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Cardiovascular

Descubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicioDescubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicio

La cardiotrofina-1 favorece el crecimiento sano de los tejidos y el bombeo de la sangre, reduciendo el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca.

muyinteresante.es

El crecimiento del músculo cardíaco, un evento comúnmente conocido como hipertrofia cardíaca, es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo. Se produce cuando el corazón es incapaz de bombear sangre normalmente y, como método adaptativo, crece de manera disfuncional dañando parte del tejido.

La hipertrofia es normalmente una adaptación perjudicial, generalmente irreversible, y suele conducir a una insuficiencia cardíaca.

Pero ahora un grupo de investigadores ha descubierto una proteína que es capaz de hacer crecer al corazón de manera sana, de forma distinta a cuando lo hace en una hipertrofia patológica. ¿Cómo? Haciéndole creer al corazón que el cuerpo se está ejercitando. La proteína se denomina cardiotrofina-1 (CT-1), y es capaz de “engañar” al corazón para que actúe como si estuviera haciendo ejercicio. Así se favorece el crecimiento sano de sus tejidos y el bombeo de la sangre, evitando que estos crezcan de manera disfuncional, y reduciendo la probabilidad de que se produzca una insuficiencia.

“Descubrimos que CT-1 provoca el crecimiento de los músculos de forma más sana y estimula el crecimiento de los vasos sanguíneos en el corazón. Esto incrementa la habilidad del corazón para bombear sangre, tal y como se vería durante el ejercicio o el embarazo”, según el autor principal del estudio, Lynn Megeney.

La ciencia ya había demostrado con anterioridad que tanto el embarazo como el ejercicio de resistencia son dos circunstancias en las que se produce esta forma sana de crecimiento de órganos, a diferencia del crecimiento disfuncional de la hipertrofia patológica, que daña los tejidos del órgano. Cuando esta se produce, la masa muscular del corazón aumenta, pero no se produce una mejora correspondiente en su función de bombear sangre, convirtiendo este proceso en inadaptativo.

Gracias a la proteína CT-1, el cuerpo responde de la misma manera que bajo la influencia de estos procesos orgánicos, el ejercicio físico intenso y el embarazo.

“Esta terapia experimental es muy emocionante, porque parece prometedora para el tratamiento de insuficiencia cardiaca tanto en el lado izquierdo como en el derecho del corazón”, afirma el cardiólogo y coautor del estudio Duncan Stewart.

Tal como se detalla en el estudio, quedó demostrado que la proteína CT1 humana se compromete con una forma completamente reversible de crecimiento miocárdico, y que atenúa la patología y la pérdida de función en un modelo agresivo de insuficiencia cardíaca. A su vez, promueve el crecimiento de cardiomiocitos, en parte, mediante la activación limitada de una señal de hipertrofia, que de otro modo sería patológica. Además, esta proteína se relaciona con una señal de crecimiento vascular derivada de cardiomiocitos para asegurar que el modesto crecimiento del músculo cardíaco coincida también con la formación de vasos sanguíneos nuevos, un proceso llamado angiogénesis.

No obstante, aún es necesario obtener las patentes necesarias para poder tratar enfermedades cardiacas con esta proteína, y poder probar su eficacia antes de lanzar un producto al mercado. Por ello, en la actualidad, el único tratamiento para tratar la afección en el lado derecho del corazón es a través de un trasplante.

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 Enfermedades cardiacas pueden tomar desprevenidas a las mujeres

El ataque cardiaco y otras enfermedades pueden tomar desprevenidas a las mujeres en formas que las pruebas estándar del corazón detectan.

Forma parte de una extraña brecha de género: las mujeres tienden a tener síntomas diferentes de ataque cardiaco que los hombres, y son más propensas a morir en los 12 meses posteriores a su primer ataque al corazón.

De hecho, más del 40% de las mujeres estadounidenses no se ha dado cuenta todavía de que las enfermedades cardíacas son la primera causa de muerte de su género. Una de cada 30 muertes de mujeres en 2007 fue por cáncer de mama, en comparación con una de cada tres por enfermedades cardiovasculares, según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés).

Según un nuevo informe ha habido muy pocos avances en la lucha contra las diferencias de género en las enfermedades cardiacas. En él se esbozan las preguntas más frecuentes que los científicos deben responder para encontrar las mejores maneras de atender el corazón femenino y, en primer lugar, prevenir problemas.

