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Sueño

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Problemas nocturnos debido a la obesidad

Las personas con obesidad y sobrepeso también están expuestos a desarrollar el llamado Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño

Además de ser proclives a padecer diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia (niveles altos de colesterol en sangre) o artrosis degenerativa (desgaste del cartílago y deformación de la superficie del hueso de una articulación), entre otras afecciones, las personas con obesidad y sobrepeso también están expuestos a desarrollar el llamado Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño (SAOS), que les evita disfrutar de un sueño reparador.

De acuerdo con cifras de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello A. C. (Fesormex), 98 por ciento de las personas con obesidad mórbida (personas cuyo índice de masa corporal es mayor a 40) presentan el síndrome de apnea obstructiva del sueño.

Según el doctor Jorge Parra Mariscal, miembro de dicho organismo, la apnea es el periodo de respiración interrumpida, de 10 a 30 segundos durante el sueño, que pueden llevar al paciente a situaciones extremas como infartos o accidentes vasculares.

Durante estos episodios, que pueden ocurrir hasta 400 veces durante la noche, la persona deja de oxigenarse correctamente, por lo que entran en acción mecanismos compensatorios de alerta como la hipertensión y la taquicardia. Lo cual, aclaró el especialista, están relacionados con el desarrollo de problemas de tipo vascular, neuronal o cardiaco.

Tras un bloqueo momentáneo del paso del aire, las respiraciones normales se reinician con un resoplido o un jadeo; razón por la cual aquellas personas con ese síndrome suelen roncar fuertemente. Sin embargo, el ronquido no siempre es indicio de apnea obstructiva.

Otros síntomas de esa enfermedad son: movimiento de las piernas durante el sueño, somnolencia diurna, dolor de cabeza, dificultad para levantarse en las mañanas, falta de concentración y memoria, baja de rendimiento en el trabajo, pérdida o disminución del interés sexual, garganta seca al despertar e hipertensión arterial; así como diaforesis o sudoraciones mientras duerme.

De acuerdo con Parra Mariscal, puede haber apneas centrales y periféricas. Las primeras son aquellas en las que el paciente presenta alguna afección neuronal y el cerebro suspende temporalmente el envío de señales a los músculos que controlan la respiración.

En tanto, el síndrome periférico se presenta cuando uno o más agentes externos obstruyen las vías aéreas. Cabe mencionar que se trata de un evento multifactorial; sin embargo, existen algunas causas comunes tales como: la desviación del tabique nasal, la presencia de amígdalas hipertróficas o aumentadas de tamaño, sufrir alguna alergia, ser fumador y tener sobrepeso.

A este respecto, aseguró que en el momento del sueño el cuerpo se encuentra totalmente relajado. Por lo que, “la flacidez de los tejidos producen una obstrucción natural; además de que la capacidad pulmonar se ve limitada por la obesidad o sobrepeso”.

Además, el exceso de grasa corporal cubre el tejido que rodea la garganta, lo que facilita la aparición o agravamiento del síndrome de apnea, al estrechar el paso de aire por esta zona.

Asimismo, el experto de la Fesormex señaló que las personas con exceso de peso también es proclive a padecer hernias hiatales (parte del estómago se introduce en el tórax por un agujero o hiato en el diafragma) y reflujo, que a su vez ocasiona faringitis. “Una cosa lleva a la otra y hay que ir armando el rompecabezas poco a poco”, refirió.

El diagnóstico del síndrome de apnea se hace a partir de una revisión que, de ser requerida incluye una endoscopia de fosas nasales, cavidad oral, laringe, faringe y cuello; con lo que el otorrinolaringólogo verifica la presencia de alguna obstrucción.

Asimismo, es necesario realizar una polisomnografía. Este estudio mide los ciclos y etapas del sueño a partir de las ondas cerebrales (EEG), la actividad eléctrica de los músculos, los movimientos oculares, la frecuencia respiratoria, la presión arterial, la saturación del oxígeno en la sangre y el ritmo cardíaco. Los resultados, señaló el especialista, reflejan los niveles de oxigenación, si el paciente está haciendo apenas, con qué frecuencia y de qué duración; además del tipo de obstrucción: central o periférica.

