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Sueño

Dormir 9 horas al día aumenta el riesgo de alzhéimer

La enfermedad de Alzheimer afecta a millones de personas en todo el mundo.

muyinteresante.es

Las cifras asociadas a la enfermedad de Alzheimer no paran de crecer en todo el planeta y el futuro no parece muy halagüeño. Ahora, un estudio sugiere que puede haber un vínculo entre dormir mucho y el riesgo de desarrollar demencia.

La investigación, dirigida por Sudha Seshadri, profesor de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (EE. UU.) examinó los datos del Framingham Heart Study, un gran estudio de cohortes que comenzó en 1948 con 5.209 hombres y mujeres de entre 30 y 62 años que vivían en la ciudad de Framingham, Massachusetts. El propósito original del estudio era identificar los factores de riesgo para la  enfermedad cardiovascular.

Para este experimento, los investigadores preguntaron a los participantes cuánto tiempo dormían cada noche, realizando un seguimiento clínico durante 10 años para ver quién desarrollaba finalmente la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. Con los datos sobre la duración del sueño, los expertos calcularon el riesgo de demencia.

Los datos son tajantes: dormir 9 horas al día o más aporta el doble de probabilidades de desarrollar alzhéimer en 10 años, en comparación con los que duermen habitualmente menos de 9 horas.

 
La educación también cuenta

“Los participantes sin un título de escuela secundaria que dormían más de 9 horas cada noche tenían seis veces el riesgo de desarrollar demencia en 10 años en comparación con los participantes que dormían menos. Estos resultados sugieren que tener una educación superior puede proteger contra la demencia en relación a una larga duración del sueño”, afirma Seshadri.

Los investigadores también descubrieron que las personas que dormían más horas cada noche parecían tener volúmenes cerebrales más pequeños, por lo que sospechan que el sueño excesivo es probablemente un síntoma más bien que una causa de los cambios neuronales que acontecen con la demencia. Como consecuencia, especulan que la reducción de la duración del sueño no tiene por qué reducir el riesgo de demencia.

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Las personas que roncan tienen peor aspecto

Si lo que dice el último estudio publicado por los científicos de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) es cierto, más de uno (y de una) empezará a tomar cartas sobre el asunto para solucionar el problema de los ronquidos. Los investigadores han llegado a la conclusión de que quienes sufren apnea del sueño o dificultades para respirar tienen peor aspecto y son menos atractivos.

El estudio y las conclusiones

Al parecer, las interrupciones en la respiración pueden provocar hinchazón y rojeces en la cara. Esto sucede por culpa de una mala oxigenación. Para demostrarlo escogieron una muestra de individuos con problemas de apnea. Unos fueron sometidos a un tratamiento contra el trastorno y otros continuaron sin recibir ayuda alguna.

Los resultados demostraron que las personas que habían solucionado sus trastornos de sueño lucían más joviales y atractivas. Entre otros detalles, se apreció una reducción considerable de las arrugas.

La apnea del sueño afecta a millones de personas en todo el mundo. Lo peor de todo no es perder atractivo físico, sino sus efectos adversos. Los especialistas coinciden en que se multiplica el riesgo de sufrir accidentes laborales y problemas cardiovasculares.

 

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Consejos para evitar problemas de insomnio

Un 30% de la población tiene problemas de insomnio, de los cuales un 10% lo sufren de forma crónica.

heraldo.es

Se estima que un 30% de la población tiene problemas de insomnio, y al menos el 10% de estas personas padecen estos episodios de manera crónica. ¿Qué hay que hacer para no padecerlos?

Los expertos apuntan a una “buena higiene del sueño” para evitar este trastorno que hace mella en la calidad de vida de quienes lo sufren a diario, pudiendo derivar en los casos más graves en una incapacidad.

“Hay que darle al sueño la importancia que tiene y no se le está dando. Se considera que una persona que duerme poco o que tiene insomnio a nivel social no es trascendental, pero lo cierto es que el problema concierne a diferentes esferas de su vida personal y laboral”, advierte María Ángeles Abad, trabajadora social de Asenarco, la única asociación de pacientes que de forma gratuita atiende a enfermos de todas las patologías y trastornos del sueño.

