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Tratamientos

[22-8-15]

Un paciente recupera la visión gracias al implante de dos bombas lagrimales

El paciente contrajo la Enfermedad Injerto contra Huésped, que le atacó a la glándula lagrimal provocando una sequedad extrema y la pérdida de visión en los dos ojos

El equipo de Oftalmología del Hospital La Fe de Valencia ha implantado dos bombas lagrimales a un paciente de 40 años que perdió la visión en ambos ojos, lo que le ha permitido recuperar la vista, según han informado a EFE fuentes del centro hospitalario.

La intervención, que duró cerca de seis horas, se llevó a cabo el pasado 24 de abril por un equipo de profesionales del Servicio de Oftalmología del Hospital La Fe de Valencia coordinados por el doctor Salvador García Delpech, y en estos momentos el paciente está dado de alta y asiste al hospital para las revisiones oportunas.

El paciente contrajo la Enfermedad Injerto contra Huésped (EICH) tras un trasplante de médula ósea, que le atacó a la glándula lagrimal provocando una sequedad extrema y la pérdida de visión en los dos ojos. En algunas ocasiones, esta sequedad puede solucionarse a través de tratamientos no agresivos mediante el suministro de gotas y corticoides, si bien un bajo porcentaje de pacientes con esta enfermedad necesita de un tratamiento más específico al presentar mayor gravedad y requerir incluso intervención quirúrgica.

El Servicio de Oftalmología del Hospital La Fe, que atiende a cerca de 500 casos de pacientes con problemas en la visión derivados de la EICH – de los que el 10 % llegan a ser extremos- ha aplicado por primera vez en Valencia esta técnica en oftalmología.

El paciente intervenido era uno de estos casos extremos, para quien la única salida terapéutica ha sido la implantación de dos bombas lagrimales-abdominales, una técnica que anteriormente solo se aplicaba para otro tipo de enfermedades que necesitan del suministro programado de medicamentos para paliar el dolor del enfermo. Las bombas se programan mediante un mando a distancia, de forma que puede controlar en todo momento la frecuencia y la cantidad de lágrima que el paciente va a tener en cada ojo. Según el doctor García Delpech, médico adjunto del Servicio de Oftalmología de La Fe, esta técnica en oftalmología ha supuesto «un cambio en la vida» del paciente y «una solución» para un problema que no conseguían controlar.

La nueva técnica aplicada consiste en la colocación, mediante intervención quirúrgica, de dos dispositivos -uno a cada lado del abdomen- conectados a dos tubos que pasan por el tórax, cuello y parte trasera de la oreja, hasta llegar a la zona de la glándula lagrimal, situada en la parte posterior de la ceja. Las bombas lagrimales quedan programadas para que el paciente reciba la dosis necesaria y administran lágrima artificial al ojo, humedeciéndolo y permitiendo recuperar la vista.

El paciente acude al hospital para revisiones y control y seguimiento de los dispositivos, y aproximadamente cada quince días la Unidad de Dolor del Hospital La Fe rellena las bombas con un suero específico para humectar los ojos. Según el doctor García Delpech, el paciente «está muy contento», ya que debido a la extrema se le habían «perforado los dos ojos y había perdido la visión, teniendo que ser sometido a su vez a un trasplante de córnea. Ahora puede ver, se encuentra más alegre», y no ve problema en tener que acudir a rellenar los reservorios.

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Descubren por qué a veces fallan los tratamientos contra el cáncer

muyinteresante.es

Los tratamientos contra el cáncer fueron diseñados para mantener a raya a las células cancerígenas mediante la prevención de su crecimiento, supervivencia y su propagación por el organismo. Sin embargo, aún hoy existen muchos cánceres que, por algún motivo, soportan la actuación de los fármacos empleados, consiguiendo extenderse sin remedio en muchos pacientes. ¿Por qué estas drogas no consiguen detener algunos cánceres?

El receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR) es el receptor celular cuyas mutaciones que afectan a la expresión o actividad del EGFR pueden provocar cáncer. Partiendo de esta premisa, Xiaojun Tan, un estudiante de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.), ha dado con la solución mientras investigaba los lugares donde puede encontrarse este receptor: descubrió que el cáncer evade la acción de las drogas por infiltración a través de una puerta trasera de las células. “Lo que vemos aquí es bastante diferente. Es una estrategia alternativa para promover la supervivencia de las células del cáncer”, explica Tan.

Las células cancerosas son capaces, por tanto, de prosperar, abriéndose paso ante el embate de los fármacos. “Cientos de miles de pacientes cada año tienen tumores relacionados con el EGFR. Este descubrimiento tiene implicaciones para millones de pacientes de cáncer en todo el mundo”, aclara Richard A. Anderson, líder del estudio.

Los investigadores explican que, al igual que las células sanas utilizan la “autofagia” como medio para “apretarse el cinturón” cuando los recursos son escasos, las células cancerígenas también lo utilizan para sobrevivir en condiciones de estrés, esto es, cuando un fármaco amenaza su supervivencia. El exceso del receptor EGFR inactivo, ayuda a las células cancerígenas a situarse dentro de las células sanas donde comienza la autofagia, desencadenando también una serie de cambios celulares que promueven la supervivencia de las células del cáncer.

Los resultados del estudio, que han sido publicados en la revista Cell, sugieren que para detener el cáncer, los medicamentos originales desarrollados para inactivar el receptor EGFR podrían combinarse con fármacos que bloqueen la autofagia de las células cancerígenas para sellar tanto la puerta delantera como trasera e impedir que estas se desarrollen de ninguna forma posible.

 

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