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Cardiovascular

Ejercicios durante el embarazo mejoran salud cardíaca de los hijos

Actividad física regular logró modelar corazón de los niños in útero, volviéndolo más fuerte y sano. Beneficio se mantuvo después del parto.

Muchas mujeres reducen o prácticamente eliminan la actividad física cuando están embazadas, por temor a que se produzcan problemas durante la gestación. La ciencia, sin embargo, ha demostrado que es un gran error: en 2010, un estudio de la U. de Auckland demostró que los hijos de madres que hicieron ejercicio aeróbico hasta las 36 semanas de gestación tenían menos posibilidades de tener obesidad en el futuro. Y ahora, una nueva investigación, realizada por científicos de la U. de Arkansas, comprobó que hacer ejercicios como caminar, trotar, hacer yoga o levantar pesas livianas, tres veces a la semana, tiene un impacto directo en la salud cardíaca de los fetos. Un beneficio que se prolonga después del nacimiento.

Así lo comprobó la fisióloga de la Facultad de Medicina y Biociencias de la U. de Arkansas, Linda E. May, quien ha estudiado por más de cuatro años la relación entre actividad física en el embarazo y salud cardíaca fetal. En este estudio, dado a conocer recientemente en un congreso en Washinton, analizó a un grupo de 61 mujeres en estado de gestación, de entre 20 y 35 años. Cerca de la mitad de ellas había hecho ejercicio regularmente durante su embarazo, la mayoría de tipo aeróbico, como trotar o caminar, aunque otras practicaban yoga o levantaban pesas livianas. La otra mitad de las madres era normalmente activa, pero no practicaba ningún ejercicio de manera formal.

En las semanas 28, 32 y 36 de gestación, la doctora May sometió a ambos grupos a exámenes no invasivos, para evaluar la salud cardíaca de los fetos. Lo que encontró es que el ejercicio de la madre logra modelar el corazón del feto y transformarlo en un órgano más sano y resistente. Su ritmo cardíaco era más lento, pero con mayor variabilidad (variaciones entre latidos), lo que es reconocido como un indicador de buena respuesta de entrenamiento y considerada una evidencia de que el corazón de una persona es más fuerte y más eficiente.

Los test se replicaron un mes después de nacidos los niños y los beneficios permanecían. “Básicamente, tanto el feto y (luego) el niño logran los mismos beneficios que reporta a su madre el entrenamiento, aunque ha-ya sido sólo ella la que hizo el ejercicio”, explica a La Tercera Linda E. May.

Aunque los expertos no midieron qué tipo de ejercicio era el que lograba mejores resultados, sí establecieron que a mayor actividad física semanal, mayor es el fortalecimiento del corazón del feto.

Tampoco saben qué mecanismo opera en este proceso, aunque creen que algunas hormonas que liberan las personas cuando hacen ejercicios cruzan la placenta, logrando potenciar la salud cardíaca del feto.

Programación prenatal

Para la experta, este hallazgo avala la importancia que tiene la programación prenatal, pues comprueba que el ambiente en el que crece el feto puede influir en la forma en que se desarrollarán sus órganos, algo que puede impactar en la salud del individuo en la adultez. “Nuestros resultados muestran que los comportamientos maternos saludables pueden conducir a un crecimiento beneficioso del feto, que dura después del nacimiento y, probablemente, más allá. Esto sugiere que el embarazo es el primer período de tiempo para influir positivamente en la promoción de la salud y prevención de enfermedades”, explica.

El próximo paso de la investigación, dice la experta de la U. de Arkansas, es volver a examinar a los bebés involucrados en el estudio más adelante, para ver si los efectos cardíacos continuarán en la niñez temprana e incluso, más allá.

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La enfermedad cardiovascular eleva el riesgo de apnea del sueño

La enfermedad cardiovascular incidental está asociada con el agravamiento de un trastorno respiratorio del sueño, publica la revista Circulation.