“El corazón de una mujer es la amenaza más grande para su salud, y todos los que se hagan cargo de una mujer tienen que darse cuenta de eso”, dijo la cardióloga Nanette Wenger, de la Universidad de Emory, quien es coautora del informe.

No hay que confundirse: las enfermedades cardiacas también son la principal causa de muerte entre los hombres. Son más frecuentes en los hombres y tienden a afectarlos más de una década antes que a las mujeres.

Sin embargo, aunque las muertes por esta razón han disminuido en general en los últimos años en Estados Unidos, esa mejora ha sido más lenta para las mujeres, que enfrentan algunos problemas específicos, según el informe de la organización sin fines de lucro Society for Women’s Health Research (Sociedad para la Investigación sobre la Salud de las Mujeres) y WomenHeart: The National Coalition for Women with Heart Disease (Corazón de las Mujeres: Coalición Nacional para Mujeres con Enfermedades Cardiacas).

No hacer ejercicio y comer mucha comida chatarra es malo para el corazón, sea una mujer o un hombre.

El colesterol elevado obstruye las arterias y la hipertensión puede causar un accidente vascular en el cerebro.

Pero hay un problema. Incluso si una prueba a las principales arterias del corazón no encuentra bloqueo alguno, las mujeres en situación de riesgo todavía pueden tener un problema grave: algo llamado enfermedad microvascular coronaria, que es menos común en los hombres.

Wenger explica que en esa enfermedad se dañan los pequeños vasos sanguíneos que irrigan el corazón, de manera que se cierran involuntariamente; sufren un espasmo.

El informe indica que parte de la falta de comprensión acerca de estas diferencias de género se debe a que los estudios relacionados con el corazón todavía no hacen suficiente hincapié en las mujeres, especialmente las pertenecientes a minorías.

Sólo una tercera parte de los estudios de tratamiento cardiovascular incluyen información sobre cómo responde cada sexo, a pesar de que las políticas federales estadounidenses dicen que deberían precisarlo. El informe exhortó a los científicos a que hagan comparaciones directas de qué tratamientos funcionan mejor en las mujeres y que se mejoren las pruebas de diagnóstico.

Otra cuestión: incluso las mujeres jóvenes tienen a veces ataques al corazón y hay indicios preocupantes de que los riesgos aumentan.

Ha habido un pequeño incremento en las muertes entre mujeres menores de 45 años. Además, la presión arterial alta, diabetes o complicaciones relacionadas con el embarazo una preocupación creciente a medida que más mujeres se embarazan mientras tienen sobrepeso no son sólo problemas temporales, sino que aumentan el riesgo de que esas madres sufran enfermedades del corazón cuando tienen entre 40 y 65 años de edad.

El informe dice que muy pocos médicos son conscientes de que deben tener en cuenta esas diferencias de género.

La periodista Lauran Neergaard cubre la información médica y de salud para The Associated Press en Washington DC.

 

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El primer trimestre parece ser crucial para la salud cardiaca del bebé

Un estudio halla que un desarrollo fetal lento se vincula con problemas cardiovasculares posteriores

Los niños que son pequeños en las primeras etapas del desarrollo fetal podrían tener un mayor riesgo de problemas cardiacos, indica un estudio reciente.

Los hallazgos sugieren que los primeros tres meses del embarazo podrían ser un periodo esencial para la salud cardiaca más adelante, apuntaron los investigadores holandeses. Anotaron que el primer trimestre incluye un periodo de desarrollo rápido en que el corazón y otros órganos importantes comienzan a formarse.

Los investigadores evaluaron a casi 1,200 niños a los seis años respecto a los factores de riesgo cardiovascular, como la cantidad y la distribución de la grasa corporal, la presión arterial y los niveles de colesterol e insulina.

En comparación con los niños que tenían el mayor tamaño en el primer trimestre del embarazo, los que tenían el menor tamaño presentaban significativamente más grasa total y grasa abdominal, una presión arterial más alta y unos niveles malsanos de colesterol, halló el estudio.

Tener un menor tamaño en el primer trimestre también se asoció con un aumento en el riesgo de tener varios de estos factores de riesgo cardiovascular en la niñez, según el estudio, que aparece en la edición en línea del 23 de enero de la revista bmj.com.

