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Psicologia – Psiquiatria

El insomnio propicia la depresión y los problemas de pareja

El estudio indica que las personas que sufren de este perturbación tienen un mayor riesgo de problemas de salud, depresión, ansiedad y trastorno bipolar.

La falta o privación de sueño está teniendo un enorme impacto en la salud de la población y el problema no está siendo abordado adecuadamente.

Ésa es la conclusión de un estudio publicado por la Fundación de Salud Mental del Reino Unido.

El estudio revela que hay un vínculo entre el insomnio y los problemas de relaciones, los bajos niveles de energía y la incapacidad para concentrarse, entre otros trastornos.

Y los expertos piden que los médicos generales tengan más entrenamiento para reconocer los síntomas en sus pacientes.

Aunque el estudio fue llevado a cabo en el Reino Unido, el problema del insomnio es global.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 90% de la población experimenta algún grado de privación de sueño en algún momento de su vida.

Estudios en Estados Unidos indican que uno de cada tres adultos sufre insomnio cada año en ese país.

El estudio británico encontró que actualmente 30% de la población de este país experimenta insomnio o algún trastorno relacionado de sueño.

Y estas personas tienen un mayor riesgo de problemas de salud, que van desde depresión, ansiedad, trastorno bipolar hasta deficiencias del sistema inmune y enfermedades cardiovasculares.

“La privación de sueño es mucho más que una pequeña irritación” dice el informe publicado en la revista Sleep Matters (El sueño importa).

El informe, llevado a cabo con 6.800 personas es el más grande de este tipo que se ha hecho en el Reino Unido.

“Mal sueño, mala salud”

Los investigadores aceptan que en el estudio – que fue llevado a cabo vía internet- quizás participaron más individuos que ya tenían problemas de sueño y puede que no sea representativo de toda la población.

Sin embargo, los resultados mostraron patrones interesantes sobre los riesgos de los insomnes.

Por ejemplo, mostró que los individuos privados de sueño tienen cuatro veces más probabilidades de tener problemas de pareja, tres veces más riesgo de sentirse deprimidos y tres veces más probabilidades de experimentar falta de concentración.

También se encontró que estas personas tienen más problemas para poder “finalizar tareas”, tanto en el trabajo como en su vida diaria, que las personas que duermen bien.

“Mientras se ha puesto -correctamente- mucho énfasis en la importante de la dieta y el ejercicio, desde hace tiempo se ha abandonado al sueño a pesar de ser un importante factor para la salud física y mental de la nación” expresa el doctor Andrew McCulloh, presidente ejecutivo de la Fundación de Salud Mental.

“Es crucial que empecemos a tratar los problemas de sueño como el grave problema de salud que actualmente es”, agrega.

Por su parte, el doctor Dan Robotham, quien dirigió el estudio, expresa que “la privación de sueño puede conducir a problemas de salud mental y los problemas de salud mental pueden llevar a privación de sueño”.

“Como resultado, quienes comienzan a experimentar insomnio pueden encontrarse rápidamente en una espiral descendente de falta de sueño y mala salud, de la cual algunas personas nunca logran recuperarse”.

“Por lo tanto es crucial que la gente esté consciente de las formas efectivas que existen para romper esta espiral y mejorar la calidad de su sueño”.

Entre esas medidas, la Fundación de Salud Mental recomienda establecer campañas locales y nacionales para concientizar sobre la importancia del sueño y ofrecer a los médicos generales información actual sobre las mejores terapias para reconocer los síntomas y tratar la privación de sueño.

 

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¿Qué habría pasado si…
 
…hubiera estudiado otra cosa o elegido a otra pareja? Déle rienda suelta a su imaginación. Los expertos dicen que provoca placer tener una nueva oportunidad (mental) y nos puede hacer mejorar. Eso, si no quedamos atrapados en el arrepentimiento.

“Si hubiera dicho lo correcto…”. “Si hubiera estudiado otra cosa…”. “Si hubiera llamado antes…”. Termine cada frase como quiera. Esa es la gracia: le puede poner el final usando la imaginación, porque estas frases hacen referencia a escenarios que contradicen los hechos tal cual están. Usted puede imaginarse tomando taxi y no el metro para llegar a la hora al trabajo o siendo médico en vez de ingeniero o con un presente harto mejor que el que tiene. Porque así es esto de proyectar, un ejercicio inconsciente que pareciera estar ahí sólo para frustrarnos y del cual muchas veces salimos para atrás… O eso es lo que creemos, equivocadamente.