“Estudios previos habían demostrado que la apnea del sueño es una de las causas de la enfermedad coronaria”, dijo el doctor Daniel J. Gottlieb a Reuters Health.

“El estudio demuestra que la relación es bidireccional: mientras que la apnea del sueño aumenta el riesgo de sufrir un infarto, tener un infarto aumenta la gravedad de la apnea del sueño”, añadió.

El equipo de Gottlieb, de la Escuela de Medicina de la Boston University, llegó a esa conclusión tras analizar datos de 2.721 participantes del ensayo Sleep Heart Health Study.

El grupo tenía unos 62 años y provenían de varios estudios de cohorte sobre dolencia cardiovascular y enfermedad pulmonar obstructiva. Ninguno tenía enfermedad cardiovascular inicial.

Se les realizaron dos polisomnografías con un intervalo de cinco años. En ese período, 95 participantes desarrollaron enfermedad cardiovascular incidental.

Tras controlar factores como la edad, el sexo, la etnia y el índice de masa corporal (IMC), aquellos con esa enfermedad registraron más aumentos en el índice de apnea-hipoapnea entre las dos polisomnografías que aquellos sin la enfermedad.

Gottlieb concluyó que “se desconoce la explicación, pero reflejaría una alteración del control respiratorio debido a la disminución de la función cardíaca”.

En un editorial sobre el estudio, los doctores S. F. Paul Man y Don D. Sin escriben: “No existen pruebas para respaldar el uso generalizado de los estudios del sueño para diagnosticar la alteración respiratoria al dormir en toda persona con insuficiencia cardíaca o infarto recientes; este enfoque no es práctico”.

De todos modos, investigadores de la University of British Columbia en Vancouver destacan “la capacidad diagnóstica de la apnea del sueño en los pacientes que no responden al tratamiento óptimo de la enfermedad cardíaca subyacente”.

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Las horas de ocio sedentario incrementan el riesgo cardiovascular, independientemente de la actividad física realizada

Las horas de ocio sedentario incrementan el riesgo cardiovascular, independientemente de la actividad física realizada

Según el estudio AFINOS, los adolescentes que emplean más tiempo en conductas sedentarias tienen mayores niveles de presión arterial, triglicéridos y glucosa

El tiempo consumido en conductas sedentarias (número de horas con bajo consumo energético) a lo largo del día tiene un efecto negativo sobre el riesgo cardiovascular, de forma independiente de la actividad física realizada, según afirman las conclusiones del estudio AFINOS, realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en colaboración con la Universidades Autónoma y Complutense de Madrid.

La investigación, publicada en el último número de la ‘Revista Española de Cardiología’, analizó una muestra de 201 adolescentes españoles de entre 13 y 17 años en los que se valoró mediante una técnica objetiva (acelerometría) el nivel de sedentarismo de la muestra, en lugar de su nivel de actividad física, para relacionarlo con el nivel de adiposidad y los factores de riesgo cardiovascular.

Así, los resultados detectaron que los adolescentes que emplearon más tiempo en conductas sedentarias tuvieron cifras más altas de presión arterial, triglicéridos y glucosa y presentaron mayor riesgo cardiovascular global, del mismo modo que los adolescentes que con mayor nivel de adiposidad general y abdominal. Además, se demostró que los adolescentes con sobrepeso que también son sedentarios, presentan un riesgo cardiovascular todavía mayor.

En este sentido, las adolescentes del estudio tenían niveles mayores de adiposidad general, mientras que los varones presentaban mayor nivel de obesidad abdominal. En el caso de los factores de riesgo cardiovascular, los varones mostraron mayor presión arterial y concentración de glucosa que las chicas, mientras que éstas mostraron cifras más altas de colesterol “malo” (cLDL).

“Resulta imprescindible realizar recomendaciones con el fin de reducir el tiempo que niños y adolescentes permanecen inactivos”, comentó uno de los responsables del estudio, el doctor Óscar Veiga. A este respecto, los resultados de AFINOS “reflejan la importancia de tener en cuenta las conductas sedentarias como parte de la estrategia en la prevención del desarrollo prematuro de riesgo cardiovascular en la infancia y la adolescencia, como un factor independiente de la actividad física realizada”, añadió.

