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Psicologia – Psiquiatria

Agorafobia, ¿cómo superar el miedo a los lugares llenos de gente?

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Todos hemos oído alguna vez la palabra agorafobia. Seguramente si preguntáramos qué es la agorafobia, mucha gente nos respondería que es el miedo a los espacios abiertos, a salir de casa, etc. Pero… ¿sabemos realmente que significa? ¿Sabemos que implica sufrir agorafobia?

La agorafobia es un problema más común de lo que nos imaginamos, es un trastorno psicológico donde la persona tiene miedo al miedo, tiene miedo a poder sufrir un ataque de ansiedad en cualquier momento y no recibir ayuda.

¿Qué es la agorafobia?

Una persona que sufre de agorafobia, es una persona que tiene miedo a estar en lugares públicos llenos de gente como tiendas, transporte público o en situaciones donde es difícil escapar o pedir ayuda. Lo que realmente les da miedo es perder el control y sufrir un ataque de pánico o algo peor, para poder ponerse a salvo de ese temor, como es lógico, evitan ir a esos lugares, coger el transporte público o necesitan ir acompañados de amigos o familiares que les den seguridad.

Todos nosotros tenemos un sistema de alarma que nos avisa cuando nos enfrentamos a un peligro y nos permite hacerle frente bien sea luchando o huyendo, si vamos a cruzar una calle mientras estamos mirando el móvil y de pronto escuchamos el claxon de un coche, inmediatamente mi cuerpo reaccionará y empezaré a sentir que el corazón late fuerte, que tiemblo, empiezo a sudar… esto significa que este sistema de alarma se puesto en marcha permitiendo que me detenga y no cruce la calle, es decir, poniéndome a salvo.

La agorafobia aparece cuando nuestro cuerpo reacciona a situaciones que no son peligrosas como si lo fueran, empezamos a sentir sensaciones físicas como calor, palpitaciones, sudores, etc que hacen que me preocupe y que piense que algo terrible va a suceder con lo que aparece la necesidad de ponerme a salvo. Para no repetir esa experiencia empiezo a evitar situaciones que me provocan esas sensaciones, perpetuando de esta manera el problema.

En la situación anterior, el hecho de casi ser atropellados puede provocarnos un pequeño shock y aunque cada persona reaccionamos de una manera diferente, lo más seguro es que todo quede en un susto, sin embargo, en las personas que sufren agorafobia desarrollan una sobresensibilización que provoca que sientas esas sensaciones aunque no exista peligro real.

¿Cómo se mantiene la agorafobia?

Cuando estamos ante una situación peligrosa, la mente se centra en intentar solucionar esa situación, pero cuando el peligro no es real como en el caso de la agorafobia, la mente se centra en las sensaciones que percibe, latir fuerte y rápido del corazón, mareo, sudor*lo que hace que esas sensaciones sean más fuertes y se perpetúen convirtiéndose en un habito.

La agorafobia es aprendida a través del condicionamiento, este tipo de aprendizaje nos lleva a asociar las sensaciones de miedo a las situaciones de peligro. Sin embargo, el problema aparece cuando asociamos esas sensaciones de miedo a situaciones que no son peligrosas realmente y como consecuencia evitamos todos los sitios o situaciones que nos provocan sentirnos de esa manera.

Cada vez que evitamos una situación el condicionamiento crece, es decir, cada vez que dejamos de enfrentarnos a la situación, el miedo que sentimos se hace más fuerte. Además cada vez serán más las situaciones temidas, pues tendemos a generalizar lo aprendido.

¿Cómo podemos superar la agorafobia?

Puesto que la agorafobia es una forma de comportarnos que hemos aprendido, también podemos desaprenderla y volver a aprender una forma más útil de comportarnos que nos permita seguir con nuestra vida.

Para ello, debemos hacer justo lo contrario de lo que estamos haciendo. Debemos dejar de evitar y enfrentarnos a todas esas situaciones que tememos y comprobar que todo aquello que tememos que ocurra probablemente no pase. Para conseguirlo hace falta tiempo, debes enfrentarte progresivamente, de esta forma poco a poco la confianza en ti mismo volverá.