Porque pese a que comúnmente relacionamos estos pensamientos a esas emociones incómodas, los expertos han detectado que generan una serie de beneficios.

Por ejemplo, el solo hecho de imaginarnos un escenario distinto al que estamos nos provoca placer. Es como si tuviéramos la posibilidad de elegir. ¿Otro? Nos entregan una sensación de control: podemos quedarnos pegados o cambiar actitudes. Si optamos por lo último, tenemos el mando. Y, finalmente, le da sentido a lo que ya estamos viviendo (¿Qué tal?).

Los sicólogos llaman a estas frases del “y si hubiera…” pensamiento contrafáctico o, simplemente, contrafactual. Y son la manera que tenemos de evaluar cómo haríamos las cosas si pudiésemos volver atrás en el tiempo. Son inconscientes: están fuera de la observación mental. Son recurrentes: no se disipa uno cuando aparece otro. Son tan cotidianos que, según los expertos, ocupan el 3% de todos los pensamientos que tenemos a diario. Y, ya lo sabemos, son placenteros.

Sí, placenteros. Es que tener otra posibilidad para una situación nos provoca alivio y satisfacción. Si no nos generáramos ese pensamiento hipotético pareciera que todo está sentenciado. “Los contrafactuales son atajos mentales del pensamiento desde el punto de vista sicológico, por tanto, cumplen una función hedonista, de placer, a pesar de que evaluemos emociones negativas complejas como la culpa, el lamento o el autocastigo”, explica a Tendencias Mabel Urrutia, académica de sicología de la U. de La Laguna (España) y autora de estudios sobre el tema. Es una especie de reproche mental que nos provoca satisfacción y que también provoca emociones placenteras de alivio, satisfacción y suerte que ayudan a suavizar una experiencia negativa. Por ejemplo: “Si hubiera subido a ese auto, habría estado en ese accidente”.

Piense en el ámbito de la elección de pareja. Ahí hablamos de un contrafactual de largo plazo, que se refiere a uno de los ámbitos importantes de la vida. El pensamiento puede aparecer mientras estamos en medio de una crisis de matrimonio o si aparece alguien del pasado que nos hace cuestionarnos. “Pero el solo hecho de revisar las alternativas que tuvimos, las que persisten o las nuevas, nos provoca una sensación de bienestar”, dice Mabel Urrutia.
 
El control es mío

Las personas con una mirada más positiva que negativa tienden a generar más contrafactuales ascendentes (“Si hubiera estudiado el fin de semana, habría aprobado el examen”) que descendentes (“Si hubiera estudiado el fin de semana, igual me habría ido mal”) motivando que sus acciones futuras eviten errores del pasado. De esa manera, experimentan una sensación de control. “La gente también piensa en cómo sus acciones en el pasado pueden haber dado lugar a un mejor resultado, lo que puede generar una gran conciencia sobre el control personal o dominio de sí mismos, y esto puede envalentonar a la gente para que se haga cargo de las acciones de su vida”, explica a Tendencias Neal Roese, profesor de Marketing y Sicología en la Escuela de Administración Kellogg de la U. de Northwestern (EE.UU.) y uno de los autores de otro estudio sobre el tema.

En el mismo ámbito de la elección de pareja, esto puede funcionar como una estrategia proactiva que permite anticipar la probabilidad de un resultado negativo y así mitigar el impacto de un efecto negativo (una crisis matrimonial, por ejemplo). Esto, explica Mabel Urrutia, porque una de las emociones que normalmente acompaña este hecho es el arrepentimiento, que se acentúa ante las omisiones más que las acciones a largo plazo. Ejemplo: “Si le hubiera dedicado más tiempo a mi pareja…” o “Si hubiera escuchado más sus cosas…”. Esta reflexión contrafactual puede servir de punto de partida para cambiar conductas en una siguiente oportunidad y es eso lo que genera la sensación de control.

Ahora, una manida frase recuerda que el paso anterior al arrepentimiento por lo que se perdió es valorar lo que se tiene. Y en eso también contribuye el pensamiento contrafactual. Neal Roese participó en un estudio que llegó a esa conclusión. En él se pidió a estudiantes universitarios pensar en la serie de hechos que los llevó a estudiar en la universidad. Otro grupo debía pensar en cómo las cosas pudieron ser diferentes. Luego, ambos grupos debían darles un significado a los hechos.