Estos son algunos consejos prácticos que brindan desde la asociación para prevenir este trastorno cuidando los hábitos de sueño, fundamentalmente, por las noches:

  • Reducir el uso del teléfono móvil y otros dispositivos luminosos. “Estamos viendo que el tema de las nuevas tecnologías está afectando mucho a los niños. “El regalo estrella es la tablet y muchos padres ignoran todo lo que estas están suponiendo para ellos”, advierte esta experta, quien recomienda dejar de usar estos dispositivos antes de acostarse.
  • Apagar los móviles y el WhatsApp. Cualquier interrupción vinculada al uso de estos aparatos rompe el ciclo del sueño, que suele durar de 90 a 100 minutos. “A lo largo de este proceso, pasamos por cinco fases : 1 y 2 –ligero-, 3 y 4 (profundo) y la fase 5 (REM). Cada una de esas fases tiene su importancia y hay que cuidar ese descanso”, reivindican los expertos.
  • Trabajar el factor psicológico. Detrás del insomnio, los expertos advierten que suele haber un factor psicológico. “Cuando se va al médico de Atención Primaria, lo primero que se les da es una pastilla y debemos vigilar esto. El insomnio es un síntoma de otra cosa, y hay que buscar el por qué. Si no incido en eso, llegará el momento en que esa pastilla no surta efecto”, explica Abad.
  • Controlar el estrés diario. Muchas veces, el insomnio viene derivado de la vida que llevamos, del estrés, las prisas y de esas vueltas que le damos a cabeza cuando es el momento de acostarse y descansar. “La noche no es para solucionar problemas. Hay personas que simplemente son muy nerviosas y se angustian si ese sueño no llega, entrando en un círculo vicioso. Hacer ejercicios de relajación o practicar yoga puede ser beneficioso para estos pacientes que han probado de todo y no consiguen dormir”, concluyen los expertos.

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Cuando dormir se convierte en pesadilla

  • Médicos del Santa Lucía avisan de que no tratar trastornos del sueño deriva en graves enfermedades
  • Los especialistas advierten de que el 5% de la población, unas 10.000 personas en Cartagena, padece apnea nocturna y lo desconoce

laverdad.es

Dormir puede convertirse en ocasiones en una auténtica pesadilla, sobre todo, para aquellas personas obesas, fumadoras, que beben con regularidad, con altos niveles de colesterol, que padecen vegetaciones y que tienen las vías respiratorias estrechas. Ellas son las más propensa a padecer el trastorno del sueño más común: la apnea del sueño, una enfermedad muy poco conocida, pero cuya trascendencia es fatídica. Si no se trata pude derivar en otras patologías cardiovasculares y cerebrovasculares e incluso en diabetes. Eso en los mejores casos, ya que en otros más extremos puede derivar en un cáncer o, directamente, en muerte.

Para evitarlo, en el Hospital Santa Lucía está la Unidad del Sueño más grande de la Región y una de las mejores dotadas de España. El jefe del servicio, Antonio Santa Cruz, advierte de que al ser una enfermedad «relativamente nueva», se detectan al año en Cartagena alrededor de 500 nuevos casos, un número que está muy por encima de la media de otros centros hospitalarios. Pero lo peor es que la padece entre un 4% y un 6% de la población -en el Área de Salud II unas 10.000 personas, aproximadamente-, que lo desconoce.

Es por ello por lo que, desde este servicio, compuesto por una docena de trabajadores entre facultativos, enfermeros, auxiliares y supervisores, avisan de la importancia de conocer los síntomas y de hacerse pruebas en caso de poder padecerla.

«Los ronquidos son la manifestación más visible que puede alertar al paciente sobre la posibilidad de sufrir apnea del sueño, que se da cuando una persona deja de respirar durante unos segundos, mientras duerme», cuenta uno de los médicos de la Unidad, Pedro Menchón. Las personas que padecen esta patología empiezan a roncar muy fuerte después de quedarse dormidos. Además, estos se interrumpen durante un periodo de tiempo, que es cuando el paciente sufre una apnea. «Ese periodo de silencio va seguido de un resoplido con jadeo mientras la persona intenta volver a respirar», añade este médico.