AMBIENTE OBESOGÉNICO

En Europa, se estima que, cada año, 400.000 nuevos niños se convierten en obesos. En España, el 40 por ciento de los escolares de 6 a 10 años tienen sobrepeso, mientras que, entre los adolescentes, uno de cada tres tiene sobrepeso y uno de cada 20 es obeso.

Según informó la Sociedad Española de Cardiología (SEC) en un comunicado, el origen de la actual epidemia de obesidad parece encontrarse en que una gran parte de la población vive en un “ambiente obesogénico”, caracterizado por posibilitar un “acceso fácil” a alimentos de gran palatabilidad y energía y por restringir y desincentivar la realización de grandes cantidades de actividad física.

A este respecto, la reducción de la actividad física habitual se ha visto reforzada como consecuencia de la cantidad de horas que los niños pasan sentados en la escuela, el uso del transporte motorizado para desplazarse y la proliferación de actividades de ocio tecnológico que incitan al sedentarismo, entre otros.

60 MINUTOS DE EJERCICIO AL DÍA

De hecho, sólo el 28 por ciento de los chicos y el 16 por ciento de las chicas españolas entre 12 y 17 años realizan la cantidad de actividad física recomendada para su edad, es decir, 60 minutos de ejercicio al día al menos cinco días a la semana.

En cambio, este grupo poblacional invierte mucho tiempo en conductas de ocio sedentario. Concretamente, y según datos en población española del ‘Health Behaviour School Children Study’, en torno al 44 por ciento de los adolescentes ve la televisión más de tres horas al día y un 32,8 por ciento dedica entre una y dos horas al día a jugar con el ordenador.

La obesidad se asocia con patologías graves que, en su mayoría, se desarrollarán en la edad adulta, advirtieron desde la SEC. Entre las principales patologías asociadas a la obesidad, destacan la diabetes, la enfermedad coronaria, la hipertensión, la disnea (sensación de falta de aire), la apnea de sueño, el cáncer de mama o el cáncer de colon.

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La gravedad de un ataque cardiaco podría depender de la hora del día

En un estudio, las primeras horas de la mañana eran el peor momento

La gravedad de un ataque cardiaco puede verse afectada por la hora del día en que ocurre, sugiere un estudio reciente.

El análisis de datos de más de mil pacientes de ataque cardiaco reveló que el mayor nivel de lesión cardiaca ocurre cuando las personas sufren de un ataque al corazón entre la 1 a.m. y las 5 a.m. La cantidad máxima de daño que ocurre en esas horas es 82 por ciento más elevada que la que ocurre a la hora del día en que la lesión es más baja.

Los hallazgos podrían ayudar a encontrar nuevas formas de prevenir los ataques cardiacos, según investigadores del Instituto Cardiaco de Minneapolis del Hospital Abbott Northwestern.

La investigación amplía estudios anteriores con roedores.

“Intentábamos determinar si la hora del día en que ocurre un ataque cardiaco influye sobre el nivel de daño que sufre el corazón, o si era un fenómeno que solo los roedores exhibían”, apuntó el autor principal del estudio, el Dr. Jay Traverse, cardiólogo del Instituto Cardiaco de Minneapolis.

“Es importante comprender que la capacidad del corazón de protegerse a sí mismo contra un daño más grave varía en el ciclo de 24 horas. Identificar esos cambios protectores podría resultar particularmente relevante para los fabricantes farmacéuticos que buscan desarrollar medicamentos cardioprotectores”, añadió Traverse en un comunicado de prensa de la Fundación del Instituto Cardiaco de Minneapolis (Minneapolis Heart Institute Foundation).

El estudio aparece en una edición en línea de la revista Circulation Research.