No obstante, podemos empezar a enfrentarnos ya a la agorafobia siguiendo estos pasos;

1. Haz un listado te todas las cosas que te gustaría hacer si estuvieras bien, (ir a comprar, coger el autobús solo*) no importa lo difícil que te resulten, apuntalas todas y ordénalas de la más fácil a la más difícil.

2. Practica. Establece un momento para practicar cada día. Empieza por la situación más fácil y enfréntate a ella, lo importante ahora mismo no es si lo consigues o no, lo importante es crear el hábito de cada día hacerlo. Anota tus progresos.

3. Repite cada situación unas cuantas veces hasta que lo consigas, una vez lo hayas superado es hora de pasar a la siguiente situación temida.

4. Si en algún momento te ves incapaz de enfrentarte quizás sea porque has puesto la meta muy alta, para y revisa la situación, divide la meta en submetas que te permitan alcanzar el objetivo.

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Detecta los síntomas de la agorafobia: 6 Claves que te ayudarán a identificarla

Detecta los síntomas de la agorafobia. La agorafobia puede definirse como un miedo y evitación a lugares públicos y a estar fuera de casa. Aunque no lo creas existen muchas personas que conviven día a día con este trastorno, pero… ¿Sabes por qué se produce?¿Serías capaz de saber si tú amigo o pareja es agorafóbico? Sigue leyendo, te damos 6 claves que te ayudarán a identificarla.

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¿Qué causa la agorafobia?

La agorafobia se produce cuando las personas anticipan la experiencia de padecer niveles elevados de ansiedad o en la aparición de ataques de pánico.

Comúnmente la agorafobia se puede definir como el miedo a estar en lugares o situaciones donde puede resultar difícil o embarazoso escapar o donde pueda resultar complicado disponer de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares como: mareo, caída, alteración cardíaca, sudoración, desrealización o vómito.

Hay que diferenciar la Agorafobia de la Fobia a los espacios abiertos. Éste último se caracteriza porque la persona tiene miedo a caerse y hacerse daño en los espacios abiertos y caminan cerca de la pared para tener un apoyo físico.

1. La evitación a situaciones temidas

Un indicio, es que las personas con agorafobia evitan a toda costa situaciones temidas debido al miedo que les provocan, y a las reacciones que desencadena ese temor.

Ejemplos comunes son que evitan ir al cines y teatros, supermercados, grandes almacenes, ascensores, viajar en autobús, tren, andar por la calle, quedarse solo en casa, estar lejos de casa, hasta conducir o viajar en coche.

Otro tipo de situaciones que también evitan las personas con agorafobia, y que para nosotros pueden resultar rutinarias son: hacer ejercicio, tener relaciones sexuales, participar en discusiones, acudir a espectáculos deportivos emocionantes, beber café cargado o alcohol.

Todas estas situaciones son evitadas debido a las sensaciones que desencadenan en su cuerpo, o porque las asocian a una experiencia negativa pasada.

Por supuesto, esto no significa que si tu amiga prefiere quedarse un día en casa y no ir al gimnasio, o de compras sea agorafóbica. ¡Siempre hay que tener en cuenta el contexto y si esta conducta se generaliza a más actividades!

2. Las conductas defensivas

A veces para afrontar situaciones inevitables como ir al médico, las personas con agorafobia adoptan “conductas defensivas” para prevenir o manejar la amenaza asociada a la ansiedad/pánico que les produce.

Ejemplos de “conductas defensivas” serían: Ir acompañado de una persona de confianza o un animal doméstico, tomar medicación, beber alcohol o agua, comer algo, fumar, llevar objetos tranquilizadores, etc..

Estas conductas producen un alivio inmediato pero contribuyen a mantener el problema a la larga. ¡Mucho cuidado con esto!

3. La ansiedad anticipatoria

Las personas agorafóbicas anticipan constantemente la idea de sufrir un ataque o una fuerte ansiedad junto con la tendencia a temer las sensaciones corporales relacionadas con la ansiedad (sudoración, hiperventilación, temblores…).

Imagínate cómo es vivir constantemente con pensamientos de miedos intensos mientras estas en la oficina trabajando. ¡Un milagro si te concentras!

4. El miedo al miedo

Las personas con agorafobia tienen miedo a todas aquellas situaciones que creen que les pueden provocar sensaciones de ansiedad o ataques de pánico.

