólo por el apego emocional.El vínculo de amor con una pareja es difícil de superar, ya sea por el apego a lo conocido, miedo a la soledad o por puro egocentrismo. Así es como, muchas veces, las personas no logran “cortar” o, en otros casos, buscan darse otra oportunidad para proyectar una nueva relación de amor.Estas relaciones denominadas “cíclicas”, tienden a ser más impulsivas a la hora de tomar decisiones importantes. Como consecuencia, llevan a la mala comunicación y a estar menos satisfecho con la pareja según un estudio realizado en la Universidad de Kansas de Estados Unidos.Amber Vennum, autora de la investigación, explica que hay una propensión a tomar decisiones que afectan negativamente a la relación y de este modo, la baja autoestima e incertidumbre sobre el futuro de la pareja son protagonistas en la relación, y así es como la confianza sobre el futuro de la pareja, disminuye.La autora sostiene que las mayorías de estas relaciones cíclicas en las cuales hay rupturas y encuentros no tienen un buen futuro por delante.

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 Las 10 peores formas de terminar una relación de pareja

La mayoría de los mortales ha debido enfrentar una ruptura sentimental alguna vez en su vida, una situación difícil que se puede volver aún peor cuando el quiebre se da por los medios inadecuados.

Algunas personas tienen poco ‘tacto’ a la hora de comunicar a sus parejas que quieren terminar, provocando un dolor adicional …y totalmente innecesario.

Conoce 10 formas MUY inapropiadas de decirle a alguien que ‘se acabó’ :

1. En un mensaje de texto: Una forma (muy cobarde) de no enfrentar a la otra persona es enviando un mensaje de texto a su celular. Y es que nadie espera recibir un SMS con tal noticia.

2. Por Facebook: Se asemeja a la anterior. Debe ser muy frustrante ingresar a revisar tu perfil de Facebook y encontrarte con un mensaje diciendo que la relación llegó a su fin.

3. Frente a la familia: A muchas parejas les gusta compartir diversos aspectos de su relación con la familia, pero comunicar el término del romance frente a los padres, hermanos o cualquier otra persona por muy cercana que sea, debe ser realmente bochornoso.

4. En ‘ese’ lugar especial: El restaurante donde tuvieron su primera cita, el lugar donde se conocieron, el banco de la plaza en donde se reunían siempre, etc. Cualquiera de esas locaciones no son adecuadas para comunicar aquella triste determinación.

5. En la cama: Si vas a arruinarle el estado de ánimo a alguien, al menos espera a que esté vestido y en otro contexto. Definitivamente éste es uno de los peores escenarios para ponerle fin a una relación.

6. En el Día de los Enamorados o en su cumpleaños: Hay otros 363 días del año para decirle a alguien que ya no quieres estar con él o ella. En el caso del día de San Valentín, debe ser muy doloroso finalizar una relación cuando todo el entorno está rodeado de corazones, peluches y cartas de amor. Y en el Cumpleaños, por favor, no es necesario arruinar una celebración.

7. Desapareciendo sin dar explicaciones: Hay personas que no se atreven a terminar con su pareja y simplemente se esfuman. Debe ser muy difícil que tu amado te abandone sin dejar rastro, ni avisar por teléfono o dar una explicación. Siempre es mejor enfrentar las cosas.

8. Pidiéndole a un amigo que lo diga por ti: Otra forma cobarde de terminar es pidiéndole a alguien más que haga lo que tu no quieres hacer por cobardía. Ten un poco de respeto por quien estuvo a tu lado.

9. Presentando a la nueva pareja sin terminar ‘oficialmente’ la relación anterior: Debe ser muy doloroso que quien creías tu ‘media naranja’ de repente aparezca con alguien ‘nuevo’ sin siquiera dar explicaciones. Esta acción no sólo es muy cruel, sino que también muy irrespetuosa.

10. Haciendo que el otro te deje: Ésta es una de las más comunes. Haces algo muy malo (como ser infiel) y esperas que tu pareja se entere, con el fin de que sea él o ella quien te deje y no tengas que ser tú el que de el corte definitivo. ¡Pésimo!

