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Cardiovascular

El primer trimestre parece ser crucial para la salud cardiaca del bebé

Un estudio halla que un desarrollo fetal lento se vincula con problemas cardiovasculares posteriores

Los niños que son pequeños en las primeras etapas del desarrollo fetal podrían tener un mayor riesgo de problemas cardiacos, indica un estudio reciente.

Los hallazgos sugieren que los primeros tres meses del embarazo podrían ser un periodo esencial para la salud cardiaca más adelante, apuntaron los investigadores holandeses. Anotaron que el primer trimestre incluye un periodo de desarrollo rápido en que el corazón y otros órganos importantes comienzan a formarse.

Los investigadores evaluaron a casi 1,200 niños a los seis años respecto a los factores de riesgo cardiovascular, como la cantidad y la distribución de la grasa corporal, la presión arterial y los niveles de colesterol e insulina.

En comparación con los niños que tenían el mayor tamaño en el primer trimestre del embarazo, los que tenían el menor tamaño presentaban significativamente más grasa total y grasa abdominal, una presión arterial más alta y unos niveles malsanos de colesterol, halló el estudio.

Tener un menor tamaño en el primer trimestre también se asoció con un aumento en el riesgo de tener varios de estos factores de riesgo cardiovascular en la niñez, según el estudio, que aparece en la edición en línea del 23 de enero de la revista bmj.com.

Pero el estudio solo descubrió un vínculo entre el tamaño pequeño en el primer trimestre y los problemas cardiacos potenciales. No probó una conexión causal.

Se necesitan más estudios para identificar por qué un tamaño más pequeño en el primer trimestre parece asociarse con un mayor riesgo de problemas cardiacos en la niñez, además de las consecuencias a largo plazo, concluyeron Vincent Jaddoe, profesor de epidemiología pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, y sus colaboradores.

Este estudio amplía la creciente evidencia de que un crecimiento fetal lento se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y otros problemas en un futuro, escribieron Gordon Smith y Catherine Aiken, de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, en un editorial acompañante.

Pero antes de apresurarnos a intervenir, “necesitamos una comprensión más profunda de la potencia, la naturaleza y los mecanismos de las asociaciones reportadas”, añadieron los investigadores.

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Alimento contra la diabetes y el ACV

Para prevenir enfermedades cardiovasculares y diabetes, por fin pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes que lo hacen posible.

Después de tomar una pequeña dosis de nitrato inorgánico durante tres días, las personas sanas examinadas en un estudio han consumido menos oxígeno al pedalear en una bicicleta estática.

En dicho estudio se ha examinado la mejora del rendimiento físico, provocada por un aumento de la eficiencia de las mitocondrias que energizan a nuestras células.

Conviene dejar claro que los autores del estudio no recomiendan a nadie que comience a tomar suplementos de nitratos inorgánicos guiándose por los resultados de esta investigación.

Lo que ellos han pretendido con este estudio es encontrar una explicación para los conocidos beneficios en nuestra salud de las frutas y las verduras.

La cantidad de nitrato usada en la investigación es equivalente a la que se encuentra en un plato de espinacas.

Ya se sabía que las dietas ricas en frutas y verduras pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares y la diabetes, pero hasta ahora no se tenían pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes específicos que lo hacen posible.

Los resultados del nuevo estudio, a cargo del equipo de Eddie Weitzberg del Instituto Karolinska en Suecia, presentan al nitrato inorgánico como candidato para explicar esos beneficios.

De hecho, hasta hace poco se consideraba que el nitrato no tenía ningún valor nutritivo.

Los nuevos resultados demuestran que el aumento del nitrato en la dieta puede tener un efecto positivo a corto plazo.

Sin embargo, aún no está claro lo que podría ocurrirles a las personas que consuman altos niveles de nitrato inorgánico durante largos períodos de tiempo.

El siguiente paso en esta línea de investigación podría ser la repetición del experimento en sujetos con enfermedades vinculadas a la disfunción mitocondrial, incluyendo la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, para ver si ellos también se benefician de los efectos del nitrato.