Cuando salen de casa se exponen a pasar calor, fatiga, estrés, hambre, etc… Cada uno de esos pequeños cambios en el organismo son percibidos con gran miedo, porque pueden ser anticipatorios a un ataque de pánico.

El miedo a que pueda producirse un ataque de pánico, es el que genera una activación del cuerpo y ciertas reacciones físicas: Debilidad en las extremidades, tensión muscular, visión borrosa, nudo en el estómago o en la garganta, suduración, etc…

5. Ataques de pánico o síntomas similares

La gran mayoría de las personas que sufren agorafobia, ya han experimentado anteriormente algún ataque de pánico.

Un ataque de pánico se caracteriza por la experimentación de un intenso miedo y/o malestar frecuentemente con una sensación de peligro y de la necesidad de escapar.

Los síntomas más frecuentes son: palpitaciones, mareo, hiperventilacion, sudoración, temblores, el miedo a volverse loco o a perder el control. También puede interesarte ¿Cómo controlar los nervios ?

Los ataques de pánico varían considerablemente de una persona a otra. Difieren en frecuencia,  intensidad, duración, en las reacciones somáticas, pensamientos asociados y circunstancias.

6. Interferencia o deterioro producido por el trastorno

En los casos graves las personas con agorafobia pueden pasar la mayor parte del tiempo en casa en compañía de familiares o llegar incluso al aislamiento total. Estas personas se ven incapacitadas para realizar actividades diarias, por lo que su vida se ve reducida a cuatro paredes.

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Caminar erguido mejora el estado de ánimo y la autoestima

Esto se debe a que las posturas que adoptamos generan respuestas fisiológicas en el cerebro que modifican nuestras emociones.

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Se sabe que cuando nos abruma la tristeza caminamos encogidos y cuando estamos contentos o confiados caminamos más derechos, pero ¿será posible lo inverso? Un estudio publicado en la revista Psycological Science, sugiere que sí: la postura que adoptamos puede mejorar nuestro ánimo y hacernos sentir más confiados. Esto se debe a que las posturas que adoptamos generan respuestas fisiológicas en el cerebro que modifican nuestras emociones. Cabe recordar que un estudio publicado en Health Psychology determino que una mala postura puede perjudicar el deseo sexual.

Durante la etapa de investigación, los participantes del grupo de muestra fueron divididos en dos subgrupos y tuvieron que adoptar una postura determinada durante dos minutos. A unos se les pidió que adoptaran una posición de “poder alto”, es decir más erguida y abierta, a los otros se les pidió que adoptaran una posición de “poder bajo”, o sea más encogidos y cerrados. Tras ello, los investigadores les preguntaron si se sentían poderosos y los hicieron participar en juegos de apuestas, mientras tomaban muestras de su saliva.

Los resultados revelaron que quienes adoptaron posturas de “poder alto”, se sentían más poderosas al final del experimento y más predispuestas a arriesgarse en las apuestas. Esto se debía a reacciones fisiológicas como una mayor secreción de testosterona (producida por la posición de dominancia) y niveles más altos de cortisol (hormona del estrés). Así pues, los autores explican que para sentirnos mejor, más confiados en nosotros mismos y tolerar el estrés, basta con cambiar nuestra postura.

Amy Cuddy, una de las autoras del estudio y experta en comunicación no verbal, explicó durante una de las reconocidas charlas TED que las personas invidentes de nacimiento que quedan ganan competiciones deportivas adquieren la postura corporal típica de los ganadores: cuerpo expandido y brazos alzados en forma de “V”). Cabe recordar que aunque la ciencia recién explora la posturas y su influencia en el estado de ánimo, el yoga, una disciplina oriental, trabaja en las posturas corporales para generar cambios en la mente desde hace siglos.

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El autismo: Desorden neurológico del aprendizaje que puede detectarse

Un desorden del aprendizaje poco conocido y del que se tiene una visión errónea: el autismo. La identificación temprana es el primer paso hacia el tratamiento para que su niño pueda integrarse a la sociedad.

El autismo es un desorden neurológico del apredizaje que afecta el desarrollo futuro del niño, por ello detectarlo tempranamente favorece un tratamiento que le da al menor la posibilidad de integrarse a la sociedad.