Los estudiantes dieron calificaciones más altas a los hechos que los llevaron a la universidad. Es decir, pensar en cómo la vida pudo ser diferente les hizo sentir que lo que estaban haciendo tenía más sentido que lo que pudo ser. “Aunque a veces los pensamientos contrafactuales pueden traer una desagradable sensación de pesar, otras veces pueden darnos un sentido de significado, haciendo parecer más especial el camino particular de nuestra vida”, comenta Roese.

La leche derramada

Mabel Urrutia dice que el contrafactual cumple su rol cuando existe la alternativa de un nuevo escenario. Volviendo al ejemplo de la pareja, aun cuando hayamos fracasado en una relación, el pensamiento contrafáctico como: “Si le hubiera dedicado más tiempo…” va a generar resultados si sirve como impulso para modificar conductas en la siguiente relación. Pero puede darse el resultado inverso.

Es el lado oscuro del contrafactual. Cuando ese reproche mental se sostiene en el tiempo y no somos capaces de avanzar en nuestras vidas. “Si te quedas pensando en un escenario que ya ocurrió, el contrafactual no es productivo, es invalidante. Eso ocurre especialmente cuando son temas de largo plazo (pareja, carrera, familia, etc.)”, apunta Mabel Urrutia. En ese caso, estaríamos frente a una estrategia desafortunada e incluso agresiva hacia uno mismo.

La investigadora agrega otro grupo: las personas que tienden a la procrastinación usan el contrafactual para eludir la responsabilidad en algún problema. Ejemplo: “Si me hubiera levantado más temprano, igual hubiera llegado tarde”. Así, prefieren no dedicar esfuerzo para cambiar sus actitudes.

En los dos últimos ejemplos, el contrafactual no funciona como debería. Y, como dice la experta, ahí entra en juego la personalidad de cada quien.

Ahora, hágase la siguiente pregunta: ¿Habría tenido tantos contrafactuales hoy si no hubiera leído esto?

 

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La depresión también golpea a los hombres

No lloran, pero se ponen irritables. Suelen rechazar ayuda médica porque los hace sentirse débiles.

“Invade cada poro de tu cuerpo y te afecta la forma en que amas, en que eres”: Steve Lappen, escritor.

“Perdí interés en mis hijos”: René Ruballo, policía.

“Piensas que va a ser así toda la vida. Pierdes tus esperanzas y piensas que hay una sola manera de acabar con esto: el suicidio”: Bill Marumaya, abogado.

Todos ellos son hombres diagnosticados con la misma enfermedad. Sus testimonios fueron recopilados por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU., para mostrar que a los hombres sí les da depresión.

Según esa entidad, pese a que las mujeres tienen 70 por ciento más probabilidades de padecerla, a más de seis millones de hombres se les diagnostica cada año en ese país. Una cifra que, según los especialistas, suele ser invisible por diferentes razones.

En sus estudios epidemiológicos, Myrna Weissman, profesora de Psiquiatría de la Universidad de Columbia, ha confirmado que las mujeres tienen mayores tasas de depresión que los hombres. Sin embargo, ellos tienen muchos más obstáculos para buscar ayuda, por lo que no son diagnosticados.

“No buscan tratamiento con la misma frecuencia que las mujeres. Ellas recurren a los médicos a edades mucho más tempranas, lo que se intensifica con la maternidad, de manera que tienen más probabilidades de que se les detecte la depresión”, dice Weissman, que dirige el Departamento de Epidemiología Clínica Genética del Instituto Psiquiátrico de Nueva York.

Dean MacKinnon, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins, una de las instituciones de investigación más importantes del mundo, asegura que los estudios poblacionales muestran que los trastornos depresivos son hasta dos veces más comunes en mujeres.

“Casi todo el mundo probablemente ha visto a una mujer con depresión. Por eso, la enfermedad tiende a asociarse más con las mujeres”, dice el especialista. En consecuencia, afirma que los hombres tienen más dificultades que ellas para reconocerla: para el hombre, la depresión es vista como una debilidad, como una falta de fuerza, de voluntad.