Pero el estudio solo descubrió un vínculo entre el tamaño pequeño en el primer trimestre y los problemas cardiacos potenciales. No probó una conexión causal.

Se necesitan más estudios para identificar por qué un tamaño más pequeño en el primer trimestre parece asociarse con un mayor riesgo de problemas cardiacos en la niñez, además de las consecuencias a largo plazo, concluyeron Vincent Jaddoe, profesor de epidemiología pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, y sus colaboradores.

Este estudio amplía la creciente evidencia de que un crecimiento fetal lento se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y otros problemas en un futuro, escribieron Gordon Smith y Catherine Aiken, de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, en un editorial acompañante.

Pero antes de apresurarnos a intervenir, “necesitamos una comprensión más profunda de la potencia, la naturaleza y los mecanismos de las asociaciones reportadas”, añadieron los investigadores.

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Alimento contra la diabetes y el ACV

Para prevenir enfermedades cardiovasculares y diabetes, por fin pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes que lo hacen posible.

Después de tomar una pequeña dosis de nitrato inorgánico durante tres días, las personas sanas examinadas en un estudio han consumido menos oxígeno al pedalear en una bicicleta estática.

En dicho estudio se ha examinado la mejora del rendimiento físico, provocada por un aumento de la eficiencia de las mitocondrias que energizan a nuestras células.

Conviene dejar claro que los autores del estudio no recomiendan a nadie que comience a tomar suplementos de nitratos inorgánicos guiándose por los resultados de esta investigación.

Lo que ellos han pretendido con este estudio es encontrar una explicación para los conocidos beneficios en nuestra salud de las frutas y las verduras.

La cantidad de nitrato usada en la investigación es equivalente a la que se encuentra en un plato de espinacas.

Ya se sabía que las dietas ricas en frutas y verduras pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares y la diabetes, pero hasta ahora no se tenían pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes específicos que lo hacen posible.

Los resultados del nuevo estudio, a cargo del equipo de Eddie Weitzberg del Instituto Karolinska en Suecia, presentan al nitrato inorgánico como candidato para explicar esos beneficios.

De hecho, hasta hace poco se consideraba que el nitrato no tenía ningún valor nutritivo.

Los nuevos resultados demuestran que el aumento del nitrato en la dieta puede tener un efecto positivo a corto plazo.

Sin embargo, aún no está claro lo que podría ocurrirles a las personas que consuman altos niveles de nitrato inorgánico durante largos períodos de tiempo.

El siguiente paso en esta línea de investigación podría ser la repetición del experimento en sujetos con enfermedades vinculadas a la disfunción mitocondrial, incluyendo la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, para ver si ellos también se benefician de los efectos del nitrato.

 

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El Tai Chi podría ayudar a los pacientes de insuficiencia cardiaca

Investigadores informan que el antiguo ejercicio chino parece mejorar la calidad de vida

El antiguo ejercicio chino llamado Tai Chi podría mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de insuficiencia cardiaca, según informan investigadores de la Harvard.

El Tai Chi combina movimientos circulares fluidos, equilibrio y cambios en la distribución del peso, técnicas de respiración y una conciencia interna enfocada. Ya se ha demostrado que resulta útil en una variedad de afecciones médicas, entre ellas la hipertensión, las enfermedades del equilibrio y musculoesqueléticas, y la fibromialgia, anotaron los investigadores.

“El entrenamiento en Tai Chi mejoró importantes parámetros de la calidad de vida, el estado de ánimo y la confianza de hacer ejercicio en pacientes de insuficiencia cardiaca”, apuntó la Dra. Gloria Yeh, investigadora líder, de la división de medicina general y atención primaria del Centro Médico Beth Israel Deaconess, y profesora asistente de medicina de la Facultad de medicina de la Harvard.

“Mantener un régimen de ejercicio es importante en la insuficiencia cardiaca. El Tai Chi podría ser una alternativa adecuada o un ejercicio adjunto para estos pacientes”, señaló.

El Tai Chi incorpora aeróbicos de intensidad baja y moderada con entrenamiento de fuerza, técnicas de respiración, relajación y gestión del estrés, explicó Yeh.

El informe aparece en la edición del 25 de abril de Archives of Internal Medicine.