Myriam Velarde neuróloga del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas explicó que las primeras semana de vida son fundamentales para poder detectar algún trastorno o desorden neurológico que impida el dasarrollo del niño.

En diálogo con RPP Noticias la especialista señaló al respecto que en los dos primeros meses “los niños sanos sonrien como respuesta mientras los niños con autismo no”, indicando con ello que no se produce el contacto del menor con el mundo que lo rodea.

Dependiendo del grado de autismo éste puede detectarse tiempo después del nacimiento, igual existen algunos signos que deben tomarse en cuenta.

“Desde el primero o segundo año de vida, cuando el niño se estaba desarrollando de manera normal comienza a no fijar los ojos en la otra persona, no sociabiliza, o puede hacer actividades repititivas”, sostiene Velarde.

Es importante que una vez identificado el desorden se inicie una terapia que se adapte a cada niño. Los padres deben ser orientados para saber cuál es el pronóstico de su hijo y hasta dónde puede llegar a la hora de desarrollar actividades de lenguaje y habilidades sociales.

 

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Las dificultades del sueño son comunes entre los niños pequeños con problemas, afirma un estudio

Los investigadores vinculan los problemas psiquiátricos con ‘el insomnio conductual en la niñez’

Las dificultades con el sueño, en particular los problemas para quedarse dormidos, son comunes entre los niños pequeños y en edad preescolar que sufren de problemas de salud mental, según un estudio reciente.

“Los problemas para dormir en los niños pequeños con frecuencia ocurren junto con otros problemas conductuales, y la evidencia de un sueño inadecuado se asocia con somnolencia diurna, un ajuste al preescolar menos óptimo, y problemas de irritabilidad, hiperactividad y atención”, comentó el autor líder del estudio, John Boekamp, director clínico del programa pediátrico de hospital parcial del Hospital Bradley en Providence, Rhode Island.

Pero dijo que los trastornos del sueño quizá no se reconozcan ni diagnostiquen lo suficiente en los niños pequeños, sobre todo cuando hay problemas conductuales o emocionales.

En el estudio, publicado en línea en la revista Child Psychiatry & Human Development, participaron 183 niños de seis años o menos de edad que recibían tratamiento ambulatorio por problemas psiquiátricos. Los investigadores examinaron la prevalencia de los trastornos del sueño en esos niños, y la naturaleza de dichos problemas.

“Las dificultades del sueño más comunes reportadas nacionalmente entre los niños pequeños y en edad preescolar son los problemas para irse a la cama, para quedarse dormidos y despertar con frecuencia por la noche. De forma colectiva, esos problemas se conocen como insomnios conductuales de la niñez”, dijo Boekamp en un comunicado de prensa del hospital.

Los trastornos del sueño reconocidos, en particular el insomnio en el inicio del sueño, fueron más comunes de lo que se anticipaba, hallaron los investigadores. En general, el 41 por ciento de los niños del estudio cumplían con los criterios de diagnóstico de un trastorno del sueño.

Los problemas del sueño fueron más comunes en los niños con una conducta perturbadora y problemas de atención, ansiedad y del estado de ánimo, encontraron los investigadores.

Los problemas tempranos del sueño podrían no solo ser el resultado de los problemas conductuales y emocionales, sino también contribuir a los mismos, anotaron los investigadores.

“En esencia, esos niños pequeños podrían estar atrapados en un círculo en que las perturbaciones del sueño afectan a sus síntomas psiquiátricos y sus síntomas psiquiátricos afectan a la organización de su sueño y su vigilia”, planteó Boekamp. “Es importante que las familias estén conscientes de la importancia del sueño para el ajuste conductual y el bienestar de los niños pequeños”.

Los problemas del sueño pueden complicar el tratamiento para las conductas difíciles, como la agresividad y las dificultades conductuales y del estado de ánimo. La somnolencia y la fatiga diurnas empeoran esos problemas aún más, anotaron los autores del estudio.

“Este estudio es un magnífico recordatorio de que es esencial que los proveedores de salud mental que trabajan con niños pequeños y sus familias pregunten sobre el sueño de los niños”, planteó Boekamp.