“Sucede, por la misma razón, que a los hombres no les gusta parar y pedir orientación cuando conducen un auto y se pierden. Implica una aceptación de vulnerabilidad y significa ponerse en las manos de alguien que puede darles un mal consejo”, agrega MacKinnon.

Un estudio realizado el año pasado por Myrna Weissman y publicado en American Journal of Psychiatry indicó que la patología en mujeres era mayormente disparada por factores como el divorcio. Para los hombres, la depresión estaba mucho más relacionada con tensiones financieras, legales y laborales.

De acuerdo con la Nami, la organización de salud mental más grande de EE. UU., la manera de experimentar la depresión varía entre hombres y mujeres.

“En ambos sexos se experimentan problemas de sueño, desesperanza, culpa, falta de apetito y energía, y prima un sentimiento de que no vale la pena vivir. Sin embargo, las mujeres tienden a llorar mucho más”, comenta Weissman.

“Ellos tienden a sentirse más cansados e irritables y a perder interés en su trabajo, su familia o sus hobbies. Presentan cefaleas, molestias abdominales y dolores inexplicables, por lo que consultan al internista o al médico general. Estos no siempre identifican el problema depresivo de fondo y mantienen al paciente por algún tiempo sin el tratamiento adecuado”, afirma Andrés Heerlein, psiquiatra miembro de la Academia Chilena de Medicina.

Sin sentimiento

Heerlein dice que los hombres suelen ser reacios a hablar de sus sentimientos, sobre todo con extraños. Sin embargo, Brett Scholz, del Centro para la Psicología Aplicada de la Universidad de Canberra (Australia), resalta un matiz: “Asumimos que los hombres no hablan de sus sentimientos, por lo que no iniciamos charlas con ellos sobre el tema. Pero no es que no quieran, simplemente no han tenido la oportunidad de hacerlo. Si empezamos a hablar con ellos sobre sus sentimientos, probablemente podrán ser mayormente diagnosticados y tratados de forma más rápida”. En ese sentido, Scholz sugiere que hay más diferencias en la forma de experimentar la depresión entre individuos que entre hombres y mujeres.

La psicóloga Mirentxu Busto coincide en que los hombres recurren a un especialista después de sufrir un episodio puntual, como una crisis de pánico, y nunca por voluntad propia. Por lo general van porque su pareja los presiona y, por eso, está convencida de que para diagnosticarlos se deben usar criterios distintos de los que se aplican a las mujeres. Según ella, incluso estando frente a un especialista es difícil convencerlos de hacer terapia.

“Si en la consulta le preguntas a un hombre si ha estado más sensible, probablemente sentirá que quieres decir que es débil. Los hombres aceptan la terapia cuando sus síntomas son producto de una falla de serotonina, es decir, cuando tienen un origen biológico, y si bien no es posible detectarla en un examen, es una falla real, y no implica falta de carácter –señala la experta–. A las mujeres se nos permite expresar las emociones de dolor, de sufrimiento. Es algo natural. A ellos, desde chicos, se les inculca que sentir esas emociones no es cosa de hombres”.

Efectos

Sexo y respuesta a los fármacos antidepresivos

“Ciertos estudios sugieren una respuesta más rápida y efectiva de las mujeres a los antidepresivos serotoninérgicos, mientras que los hombres han revelado una mejor respuesta a los fármacos tricíclicos. Los estrógenos podrían jugar un rol en esto, pero no hay evidencia científica suficiente hasta el momento”, dice Andrés Heerlein, psiquiatra miembro de la Academia Chilena de Medicina.

Brett Scholz, del Centro para la Psicología Aplicada de la Universidad de Canberra (Australia), afirma que la respuesta a los medicamentos tiene que ver más con las diferencias individuales que aquellas entre hombres y mujeres.

“Decir que hay diferencias de género significativas para determinados fármacos sugiere que el sexo es más importante para la respuesta del organismo que la edad, la dieta, el estilo de vida y otros trastornos”, critica.

Según la psicóloga clínica Mirentxu Busto, autora del libro La tranquila adicción de Santiago, una investigación sobre el consumo de benzodiazepinas en Chile, los hombres suelen preferir el alcohol y las drogas ilícitas a los ansiolíticos y los fármacos hipnóticos, a diferencia de las mujeres, porque estos tienen efectos secundarios sobre su sexualidad. Las mujeres, dice, buscan ayuda psicológica.