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Cualquier nivel de ejercicio beneficia a la salud cardiaca de los niños, según un estudio

La actividad mejora la presión arterial, el colesterol y el peso, independientemente del tiempo de sedentarismo

Aunque los niños pasen el resto del tiempo sentados, una hora de actividad física al día beneficia a su salud cardiaca, informan investigadores ingleses.

El estudio halló que los niños y adolescentes que hacían más ejercicio físico de moderado a vigoroso al día que sus pares tenían mejores niveles de colesterol, presión arterial y peso, lo que es importante para la salud a largo plazo.

“Los padres, escuelas e instituciones deben facilitar y fomentar la actividad física de una intensidad al menos moderada en todos los niños, y preocuparse menos del tiempo total que pasan siendo sedentarios, por lo menos en relación con estos factores de riesgo cardiovascular”, señaló el autor del estudio Ulf Ekelund, líder de grupo del Programa de Epidemiología de la Actividad Física del Instituto de Ciencias Metabólicas de Cambridge, Inglaterra.

“Demostramos que unos mayores niveles de actividad física de una intensidad al menos moderada (equivalente a caminar a paso vivo) se asocian con [la mejora de] muchos factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, independientemente de la cantidad de tiempo que estos niños pasan siendo sedentarios”, aseguró.

Por ejemplo, los niños que estaban en el grupo más activo tenían una cintura más pequeña que los del grupo menos activo, apuntó.

“En los adultos, esta diferencia se asocia con un aumento de alrededor de 15 por ciento en el riesgo relativo de muerte prematura”, comentó Ekelund.

El tipo de actividad no es importante siempre y cuando la intensidad equivalga al menos a una caminata a paso vivo, dijo Ekelund. Entre las posibilidades se encuentran jugar al aire libre, montar bicicleta, bailar, hacer aeróbicos, caminar y jugar deportes en equipo.

Sin embargo, los beneficios positivos del ejercicio no necesariamente contrarrestan los efectos nocivos de un estilo de vida sedentario, advirtió. “Podrían haber ciertas conductas sedentarias, como ver la tele, que planteen riesgos de salud, ya que ver televisión se relaciona con otras conductas malsanas [como comer entre comidas]. Por tanto, limitar el tiempo frente a la televisión sigue siendo importante para la salud y bienestar de los niños”, aseguró Ekelund.

El informe aparece en la edición del 15 de febrero de la revista Journal of the American Medical Association.

Para el estudio, los investigadores reunieron información de 14 estudios en que participaron más de 20,000 niños entre los 4 y los 18 años de edad, obtenidos de una base de datos internacional sobre niños. Un sensor de movimientos midió la actividad total y el tiempo que pasaban en sedentarismo, y en actividad de intensidad moderada y vigorosa. No se registraron las actividades específicas en que participaban.

En general, tres cuartas partes de los niños tenían peso normal, 18 por ciento tenían sobrepeso y 7 por ciento eran obesos. Pasaban en promedio 30 minutos al día en alguna forma de ejercicio de moderado a vigoroso, y 354 minutos al día (o sea, casi seis horas) sedentarios.

Los niños de ambos sexos que hacían ejercicio por más de 35 minutos al día tenían una presión arterial, un colesterol, una glucemia y unos triglicéridos más bajos, y eran más delgados que los niños que hacían menos de 18 minutos de ejercicio al día, señaló el grupo de Ekelund.

El tamaño promedio de la cintura difirió en más de dos pulgadas entre los niños adolescentes más activos y los menos activos. Y los que tenían las cinturas más grandes al inicio del estudio eran los menos activos a los dos años de seguimiento.

Samantha Heller, fisióloga del ejercicio y coordinadora de nutrición clínica del Centro de Atención del Cáncer del Hospital Griffin en Derby, Connecticut, dijo que “no hay absolutamente ningún motivo para que nuestros niños sean gordos y sedentarios, y estén en riesgo de enfermedad cardiovascular”.

“El ejercicio, en cualquier forma, es fantástico para niños, adolescentes, y adultos”, comentó.

Incluso los niños que no son aptos para los deportes competitivos tienen la necesidad innata de ser físicamente activos, aseguró Heller.