 

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El Tai Chi podría ayudar a los pacientes de insuficiencia cardiaca

Investigadores informan que el antiguo ejercicio chino parece mejorar la calidad de vida

El antiguo ejercicio chino llamado Tai Chi podría mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de insuficiencia cardiaca, según informan investigadores de la Harvard.

El Tai Chi combina movimientos circulares fluidos, equilibrio y cambios en la distribución del peso, técnicas de respiración y una conciencia interna enfocada. Ya se ha demostrado que resulta útil en una variedad de afecciones médicas, entre ellas la hipertensión, las enfermedades del equilibrio y musculoesqueléticas, y la fibromialgia, anotaron los investigadores.

“El entrenamiento en Tai Chi mejoró importantes parámetros de la calidad de vida, el estado de ánimo y la confianza de hacer ejercicio en pacientes de insuficiencia cardiaca”, apuntó la Dra. Gloria Yeh, investigadora líder, de la división de medicina general y atención primaria del Centro Médico Beth Israel Deaconess, y profesora asistente de medicina de la Facultad de medicina de la Harvard.

“Mantener un régimen de ejercicio es importante en la insuficiencia cardiaca. El Tai Chi podría ser una alternativa adecuada o un ejercicio adjunto para estos pacientes”, señaló.

El Tai Chi incorpora aeróbicos de intensidad baja y moderada con entrenamiento de fuerza, técnicas de respiración, relajación y gestión del estrés, explicó Yeh.

El informe aparece en la edición del 25 de abril de Archives of Internal Medicine.

Para el estudio, el equipo de Yeh asignó al azar a cien pacientes de insuficiencia cardiaca a un programa de Tai Chi de doce semanas o a sesiones educativas sobre la insuficiencia cardiaca.

Los investigadores encontraron que aunque ambos grupos tenían un uso similar de oxígeno durante caminatas de seis minutos, los que practicaban Tai Chi mostraron mayores mejoras en la calidad de vida, que se midió con el Cuestionario de vida con insuficiencia cardiaca de Minnesota.

Además, los que practicaron Tai Chi también mostraron una mejora en el estado de ánimo y en el número de calorías que quemaban semanalmente, frente a los que estaban en el programa educativo, añadieron los investigadores.

Las personas que tienen insuficiencia cardiaca sufren por la incapacidad del corazón de bombear la sangre con eficacia para satisfacer las necesidades del organismo. La afección provoca falta de aire, tos, congestión venosa crónica, inflamación de los tobillos y dificultad para hacer ejercicio.

El Dr. Gregg Fonarow, jefe asociado de cardiología de la facultad de medicina Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles, anotó que “la insuficiencia cardiaca resulta en una discapacidad funcional en la capacidad funcional, la calidad de vida y el estado de ánimo”.

“Aunque el ejercicio aeróbico tradicional puede ofrecer algunos beneficios a los pacientes de insuficiencia cardiaca, muchos de ellos tienen dificultades para realizar y continuar con ejercicio aeróbico regular”, agregó.

Ha habido un interés creciente en utilizar ejercicios de cuerpo y mente como el Tai Chi en pacientes de insuficiencia cardiaca, dijo Fonarow. “Tal vez sea más fácil de implementar y agradable, y conllevar el beneficio añadido de la meditación”, apuntó.

“Como complemento de la atención médica estándar, este estudio ha demostrad que el Tai Chi mejoró la calidad de vida, el estado de ánimo y la auto eficacia del ejercicio”, aseguró Fonarow. “El Tai Chi parece ser una alternativa segura al entrenamiento con ejercicio convencional de intensidad de baja a moderada en pacientes de insuficiencia cardiaca. Se necesitan más estudios para comparar el Tai Chi con el entrenamiento en ejercicio aeróbico y para determinar si practicar Tai Chi tendrá un impacto favorable sobre el riesgo de hospitalización o la supervivencia en pacientes de insuficiencia cardiaca”.

Otro estudio que apareció en la misma revista encontró que los pacientes de VIH podrían estar en mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.

En el estudio, el Dr. Adeel A. Butt, de la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, y colegas recolectaron datos sobre 8,486 veteranos, 2,391 de los cuales eran VIH positivos. Durante el seguimiento de 7.3 años, los investigadores encontraron que los que eran VIH positivos tenían un riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca 81 por ciento más elevado que los que no lo eran.