“Unas preguntas sencillas sobre los patrones de sueño de los niños, por ejemplo cuánto tarda un niño en dormirse de noche y con qué frecuencia se despierta tras quedarse dormido, podrían proveer una información importante que es relevante para la atención clínica, incluso cuando los problemas del sueño no sean el enfoque principal del tratamiento”, explicó.

 

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Los actos de amabilidad pueden hacerle más feliz

Una investigadora afirma que la frecuencia y la variedad con que se realizan tienen un papel clave

Llevar a cabo pequeños actos de amabilidad y gratitud puede hacer que la gente sea más feliz, creen los investigadores, pero sigue siendo un enigma cómo ocurre esto.

Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología en la Universidad de California en Riverside, lleva más de veinte años realizando estudios sobre la felicidad. Ella y otros saben que las actividades positivas estimulan la aparición de emociones, pensamientos y conductas positivas, y cada uno de ellos aporta mejoras al bienestar.

Ahora, Lyubomirsky se centra en cómo puede la gente cambiar deliberadamente su manera de pensar y sus actividades para llegar a ser tan felices como puedan.

“Tengo pruebas de que la dosis de una actividad es importante”, afirmó.

Revisando los estudios previos sobre la felicidad, incluyendo algunas de sus propias investigaciones, Lyubomirsky concluyó que no hay una receta única que valga para realizar acciones con amabilidad que estimulen la felicidad.

La variedad, la frecuencia y la motivación tienen todas su importancia, afirmó.

Con qué frecuencia se realizan las conductas influye en la felicidad, halló Lyubomirsky, pero no siempre del modo en que se podría pensar. Al estudiar el efecto que ejerce sobre la felicidad el llevar la cuenta de los motivos de estar agradecido, por ejemplo, halló que hacerlo una vez a la semana era ideal para que la gente fuera más feliz.

“Hacerlo tres veces a la semana no proporcionó ningún beneficio adicional”, señaló.

Su investigación, presentada en la reunión anual reciente de la Sociedad de la Psicología de la Personalidad y Social (Society for Personality and Social Psychology) en Nueva Orleáns, halló que llevar a cabo otras acciones positivas una vez a la semana provocaba la mayor felicidad. Eso podría deberse a que muchas rutinas, como ir a rezar e incluso ver la televisión, se realizan semanalmente, indicó.

Realizar una variedad de conductas de forma amable y agradecida también ayuda a maximizar la felicidad, aunque repetir una y otra vez la misma acción amable puede hacer que pierda su poder de estimular la felicidad, aseguró.

“Realizamos un estudio en el que varias personas actuaron con amabilidad durante 10 semanas”, explicó. Las acciones podían ser o similares o variadas. Por ejemplo, alguien que normalmente se negaba a sacar la basura podía ofrecerse a hacerlo. Eso les hizo más felices al principio, afirmó, pero cuando cambiaron la actividad tuvo un efecto mejor sobre la felicidad.

También vio que el hecho de elegir su propia conducta, como puede ser actuar con amabilidad, da más probabilidades de cambiar de actividad.

Sentir que sus acciones cuentan con el apoyo social también influye con respecto a en qué medida las conductas positivas (como, por ejemplo, expresar gratitud) estimularán su felicidad, añadió. Y conseguir este apoyo a través de los medios sociales funciona igual que si se expresa cara a cara, añadió.

James Maddux, profesor emérito de psicología en la Universidad George Mason, comentó sobre el estudio que “el mensaje es que, para esta clase de actividades, no hay una regla que valga para todo el mundo”.

“Empiece con estas estrategias generales”, comentó sobre este tipo de conductas, como actuar con amabilidad. “Tal cosa parece que funciona para la mayoría de la gente la mayoría de las veces”.

Se mostró de acuerdo en que el próximo paso es dilucidar cuáles son las diferencias existentes entre las personas y que afectan al grado de felicidad producido, tal y como Lyubomirsky está haciendo.

Una vez que las personas comprendan eso a nivel individual, la investigación sugiere que pueden esperar que sus actos positivos les recompensen incluso con más felicidad, afirmó.

Los expertos señalan que los datos y las conclusiones presentadas en reuniones por lo general se consideran como preliminares hasta su publicación en una revista revisada por profesionales.