“Los padres y cuidadores deben limitar el tiempo que pasan con la tecnología (como computadoras, iPads y la tele) y dejar que los niños sean niños, que corran y jueguen”, aconsejó.

Los adultos también deben involucrarse, aseguró Heller. “Pueden saltar a la cuerda, jugar al escondite y tirar el frisbee con los niños. A los niños les irá mejor en la escuela, desarrollarán habilidades sociales, mejorarán la coordinación, [y] estarán más felices y sanos”.

 

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Un fármaco antiinflamatorio reduce el riesgo de infartom4edicamentos antiinflamatorios corazon cardiaco

Por primera vez se demuestra la eficacia de una sustancia de este tipo. Llamada canakinumab, disminuye el peligro de sufrir un segundo ataque un 15%.

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Hace años que la comunidad científica sospechaba de las virtudes de los fármacos antiinflamatorios para prevenir los infartos de miocardio, pero un estudio exhaustivo realizado con 10.000 pacientes parece aportar la prueba definitiva. Sus resultados acaban de anunciarse en un congreso de la Sociedad Europea de Cardiología celebrado en Barcelona.

Llamado Canakinumab Anti-inflamatory Thrombosis Outcomes Study (CANTOS) y patrocinado por la compañía farmacéutica Novartis, este trabajo se planteó como un intento por arrojar luz en el oscuro papel que desempeñan las inflamaciones –la reacción del sistema inmune a las heridas, las infecciones y otras amenazas para nuestra salud– en los accidentes vasculares.

 

Acumulación de placas

La primera voz científica en alertar de la conexión fue el cardiólogo norteamericano Peter Libby, del hospital Brigham and Women’s de Boston. En los años 80, Libby sugirió que durante estos procesos defensivos, ciertas moléculas concentran macrófagos y otras células inmunes en los vasos sanguíneos, lo cual puede llevar a la creación de placas en las arterias. Es decir, a la ateroesclerosis. En su tiempo parecía una idea extravagante, pero hoy nadie en la comunidad médica duda de su hallazgo.

Lo que no se sabía a ciencia cierta es si la inflamación simplemente se limita a favorecer la ateroesclerosis o si también puede desencadenar el propio ataque cardiaco, que muchas veces ocurre cuando una placa rasga y obstruye una arteria. Un colega de Libby, Paul Ridker, indagó por esta vía y llegó a la conclusión que efectivamente el aumento de células inmunitarias predecía el riesgo de sufrir un infarto. Sin embargo, los estudios estadísticos realizados con los fármacos antiinflamatorios disponibles en el mercado –principalmente los clasificados como esteroideos y no esteroideos– no produjeron los resultados esperados. De hecho, uno de ellos, llamado Vioxx, incluso duplicaba las probabilidades de sufrir un ataque al corazón. Fue retirado del mercado en 2004.

Cambio de diana

Tal vez había que afinar con la sustancia terapéutica, cambiar de antiinflamatorio. Libby y Ridker se fijaron en un medicamento prescrito para la artritis idiopática juvenil repentina, la fiebre mediterránea familiar y otras enfermedades: el anticuerpo monoclonal canakinumab, que bloquea la actividad de la molécula interleuquina 1 beta (IL-1β), una proteína relacionada tanto con la inflamación como con la ateroesclerosis. La pareja de investigadores convencieron a la compañía Novartis para poner en marcha el estudio CANTOS.

Libby y Ridker consiguieron reunir a 10.000 personas afectadas por un ataque cardiaco para comprobar cómo influía la administración de canakinumab en las probabilidades de padecer un segundo infarto un año después del primero. Pues bien, hubo un efecto significativo: según el seguimiento que hicieron, el riesgo de tener ese segundo ataque o morir a consecuencia de él diminuía un 15% entre quienes tomaron el fármaco. Además, este grupo necesitaba un 30% menos de cirugías cardiacas que los voluntarios que tomaban placebo, lo cual indica que sus arterias se mantenían más sanas.