Parra Mariscal explicó que en la mayoría de los casos el síndrome de apnea es controlable. El tratamiento va en función de la historia clínica de cada paciente; sin embargo, es posible erradicar factores externos que se relacionan, entre los que figura el tabaquismo, la ingesta de alcohol antes de dormir, evitar consumir alimentos y acostarse inmediatamente.

En caso de tener alguna obstrucción en las vías respiratorias, dijo, ésta puede ser retirada quirúrgicamente; con ello se reducen las posibilidades de que la apnea continúe presentándose.

El miembro de la Fesormex destacó que aquellas personas que sufren de obesidad deben someterse a un tratamiento multidisciplinario para bajar de peso, controlar el síndrome de apnea y prevenir la aparición de otras enfermedades.

 

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La enfermedad cardiovascular eleva el riesgo de apnea del sueño

La enfermedad cardiovascular incidental está asociada con el agravamiento de un trastorno respiratorio del sueño, publica la revista Circulation.

“Estudios previos habían demostrado que la apnea del sueño es una de las causas de la enfermedad coronaria”, dijo el doctor Daniel J. Gottlieb a Reuters Health.

“El estudio demuestra que la relación es bidireccional: mientras que la apnea del sueño aumenta el riesgo de sufrir un infarto, tener un infarto aumenta la gravedad de la apnea del sueño”, añadió.

El equipo de Gottlieb, de la Escuela de Medicina de la Boston University, llegó a esa conclusión tras analizar datos de 2.721 participantes del ensayo Sleep Heart Health Study.

El grupo tenía unos 62 años y provenían de varios estudios de cohorte sobre dolencia cardiovascular y enfermedad pulmonar obstructiva. Ninguno tenía enfermedad cardiovascular inicial.

Se les realizaron dos polisomnografías con un intervalo de cinco años. En ese período, 95 participantes desarrollaron enfermedad cardiovascular incidental.

Tras controlar factores como la edad, el sexo, la etnia y el índice de masa corporal (IMC), aquellos con esa enfermedad registraron más aumentos en el índice de apnea-hipoapnea entre las dos polisomnografías que aquellos sin la enfermedad.

Gottlieb concluyó que “se desconoce la explicación, pero reflejaría una alteración del control respiratorio debido a la disminución de la función cardíaca”.

En un editorial sobre el estudio, los doctores S. F. Paul Man y Don D. Sin escriben: “No existen pruebas para respaldar el uso generalizado de los estudios del sueño para diagnosticar la alteración respiratoria al dormir en toda persona con insuficiencia cardíaca o infarto recientes; este enfoque no es práctico”.

De todos modos, investigadores de la University of British Columbia en Vancouver destacan “la capacidad diagnóstica de la apnea del sueño en los pacientes que no responden al tratamiento óptimo de la enfermedad cardíaca subyacente”.

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La presión para que sean delgadas podría robarle el sueño a las chicas jóvenes

Investigadores sugieren que las amigas son la fuente más probable de este problema entre las blancas

Algunas personas podrían perder sueño por la presión para que sean delgadas, sobre todo las chicas jóvenes blancas que son presionadas por sus amigas a perder peso o a permanecer delgadas, según un estudio reciente.

“Hay una cantidad significativa de investigación en otras áreas sobre la presión que sufren las chicas adolescentes por minimizar el peso corporal, pero esta presión en su relación con la salud del sueño es un tema menos explorado, y sus consecuencias se desconocen casi en su totalidad”, anotó la investigadora principal del estudio Katherine Marczyk, estudiante doctoral en psicología clínica de la salud y medicina conductual de la Universidad del Norte de Texas en Denton, Texas. “Estos resultados son importantes, ya que este descubrimiento podría ser uno de los primeros pasos en esta investigación”, explicó en un comunicado de prensa de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (American Academy of Sleep Medicine).

Al conducir el estudio, que será presentado el martes en la reunión anual de la Asociación de Sociedades Profesionales del Sueño (Associated Professional Sleep Societies) en Minneapolis, los investigadores pidieron a 789 estudiantes de escuela intermedia de Texas, todas de sexo femenino y con un promedio de edad de doce años, que describieran cuánta presión sentían por perder peso y ser delgadas.