 

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Relacionan la ‘adicción’ a los videojuegos con la depresión y la ansiedad en niños

Un estudio sugiere que los niños impulsivos o socialmente ineptos son más propensos a engancharse

La adicción a los videojuegos entre niños y adolescentes podría llevar al desarrollo de trastornos psicológicos como la depresión, afirman investigadores.

El nuevo estudio encontró que los niños que son más propensos a volverse adictos a los videojuegos (lo que los investigadores llaman jugar videojuegos “patológicamente”) son los que pasan mucho tiempo jugándolos, tienen problemas para encajar con otros niños y son más impulsivos que los niños no adictos. En cuanto se vuelven adictos a los videojuegos, los niños son más propensos a deprimirse, a sufrir ansiedad u otras fobias sociales. No sorprende, entonces, que los niños adictos a los videojuegos experimentaron un descenso en su rendimiento escolar.

“A partir de otros estudios sabíamos que la adicción a los videojuegos se parece a otras adicciones. Pero lo que no estaba claro es qué sucedía luego. Los juegos podrían ser un problema secundario. Tal vez los niños que son socialmente torpes, a quienes no les va bien en la escuela, se deprimen y entonces se refugian en los videojuegos. En realidad no sabíamos si los juegos eran importantes en sí, o qué ponía a los niños en riesgo de adicción”, apuntó Douglas A. Gentile, profesor asociado de psicología de la Universidad Estatal de Utah en Ames.

El estudio no sólo reveló los factores de riesgo del juego patológico, “la sorpresa real vino de observar los resultados, porque habíamos supuesto que la depresión podía ser el problema real”, explicó Gentile. “Pero encontramos que en los niños que comenzaban a jugar patológicamente, la depresión y la ansiedad empeoraban. Y cuando dejaban de jugar, la depresión se iba. Tal vez estos trastornos [coexistan], pero los juegos parecen empeorar el problema”.

Los resultados del estudio aparecen en línea y se publicarán en la edición de febrero de la revista Pediatrics.

El estudio incluyó a 3,034 niños y adolescentes de Singapur. 743 estaban en tercer curso, 711 en cuarto, 916 en séptimo y 664 en octavo. Los niños provenían de seis escuelas primarias y seis secundarias. A cinco de las escuelas participantes sólo asistían chicos. Casi 2,200 de los participantes del estudio eran de sexo masculino.

Los niños, aunque no sus padres ni profesores, fueron encuestados anualmente de 2007 a 2009.

El 83 por ciento de los voluntarios del estudio reportaron jugar videojuegos a veces, y otro diez por ciento dijo que habían jugado videojuegos antes. El tiempo promedio que pasaban jugando videojuegos era de 20.5 a 22.5 horas por semana.

Pero Gentile señaló que “jugar muchos videojuegos no es lo mismo que ser adicto. Algunos niños pueden jugar mucho sin que tenga un efecto sobre sus vidas. Podría ser adicción cuando se observan otras áreas de la vida del niño en que sufre. Los padres podrían notar que un niño no tiene los mismos amigos ya, o que juega videojuegos en su habitación todo el tiempo. O tal vez el rendimiento escolar sufra”, comentó.

En el estudio, alrededor de nueve por ciento de los niños encuestados calificaban como jugadores patológicos de videojuegos, y Gentile señaló que esa cifra es bastante coherente con el índice de juego patológico de la población de EE. UU.

Jugar videojuegos más de treinta horas por semana, la falta de competencia social, empatía inferior al promedio y una mayor impulsividad contribuían a la adicción, encontraron los investigadores.

Gentile apuntó que los investigadores no están seguros de cómo los juegos contribuyen a la depresión, la ansiedad y otras fobias sociales, pero en este estudio “jugar precede a la depresión. No sabemos si en realidad es causal, pero jugar tiene un efecto propio, y no se puede simplemente ignorar el juego y tratar la depresión”, apuntó.

Aunque jugar videojuegos patológicamente parece compartir varias características con otras conductas de adicción, como las apuestas patológicas, los investigadores señalaron que las “apuestas patológicas” aún no se han establecido como trastorno psicológico.

“Participar mucho en videojuegos puede hacerse adictivo, y los padres deben ser cautos sobre cuántas horas juegan los niños”, aconsejó el Dr. Richard Gallagher, director del Instituto de la Crianza del Centro de Estudios Infantiles de la Universidad de Nueva York, en esa ciudad.