Pero hay varios problemas con el canakinumab. En primer lugar, que es muy caro: cuesta alrededor de 16.000 dólares por dosis, que se administra mediante infusión intravenosa. Y además, hay una posibilidad del 1% de que este fármaco antiinflamatorio produzca una infección mortal, especialmente entre pacientes con edad avanzada y diabetes. Por todo ello, es un tratamiento solo recomendado para personas que ya han sufrido un ataque cardiaco, o sea, con alto riesgo de padecer otro. De cualquier modo, el estudio CANTOS abre la puerta a la investigación con otros antiinflamatorios y estrategias terapéuticas para prevenir los accidentes vasculares.

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Descubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicioDescubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicio

La cardiotrofina-1 favorece el crecimiento sano de los tejidos y el bombeo de la sangre, reduciendo el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca.

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El crecimiento del músculo cardíaco, un evento comúnmente conocido como hipertrofia cardíaca, es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo. Se produce cuando el corazón es incapaz de bombear sangre normalmente y, como método adaptativo, crece de manera disfuncional dañando parte del tejido.

La hipertrofia es normalmente una adaptación perjudicial, generalmente irreversible, y suele conducir a una insuficiencia cardíaca.

Pero ahora un grupo de investigadores ha descubierto una proteína que es capaz de hacer crecer al corazón de manera sana, de forma distinta a cuando lo hace en una hipertrofia patológica. ¿Cómo? Haciéndole creer al corazón que el cuerpo se está ejercitando. La proteína se denomina cardiotrofina-1 (CT-1), y es capaz de “engañar” al corazón para que actúe como si estuviera haciendo ejercicio. Así se favorece el crecimiento sano de sus tejidos y el bombeo de la sangre, evitando que estos crezcan de manera disfuncional, y reduciendo la probabilidad de que se produzca una insuficiencia.

“Descubrimos que CT-1 provoca el crecimiento de los músculos de forma más sana y estimula el crecimiento de los vasos sanguíneos en el corazón. Esto incrementa la habilidad del corazón para bombear sangre, tal y como se vería durante el ejercicio o el embarazo”, según el autor principal del estudio, Lynn Megeney.

La ciencia ya había demostrado con anterioridad que tanto el embarazo como el ejercicio de resistencia son dos circunstancias en las que se produce esta forma sana de crecimiento de órganos, a diferencia del crecimiento disfuncional de la hipertrofia patológica, que daña los tejidos del órgano. Cuando esta se produce, la masa muscular del corazón aumenta, pero no se produce una mejora correspondiente en su función de bombear sangre, convirtiendo este proceso en inadaptativo.

Gracias a la proteína CT-1, el cuerpo responde de la misma manera que bajo la influencia de estos procesos orgánicos, el ejercicio físico intenso y el embarazo.

“Esta terapia experimental es muy emocionante, porque parece prometedora para el tratamiento de insuficiencia cardiaca tanto en el lado izquierdo como en el derecho del corazón”, afirma el cardiólogo y coautor del estudio Duncan Stewart.

Tal como se detalla en el estudio, quedó demostrado que la proteína CT1 humana se compromete con una forma completamente reversible de crecimiento miocárdico, y que atenúa la patología y la pérdida de función en un modelo agresivo de insuficiencia cardíaca. A su vez, promueve el crecimiento de cardiomiocitos, en parte, mediante la activación limitada de una señal de hipertrofia, que de otro modo sería patológica. Además, esta proteína se relaciona con una señal de crecimiento vascular derivada de cardiomiocitos para asegurar que el modesto crecimiento del músculo cardíaco coincida también con la formación de vasos sanguíneos nuevos, un proceso llamado angiogénesis.

No obstante, aún es necesario obtener las patentes necesarias para poder tratar enfermedades cardiacas con esta proteína, y poder probar su eficacia antes de lanzar un producto al mercado. Por ello, en la actualidad, el único tratamiento para tratar la afección en el lado derecho del corazón es a través de un trasplante.