Las niñas también señalaron las fuentes de dicha presión, que incluía a sus pares, familiares, amigos y los medios de comunicación. Entonces, los investigadores evaluaron la calidad del sueño de las niñas para medir cómo esta presión externa por ser delgadas afectaba cuánto dormían.

La presión por ser delgadas que las niñas sentían de sus amigas además de los medios de comunicación predecía significativamente la duración del sueño, dando cuenta de 4.5 por ciento de la diferencia en la cantidad que dormían las niñas.

Esa discrepancia en la duración del sueño subió a seis por ciento en las niñas blancas (alrededor del 60 por ciento de las participantes del estudio) que se enfrentaban a presión por ser delgadas de parte de sus amigas, encontraron los investigadores.

Los autores del estudio añadieron que perder el sueño podría poner a las chicas jóvenes en riesgo de otros problemas de salud, que incluyen un aumento en la ansiedad y la depresión.

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por colegas.

 

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Un estudio sugiere una relación entre la privación de sueño y el riesgo de Alzheimer

El cuerpo parece usar el tiempo de descanso del cerebro para eliminar sustancias relacionadas con la enfermedad, afirman investigadores

Un nuevo estudio muestra que los niveles de meta amiloidea, un subproducto de la actividad cerebral que se considera como marcador de la enfermedad de Alzheimer, normalmente aumentan de día y se reducen de noche.

Aunque el hallazgo es preliminar, podría sugerir una posible relación entre la privación de sueño y el riesgo de desarrollar la enfermedad que deteriora al cerebro, afirman investigadores.

“Hace tiempo sabemos que una privación significativa del sueño tiene efectos negativos sobre la función cognitiva [del cerebro] comparables con los de la intoxicación por alcohol”, apuntó en un comunicado de prensa de la Universidad de Washington el Dr. Stephen Duntley, profesor de neurología y director del Centro de Medicina del Sueño de la universidad. “Pero recientemente se ha hecho aparente que la interrupción y la privación de sueño prolongadas podrían realmente tener mucho que ver en los procesos patológicos que subyacen a las enfermedades. Esta conexión con la enfermedad de Alzheimer aún no se ha confirmado en humanos, pero podría ser muy importante”.

Los hallazgos fueron publicados en una edición avanzada en línea de la próxima edición impresa de la revista Archives of Neurology.

Según los investigadores, los niveles de proteína beta amiloidea parecen fluctuar.

“En las personas sanas, los niveles de beta amiloidea se reducen a su punto más bajo unas seis horas tras el sueño, y vuelven a su punto más alto seis horas tras el máximo de vigilia”, explicó en el comunicado de prensa el Dr. Randall Bateman, profesor asociado de neurología de la Facultad de medicina de la Universidad de Washington, en San Luis.

“Observamos muchas conductas distintas, y las transiciones entre sueño y vigilia fueron los únicos fenómenos que se correlacionaron firmemente con el aumento y la reducción de la beta amiloidea en el líquido cefalorraquídeo”, añadió.

Bateman y colegas también hallaron que este patrón era más prevalente en las personas saludables y jóvenes, y menos pronunciado en adultos mayores que sufrían de periodos de sueño más corto o con más interrupciones.

Sugirieron que el motivo de esto podría ser que la actividad baja del cerebro durante el sueño permite al cuerpo eliminar la beta amiloidea a través del líquido cefalorraquídeo.

Los niveles de beta amiloidea en los adultos mayores con Alzheimer parecen ser constantes, lo que sugiere una posible relación entre la falta de sueño y las probabilidades de una persona de desarrollar la enfermedad, según el equipo.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores dividieron a los participantes del estudio en tres grupos:

  • Personas a partir de los 60 que obtuvieron resultados positivos en pruebas para la presencia de placas de beta amiloidea en el cerebro.
  • Personas a partir de los 60 que no tenían placas de beta amiloidea.
  • Personas sanas entre los 18 y los 60 años de edad.

Usando punción lumbar, los investigadores monitorizaron los niveles de beta amiloidea en el líquido cefalorraquídeo de los participantes cada cuatro horas durante hasta 36 horas. En ese tiempo, también grabaron las actividades de los participantes y monitorizaron su actividad cerebral.