“En este estudio, parece que los niños que jugaban menos de 19 horas por semana no lo hacían de forma patológica, así que no más de dos horas al día”, sugirió.

Pero Gallagher también enfatizó que el tiempo que pasan jugando es menos importante que el efecto de los juegos sobre el niño. “Si los juegos los atraen tanto que no participan en otras cosas, o hablan sobre los juegos y nada más, tal vez haya un problema”, comentó.

Tanto Gallagher como Gentile dijeron que el hallazgo de que los videojuegos pueden conducir a un peor rendimiento escolar probablemente se deba al tiempo que consumen. “Jugar se toma un tiempo que podría pasarse en actividades con un beneficio educativo”, dijo Gentile.

Gentile también recomienda no más de dos horas de “tiempo de pantalla” al día, lo que concuerda con las directrices de la Academia Estadounidense de Pediatría. Y el tiempo frente a pantalla incluye la televisión, la computadora, los videojuegos e incluso los últimos reproductores de música y teléfonos electrónicos que tienen funciones parecidas a las computadoras.

 

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¿Un trabajo estresante con poco control conduce a una vida más corta?

Los trabajadores con más control en sus trabajos tenían más probabilidades de vivir más tiempo, encuentra un estudio

healthfinder.gov

Tener un trabajo muy demandante en que el jefe permite poco control puede ser muy frustrante, y un nuevo estudio sugiere que ese estrés constante podría incluso acortar la vida.

“Encontramos que los individuos en trabajos altamente estresantes con poco control mueren a una edad más temprana que los empleados que tienen más control en el trabajo”, señaló el autor líder del estudio, Erik González-Mule, profesor asistente de conducta organizacional y recursos humanos de la Facultad de Negocios Kelley de la Universidad de Indiana.

Los investigadores también encontraron que sucedía lo contrario. Las personas en trabajos muy exigentes que tenían un alto control sobre su trabajo parecieron reducir sus probabilidades de morir durante el estudio en un 34 por ciento.

Pero el estudio no pudo probar una relación causal entre el control en el trabajo y la muerte. Solo mostró una asociación entre esos factores.

Pero hay varias formas en que una falta de control en el trabajo podría afectar la salud general y el riesgo de morir, explicó González-Mule.

“Sabemos que los lugares de trabajo afectan a la salud”, dijo. “En particular, hay evidencias que muestran que los trabajos estresantes afectan a nuestra satisfacción con nuestras vidas”.

Por ejemplo, “los trabajadores que tienen menos control sobre sus trabajos estresantes son más propensos a tener sobrepeso que los que pueden controlar sus trabajos”, comentó.

González-Mule dijo que él y su coautora, Bethany Cockburn, de la Universidad de Iowa, iniciaron el estudio para comprender mejor cómo el estrés en el trabajo afecta a la salud. Los investigadores también se preguntaron si “un control alto puede en realidad hacer que un trabajo estresante resulte beneficioso”, señaló González-Mule.

Los investigadores observaron a casi 2,400 personas que participaron en un estudio a largo plazo en Wisconsin. Todos los voluntarios de estudio tenían entre 63 y 67 años de edad en 2004.

Los investigadores examinaron las respuestas de los participantes en 2004 sobre sus trabajos, y siguieron su salud hasta 2011. La mitad de los participantes del estudio eran mujeres.

Los investigadores definieron los niveles bajos de control en los trabajos: “la incapacidad de fijar las metas propias, decidir cómo lograr las tareas y priorizar el trabajo”, explicó González-Mule.

“Los ejemplos de trabajos que tradicionalmente son de bajo control incluyen los trabajadores de construcción, los mecánicos automotrices o los ayudantes de enfermería. Los ejemplos de trabajos que tradicionalmente son de alto control incluyen a los supervisores, los artesanos y los inspectores de construcciones”, anotó.

Entonces, los investigadores compararon las tasas de mortalidad entre los participantes y sus trabajos.

“Tener poco control en un trabajo estresante se asoció con un aumento del 15.4 por ciento en las probabilidades de morir, en comparación con tener un control bajo en un trabajo de estrés bajo”, dijo González-Mule.

¿Qué creen los investigadores que está sucediendo?