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 Enfermedades cardiacas pueden tomar desprevenidas a las mujeres

El ataque cardiaco y otras enfermedades pueden tomar desprevenidas a las mujeres en formas que las pruebas estándar del corazón detectan.

Forma parte de una extraña brecha de género: las mujeres tienden a tener síntomas diferentes de ataque cardiaco que los hombres, y son más propensas a morir en los 12 meses posteriores a su primer ataque al corazón.

De hecho, más del 40% de las mujeres estadounidenses no se ha dado cuenta todavía de que las enfermedades cardíacas son la primera causa de muerte de su género. Una de cada 30 muertes de mujeres en 2007 fue por cáncer de mama, en comparación con una de cada tres por enfermedades cardiovasculares, según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés).

Según un nuevo informe ha habido muy pocos avances en la lucha contra las diferencias de género en las enfermedades cardiacas. En él se esbozan las preguntas más frecuentes que los científicos deben responder para encontrar las mejores maneras de atender el corazón femenino y, en primer lugar, prevenir problemas.

“El corazón de una mujer es la amenaza más grande para su salud, y todos los que se hagan cargo de una mujer tienen que darse cuenta de eso”, dijo la cardióloga Nanette Wenger, de la Universidad de Emory, quien es coautora del informe.

No hay que confundirse: las enfermedades cardiacas también son la principal causa de muerte entre los hombres. Son más frecuentes en los hombres y tienden a afectarlos más de una década antes que a las mujeres.

Sin embargo, aunque las muertes por esta razón han disminuido en general en los últimos años en Estados Unidos, esa mejora ha sido más lenta para las mujeres, que enfrentan algunos problemas específicos, según el informe de la organización sin fines de lucro Society for Women’s Health Research (Sociedad para la Investigación sobre la Salud de las Mujeres) y WomenHeart: The National Coalition for Women with Heart Disease (Corazón de las Mujeres: Coalición Nacional para Mujeres con Enfermedades Cardiacas).

No hacer ejercicio y comer mucha comida chatarra es malo para el corazón, sea una mujer o un hombre.

El colesterol elevado obstruye las arterias y la hipertensión puede causar un accidente vascular en el cerebro.

Pero hay un problema. Incluso si una prueba a las principales arterias del corazón no encuentra bloqueo alguno, las mujeres en situación de riesgo todavía pueden tener un problema grave: algo llamado enfermedad microvascular coronaria, que es menos común en los hombres.

Wenger explica que en esa enfermedad se dañan los pequeños vasos sanguíneos que irrigan el corazón, de manera que se cierran involuntariamente; sufren un espasmo.

El informe indica que parte de la falta de comprensión acerca de estas diferencias de género se debe a que los estudios relacionados con el corazón todavía no hacen suficiente hincapié en las mujeres, especialmente las pertenecientes a minorías.

Sólo una tercera parte de los estudios de tratamiento cardiovascular incluyen información sobre cómo responde cada sexo, a pesar de que las políticas federales estadounidenses dicen que deberían precisarlo. El informe exhortó a los científicos a que hagan comparaciones directas de qué tratamientos funcionan mejor en las mujeres y que se mejoren las pruebas de diagnóstico.

Otra cuestión: incluso las mujeres jóvenes tienen a veces ataques al corazón y hay indicios preocupantes de que los riesgos aumentan.

Ha habido un pequeño incremento en las muertes entre mujeres menores de 45 años. Además, la presión arterial alta, diabetes o complicaciones relacionadas con el embarazo una preocupación creciente a medida que más mujeres se embarazan mientras tienen sobrepeso no son sólo problemas temporales, sino que aumentan el riesgo de que esas madres sufran enfermedades del corazón cuando tienen entre 40 y 65 años de edad.

El informe dice que muy pocos médicos son conscientes de que deben tener en cuenta esas diferencias de género.

La periodista Lauran Neergaard cubre la información médica y de salud para The Associated Press en Washington DC.

 

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