En el grupo con placas en el cerebro, los niveles de beta amiloidea permanecieron casi constantes. Sin embargo, en los otros dos grupos los niveles aumentaron y se redujeron con regularidad en ondas transversales (en forma de serpiente). Los puntos altos y bajos de este patrón eran mucho más obvios en los pacientes más jóvenes, y más planos en las personas mayores.

Aunque las actividades de los participantes no tuvieron un impacto sobre los cambios en los niveles de la beta amiloidea, los picos en su sueño y vigilia ocurrieron constantemente antes de los picos y descensos en los niveles de beta amiloidea.

Los autores del estudio dijeron que se necesita más investigación para explorar cómo los problemas de sueño en las personas jóvenes afectan la fluctuación normal en la beta amiloidea cefalorraquídea, y cómo los medios para regular el sueño podrían ayudar a mantener este patrón parecido a una onda.

“Sigue siendo especulativo, pero hay indicaciones interesantes de que un mejor sueño podría ser útil para reducir el riesgo de Alzheimer”, concluyó Duntley. “Sabemos a partir de varios estudios que el ejercicio mejora el sueño, y la investigación también ha mostrado que el ejercicio se asocia con un menor riesgo de Alzheimer. Quizás el sueño sea un vínculo mediante el cual ese efecto ocurre”.

 

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Cuando la esposa no puede dormir, el matrimonio puede sufrir

Un estudio no encontró resultados similares cuando los esposos eran quienes contaban ovejas

Cuando las esposas no pueden dormir, esto tiende a desatar tensiones matrimoniales al día siguiente, sugiere un estudio reciente, mientras que los problemas de sueño del esposo apenas tienen un impacto sobre las relaciones de la pareja.

Investigadores evaluaron los patrones de sueño de 35 parejas casadas, jóvenes y saludables, durante diez noches, usando sensores no invasivos que monitorizaban los ciclos de descanso y actividad. Las esposas que tenían dificultades para dormir provocaban significativamente más interacciones conyugales negativas al día siguiente, según la investigación, que será presentada el lunes en Minneapolis en la reunión anual de las Sociedades Profesionales del Sueño Asociadas (Associated Professional Sleep Societies). Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publican en una revista médica revisada por colegas.

“Los hallazgos sugieren que la incapacidad prolongada de dormir de la esposa predice las interacciones conyugales tanto de ella misma como de su esposo. Éstas tienden a ser más negativas, y menos positivas”, señaló Wendy Troxel, profesora asistente de psiquiatría en la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, e investigadora líder del estudio.

Troxel dijo que las parejas, que eran mayormente profesionales blancos con una edad promedio de 32 años, usaron diarios electrónicos para proporcionar evaluaciones diarias sobre sus interacciones conyugales, apuntando si eran negativas, como ser ignorado o criticado, o positivas, como ser atendido y respaldado. Los resultados fueron independientes de los síntomas de depresión.

Para las mujeres que tenían problemas para dormir, las interacciones conyugales se volvieron sustancialmente más negativas que positivas en ambos cónyuges, encontró el estudio. Al contrario, cuando los esposos dormían mal, hubo poca diferencia en cómo se relacionaba la pareja al día siguiente.

“Por lo general, las mujeres son más expresivas y tienden a marcar el clima emocional de la relación de pareja”, explicó Troxel. Las esposas que no pueden dormir son más propensas a expresar estrés, a estar irritables y a verbalizar sus sentimientos, apuntó.

“Los hombres son más propensos a reprimir sus sentimientos o a no estar conscientes o sintonizados con el clima de cambio que ocurre”, añadió Troxel.

Aunque la incapacidad de dormir de la esposa podría agitar los sentimientos negativos en un matrimonio, otros problemas de la relación también pueden resultar en insomnio, en vigilia esporádica durante la noche, y un sueño profundo inadecuado, anotó Troxel.

“Es un proceso cíclico que puede afectar a las parejas y ponerlas en trayectorias negativas en cuanto a su salud mental y bienestar”, advirtió Troxel. “Los problemas de sueño deben abordarse desde la clínica y quizás, si la pareja tiene problemas, iniciar terapia matrimonial”.