“Décadas de investigación sobre la salud han encontrado que los efectos del estrés se agravan con el tiempo, comenzando con el estrés psicológico que pueden al final conducir a problemas físicos como la hipertensión e incluso la muerte”, señaló González-Mule.

“La idea es que las personas encuentran formas de afrontar el estrés, por ejemplo participar en conductas malsanas como fumar, tener un estilo de vida sedentario o comer alimentos poco saludables”, dijo.

¿Qué podría hacerse para ayudar a los trabajadores?

González-Mule dijo que obtener un mayor control sobre el trabajo podría traducirse en un alivio del estrés e incluso fomentar el estrés “bueno”, “como tener la presión de trabajar rápido con una concentración intensa, que podría resultar en sentimientos de logro y maestría”.

Joshua Klapow, psicólogo clínico y profesor asociado de salud pública de la Universidad de Alabama, en Birmingham, alabó el estudio.

“A medida que observamos las descripciones de trabajos, la cultura de trabajo del ambiente corporativo, la salud y el bienestar del empleado, no podemos pasar por alto el rol esencial de la percepción individual”, planteó.

“No siempre se trata de lo que se le pide al individuo que haga, cuánto trabajo crea que tiene o qué tan ‘difícil’ es su trabajo. Con mucha frecuencia, lo que puede reducir el impacto de muchos desafíos y prevenir resultados negativos es el hecho de darle la sensación de control sobre su ambiente laboral”, dijo Klapow.

Nellie Brown es directora del Programa de Salud y Seguridad en el Lugar de Trabajo de la Facultad de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell. Sugirió que las empresas hagan cosas como permitir a los trabajadores fijar sus propios horarios.

“Cuando los gerentes otorgan a las personas un mayor control, eso no significa que estén renunciando a la autoridad”, dijo. “[Los trabajadores] se sienten menos estresados, pero hacen el trabajo”.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista Personnel Psychology.

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Fármacos para lupus o artritis podrían reducir la depresión

europeamedia.es

350 millones de personas en el mundo, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), padecerían cuadros psicológicos depresivos y se podrían beneficiar con esta variación en el uso de fármacos para tratar enfermedades inflamatorias.

“Cada vez nos resulta más claro que la inflamación juega un papel en la depresión, al menos en el caso de algunas personas. Y ahora nuestro trabajo sugiere que podría ser posible tratar a estos pacientes con fármacos antiinflamatorios. Lógicamente, estos no son los antiinflamatorios que la población consume a diario, sino una nueva clase de fármacos”, explica Golam Khandaker, director de la investigación publicada en “Molecular Psychiatry”, la cual señala que uno de los efectos secundarios relacionados al tratamiento con inhibidores de las citoquinas en las enfermedades autoinmunes (como la artritis o el lupus) provocarían una disminución de la sintomatología de la depresión.

Las citoquinas son una clase de proteínas que el sistema inmune elimina en el torrente sanguíneo en casos en donde el organismo se siente amenazado por un virus o por una bacteria. Esta reacción ocurre en las patologías autoinmunes, la manera de tratar inhibir este proceso es lo que se estudia como manera de aliviar los cuadros depresivos en el futuro.

En España se calcula que 2,6 millones de pacientes padecen de depresión. Aunque es una de las enfermedades psicológicas cuyas características más se conocen a lo largo de la población, se estima que es una patología no siempre diagnosticada a tiempo y/o tratada con los protocolos necesarios para garantizar el bienestar del individuo afectado. Se estima que un tercio de quienes se encuentran afectados por este trastorno psicológico, no obtiene beneficios al consumir los fármacos hoy en día comercializados para tratar esta complicación. Los antidepresivos que actualmente se prescriben funcionan sobre un neurotransmisor, pero lo que hoy se busca es generar alternativas personalizadas para aquellos pacientes que no responden a ese tipo de tratamiento.

Un estudio realizado por la Universidad de Cambridge arroja como resultado que la depresión tiene una clara conexión con la inflamación, de la misma manera que las enfermedades autoinmunes, como la enfermedad de Crohn o la psoriasis, afectan al cuerpo humano.

“Aún es muy pronto para decir cuándo se podrían usar estos inhibidores de citoquinas en el manejo clínico de la depresión. Necesitamos ensayos clínicos para evaluar la eficacia de estos fármacos en los pacientes que no tienen las enfermedades crónicas para los que fueron desarrollados…Además algunos de estos medicamentos pueden tener efectos adversos muy graves, por lo que deben ser previamente estudiados”, menciona ante la posibilidad de prontamente comenzar a utilizar estos medicamentos para tratar la depresión, el co-autor del estudio Peter Jones.