 

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 Las parejas ahora van a terapia antes de que surjan los problemas

AÚN SON POCOS, pero su aumento ha sido sostenido y ya están bien identificados. Diversos especialistas consultados por Tendencias lo confirman: si hasta hace una década sólo una de cada 10 parejas solicitaba una “terapia preventiva”, que la ayudara a esclarecer qué conflictos podría enfrentar una vez casada, hoy ese número ha aumentado en, por lo menos, un 20%. ¿El denominador común? La creencia de que esperar que surja un conflicto para luego “remediarlo” es una estrategiademasiado tardía y que, en esos términos, lo que hay que hacer es buscar a un especialista para que detecte el problema antes de que se manifieste y proponga soluciones. Y esto es válido para casarse o para irse a vivir juntos.

Los que están consultando por este tipo de tratamiento son jóvenes profesionales de entre 25 y 33 años, de los segmentos medios y altos, que viven en torno a una enorme expectativa de éxito en sus vidas. Y en ese escenario, la relación de pareja aparece como una dimensión más de éxito.

Son los representantes de la generación Y, la más preparada académicamente, la que decidió postergar la maternidad, el matrimonio y, en general, la estabilidad que conocieron y persiguieron desde muy temprano otras generaciones.

De hecho, son los mismos que han experimentado varias relaciones de pareja y, muy probablemente, con más de alguna de ellas han convivido, pero por eso mismo, necesitan de mayores garantías cuando quieren llegar a formalizar. Y si bien tienen claro que ningún contrato les asegura que la persona que están eligiendo sea la definitiva, a pesar de eso, quieren que lo sea, y en ese empeño prefieren prevenir.

Para ellos, sostiene la experta en terapia de parejas y subdirectora del Instituto Chileno de Psicoterapia Integrativa, Verónica Bagladi, “está siendo cada vez más notorio que iniciar una relación comprometida no asegura que ésta vaya a terminar bien”, a pesar de todo el esfuerzo que se ponga en ella.

Un ejemplo de la necesidad de buscar ayuda antes de que surja el problema es el caso de Paula, una sicóloga de 28 años que junto a su pareja consultó a una especialista sólo cuatro meses antes de casarse. En ese momento, ellos no tenían grandes conflictos, pero ella quería estar segura de poder ayudar en el proceso a la hija de su pareja, en ese entonces de cuatro años. Como él se había separado hace tres años y se había quedado con la tuición de la niña, para Paula era “bueno consultar esto antes, plantear el tema, saber que venía un cambio, una transición grande y que teníamos que aprender a abordarlo”. Para ella, la preocupación más grande era asumir la maternidad, porque implicaba un enorme desafío. Además, no sabía qué dificultades podría traerles el proceso de formar una nueva familia.

Este es uno de los temores de estas parejas, asegura Bagladi, que muchas veces vienen de otro matrimonio o tienen hijos de otras parejas. En estos casos, dice la especialista, está la necesidad de prevenir un conflicto que podría afectar a más personas, no sólo a los dos más involucrados. Uno de los grandes temas, sostiene, es el miedo a que, cuando hay niños, “la pareja no los acepte o que a los niños les resulte muy difícil adaptarse”.

Cuestión de bienestar

El sicólogo clínico y académico de la U. Central, Fernando Urra, asegura que las parejas que llegan a este tipo de terapia están seguras de querer asumir un compromiso importante, pero viven con el fantasma del fracaso rondando y buscan asesoría, tal como lo harían para comprar una casa o un auto. Sin embargo, el mismo especialista cree que hay otro factor en juego, que también es un signo de los tiempos modernos: la necesidad de bienestar en todo ámbito.

Hoy, dice Urra, queremos vivir en pareja para pasarlo bien. “Trabajamos mucho y nos vemos muy poco, por lo que queremos asegurarnos que en esos momentos en que nos veamos, lo pasemos bien”. Algo que le parece más sano que lo que, a su juicio, se vivía hace una década, cuando las parejas aplicaban lo que él llama la “técnica del chicle”, esa que indicaba que la goma de mascar debía botarse apenas perdiera el sabor. Una forma de ejemplificar a las parejas que, ante el primer problema, decidían divorciarse. Hoy, dice el especialista, las parejas jóvenes tienen muy claro que asumir la responsabilidad de una vida en pareja es algo importante y quieren enfocarse en lo esencial.