El Dr. Clete A. Kushida, director del Centro de Investigación sobre el Sueño Humano en la Universidad de Stanford, dijo que el estudio es único, al relacionar la incapacidad de dormir con la forma en que las parejas interactúan al día siguiente.

“Enfocarse en el impacto del sueño inadecuado en términos de interacciones conyugales positivas o negativas al día siguiente es un enfoque interesante de los datos”, aseguró Kushida.

Esto añade a la concienciación de las consecuencias interpersonales y la angustia emocional que pueden resultar de la falta de sueño, señaló.

“Cuando un médico valida una queja de sueño, es importante que el cónyuge también acuda a la consulta para averiguar en qué forma la falta de sueño de su pareja le afecta como persona, influye en su estado de ánimo o impacta la relación”, aconsejó Kushida.

Estudios anteriores de Troxel encontraron que la presencia estable de un esposo o cónyuge predecía una mejor calidad de sueño en las mujeres, y que las esposas que eran felices en sus matrimonios reportaban menos molestias del sueño. Ahora, se están analizando los datos de la investigación actual para determinar los tipos precisos de conducta conyugal y consecuencias interpersonales que ocurrían tras una noche de sueño inadecuado.

En general, el nuevo estudio encontró evidencia más potente que relaciona al sueño con las interacciones conyugales al día siguiente, en lugar de la dirección contraria, añadió Troxel.

“Intuitivamente, esto tiene sentido en que no se funciona al mejor nivel cuando falta sueño, pero hay sorprendentemente pocos datos sobre cómo esto afecta las relaciones matrimoniales”, señaló Troxel.

El estudio fue financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU., y los Premios de Ciencias Clínicas y Translacionales (Clinical & Translational Science Awards).

 

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 Decálogo contra el insomnio de las noches de verano

  • La falta de descanso puede provocar déficit de memoria, somnolencia diurna y alteraciones de conducta y afectivas
  • Las elevadas temperaturas hacen que aumenten los trastornos del sueño

En verano los días se alargan y las noches se acortan. El sueño también, y puede que se acorte tanto y sea tan superficial, intermitente y vulnerable a los factores ambientales que acompañan a estos meses que se produzcan patologías a largo plazo.

El calor, con temperaturas que alcanzan los 38 grados y que han hecho saltar la alerta amarilla estos días en la provincia; el aumento de la ingesta de alcohol y comida que suele acompañar a las vacaciones, y hábitos al parecer poco recomendables, como largas siestas, son algunos de los factores que hacen que durante el verano se incrementen y se agraven los trastornos relacionados con el sueño y muy especialmente el insomnio.

Así lo advierten expertos de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Málaga, que cuenta con un equipo científico-técnico de especialistas en alteraciones, diagnósticos y tratamiento de los trastornos relacionados con el sueño, tanto en niños como en adultos y que han elaborado un decálogo de medidas preventivas que ayuden a prestar atención a todos aquellos factores que pueden impedir el descanso adecuado en esta temporada del año.

Relajación muscular

Según el jefe de Servicio de Neurofisiología de Hospital Quirón, Daniel González, a medida que aumenta la temperatura en el ambiente la duración de los ciclos de sueño es más corta: «Aumentará el número de despertares durante la noche, con lo que se reducirían los episodios de relajación muscular profunda, muy importante para la recuperación del cuerpo y de nuestro cerebro».

El especialista añade que los trastornos del sueño relacionados con el ambiente aumentan con la edad. Así, en el caso de personas mayores la temperatura desencadena una prolongación de la fase de inicio del sueño. El jefe de Servicio de Neurofisiología explica el motivo: «A mayor edad, menor capacidad para mantener uniforme la temperatura del cuerpo».

La falta de descanso derivada de un trastorno del sueño puede acarrear patologías tales como deficiencias en la memoria, somnolencia diurna, alteraciones conductuales e incluso afectivas.