Podría haber varios motivos para la conexión entre el VIH y la insuficiencia cardiaca, entre ellos la infección misma, el uso empedernido de alcohol, los efectos secundarios de la terapia antirretroviral, deficiencias nutricionales y daño al músculo cardiaco, especuló el grupo de Butt.

“La infección con VIH se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca tras ajustar por los factores de riesgo tradicionales de esa enfermedad”, escribieron los investigadores. “Esta asociación persiste incluso tras excluir a los pacientes con antecedentes de línea de base de enfermedad cardiaca coronaria, insuficiencia cardiaca y angina, además de un evento de enfermedad cardiaca coronaria en el periodo de seguimiento tras el diagnóstico de insuficiencia cardiaca, y antecedentes de abuso de alcohol o un diagnóstico de dependencia. La infección viral continua se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca”.

 

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Los huevos, los zumos y el aceite de palma parecen dañar nuestra salud cardiovascular

Los mayores beneficios para nuestra salud cardiovascular se obtienen de las dietas en las que predominan las verduras, los cereales integrales, las legumbres y la fruta

abc.es

Las enfermedades cardiovasculares constituyen, con cerca de 17,5 millones de decesos anuales, la primera causa de mortalidad en todo el planeta. Todo ello a pesar de que la carga asociada con estas enfermedades se puede prevenir en gran medida con la adopción de hábitos de vida saludables. Es el caso, fundamentalmente, de no fumar y hacer ejercicio. Y asimismo, de seguir una alimentación adecuada. Pero cuidado: quizás no todos los hábitos dietéticos que creemos cardiosaludables sean buenos para nuestro corazón. Por ejemplo, más allá del aceite de oliva, ¿los aceites vegetales ayudan a prevenir las enfermedades cardiovasculares? O asimismo, ¿qué pasa con los suplementos nutricionales o las dietas libres de gluten? Pues para responder a estas preguntas, investigadores del Centro Nacional Judío de Medicina e Investigación en Denver (Reino Unido) han evaluado el efecto de los distintos tipos de alimentos sobre nuestra salud cardiovascular.

Como explica Andrew Freeman, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the American College of Cardiology», «hay una gran desinformación sobre las ‘modas’ alimenticias, caso de las píldoras antioxidantes, los zumos o las dietas libres de gluten. Sin embargo, también existen algunos patrones dietéticos que han demostrado disminuir el riesgo de muchas patologías crónicas, incluidas las enfermedades cardiovasculares».

Más allá de las frutas y verduras

Para llevar a cabo su revisión o ‘metanálisis’, los autores analizaron los resultados de multitud de estudios llevados a cabo con diferentes tipos de dieta, así como las ‘expectativas exageradas’ y ‘controversias’ surgidas en torno a los diferentes patrones de alimentación. Y como confirma Andrew Freeman, «hay un consenso cada vez mayor de que una dieta en la que predominen los vegetales de hoja verde, los cereales integrales, las legumbres y la fruta es la que presenta los mayores beneficios para nuestra salud cardiovascular».

Sin embargo, y contrariamente a como sucede con las frutas y verduras, hay otros alimentos cuyas presentas bondades cardiovasculares no resultan tan claras. Todo ello a pesar de que también han sido objeto de numerosos estudios. Es el caso, por ejemplo, de los aceites vegetales. ¿Y qué concluye la nueva revisión al respecto? Pues, en primer lugar, que el consumo de aceite de coco y de palma debe ser ‘desalentado’ porque el número de evidencias que apoyan su uso habitual son mínimas. Y en segundo lugar, como destacan los autores, «que el aceite más cardiosaludable es el aceite de oliva, si bien debe recomendarse su uso con moderación dado que es alto en calorías».

Es más; si bien las frutas y verduras son muy cardiosaludables, no lo son tanto cuando son consumidos en forma líquida. Es decir, en zumo. Y es que lo que hace el proceso de licuado de estas frutas y verduras es concentrar las calorías, por lo que al tomar un zumo es muy fácil que acabemos tomando demasiadas calorías. Así, refiere Andrew Freeman, «es preferible tomar las frutas y verduras, dejando los zumos como primera opción para aquellas situaciones en las que la ingesta diaria de frutas y verduras sea inadecuada. Y si se va a hacer un zumo, evite añadirle azúcar».