Renay Cleary, directora de investigación del Instituto de Investigación de Relaciones de Pareja, en EE.UU., comenta a La Tercera que no le extraña esta tendencia que se está dando en Chile y que también se aprecia hace algunos años en ese país, porque, por su experiencia, lo más lógico que pueden hacer estos adultos jóvenes es consultar y, ante la duda, abstenerse. “El divorcio es más común en la generación actual que en, por ejemplo, la 50, por lo tanto, es plausible que los individuos que estén considerando la idea de casarse puedan estar preocupados del divorcio. Además, más individuos que antaño son hijos de padres divorciados, lo que también puede predisponerlos a considerar seriamente las implicancias de casarse”.

Ahora, esta tendencia no ha anulado la mayoritaria manera en que las parejas comiezan a convivir: uno de ellos se empieza a quedar frecuentemente en la casa del otro, sin que eso signifique estrictamente, “vivir juntos”. La ropa se va acumulando junto al cepillo de dientes y el secador de pelo, hasta que un día parece infinitamente más conveniente dejar de “hacerse los lesos” y comenzar a convivir.

Sin embargo, todo parece indicar que esta inercia podría comenzar a tener otra dinámica. De acuerdo con los especialistas, estas consultas “preventivas” de los jóvenes están asociadas a todos aquellos temas que impliquen un aumento del nivel de compromiso, como compartir la casa, tener un hijo o irse a vivir juntos a otro país. Cada vez más, la “teoría de la inercia”, propuesta por diferentes estudios, la misma que hace que se pase de un estado de compromiso a otro sin reflexionarlo mucho, parece el camino menos seguro para afianzar una relación, frente a la que se tienen diferentes temores.

Según Verónica Bagladi, uno de los temas principales que las parejas buscan trabajar es la forma de resolver los conflictos, pero hay diferencias entre hombres y mujeres. La experta explica que en este tipo de terapias participan ambos integrantes, pero que hay una parte que se realiza de manera individual. En esas ocasiones, “cuando sale el tema de pareja, las mujeres tienden a preguntarse si su pareja será el hombre indicado para formar una familia, mientras que ellos suelen preocuparse de qué tan buenos compañeros llegarán a ser en el largo plazo”.

Para Paula, sólo beneficios han quedado después de esta consulta preventiva: “Sin la terapia hubiera sido muy dificil. Yo creo que no hubiera resultado, porque había temas bien fuertes que revisar, sobre todo la relación con mis suegros, y esto me permitió vivir el proceso sin un desgaste tan tremendo”.

 

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¿Puedo morir de un chupetón?

Las marcas que surgen tras un beso-succión son inocuas normalmente, pero no siempre.

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Científicamente hablando, la sugilación, más conocida como chupetón, es un tipo de hematoma llamado equimosis que surge debido a una fuerte succión realizada con la boca sobre alguna parte del cuerpo, normalmente el cuello. Su evolución de colores suele ir desde el negro y el morado hasta el anaranjado y el amarillo, pasando por el azul y el verde; y dura en torno a unos quince días. A priori son bastante inocuos, pero en ocasiones pueden dar problemas más graves que los puramente estéticos.

El verano pasado se publicó la noticia de que un joven de diecisiete años había muerto en México a causa de un chupetón que le había dado su novia. Al parecer, había vuelto a casa porque estaba sufriendo convulsiones tras besarse con ella, y allí murió de una embolia ante la mirada impotente de sus padres.

Sin embargo, muchos médicos se apresuraron a aclarar que la posibilidad de este tipo de accidentes –un coágulo en una arteria cerebral– es muy remota. Charles Abrams, presidente de la Sociedad Estadounidense de Hematología, afirmó que los coágulos en venas o arterias se suelen formar cuando el flujo sanguíneo es lento, algo que difícilmente puede producir un beso y que, según este científico, requeriría un trauma muy potente.

Aun así, no es el primer accidente descrito en la literatura médica por una succión amatoria. En 2010, el New Zealand Medical Journal destapó el caso de una mujer que sufrió parálisis de un brazo durante varios días a causa de un chupetón.