Un reciente estudio ha puesto de manifiesto que, para un descanso óptimo, es preciso dormir entre siete y ocho horas, preferentemente entre las once de la noche y las siete de la mañana. El cuanto a la postura, el descanso es mejor si se duerme girado, preferentemente sobre el lado derecho para proteger el corazón; pero no hay nada definitivo.

CONSEJO DE LOS ESPECIALISTAS

  1. El consumo de alcohol y tabaco suele incrementarse en épocas estivales y perjudica altamente la conciliación del sueño.
  2. Bebiendo mucho líquido la temperatura corporal desciende en mayor medida.
  3. No acostarse hasta dos horas después de haber cenado.
  4. La temperatura de la habitación debe estar entre 18 y 25 grados.
  5. Si, una vez despertado no se concilia el sueño en 15 o 20 minutos, se debe abandonar la cama, para volver cuando entre el sueño.
  6. Evitar la siesta y en caso de llevarse a cabo, que no dure más de 15 minutos.
  7. Realizar ejercicio suave durante una hora al día.
  8. Reducir el tiempo de permanencia en la cama.
  9. Evitar bebidas con cafeína en horas de tarde. Alteran el sueño incluso en personas que no lo perciben.
  10. Eliminar elementos de distracción de la habitación, como la radio o la tv.

 

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Las alteraciones del sueño durante el embarazo pueden ser peligrosas

La Dra. Lisa Shives es fundadora de la clínica de sueño Northshore Sleep Medicine en Evaston, Illinois.

La falta de sueño es una de las quejas más comunes durante el embarazo, a tal grado que muchas mujeres, e incluso médicos, consideran esta situación una parte normal de la maternidad.

Aunque es cierto que el embarazo tiene un impacto significativo en la cantidad y calidad del sueño, muchos de los problemas de sueño que surgen durante éste pueden ser tratados o mejorados.

Es común que las mujeres sientan mucho sueño y fatiga en el primer trimestre, que se supone se debe al aumento de los niveles de progesterona, que se sabe puede tener un efecto hipnótico.

Los niveles de progesterona continúan a la alza durante en el embarazo, aunque en el segundo trimestre la mayoría de las mujeres dicen sentirse más alertas durante el día y sienten que su calidad de sueño mejoró en comparación con el primer trimestre.

El tercer trimestre ofrece una gran cantidad de problemas que están conectados al aumento de la circunferencia. Durante los últimos meses, las mujeres suelen experimentar falta de aliento y reflujo porque su diafragma está elevado, presionando pulmones y estómago. También deben orinar más durante la noche, situaciones que afectan el sueño.

Estos son conflictos normales durante el embarazo, pero hay otros problemas de sueño que sí podrían ser un desorden y pueden ser tratados.

Existen muchos factores que aumentan las posibilidades de apnea de sueño en mujeres embarazadas.

La apnea es la interrupción completa del flujo nasobucal, lo que provoca que la persona haga pausas en la respiración.

No todo gira en torno al aumento de peso, aunque la obesidad pre-gestacional aumenta significativamente el riesgo de padecer apnea obstructiva de sueño, pues un estudio concluyó que cerca del 40% de las pacientes obesas y embarazadas desarrollaron apnea obstructiva en el tercer trimestre.

Los cambios hormonales en el embarazo crean el escenario perfecto para la apnea obstructiva de sueño. Mientras que la progesterona aumenta la inflamación en los tejidos de la garganta, el estrógeno relaja los vasos sanguíneos, lo que propicia una mayor inflamación. Incluso se libera una hormona sólo durante el embarazo, llamada relaxina, y como muestra su nombre, relaja los músculos.

La apnea de sueño sin tratamiento durante el embarazo ha sido asociada al aumento del riesgo de padecer presión sanguínea alta, preeclampsia y bajo peso en el recién nacido, así como malos resultados en la prueba de APGAR (que evalúa la salud de recién nacidos).

Un estudio interesante publicó que el movimiento fetal en las mujeres que tenían apnea obstructiva del sueño disminuyó 50% durante el sueño no-REM y en 65% durante el sueño REM (etapa del sueño donde hay relajación muscular casi total). Los movimientos fetales aumentaron significativamente cuando la respiración de las mujeres se normalizaba con una máquina de ventilación a presión.