Por su parte, y en relación con los suplementos con antioxidantes, el estudio recuerda que tanto las frutas como los vegetales constituyen la fuente más saludable y beneficiosa de antioxidantes para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular. Y asimismo, como apuntan sus autores, «que no hay ninguna evidencia concluyente de que la adición de suplementos ricos en antioxidantes a la dieta suponga ningún beneficio para la salud del corazón»

En el caso de las dietas libres de gluten, los resultados son concluyentes: las personas con celiaquía u otros tipos de sensibilidad al gluten deben evitar la ingesta de esta proteína. O lo que es lo mismo, el trigo, la cebada y el centeno. Pero, ¿qué sucede con las personas que, aun no siendo celiacas, optan por este tipo de dieta? Y es que los alimentos libres de gluten son cada vez más populares. Pues de una forma igual de contundente, los autores indican que «muchos de los supuestos beneficios atribuidos a las dietas libres de gluten no tienen ninguna base científica».

Finalmente, y entre otros alimentos, el estudio resalta las bondades de las nueces como parte de una dieta cardiosaludable. Pero también advierte que el consumo de nueces, dado que contienen una gran cantidad de calorías, debe llevarse a cabo con moderación. Una recomendación que resulta mucho más categórica en el caso de los huevos y el colesterol, pues «debe aconsejarse a los pacientes que limiten tanto como sea posible la ingesta diaria de colesterol en forma de huevos o de otros alimentos ricos en colesterol».

Publicidad, no ciencia

En definitiva, es posible que nuestros conocimientos sobre el efecto cardiovascular de los distintos alimentos no sean tan buenos como creíamos. Pero, ¿por qué algunos estudios muestran, cuando no exageran, los beneficios de algunos alimentos que, en realidad, distan mucho de ser cardiosaludables? Pues básicamente porque, como denuncian los autores, muchos de estos estudios están financiado y/o influenciados por la industria alimentaria, por lo que sus resultados están sesgados.

Como concluye Andrew Freeman, «Hipócrates, fundador de la medicina moderna, dijo ‘Deja que tu alimento sea tu medicina’. Pero la gran mayoría de los médicos tienen muy poca formación en materia de nutrición. Si logramos que los médicos, y muy especialmente los cardiólogos, comprendan el valor de la nutrición en la práctica clínica, entonces se podrá conseguir un mayor impacto a la hora de reducir las enfermedades del corazón. Y además, se trata de una medida coste-efectiva».

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Estos son los tres mejores deportes para el corazón (y ninguno es el ‘running’)

Que cualquier tipo de deporte es bueno para prevenir cardiopatías ya nos lo han dicho. Ahora, un nuevo estudio establece el escalafón

buenavida

Sabemos que el deporte es bueno para la salud en general y para el sistema cardiovascular en particular. Pero ¿cuál es el que más cuida de nuestro corazón? Investigadores europeos y australianos unieron fuerzas para averiguarlo, y los resultados de su estudio se publicaron el pasado noviembre en el British Journal of Sports Medicine. El ejercicio que mejor previene las cardiopatías, concluyeron, es el relacionado con los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic. Disciplinas que reducen en un mayor porcentaje las posibilidades de morir por alguna enfermedad cardiovascular o infarto.

Para poder llegar a esta teoría, los investigadores analizaron los hábitos de ejercicio físico de más de 80.000 británicos con una mediana de edad de 52 años a los que se hizo un seguimiento durante unos nueve años. A lo largo de ese periodo, más de 8.700 participantes murieron por diferentes causas y más de 1.900 lo hicieron como consecuencia de una enfermedad cardiovascular o infarto. Con estos datos, los científicos estudiaron qué influencia podría tener el tipo de deporte o ejercicio físico que realizaban los voluntarios con sus posibilidades de morir en los siguientes años.