 

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Vinculan los medicamentos para el TDAH con una densidad ósea más baja en los niños

Una cuarta parte de los niños del estudio tenían lecturas más bajas de lo normal, pero los motivos no están claros

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Los niños que toman medicamentos para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) podrían tener una densidad ósea más baja que sus compañeros, sugiere un nuevo estudio de EE. UU.

Los investigadores utilizaron datos de una encuesta de salud del gobierno, y descubrieron que los niños que tomaban medicamentos para el TDAH tenían, en promedio, una densidad ósea más baja en la cadera y en la espina lumbar (la espalda baja) que los niños que no tomaban los fármacos.

Esos medicamentos recetados incluían estimulantes, como Ritalin y Adderall, y no estimulantes, como Strattera.

Los expertos dijeron que no está claro que los medicamentos en sí en realidad adelgazaran a los huesos de los niños, dado que el estudio solo mostró una asociación, y la conexión podría tener otras explicaciones.

“No digo de ninguna manera que los niños no deban tomar esos medicamentos”, aclaró la Dra. Jessica Rivera, investigadora principal del estudio y cirujana ortopédica del Instituto de Investigación Quirúrgica del Ejército de EE. UU. en Fort Sam Houston, Texas.

Estudios como este no ofrecen respuestas, sino que plantean preguntas para investigaciones posteriores, apuntó Rivera, que presentó los hallazgos el jueves en la reunión anual de la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos (American Academy of Orthopedic Surgeons) en Orlando, Florida. En general, los datos y conclusiones presentados en reuniones se consideran como preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

En teoría, hay motivos por los cuales los medicamentos para el TDAH podrían afectar a la densidad ósea de los niños, comentó Rivera. Una vía es la dieta, explicó, dado que los medicamentos pueden provocar molestias estomacales y reducir el apetito de un niño.

También es posible que los medicamentos para el TDAH afecten directamente a la densidad ósea, dado que actúan sobre el sistema nervioso simpático, apuntó Rivera.

Pero, por ahora, esto es especulación.

“Se trata de un estudio inicial, algo que no debe cambiar la práctica”, enfatizó Rivera. Por ejemplo, no recomendaría que los niños que tomen medicamentos para el TDAH reciban escáneres de los huesos.

El Dr. Eric Hollander, un psiquiatra pediátrico que no participó en el estudio, se mostró de acuerdo.

“Los investigadores no pueden atribuir la diferencia en la densidad mineral ósea a los medicamentos de forma específica”, dijo Hollander, director del programa del espectro autista y obsesivo compulsivo del Centro Médico Montefiore, en la ciudad de Nueva York. “No sugeriría una evaluación rutinaria de la densidad mineral ósea de los niños basándome en esto”.

En el estudio, el equipo de Rivera usó datos de más de 5,300 niños de EE. UU. de 8 a 17 años de edad que participaron en una encuesta de salud del gobierno. En promedio, la masa ósea fue algo más baja en los niños que tomaban medicamentos para el TDAH.

En general, alrededor de una cuarta parte de los niños que tomaban los fármacos tenían una densidad ósea más baja de lo normal, dijo Rivera.

Los investigadores tomaron en cuenta otros factores que afectan a la densidad ósea de los niños, como la edad, el sexo y la raza. Pero Hollander dijo que no pudieron tomarlo todo en cuenta, incluyendo la dieta y el ejercicio, y otras afecciones de salud que los niños quizá tuvieran.

Unos 3.5 millones de niños de EE. UU. usan medicamentos para el TDAH, según las notas de respaldo del estudio. Los medicamentos se recetan para mejorar la concentración y ayudar a controlar la conducta impulsiva e hiperactiva.

“La decisión sobre si usar medicamentos para el TDAH siempre depende de cuáles son los beneficios frente a los riesgos potenciales”, planteó Hollander. Reconoció que esto puede resultar difícil cuando lo riesgos a largo plazo siguen sin estar del todo claros.

Si a los padres les preocupa la salud ósea de sus hijos, hay formas de abordarlo sin hacer que dejen de tomar sus medicamentos para el TDAH, señaló Hollander.

“Pensar sobre la nutrición y el ejercicio en general siempre es importante”, dijo Hollander. En algunos casos, los niños quizá necesiten un complemento para garantizar que consuman suficiente calcio, anotó.