Para el estudio, el equipo de Yeh asignó al azar a cien pacientes de insuficiencia cardiaca a un programa de Tai Chi de doce semanas o a sesiones educativas sobre la insuficiencia cardiaca.

Los investigadores encontraron que aunque ambos grupos tenían un uso similar de oxígeno durante caminatas de seis minutos, los que practicaban Tai Chi mostraron mayores mejoras en la calidad de vida, que se midió con el Cuestionario de vida con insuficiencia cardiaca de Minnesota.

Además, los que practicaron Tai Chi también mostraron una mejora en el estado de ánimo y en el número de calorías que quemaban semanalmente, frente a los que estaban en el programa educativo, añadieron los investigadores.

Las personas que tienen insuficiencia cardiaca sufren por la incapacidad del corazón de bombear la sangre con eficacia para satisfacer las necesidades del organismo. La afección provoca falta de aire, tos, congestión venosa crónica, inflamación de los tobillos y dificultad para hacer ejercicio.

El Dr. Gregg Fonarow, jefe asociado de cardiología de la facultad de medicina Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles, anotó que “la insuficiencia cardiaca resulta en una discapacidad funcional en la capacidad funcional, la calidad de vida y el estado de ánimo”.

“Aunque el ejercicio aeróbico tradicional puede ofrecer algunos beneficios a los pacientes de insuficiencia cardiaca, muchos de ellos tienen dificultades para realizar y continuar con ejercicio aeróbico regular”, agregó.

Ha habido un interés creciente en utilizar ejercicios de cuerpo y mente como el Tai Chi en pacientes de insuficiencia cardiaca, dijo Fonarow. “Tal vez sea más fácil de implementar y agradable, y conllevar el beneficio añadido de la meditación”, apuntó.

“Como complemento de la atención médica estándar, este estudio ha demostrad que el Tai Chi mejoró la calidad de vida, el estado de ánimo y la auto eficacia del ejercicio”, aseguró Fonarow. “El Tai Chi parece ser una alternativa segura al entrenamiento con ejercicio convencional de intensidad de baja a moderada en pacientes de insuficiencia cardiaca. Se necesitan más estudios para comparar el Tai Chi con el entrenamiento en ejercicio aeróbico y para determinar si practicar Tai Chi tendrá un impacto favorable sobre el riesgo de hospitalización o la supervivencia en pacientes de insuficiencia cardiaca”.

Otro estudio que apareció en la misma revista encontró que los pacientes de VIH podrían estar en mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.

En el estudio, el Dr. Adeel A. Butt, de la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, y colegas recolectaron datos sobre 8,486 veteranos, 2,391 de los cuales eran VIH positivos. Durante el seguimiento de 7.3 años, los investigadores encontraron que los que eran VIH positivos tenían un riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca 81 por ciento más elevado que los que no lo eran.

Podría haber varios motivos para la conexión entre el VIH y la insuficiencia cardiaca, entre ellos la infección misma, el uso empedernido de alcohol, los efectos secundarios de la terapia antirretroviral, deficiencias nutricionales y daño al músculo cardiaco, especuló el grupo de Butt.

“La infección con VIH se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca tras ajustar por los factores de riesgo tradicionales de esa enfermedad”, escribieron los investigadores. “Esta asociación persiste incluso tras excluir a los pacientes con antecedentes de línea de base de enfermedad cardiaca coronaria, insuficiencia cardiaca y angina, además de un evento de enfermedad cardiaca coronaria en el periodo de seguimiento tras el diagnóstico de insuficiencia cardiaca, y antecedentes de abuso de alcohol o un diagnóstico de dependencia. La infección viral continua se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca”.

 

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Los huevos, los zumos y el aceite de palma parecen dañar nuestra salud cardiovascular

Los mayores beneficios para nuestra salud cardiovascular se obtienen de las dietas en las que predominan las verduras, los cereales integrales, las legumbres y la fruta

abc.es

Las enfermedades cardiovasculares constituyen, con cerca de 17,5 millones de decesos anuales, la primera causa de mortalidad en todo el planeta. Todo ello a pesar de que la carga asociada con estas enfermedades se puede prevenir en gran medida con la adopción de hábitos de vida saludables. Es el caso, fundamentalmente, de no fumar y hacer ejercicio. Y asimismo, de seguir una alimentación adecuada. Pero cuidado: quizás no todos los hábitos dietéticos que creemos cardiosaludables sean buenos para nuestro corazón. Por ejemplo, más allá del aceite de oliva, ¿los aceites vegetales ayudan a prevenir las enfermedades cardiovasculares? O asimismo, ¿qué pasa con los suplementos nutricionales o las dietas libres de gluten? Pues para responder a estas preguntas, investigadores del Centro Nacional Judío de Medicina e Investigación en Denver (Reino Unido) han evaluado el efecto de los distintos tipos de alimentos sobre nuestra salud cardiovascular.