Para el doctor Emilio Luengo, cardiólogo responsable de Actividad Física del Programa de Empresas Cardiosaludables de la Fundación Española del Corazón, no hay una aparente razón clínica o deportiva específica que explique por qué los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic reducirían en mayor medida el riesgo de muerte cardiovascular respecto a los demás. Sin embargo, es cierto que todos ellos tienen elementos en común que los convierten en el tipo de ejercicio físico saludable que los cardiólogos recomiendan. “Se trata de actividades deportivas de tiempo libre y con un carácter lúdico, sin un especial componente competitivo en la población general que los practica; implican un ejercicio aeróbico con movimiento de amplios grupos musculares, pero sin una solicitación extrema de los mismos; y son satisfactorios desde el punto de vista de la inteligencia emocional y social”, detalla el cardiólogo.

Por su parte, el doctor Carlos de Teresa, miembro de la Junta de Gobierno de la Sociedad Española de Medicina del Deporte, sugiere que los resultados positivos a favor de los deportes de raqueta, la natación y el aeróbic también podrían explicarse por ser “deportes en los que el patrón de ejercicio es interválico. Y son precisamente este tipo de actividades físicas las que han demostrado efectos más positivos para la salud”. Asimismo, señala, “todos los deportes referidos en este artículo estimulan la resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza muscular, dos cualidades físicas que, al mejorar, reducen el riesgo relativo de muerte cardiovascular”.

Respecto a los beneficios para el corazón que se consiguen específicamente gracias a los mencionados deportes y su impacto positivo en los factores de riesgo cardiovascular, se trata de los siguientes:

El bádminton, el tenis y el squash son deportes que se caracterizan por enlazar “componentes interválicos de alta intensidad con descansos entre los puntos de juego, lo que provoca un gasto energético elevado que contribuye a controlar el peso graso y a aumentar el peso y la funcionalidad musculares. Esto, a su vez, tiene un efecto beneficioso frente a la obesidad y la diabetes”, indica el doctor Carlos de Teresa.

El experto en medicina del deporte revela que la natación estimula, por una parte, el desarrollo muscular y, por la otra, la coordinación neuromuscular. A nivel cardiovascular, este último efecto es clave, ya que “implica una actividad neurológica que facilita el control de la presión arterial. Asimismo, el aumento de la masa muscular que se consigue con la natación incrementa también el gasto energético, lo que mejora el perfil lipídico (el nivel de grasas en sangre tales como el colesterol y los triglicéridos) y el peso graso”.

En la gimnasia tipo aeróbic o la danza, al igual que en la natación, también interviene una coordinación neuromuscular positiva para nuestro sistema cardiovascular. Además, este tipo de actividades “tienen un componente lúdico, que sin duda aporta todos los efectos beneficiosos que se contraponen a los producidos por el estrés”, señala el doctor de Teresa.

Por el contario, el ciclismo, el running, el fútbol o el rugby no mostraron en el estudio una reducción significativa de las posibilidades de morir por esta causa.  Aun así, “los deportes de equipo han demostrado beneficios cardiovasculares en otros grupos poblacionales diferentes a los de este estudio”, apunta el cardiólogo Emilio Luengo.

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Una vida sana en la mediana edad mantiene la insuficiencia cardiaca a raya décadas después

Evite la obesidad, la hipertensión y la diabetes, y podría vivir hasta 13 años más sin esa enfermedad, halla un estudio

¿Tiene usted unos 45 años y es delgado, y no tiene hipertensión ni diabetes? Si es así, quizá ya esté ganándole la guerra a la insuficiencia cardiaca en la vejez, sugiere una investigación reciente.

El estudio, liderado por un cardiólogo, el Dr. Faraz Ahmad, de la Universidad de Northwestern en Chicago, encontró que estar libre de esos factores de riesgo de enfermedad cardiaca en la mediana edad aumentó mucho el número de años que una persona vivía sin insuficiencia cardiaca.

Su equipo observó datos sobre más de 18,000 personas a quienes se siguió durante 40 años. Los investigadores encontraron que las personas que eran obesas y tenían hipertensión y diabetes a los 45 años recibían un diagnóstico de insuficiencia cardiaca en promedio de 11 a 13 años antes, en comparación con las que no tenían ninguno de esos tres factores de riesgo.