Síntomas

Como consecuencia de los episodios, el sueño del enfermo no es reparador y aparece somnolencia diurna, presencia de fatiga crónica e incluso alteraciones respiratorias y cardiovasculares. La persona con apnea suele levantarse con frecuencia para ir al baño; se despierta frecuentemente con la boca seca y, al día siguiente, nota cansancio y dolor de cabeza; y se queja de la alta probabilidad de dormirse en situaciones inapropiadas, mientras conduce, lee o asiste a reuniones de trabajo.

El índice de apnea, es decir, el número de veces que una persona tiene paradas respiratorias de un tiempo superior a 10 segundos cada hora a lo largo de la noche, marca los tipos de esta patología. Es leve cuando tiene entre 5 y 15 por hora; moderado, entre 15 y 30; y grave o severo, más de 30.

«La principal medida que puede ayudar a prevenir la apnea es perder peso, así como aplicar determinadas medidas higiénico-dietéticas, como hacer más ejercicio físico. Por otro lado, dejar de fumar y evitar el consumo de alcohol también ayudan a prevenir la aparición de la enfermedad», explica otro de los médicos, Juan Daniel Albaladejo. Cuando ya hay síntomas (ronquidos y apneas referidas por la pareja) el paciente debe acudir al médico de cabecera.

El diagnóstico se hace realizando una prueba de sueño que puede ser completa. Esta incluye variables neurológicas y respiratorias, denominada polisomnografía. También puede diagnosticarse con pruebas más abreviadas, como la poligrafía respiratoria, que incluye solo variables respiratorias y puede realizarse en el hospital y en el domicilio. Para ello, el Santa Lucía tiene cuatro habitaciones preparadas para hacer pruebas a adultos y una para niños.

Terapia no curativa

La terapia para la apnea del sueño no es curativa. Está dirigida a aliviar los síntomas. Existen varios tipos de tratamientos que se aplican en función de la gravedad. En la mayoría de los casos, el médico recomienda la pérdida de peso, la abstención del tabaco, realizar deporte y una buena alimentación.

El tratamiento habitual es usar por las noches una máquina. Esta consiste en un generador que transmite, a través de una mascarilla nasal, una presión continua a la vía aérea superior impidiendo que ésta se cierre. Según los especialistas, esta mascarilla suele tener un efecto rápido, ya que hace desaparecer los ronquidos nocturnos y la somnolencia durante el día. También existe un tratamiento quirúrgico, pero éste solo está recomendado cuando existen algunas lesiones como pólipos o hipertrofia de las amígdalas, «o bien cuando la mascarilla no es bien tolerada por la existencia de algún daño en la vía aérea superior», señala Albaladejo.

En los adultos, la frecuencia se encuentra en torno al 25% en edades avanzadas (60 a 80 años). En edades medias, la franja más frecuente en varones es alrededor de un 10%. En el caso de los niños, un 3%. A lo largo de un año, por la Unidad del Santa Lucía pasan alrededor de 1.100 pacientes, de los que el 70% terminan tratándose con el aparato de presión positiva. Solo el 5% consiguen dejarlo, por haber adoptado hábitos de vida que favorecen la correcta respiración por la noche.

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Los noctámbulos tienen mayores riesgos de problemas de salud, según un estudio

Aún con las mismas horas de sueño que los madrugadores, tuvieron más propensión a la diabetes y la pérdida muscular.

Los noctámbulos tienen mayores probabilidades de sufrir diabetes y otros padecimiento de salud que los madrugadores, incluso si duermen la misma cantidad de horas.

Esa es la conclusión de un nuevo estudio que incluyó a más de 1,600 personas de Corea del Sur, de entre 47 y 59 años de edad, que proporcionaron información sobre sus hábitos de sueño y se sometieron a exámenes para evaluar su salud.