Como explica Andrew Freeman, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the American College of Cardiology», «hay una gran desinformación sobre las ‘modas’ alimenticias, caso de las píldoras antioxidantes, los zumos o las dietas libres de gluten. Sin embargo, también existen algunos patrones dietéticos que han demostrado disminuir el riesgo de muchas patologías crónicas, incluidas las enfermedades cardiovasculares».

Más allá de las frutas y verduras

Para llevar a cabo su revisión o ‘metanálisis’, los autores analizaron los resultados de multitud de estudios llevados a cabo con diferentes tipos de dieta, así como las ‘expectativas exageradas’ y ‘controversias’ surgidas en torno a los diferentes patrones de alimentación. Y como confirma Andrew Freeman, «hay un consenso cada vez mayor de que una dieta en la que predominen los vegetales de hoja verde, los cereales integrales, las legumbres y la fruta es la que presenta los mayores beneficios para nuestra salud cardiovascular».

Sin embargo, y contrariamente a como sucede con las frutas y verduras, hay otros alimentos cuyas presentas bondades cardiovasculares no resultan tan claras. Todo ello a pesar de que también han sido objeto de numerosos estudios. Es el caso, por ejemplo, de los aceites vegetales. ¿Y qué concluye la nueva revisión al respecto? Pues, en primer lugar, que el consumo de aceite de coco y de palma debe ser ‘desalentado’ porque el número de evidencias que apoyan su uso habitual son mínimas. Y en segundo lugar, como destacan los autores, «que el aceite más cardiosaludable es el aceite de oliva, si bien debe recomendarse su uso con moderación dado que es alto en calorías».

Es más; si bien las frutas y verduras son muy cardiosaludables, no lo son tanto cuando son consumidos en forma líquida. Es decir, en zumo. Y es que lo que hace el proceso de licuado de estas frutas y verduras es concentrar las calorías, por lo que al tomar un zumo es muy fácil que acabemos tomando demasiadas calorías. Así, refiere Andrew Freeman, «es preferible tomar las frutas y verduras, dejando los zumos como primera opción para aquellas situaciones en las que la ingesta diaria de frutas y verduras sea inadecuada. Y si se va a hacer un zumo, evite añadirle azúcar».

Por su parte, y en relación con los suplementos con antioxidantes, el estudio recuerda que tanto las frutas como los vegetales constituyen la fuente más saludable y beneficiosa de antioxidantes para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular. Y asimismo, como apuntan sus autores, «que no hay ninguna evidencia concluyente de que la adición de suplementos ricos en antioxidantes a la dieta suponga ningún beneficio para la salud del corazón»

En el caso de las dietas libres de gluten, los resultados son concluyentes: las personas con celiaquía u otros tipos de sensibilidad al gluten deben evitar la ingesta de esta proteína. O lo que es lo mismo, el trigo, la cebada y el centeno. Pero, ¿qué sucede con las personas que, aun no siendo celiacas, optan por este tipo de dieta? Y es que los alimentos libres de gluten son cada vez más populares. Pues de una forma igual de contundente, los autores indican que «muchos de los supuestos beneficios atribuidos a las dietas libres de gluten no tienen ninguna base científica».

Finalmente, y entre otros alimentos, el estudio resalta las bondades de las nueces como parte de una dieta cardiosaludable. Pero también advierte que el consumo de nueces, dado que contienen una gran cantidad de calorías, debe llevarse a cabo con moderación. Una recomendación que resulta mucho más categórica en el caso de los huevos y el colesterol, pues «debe aconsejarse a los pacientes que limiten tanto como sea posible la ingesta diaria de colesterol en forma de huevos o de otros alimentos ricos en colesterol».