La edad promedio para el diagnóstico de insuficiencia cardiaca fue de 80 años para los hombres y de 82 años para las mujeres que no presentaban ninguno de los factores de riesgo a los 45, frente a finales de los 60 y principios de los 70 entre los que tenían los factores de riesgo a los 45.

Incluso tener uno o dos de los tres factores de riesgo reducía los años que una persona vivía sin insuficiencia cardiaca, hallaron los investigadores. Las personas que tenían uno o dos de los factores de riesgo contraían insuficiencia cardiaca de tres a once años antes, en promedio, que las que no tenían ninguno de los factores de riesgo, señaló el equipo de Ahmad.

“El mensaje de este estudio es que de verdad se debe evitar o retrasar el inicio de esos factores de riesgo todo lo posible. Hacerlo puede reducir de forma significativa la cantidad de años en que probablemente se sufra de insuficiencia cardiaca”, enfatizó Ahmad.

El estudio será presentado el 14 de marzo en la reunión anual del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology), en San Diego. Los hallazgos presentados en reuniones médicas por lo general se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.

Según Ahmad, los hallazgos podrían ayudar a los pacientes a comprender mejor la importancia de evitar los factores de riesgo mayores de la insuficiencia cardiaca, sugirió.

“En la clínica, con frecuencia damos a los pacientes métricas que son relativas y abstractas”, dijo Ahmad. “Cuando se está hablando con personas de 30 o 40, decirles que podrán vivir 11 a 13 años más sin insuficiencia cardiaca si pueden evitar desarrollar ahora estos tres factores de riesgo es un mensaje mucho más potente”.

La insuficiencia cardiaca afecta a más de 5 millones de personas en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. La afección tiene un impacto sobre la salud no solo del corazón, sino de otros órganos. Los síntomas incluyen fatiga, inflamación, y tos y/o respiración sibilante crónicas, y los CDC afirman que la mitad de las personas que sufren de insuficiencia cardiaca mueren en un plazo de cinco años tras su diagnóstico.

 

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El exceso de ejercicio perjudica al corazón

* Practicar maratón o triatlón durante muchos años podría alterar el corazón
* Estos cambios funcionales favorecen la aparición de arritmias en roedores

Decir que los excesos no son buenos para la salud no es nada nuevo. Los especialistas no se cansan de repetir que pasarse con la comida, con la bebida o, incluso, con el trabajo sólo tiene consecuencias negativas para el organismo. Sin embargo, pocas veces se ha hablado de los riesgos de hacer ‘demasiado ejercicio’. Una investigación con ratas liderada por científicos españoles avanza en ese camino y señala que practicar actividades de resistencia de forma intensa y durante años podría ser, en algunos casos, perjudicial para el corazón.

Según sus datos, aún preliminares ya que se han obtenido en estudios de animales, este tipo de ejercicio puede provocar alteraciones en la estructura y función del corazón que favorecerían la aparición de arritmias.

Como explican a ELMUNDO.es los doctores Lluis Mont y Anna Serrano-Mollar, coautores de la investigación, hasta ahora se sabía que el ejercicio provoca cambios físicos en la anatomía del corazón (lo que se conoce como ‘corazón de atleta’), pero éste es el primer trabajo que demuestra que el ejercicio intenso y mantenido en el tiempo “crea enfermedad”.

“De confirmarse en humanos, nuestros hallazgos podrían tener importantes implicaciones para quienes practican ejercicio atlético de alto nivel [como los corredores de maratón, ciclismo o triatlón]”, señalan estos investigadores, miembros del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Suñer de Barcelona, en las páginas de la revista ‘Circulation’.

El riesgo potencial, aclara el texto, no afectaría a quienes practican ejercicio moderado de forma regular, sino a personas que pueden llevar haciendo una actividad muy intensa durante 20 ó 30 años. “[El estudio] se refiere al entrenamiento crónico, porque los daños tienen un efecto acumulativo”, apuntan los investigadores.

“Nuestros resultados no pueden extrapolarse a formas más moderadas de ejercicio. La actividad física habitual confiere beneficios ampliamente reconocidos, como la prevención de las enfermedades cardiovasculares y la diabetes”, añaden.