Rivera se mostró de acuerdo en que prestar atención a la nutrición es clave. “Esta podría ser una oportunidad perfecta para pensar en la nutrición de su hijo y hablar con el médico”, dijo.

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Los movimientos nerviosos podrían ayudar a aprender a los estudiantes con TDAH

Un estudio descubrió que los síntomas aumentaban cuando los niños se enfrentaban a tareas de memoria más difíciles

healthfinder.gov

Los estudiantes que sufren del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) a menudo se meten en problemas por moverse nerviosamente en clase, pero esos movimientos inquietos podrían ayudarles a aprender, sugiere una nueva investigación.

“La perspectiva prevalente ha sido y sigue siendo que la hiperactividad es un déficit nuclear del TDAH”, dijo el autor del estudio, Michael Kofler, profesor asistente de psicología en la Universidad Estatal de Florida, en Tallahassee. “Cuando pensamos en ello como un déficit, estamos diciendo que es algo malo y que interfiere con [el trabajo escolar]. Nuestro trabajo ha puesto en duda esa idea”.

El equipo de Kofler dio a 25 chicos y chicas de 8 a 12 años de edad con TDAH una serie de tareas para la memoria de trabajo, y registraron la cantidad de movimientos nerviosos a medida que los niños iban haciéndolos. En una secuencia, los estudiantes tenían que recordar una serie de puntos que aparecían en una pantalla y luego reordenarlos mentalmente según el color. Luego tenían que recordar una serie de números y letras, y reordenarlos mentalmente: primero los números desde el más pequeño hasta el más grande, y luego las letras.

En la prueba de los puntos en la pantalla más sencilla, los niños sabían con antelación cuántos elementos tenían que recordar. En la prueba con una mayor dificultad, la cantidad de elementos que tenían que recordar era aleatoria, de modo que no sabían con antelación cuántos elementos tendrían que recordar.

Los niños se movieron nerviosamente durante todas las pruebas, pero lo hicieron aproximadamente un 25 por ciento más cuando no podían predecir cuántos elementos tenían que recordar. Todas las demás características de las pruebas eran las mismas, de modo que Kofler afirmó que esto muestra que el nivel de exigencia sobre la memoria de trabajo afecta al nivel de hiperactividad en los estudiantes con TDAH.

Los movimientos nerviosos aumentan la “activación (arousal) fisiológica”, especuló Kofler, de forma parecida a lo que hacen los medicamentos estimulantes en un niño con dicho trastorno. Pero el estudio no demostró este aspecto, dijo, y los investigadores no saben si los niños hacían movimientos nerviosos a propósito.

El estudio aparece en la edición en línea de este mes de la revista Journal of Attention Disorders.

Los hallazgos se hacen eco de los de un estudio que fue publicado el año pasado por la Universidad de California, en Davis. Esos investigadores observaron a 26 niños con TDAH y a 18 sin el trastorno. Encontraron que cuando más se movieron nerviosamente los niños con TDAH, mejor les fue en una prueba. El hecho de que los niños sin el TDAH hicieran movimientos nerviosos no tuvo ningún efecto en el rendimiento de la prueba.

El Dr. Trevor Resnick, neurólogo pediátrico en el Hospital Pediátrico Nicklaus en Miami, dijo que “[de forma intuitiva] hace muchos años que sabemos que los niños que sufren de TDAH con frecuencia rinden mejor cuando hacen movimientos nerviosos”.

Pero Resnick señaló que la interpretación del motivo de que hicieran más movimientos nerviosos no se ha comprobado. “No sabemos si lo hacen porque les ayuda o porque están ansiosos, ni si es útil”, dijo.

Kofler se mostró de acuerdo, y dijo que su equipo está planeando hacer una investigación “para vincular el movimiento con la activación y el rendimiento, para ver si tenemos razón sobre el motivo de que el movimiento es útil”.

Mientras tanto, hasta que no se sepa más, los estudiantes con TDAH no deberían tener vía libre para hacer lo que quieran en clase, advirtió Kofler.

Pero el nuevo estudio sugiere que los profesores y los padres deberían centrarse menos en si un niño está quieto y sentado y más en si hace el trabajo, independientemente del nivel de movimientos, señaló.

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