“Sin importar el estilo de vida, la gente que se mantuvo despierta hasta tarde enfrentó un mayor riesgo de desarrollar padecimientos de salud, como la diabetes o una reducción en la masa muscular, que quienes eran madrugadores”, dijo el Dr. Nan Hee Kim, del Colegio de Medicina de la Universidad Korea en Ansan, Corea del Sur, en un comunicado de prensa de la Sociedad Endócrina (Endocrine Society).

“Esto podría deberse a la tendencia de los noctámbulos de tener peor calidad del sueño y participar en comportamientos poco saludables como fumar, comer tarde en la noche y llevar un estilo de vida sedentario”, añadió Kim.

De las 1,600 personas que participaron en el estudio, 95 eran noctámbulos, 480 eran madrugadores y el resto cayó en algún punto intermedio.

A pesar de tener una tendencia a ser más jóvenes, los noctámbulos tenían mayores niveles de grasa corporal y lípidos en la sangre que los madrugadores. Los noctámbulos tenían también mayores probabilidades de presentar sarcopenia, una afección en la que el cuerpo pierde masa muscular, de acuerdo a los hallazgos.

El estudio encontró que los hombres noctámbulos tenían más probabilidades de presentar diabetes o sarcopenia que los madrugadores. En comparación con las mujeres madrugadoras, las mujeres noctámbulas tuvieron una tendencia a tener más grasa abdominal y un mayor riesgo de síndrome metabólico — un conjunto de problemas de salud que incrementa el riesgo de diabetes, enfermedad del corazón y ataques cerebrales.

El estudio se publicó en línea el 1 de abril en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

Considerando que muchas personas jóvenes son noctámbulas, el riesgo asociado a este tipo de hábito de sueño es “un asunto importante de salud que debe abordarse”, dijo Kim.

El estudio encontró una asociación entre ser noctámbulo y mayores riesgos de salud; pero no demostró un vínculo de causa y efecto.

 

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El sistema inmunitario se reinicia durante el sueño

Un estudio encontró que los niveles de las células T se reducían tres horas tras quedar dormido, y luego se recuperaban

healthfinder.gov

Unos investigadores dicen que han obtenido nueva información sobre cómo el sistema inmunitario se restaura a sí mismo durante el sueño.

Tomaron muestras de sangre de 14 hombres jóvenes y sanos, con una edad promedio de 25 años, que durmieron durante toda la noche, y una vez más mientras permanecieron despiertos toda la noche. Analizaron los niveles de células T, que son los glóbulos blancos que forman la base del sistema inmunitario, en las muestras.

Cuando los participantes durmieron toda la noche, los niveles de todos los tipos de células T se redujeron en un plazo de tres horas tras quedar dormidos. Pero los niveles de células T permanecieron altos cuando los voluntarios permanecieron despiertos toda la noche.

No está claro dónde fueron las células T cuando salieron del torrente sanguíneo durante el sueño. Pero investigaciones anteriores sugieren que podrían acumularse en los ganglios linfáticos, según los autores del estudio, que aparece en una edición reciente de la revista American Journal of Physiology — Regulatory, Integrative and Comparative Physiology.

El rápido descenso en los niveles de células T en la sangre durante el sueño muestra “que incluso una noche sin sueño afecta al sistema inmunitario adaptativo”, comentó en un comunicado de prensa de la revista la primera autora del estudio, Luciana Besedovsky. “Esto podría ser un motivo de que el sueño regular sea tan importante para la salud general”.

Besedovsky es investigadora del Departamento de Psicología Médica y Neurobiología Conductual de la Universidad de Tubinga, en Alemania.

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Dormir pocas horas deteriora la salud

Para algunos investigadores, 5 o 6 horas de sueño no son suficientes y recomiendan extender el descanso a 8 horas para evitar enfermedades

¿Cree que le va bien con cinco o seis horas de cerrar los ojos? Existe la probabilidad de que usted esté entre los millones de personas que, sin saberlo, se engañan a sí mismos con respecto al sueño.