La investigación

Precisamente, la idea de poner en marcha el estudio surgió después de que algunos estudios observacionales apuntaran la existencia de un mayor riesgo de arritmias entre deportistas sometidos a altos niveles de entrenamiento.

Los investigadores quisieron determinar los efectos del ejercicio intenso a largo plazo y, ante las dificultades de realizarlo en humanos, iniciaron varios experimentos en ratas.

Así, sometieron a un grupo de roedores a una hora de ejercicio intenso diariamente durante cuatro, ocho y 16 semanas, tras lo que examinaron el estado de sus corazones. Después, compararon los resultados con los de otro grupo de animales, que habían permanecido sedentarios.

Según sus estimaciones, la intensidad y duración del entrenamiento en ratones, podría equivaler en humanos a realizar una actividad física muy vigorosa durante 10 años.

Al contrastar los resultados, los investigadores observaron que sólo los animales ‘maratonianos’ presentaban anomalías en la estructura del músculo cardiaco, lo que se conoce como fibrosis (tejido cicatricial). Además, también observaron cambios en la función ventricular de estos animales, entre otras alteraciones que se relacionan con un mayor riesgo de arritmias.

Esto, según sus datos, sugiere que existe una relación directa ente el ejercicio intenso de resistencia realizado durante años y un incremento de las probabilidades de sufrir un problema en el ritmo del corazón.

Respecto a cómo se traslada esta observación con ratas sanas a la población general apuntan varias cosas: “En el caso de la fibrilación auricular, por ejemplo, ya hay diversos estudios que demuestran que el ejercicio multiplica por cinco, o por ocho el riesgo de sufrirla. Es decir, la observación clínica ya nos ha ofrecido de alguna manera un conocimiento claro de este fenómeno”. En el caso de otras patologías del ritmo, como las arritmias ventriculares o la muerte súbita, reconocen que es más difícil observar en la autopsia si la fibrosis (el tejido dañado) era previo o adquirido a consecuencia del ejercicio intenso.

Seguimiento al deportista

“Un buen estudio previo del deportista permite descartar la mayoría de causas de muerte súbita”, señala el doctor Mont. “Pero en aquellos casos en los que no se ha encontrado la causa, ahora podemos pensar que probablemente era secundaria a la práctica deportiva”.

En cualquier caso, y como mensaje a la población deportista, los especialistas catalanes reconocen que los resultados de esta investigación deben cambiar el modo en el que se realiza el seguimiento a los deportistas. “Hasta ahora se hacían pruebas, electros, a una determinada edad y se decía, ‘eres apto’. Ahora, será obligatorio un estudio más detallado que vaya observando los cambios del corazón con el paso de los años, debido a este efecto acumulativo”, subrayan.

Con todo, en las conclusiones de su trabajo, los investigadores sugieren que los daños que el ejercicio intenso podría provocar en el corazón no serían irreversibles. Según sus datos experimentales, el cese del entrenamiento también se traduce en una remisión de la anomalía cardiaca.

Un editorial que acompaña a este trabajo en la revista médica pide más estudios al respecto ya que “persiste la preocupación sobre las consecuencias cardiacas de un ejercicio extremo. Los elegantes resultados de este trabajo animan el debate sobre este tema, pero hace falta la confirmación en humanos”, concluye.

 

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Tomar bajas dosis de ácidos grasos omega 3 no protege a los pacientes cardiacos

Un estudio holandés halla que consumir pequeñas cantidades de margarina todos los días no previene los problemas cardiacos

La mayoría de los pacientes cardiacos que toman suplementos de ácidos grasos omega-3 a baja dosis no parecen obtener ninguna protección adicional contra más problemas cardiacos, advierte una nueva investigación holandesa.

De hecho, ni las dosis bajas de ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentanóico (EPA), que se encuentran en el aceite de pescado, ni de ácido alfa-linolénico (ALA), derivados de nueces y aceites vegetales varios, aporta ningún beneficio a la gran mayoría de los pacientes cardiacos, según el estudio.

Los científicos se centraron en los pacientes que ya tomaban medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol y coágulos potenciales. Por tanto, los investigadores plantearon la teoría de que el pobre desempeño de los suplementos podría reflejar simplemente el poder abrumador de los medicamentos.