Algunos estudios sugieren que la apnea obstructiva sin tratamiento en una madre pone al niño en riesgo cardiovascular y metabólico. Se necesita una mayor investigación sobre la prevalencia de la apnea obstructiva en mujeres embarazadas y sobre las consecuencias que podría tener para ellas y sus hijos.

Por ahora, las mujeres con factores de riesgo de apnea obstructiva de sueño gestacional deberían relizarse una prueba de sueño. Entre los factores de riesgo se encuentran la obesidad pregestacional, aumento excesivo de peso durante el embarazo, cuello largo, garganta pequeña, ronquidos, fatiga y sueño durante el día, alta presión sanguínea y desarrollo de preeclampsia.

La apnea obstructiva de sueño es uno de los pocos desórdenes que, si se diagnostican en mujeres embarazadas, pueden aprovechar tratamientos seguros para ellas y para el bebé. Dos terapias principales, el CPAP y las terapias orales, son sin medicamentos y seguras en el embarazo. Dado que la apnea obstructiva de sueño gestacional se resuelve por sí sola después del nacimiento del bebé, la mayoría de las mujeres no quieren gastar miles de dólares en tratamientos.

El CPAP, la terapia más veloz para cualquiera con este padecimiento, es quizás el mejor tratamiento para la apnea obstructiva de sueño durante el embarazo. La terapia puede comenzar justo después de que se interprete la prueba de sueño y la máquina puede ser regresada en caso de que la apnea obstructiva de sueño de las mujeres se resuelva después del parto.

 

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Vinculan dormir sin descansar con un dolor generalizado en los adultos mayores

La ansiedad, los problemas de la memoria y la mala salud también tienen que ver, sugiere un estudio

Levantarse sin sentirse descansado no es solo una molestia. Los investigadores advierten que el “sueño no restaurador” es el mayor factor de riesgo para el desarrollo de dolor generalizado en los adultos mayores.

El dolor generalizado en distintas partes del cuerpo, la principal característica de la fibromialgia, afecta al 15 por ciento de las mujeres y al 10 por ciento de los hombres mayores de 50 años, según estudio anteriores.

Para identificar los desencadenantes de ese dolor generalizado, los investigadores británicos recogieron datos demográficos, además de información sobre el dolor físico y la salud mental de más de 4,300 adultos mayores de 50 años. Unos 2,700 sufrían algo de dolor al inicio del estudio, pero ninguno tenía dolor generalizado.

Los resultados, que aparecen en la edición del 13 de febrero de la revista Arthritis & Rheumatology, muestran que el sueño sin descansar y la ansiedad, los problemas de memoria y la mala salud desempeñan un rol en el desarrollo de ese tipo de dolor.

Tres años tras el inicio del estudio, el 19 por ciento de los participantes tenían un dolor generalizado nuevo, hallaron los investigadores.

Este nuevo dolor en varias partes del cuerpo fue peor entre los que habían sufrido de algo de dolor al inicio del estudio. Y de los que tenían algo de dolor previo, el 25 por ciento sufrían de un nuevo dolor generalizado. Mientras tanto, el 8 por ciento de los que no tenían dolor al inicio del estudio tenían un dolor generalizado tres años más tarde.

“Aunque la osteoartritis se vincula con el inicio nuevo de dolor generalizado, nuestros hallazgos también hallaron que el sueño, [la memoria], la salud física y la mental de baja calidad podrían aumentar el riesgo de dolor”, concluyó el líder del estudio, el Dr. John McBeth, del centro de investigación sobre la artritis de la Universidad de Keele en Staffordshire, Inglaterra.

“Se necesitan intervenciones combinadas que traten tanto el dolor en lugares específicos como el dolor generalizado en los adultos mayores”, añadió McBeth en un comunicado de prensa de la revista.

Pero el aumento de la edad se vinculó con unas menores probabilidades de contraer dolor generalizado. El dolor muscular, óseo y nervioso es más común entre las personas mayores. Hasta el 80 por ciento de las personas a partir de los 65 años experimentan alguna forma de dolor a diario, según el comunicado de prensa.

Aunque el estudio encontró una relación entre dormir mal y un dolor generalizado, no demostró una causalidad directa.

 

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