Investigaciones demuestran que la mayoría de la gente requiere de siete u ocho horas de sueño para funcionar óptimamente. Si usted no logra dormir suficiente noche tras noche, puede comprometer su salud e incluso pudiera acortar la vida. Desde la infancia hasta la vejez, los efectos de la falta de sueño pueden incidir profundamente sobre la memoria, el aprendizaje, la creatividad, la productividad y la estabilidad emocional, así como sobre su salud física.

Especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg y el Instituto y Clínica Psiquiátricos de Occidente afirman que diversos sistemas corporales se ven afectados negativamente por la falta de sueño: corazón, pulmones y riñones; apetito, metabolismo y control de peso; función inmune y resistencia a enfermedades; sensibilidad al dolor; tiempo de reacción; humor; así como la función cerebral.

El sueño deficiente también es un factor de riesgo para la depresión y abuso de sustancias, particularmente entre personas con trastorno de estrés postraumático, ya que quienes lo padecen tienden a revivir su trauma cuando intentan conciliar el sueño, afirma Anne Germain, catedrática adjunta de Psiquiatría en la Universidad de Pittsburg.

Repercusiones.

“El sueño incide sobre casi cada tejido en nuestros cuerpos”, dijo el doctor Michael J. Twery, especialista del sueño en los Institutos Nacionales de Salud.

Varios estudios han vinculado la falta de sueño con el aumento de peso. Los noctámbulos con falta de sueño no solo tienen más tiempo para comer, beber y picar, sino que sus niveles de la hormona leptina –encargada de decirle al cerebro que se ha consumido suficiente comida–, son más bajos en las personas privadas de sueño, en tanto los niveles de la grelina –hormona que estimula el apetito– son mayores.

Asimismo, el metabolismo se desacelera cuando el ritmo circadiano y el sueño de la persona son interrumpidos; si no se contrarresta con más ejercicio o una reducción en el consumo de calorías, esta desaceleración puede sumar hasta 4,5 kilogramos en un año.

La capacidad del cuerpo para procesar la glucosa también se ve afectada adversamente cuando las personas no duerme lo suficiente y esto podría desembocar en diabetes Tipo 2.

En un estudio, hombres jóvenes y saludables a los que se les impidió dormir más de cuatro horas por noche, durante seis noches consecutivas, terminaron con niveles de insulina y azúcar en la sangre similares a los de personas consideradas prediabéticas.

Los riesgos de enfermedades cardiovasculares y embolia son mayores en personas que duermen menos de seis horas por noche. Incluso una sola noche de sueño insuficiente puede causar elevaciones de la presión arterial durante todo el día en personas con hipertensión.

Asimismo, dormir mal puede derivar en infecciones cotidianas como son los resfriados o gripes. Sheldon Cohen junto a un grupo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon realizaron un estudio en 153 mujeres y hombres sanos, los resultados arrojaron que quienes dormían menos de siete horas tenían probabilidades tres veces mayores de padecer síntomas de resfriado cuando eran expuestos a un virus que aquellos que dormían ocho horas o más.

Mental. Los procesos mentales como el aprendizaje, memoria, juicio y resolución de problemas se ven afectados por la excesiva vigilia. Durante el sueño, se codifican nuevos caminos del aprendizaje y la memoria en el cerebro, al tiempo que es necesario dormir suficientes horas para que esos caminos funcionen óptimamente.

El deterioro cognitivo que acompaña con tanta frecuencia al envejecimiento pudiera resultar parcialmente de la falta crónica de sueño. Al no dormir suficientes horas, el pensamiento se vuelve más lento, es más difícil concentrarse y prestar atención, y la gente tiene mayores probabilidades de tomar malas decisiones y correr riesgos injustificados.

Vigilia y cáncer

El riesgo de cáncer también pudiera elevarse en personas que no logran dormir suficiente. Un estudio japonés de casi 24.000 mujeres, entre los 40 y 79 años de edad, arrojó que quienes duermen menos de seis horas por noche tenían mayores probabilidades de enfermar de cáncer de mama que las mujeres que dormían durante más tiempo.