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Los buenos matrimonios tienen más beneficios para los hombres, aparte de para su corazón

Un estudio halló que los hombres que se casaban tenían unos huesos más fuertes, pero solo si daban el sí a mediados de la veintena o más tarde

El matrimonio podría ser bueno para la salud ósea de los hombres, pero solo si se casan cuando están a mediados de la veintena o después, sugiere un estudio reciente.

Los investigadores analizaron datos de casi 300 hombres y unas 340 mujeres de distintos puntos de EE. UU., y hallaron que los hombres que se casaban por primera vez después de cumplir los 25 tenían unos huesos más fuertes que los hombres que se casaban antes.

También hallaron que los hombres en matrimonios o relaciones de convivencia estables que nunca se habían separado ni divorciado antes tenían una mayor fuerza ósea que los que habían pasado por el rompimiento de un matrimonio.

Los hombres en relaciones estables también tenían unos huesos más fuertes que los que nunca se habían casado, según el estudio, que aparece en una edición en línea de la revista Osteoporosis International.

No se hallaron vínculos similares entre la salud ósea y el matrimonio o la convivencia en las mujeres. Pero hubo evidencia de que las mujeres con unas parejas que las respaldaban tenían unos huesos más fuertes que aquellas cuyas parejas no las apreciaban, apuntaron los investigadores de la Universidad de California, en Los Ángeles (UCLA).

Esta es la primera vez que el historial y la calidad del matrimonio se ha vinculado con la salud ósea, aseguró la autora principal del estudio, la Dra. Carolyn Crandall, profesora de medicina de la UCLA.

“Se sabe muy poco sobre la influencia de los factores sociales (aparte de los socioeconómicos) sobre la salud ósea”, comentó Crandall en un comunicado de prensa de la UCLA. “Una buena salud depende no solo de las conductas sanitarias, como mantener una dieta saludable y no fumar, sino también de otros aspectos sociales de la vida, como las historias vitales del matrimonio y la calidad de las relaciones”.

Casarse a una edad más temprana podría ser nocivo para la salud de los hombres debido al estrés de tener que mantener una familia tan pronto, plantearon los investigadores. Los que se casan jóvenes tienden a tener un nivel de educación más bajo y unos trabajos con un peor salario, apuntaron.

El próximo paso en esta área de investigación es precisar con exactitud la forma en que el matrimonio afecta a la salud ósea, comentó el equipo de la UCLA.

Aunque los investigadores hallaron una asociación entre el estado civil y la salud ósea, no probaron causalidad.

 

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La violencia de pareja puede dañar a ambos miembros, halla un estudio

La experiencia aumentó el riesgo de depresión a medida que la víctima y el agresor pasaron a la adultez temprana, informan unos investigadores

Los adolescentes y adultos jóvenes involucrados en la violencia de pareja son más propensos a sufrir de depresión, indica un estudio reciente.

Los sociólogos de la Universidad Estatal de Bowling Green hallaron que tanto los hombres como las mujeres que perpetraban o eran víctimas de violencia de pareja tenían más síntomas de depresión.

Los investigadores señalaron que el motivo de que esa violencia dañe la salud mental de las víctimas está claro, pero que este estudio mostraba que también tiene un efecto nocivo sobre los perpetradores de la violencia.

Los autores del estudio dijeron que las personas que perpetran violencia de pareja saben que se les considera de forma negativa.

Los investigadores también dijeron que el daño mental provocado por la violencia de pareja puede dañar la autoestima y la autoconfianza de los jóvenes dificultando que hagan una transición fluida a la adultez.

Esto significa que el impacto de cualquier tipo de violencia en la relación de pareja entre los adolescentes y los adultos jóvenes podría ser a largo plazo, e interferir con cosas como la educación, encontrar un buen trabajo y comenzar y gestionar una familia.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron datos de jóvenes que fueron entrevistados por primera vez cuando tenían de 12 a 19 años, una vez más un año más tarde, y después de eso, cada dos años. En la última entrevista, los participantes tenían entre 17 y 24 años.

El estudio aparece en la edición de marzo de la revista Journal of Health and Social Behavior.

 

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