Publicidad, no ciencia

En definitiva, es posible que nuestros conocimientos sobre el efecto cardiovascular de los distintos alimentos no sean tan buenos como creíamos. Pero, ¿por qué algunos estudios muestran, cuando no exageran, los beneficios de algunos alimentos que, en realidad, distan mucho de ser cardiosaludables? Pues básicamente porque, como denuncian los autores, muchos de estos estudios están financiado y/o influenciados por la industria alimentaria, por lo que sus resultados están sesgados.

Como concluye Andrew Freeman, «Hipócrates, fundador de la medicina moderna, dijo ‘Deja que tu alimento sea tu medicina’. Pero la gran mayoría de los médicos tienen muy poca formación en materia de nutrición. Si logramos que los médicos, y muy especialmente los cardiólogos, comprendan el valor de la nutrición en la práctica clínica, entonces se podrá conseguir un mayor impacto a la hora de reducir las enfermedades del corazón. Y además, se trata de una medida coste-efectiva».

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Estos son los tres mejores deportes para el corazón (y ninguno es el ‘running’)

Que cualquier tipo de deporte es bueno para prevenir cardiopatías ya nos lo han dicho. Ahora, un nuevo estudio establece el escalafón

buenavida

Sabemos que el deporte es bueno para la salud en general y para el sistema cardiovascular en particular. Pero ¿cuál es el que más cuida de nuestro corazón? Investigadores europeos y australianos unieron fuerzas para averiguarlo, y los resultados de su estudio se publicaron el pasado noviembre en el British Journal of Sports Medicine. El ejercicio que mejor previene las cardiopatías, concluyeron, es el relacionado con los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic. Disciplinas que reducen en un mayor porcentaje las posibilidades de morir por alguna enfermedad cardiovascular o infarto.

Para poder llegar a esta teoría, los investigadores analizaron los hábitos de ejercicio físico de más de 80.000 británicos con una mediana de edad de 52 años a los que se hizo un seguimiento durante unos nueve años. A lo largo de ese periodo, más de 8.700 participantes murieron por diferentes causas y más de 1.900 lo hicieron como consecuencia de una enfermedad cardiovascular o infarto. Con estos datos, los científicos estudiaron qué influencia podría tener el tipo de deporte o ejercicio físico que realizaban los voluntarios con sus posibilidades de morir en los siguientes años.

Para el doctor Emilio Luengo, cardiólogo responsable de Actividad Física del Programa de Empresas Cardiosaludables de la Fundación Española del Corazón, no hay una aparente razón clínica o deportiva específica que explique por qué los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic reducirían en mayor medida el riesgo de muerte cardiovascular respecto a los demás. Sin embargo, es cierto que todos ellos tienen elementos en común que los convierten en el tipo de ejercicio físico saludable que los cardiólogos recomiendan. “Se trata de actividades deportivas de tiempo libre y con un carácter lúdico, sin un especial componente competitivo en la población general que los practica; implican un ejercicio aeróbico con movimiento de amplios grupos musculares, pero sin una solicitación extrema de los mismos; y son satisfactorios desde el punto de vista de la inteligencia emocional y social”, detalla el cardiólogo.

Por su parte, el doctor Carlos de Teresa, miembro de la Junta de Gobierno de la Sociedad Española de Medicina del Deporte, sugiere que los resultados positivos a favor de los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic también podrían explicarse por ser “deportes en los que el patrón de ejercicio es interválico. Y son precisamente este tipo de actividades físicas las que han demostrado efectos más positivos para la salud”. Asimismo, señala, “todos los deportes referidos en este artículo estimulan la resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza muscular, dos cualidades físicas que, al mejorar, reducen el riesgo relativo de muerte cardiovascular”.

Respecto a los beneficios para el corazón que se consiguen específicamente gracias a los mencionados deportes y su impacto positivo en los factores de riesgo cardiovascular, se trata de los siguientes:

El bádminton, el tenis y el squash son deportes que se caracterizan por enlazar “componentes interválicos de alta intensidad con descansos entre los puntos de juego, lo que provoca un gasto energético elevado que contribuye a controlar el peso graso y a aumentar el peso y la funcionalidad musculares. Esto, a su vez, tiene un efecto beneficioso frente a la obesidad y la diabetes”, indica el doctor Carlos de Teresa.