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Tu forma de caminar indica si eres agresivo o no

Una nueva investigación ha estudiado el comportamiento no verbal con objetivo de demostrar la relación entre nuestra forma de caminar y nuestra personalidad.

muyinteresante.es.-Sarah Romero

¿Podemos identificar a una persona agresiva por su forma de caminar? Un equipo de investigadores de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) ha llevado a cabo un estudio cuyo objetivo es la prevención de los delitos mediante el reconocimiento de personas potencialmente agresivas por su estilo a la hora de caminar.

Los expertos se centraron en la relación entre los cinco grandes rasgos de personalidad: sociabilidad, responsabilidad, apertura, amabilidad y neuroticismo y la forma de caminar o moverse, así como en la inclinación de un sujeto a la agresión según su forma de caminar.

Para ello, contaron con la participación de 29 personas que pasaron por evaluaciones de personalidad y una prueba sobre una cinta de correr a velocidad natural utilizando una tecnología de captura del movimiento. Dicho método registra las acciones humanas y utiliza esa información para crear un modelo de personaje animado en 3D. Se tuvo en cuenta la velocidad al andar, el movimiento de la pelvis y el del tórax.

Los resultados determinaron que un movimiento exagerado tanto de la parte inferior del cuerpo como de la superior indicaba un factor importante de agresividad. Además, si bien hubo una correlación moderada entre la velocidad al caminar y la agresividad para los hombres, no se observó esta asociación entre las mujeres.

Según los expertos, la personalidad está íntimamente relacionada con nuestra forma de caminar, por lo que aspectos como el movimiento de nuestros brazos, la velocidad a la que caminamos o el movimiento general del cuerpo, apuntan a diferentes características de la personalidad de un individuo.

Así, a mayor movimiento relativo a la hora de caminar, mayor nivel de agresividad presentaron los voluntarios: “Las personas suelen ser conscientes de que hay una relación entre la arrogancia y la psicología. Nuestra investigación proporciona una evidencia empírica que confirma que la personalidad se manifiesta, en efecto, en la forma de caminar”, explica Liam Satchell, líder del trabajo.

Según los autores, la identificación de una posible relación entre el movimiento biológico de un individuo y su intención de participar en una agresión podría ser utilizado para ayudar en la prevención de un delito.

El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Nonverbal Behavior.

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El perro, un animal de confianza para niños autistas

No todos los perros son adecuados para trabajar con niños autistas, son recomendados las razas más dóciles y tranquilas.

telesurtv.net

Tener un perro como mascosta sirve como terapia para la crianza de los niños autistas, estos animales pueden ayudar a los niños con esta condición en sus relaciones de comunicación social, señala el portal web Experto Animal.

Al igual que sucede con la equinoterapia, los niños descubren en el perro un animal de confianza con el que tienen relaciones sociales sencillas que les permiten estar cómodos en su interacción social.

¿Por qué esta indicada la terapia con perros para niños autistas?    

Tener a un niño con autismo es una situación que viven muchos padres, es por ello que es fundamental ayudarlos con terapias que le ayuden y mejoren su relación con un mundo que les puede resultar extraño.

Los niños autistas entienden las relaciones sociales de una forma distinta a la que lo hacen otras personas. Con este tipo de terapias se puede notar una mejoría trabajándolas de forma adecuada.

“Los niños autistas tienen dificultad para relacionarse y poca flexibilidad cognitiva lo que hace que no reaccionen de la misma forma ante un acontecimiento. En los animales encuentran una figura más simple y positiva que les ayuda a trabajar la autoestima, la ansiedad social y la autonomía. Estos factores de la sintomatología secundaria se trabajan en la terapia con perros”, señaló la psicóloga, Elizabeth Reviriego.

En contexto

El autismo es un trastorno neurológico complejo. Es parte de un grupo de trastornos conocidos como trastornos del espectro autista (ASD por su sigla en inglés).

Actualmente se diagnostica con algún trastorno autista a 1 de cada 68 personas y a 1 de cada 42 niños varones. Se presenta en cualquier grupo racial, étnico y social, y es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas.

El autismo daña la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros.

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