El autor del estudio, Daan Kromhout, de la división de nutrición humana en la Universidad de Wageningen en Holanda, tenía previsto presentar los hallazgos el domingo en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Estocolmo, el estudio también aparecerá al mismo tiempo en la edición en línea de la New England Journal of Medicine.

En el estudio, los investigadores se centraron en un grupo de más de 4,800 pacientes de ataque cardiaco holandeses de 60 a 80 años, de los cuales un poco más de la tres cuarta parte eran hombres.

Todos habían sufrido un ataque al corazón en algún momento durante la década anterior al estudio y todos tomaban medicamentos para la presión arterial, anticoagulantes y estatinas.

Al comienzo del estudio, a los pacientes se les pidió que consumieran (en un período de poco más de tres años) uno de cuatro diferentes tipos de margarinas: una complementada con ácidos grasos omega-3, otra con ALA de origen vegetal; otra complementada con ácidos grasos omega-3 y ALA y otra sin suplementos.

La cantidad de suplemento añadido a las margarinas se consideró de “baja dosis”. Durante el estudio, los pacientes consumieron un promedio de 18.8 gramos de margarina por día, lo que equivale a la ingestión de un promedio de 226 miligramos de EPA en combinación con 150 mg de ácido graso omega-3 DHA y / o 1.9 gramos de ALA.

Al final del estudio, casi el 14 por ciento de los pacientes de ataque cardiaco habían experimentado otro “evento cardiovascular importante”, y algunos casos terminaron en la muerte.

Ninguno de los suplementos a baja dosis pareció evitar tales acontecimientos en la mayoría de los pacientes. Una excepción pareció darse entre las mujeres que consumían ALA; los investigadores observaron una reducción de 27 por ciento en el riesgo de nuevas complicaciones cardiacas, a pesar de que la reducción no alcanzó una significación estadística.

El resultado final del Ensayo Alpha Omega es que los ácidos grasos[omega 3] no redujeron el principal criterio de valoración de los eventos cardiovasculares mayores”, señaló Kromhout y apuntó que el hallazgo del ALA amerita confirmarse en otros estudios.

El doctor Murray A. Mittleman, director de la unidad de investigación de epidemiología cardiovascular en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de la Facultad de medicina de Harvard en Boston, dijo que “estos resultados no le sorprendieron”.

“Otros estudios han demostrado que los ácidos grasos omega-3 no ofrecen ningún beneficio, que no sea específicamente la protección contra la muerte cardiaca relacionada con la arritmia en pacientes que han sobrevivido a un ataque al corazón”, señaló Mittleman. Es durante este período agudo después del ataque, explicó, cuando los pacientes son más vulnerables a un evento subsiguiente.

“Pero aquí, en algunos casos a los pacientes analizados se les dio seguimiento durante varios años desde su primer ataque al corazón cuando comenzaron a tomar estos suplementos”, enfatizó. “Así, que es una gran diferencia en cuanto al tipo de paciente examinado. Además, tampoco tomaron en cuenta enfermedades evitables, sino sólo los eventos cardiacos que ocurrieron posteriormente. Igualmente, las dosis de suplemento utilizadas son muy bajas, mucho menores que las usadas en estudios previos”.

“Por lo tanto, las grandes diferencias en el diseño del estudio podrían ser las que den cuenta de este nuevo hallazgo”, advirtió Mittleman. “En cualquier caso, creo que este asunto amerita de todos modos una mayor investigación”.

El Dr. Gregg C. Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, estuvo de acuerdo.

“Es posible que las mejoras en otros tratamientos para pacientes con ataques cardiacos hayan hecho que los suplementos de aceite de pescado sean menos importante para reducir el riesgo cardiovascular”, reconoció. “Pero también es posible que las diferentes dosis usadas en el estudio en comparación con trabajos de investigación anteriores hayan marcado la diferencia en el resultado. Las dosis aquí usadas quizá fueron demasiado bajas, mientras que las dosis más altas que se administran inmediatamente después de un ataque al corazón pueden ofrecer alguna protección”.

“Así que diría”, añadió Fonarow,” que de ninguna manera es la última palabra sobre los ácidos grasos omega-3 y la salud cardiovascular”.

 

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