El experto en medicina del deporte revela que la natación estimula, por una parte, el desarrollo muscular y, por la otra, la coordinación neuromuscular. A nivel cardiovascular, este último efecto es clave, ya que “implica una actividad neurológica que facilita el control de la presión arterial. Asimismo, el aumento de la masa muscular que se consigue con la natación incrementa también el gasto energético, lo que mejora el perfil lipídico (el nivel de grasas en sangre tales como el colesterol y los triglicéridos) y el peso graso”.

En la gimnasia tipo aeróbic o la danza, al igual que en la natación, también interviene una coordinación neuromuscular positiva para nuestro sistema cardiovascular. Además, este tipo de actividades “tienen un componente lúdico, que sin duda aporta todos los efectos beneficiosos que se contraponen a los producidos por el estrés”, señala el doctor de Teresa.

Por el contario, el ciclismo, el running, el fútbol o el rugby no mostraron en el estudio una reducción significativa de las posibilidades de morir por esta causa.  Aun así, “los deportes de equipo han demostrado beneficios cardiovasculares en otros grupos poblacionales diferentes a los de este estudio”, apunta el cardiólogo Emilio Luengo.

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Una vida sana en la mediana edad mantiene la insuficiencia cardiaca a raya décadas después

Evite la obesidad, la hipertensión y la diabetes, y podría vivir hasta 13 años más sin esa enfermedad, halla un estudio

¿Tiene usted unos 45 años y es delgado, y no tiene hipertensión ni diabetes? Si es así, quizá ya esté ganándole la guerra a la insuficiencia cardiaca en la vejez, sugiere una investigación reciente.

El estudio, liderado por un cardiólogo, el Dr. Faraz Ahmad, de la Universidad de Northwestern en Chicago, encontró que estar libre de esos factores de riesgo de enfermedad cardiaca en la mediana edad aumentó mucho el número de años que una persona vivía sin insuficiencia cardiaca.

Su equipo observó datos sobre más de 18,000 personas a quienes se siguió durante 40 años. Los investigadores encontraron que las personas que eran obesas y tenían hipertensión y diabetes a los 45 años recibían un diagnóstico de insuficiencia cardiaca en promedio de 11 a 13 años antes, en comparación con las que no tenían ninguno de esos tres factores de riesgo.

La edad promedio para el diagnóstico de insuficiencia cardiaca fue de 80 años para los hombres y de 82 años para las mujeres que no presentaban ninguno de los factores de riesgo a los 45, frente a finales de los 60 y principios de los 70 entre los que tenían los factores de riesgo a los 45.

Incluso tener uno o dos de los tres factores de riesgo reducía los años que una persona vivía sin insuficiencia cardiaca, hallaron los investigadores. Las personas que tenían uno o dos de los factores de riesgo contraían insuficiencia cardiaca de tres a once años antes, en promedio, que las que no tenían ninguno de los factores de riesgo, señaló el equipo de Ahmad.

“El mensaje de este estudio es que de verdad se debe evitar o retrasar el inicio de esos factores de riesgo todo lo posible. Hacerlo puede reducir de forma significativa la cantidad de años en que probablemente se sufra de insuficiencia cardiaca”, enfatizó Ahmad.

El estudio será presentado el 14 de marzo en la reunión anual del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology), en San Diego. Los hallazgos presentados en reuniones médicas por lo general se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.

Según Ahmad, los hallazgos podrían ayudar a los pacientes a comprender mejor la importancia de evitar los factores de riesgo mayores de la insuficiencia cardiaca, sugirió.

“En la clínica, con frecuencia damos a los pacientes métricas que son relativas y abstractas”, dijo Ahmad. “Cuando se está hablando con personas de 30 o 40, decirles que podrán vivir 11 a 13 años más sin insuficiencia cardiaca si pueden evitar desarrollar ahora estos tres factores de riesgo es un mensaje mucho más potente”.

La insuficiencia cardiaca afecta a más de 5 millones de personas en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. La afección tiene un impacto sobre la salud no solo del corazón, sino de otros órganos. Los síntomas incluyen fatiga, inflamación, y tos y/o respiración sibilante crónicas, y los CDC afirman que la mitad de las personas que sufren de insuficiencia cardiaca mueren en un plazo de cinco años tras su diagnóstico.

 

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