El aumento en el riesgo pudiera resultar de la secreción disminuida de la melatonina, la hormona del sueño. Entre los participantes en el Estudio de Salud de las Enfermeras, Eva S. Schernhammer, de la Facultad de Medicina de Harvard, encontró un nexo entre bajos niveles de melatonina y un riesgo mayor de cáncer de mama.

 

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Aumentan casos de apnea del sueño a causa de obesidad

La apnea del sueño se ha constituido en una problema de salud pública, luego de que su incidencia se ha quintuplicado en los últimos 20 años debido principalmente a los altos índices de obesidad entre la población.

En entrevista, el experto del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco, Daniel Hernández Gordillo, indicó que se caracteriza por la interrupción momentánea de la respiración durante las horas de dormir y es el principal obstáculo para lograr un sueño reparador.

El médico, quien encabeza la Clínica del Sueño en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional de Occidente (CMNO) del IMSS en Jalisco, dijo que mientras que en la década de los 90 la prevalencia de apnea era del dos por ciento en mujeres y cuatro por ciento en varones, para 2013 aumentó un 20 por ciento en promedio general.

Destacó que en la clínica a su cargo se atiende un promedio mensual de 160 personas que son enviadas por su médico familiar o bien por el especialista en medicina interna o en neumología, por sospecha de apnea del sueño, “de estos, tan sólo en el pasado mes de julio, se confirmó el problema en 43 de ellos”.

Añadió que del promedio de 160 pacientes atendidos por mes en dicha clínica, 60 son casos nuevos y dijo que el común denominador entre ellos es la edad, que por lo general es de 35 años en adelante, así como algún grado de sobrepeso y/u obesidad.

Dijo que para estos pacientes, el tratamiento más efectivo es un equipo que aporta aire continuo a presión en la vía aérea superior del paciente, manteniendo ésta permeable a lo largo del sueño “lo ideal es usarlo toda la noche”.

El especialista se refirió a otros problemas del sueño importantes, entre los que mencionó el insomnio el cual, a diferencia de la apnea, es la incapacidad de la persona para poder dormir.

“Las personas con apnea no tienen problemas para quedarse dormidos, en cambio los insomnes no logran conciliar el sueño o bien éste es fraccionado y no logran por lo tanto, descansar”, aseguró.

Mencionó que un tercio de la vida el ser humano requiere del descanso que provee un sueño adecuado, pero al margen de esto, al dormir se realizan funciones muy importantes para el organismo.

“En la primera parte del sueño se libera hormona del crecimiento y en la segunda vienen los movimientos oculares rápidos o MOR, y si se dan sin interrupciones, ocurre luego una secreción de cortisol, hormona que nos permita un buen despertar”, explicó.

Cuando el sueño no es continuo durante seis a nueve horas, ya sea por apnea, por insomnio, por síndrome de piernas inquietas que es otra causa de constantes despertares, no se logran dichos ciclos.

“Nunca hubo esa secuencia de secreción de hormonas y tenemos un despertar deficiente, pero con deterioro además en la salud porque no se logró reparación celular, no consolidamos memoria, no hubo disminución en la frecuencia cardiaca y esto va impactando con el paso de los años para la aparición de enfermedades”, recalcó.

Subrayó que la somnolencia diurna producto de un sueño deficiente durante la noche, incrementa en más del mil por ciento la probabilidad de sufrir accidentes de todo tipo, pero además un sueño interrumpido sube entre un 150 y 200 por ciento el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares y un 100 por ciento a desarrollar diabetes mellitus.

Comentó que hace cuatro meses se instauró el Grupo de Autoayuda de la Clínica del Sueño el cual sesiona los últimos lunes del mes y reúne a un promedio de 30 pacientes por sesión.

Dijo que los pacientes reciben pláticas sobre la importancia del sueño y los problemas que pueden alterarlo, pero además intercambian sus propias experiencias y cómo las superaron “la idea es que se conviertan en monitores y repliquen lo aprendido en su entorno familiar, social o laboral”.

 

 

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