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Cardiovascular

 

La gravedad de un ataque cardiaco podría depender de la hora del día

En un estudio, las primeras horas de la mañana eran el peor momento

La gravedad de un ataque cardiaco puede verse afectada por la hora del día en que ocurre, sugiere un estudio reciente.

El análisis de datos de más de mil pacientes de ataque cardiaco reveló que el mayor nivel de lesión cardiaca ocurre cuando las personas sufren de un ataque al corazón entre la 1 a.m. y las 5 a.m. La cantidad máxima de daño que ocurre en esas horas es 82 por ciento más elevada que la que ocurre a la hora del día en que la lesión es más baja.

Los hallazgos podrían ayudar a encontrar nuevas formas de prevenir los ataques cardiacos, según investigadores del Instituto Cardiaco de Minneapolis del Hospital Abbott Northwestern.

La investigación amplía estudios anteriores con roedores.

“Intentábamos determinar si la hora del día en que ocurre un ataque cardiaco influye sobre el nivel de daño que sufre el corazón, o si era un fenómeno que solo los roedores exhibían”, apuntó el autor principal del estudio, el Dr. Jay Traverse, cardiólogo del Instituto Cardiaco de Minneapolis.

“Es importante comprender que la capacidad del corazón de protegerse a sí mismo contra un daño más grave varía en el ciclo de 24 horas. Identificar esos cambios protectores podría resultar particularmente relevante para los fabricantes farmacéuticos que buscan desarrollar medicamentos cardioprotectores”, añadió Traverse en un comunicado de prensa de la Fundación del Instituto Cardiaco de Minneapolis (Minneapolis Heart Institute Foundation).

El estudio aparece en una edición en línea de la revista Circulation Research.

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Cualquier nivel de ejercicio beneficia a la salud cardiaca de los niños, según un estudio

La actividad mejora la presión arterial, el colesterol y el peso, independientemente del tiempo de sedentarismo

Aunque los niños pasen el resto del tiempo sentados, una hora de actividad física al día beneficia a su salud cardiaca, informan investigadores ingleses.

El estudio halló que los niños y adolescentes que hacían más ejercicio físico de moderado a vigoroso al día que sus pares tenían mejores niveles de colesterol, presión arterial y peso, lo que es importante para la salud a largo plazo.

“Los padres, escuelas e instituciones deben facilitar y fomentar la actividad física de una intensidad al menos moderada en todos los niños, y preocuparse menos del tiempo total que pasan siendo sedentarios, por lo menos en relación con estos factores de riesgo cardiovascular”, señaló el autor del estudio Ulf Ekelund, líder de grupo del Programa de Epidemiología de la Actividad Física del Instituto de Ciencias Metabólicas de Cambridge, Inglaterra.

“Demostramos que unos mayores niveles de actividad física de una intensidad al menos moderada (equivalente a caminar a paso vivo) se asocian con [la mejora de] muchos factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, independientemente de la cantidad de tiempo que estos niños pasan siendo sedentarios”, aseguró.

Por ejemplo, los niños que estaban en el grupo más activo tenían una cintura más pequeña que los del grupo menos activo, apuntó.

“En los adultos, esta diferencia se asocia con un aumento de alrededor de 15 por ciento en el riesgo relativo de muerte prematura”, comentó Ekelund.

El tipo de actividad no es importante siempre y cuando la intensidad equivalga al menos a una caminata a paso vivo, dijo Ekelund. Entre las posibilidades se encuentran jugar al aire libre, montar bicicleta, bailar, hacer aeróbicos, caminar y jugar deportes en equipo.

Sin embargo, los beneficios positivos del ejercicio no necesariamente contrarrestan los efectos nocivos de un estilo de vida sedentario, advirtió. “Podrían haber ciertas conductas sedentarias, como ver la tele, que planteen riesgos de salud, ya que ver televisión se relaciona con otras conductas malsanas [como comer entre comidas]. Por tanto, limitar el tiempo frente a la televisión sigue siendo importante para la salud y bienestar de los niños”, aseguró Ekelund.

El informe aparece en la edición del 15 de febrero de la revista Journal of the American Medical Association.

Para el estudio, los investigadores reunieron información de 14 estudios en que participaron más de 20,000 niños entre los 4 y los 18 años de edad, obtenidos de una base de datos internacional sobre niños. Un sensor de movimientos midió la actividad total y el tiempo que pasaban en sedentarismo, y en actividad de intensidad moderada y vigorosa. No se registraron las actividades específicas en que participaban.

En general, tres cuartas partes de los niños tenían peso normal, 18 por ciento tenían sobrepeso y 7 por ciento eran obesos. Pasaban en promedio 30 minutos al día en alguna forma de ejercicio de moderado a vigoroso, y 354 minutos al día (o sea, casi seis horas) sedentarios.

Los niños de ambos sexos que hacían ejercicio por más de 35 minutos al día tenían una presión arterial, un colesterol, una glucemia y unos triglicéridos más bajos, y eran más delgados que los niños que hacían menos de 18 minutos de ejercicio al día, señaló el grupo de Ekelund.

El tamaño promedio de la cintura difirió en más de dos pulgadas entre los niños adolescentes más activos y los menos activos. Y los que tenían las cinturas más grandes al inicio del estudio eran los menos activos a los dos años de seguimiento.

Samantha Heller, fisióloga del ejercicio y coordinadora de nutrición clínica del Centro de Atención del Cáncer del Hospital Griffin en Derby, Connecticut, dijo que “no hay absolutamente ningún motivo para que nuestros niños sean gordos y sedentarios, y estén en riesgo de enfermedad cardiovascular”.

“El ejercicio, en cualquier forma, es fantástico para niños, adolescentes, y adultos”, comentó.

Incluso los niños que no son aptos para los deportes competitivos tienen la necesidad innata de ser físicamente activos, aseguró Heller.

“Los padres y cuidadores deben limitar el tiempo que pasan con la tecnología (como computadoras, iPads y la tele) y dejar que los niños sean niños, que corran y jueguen”, aconsejó.

Los adultos también deben involucrarse, aseguró Heller. “Pueden saltar a la cuerda, jugar al escondite y tirar el frisbee con los niños. A los niños les irá mejor en la escuela, desarrollarán habilidades sociales, mejorarán la coordinación, [y] estarán más felices y sanos”.

 

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Un fármaco antiinflamatorio reduce el riesgo de infartom4edicamentos antiinflamatorios corazon cardiaco

Por primera vez se demuestra la eficacia de una sustancia de este tipo. Llamada canakinumab, disminuye el peligro de sufrir un segundo ataque un 15%.

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Hace años que la comunidad científica sospechaba de las virtudes de los fármacos antiinflamatorios para prevenir los infartos de miocardio, pero un estudio exhaustivo realizado con 10.000 pacientes parece aportar la prueba definitiva. Sus resultados acaban de anunciarse en un congreso de la Sociedad Europea de Cardiología celebrado en Barcelona.

Llamado Canakinumab Anti-inflamatory Thrombosis Outcomes Study (CANTOS) y patrocinado por la compañía farmacéutica Novartis, este trabajo se planteó como un intento por arrojar luz en el oscuro papel que desempeñan las inflamaciones –la reacción del sistema inmune a las heridas, las infecciones y otras amenazas para nuestra salud– en los accidentes vasculares.

 

Acumulación de placas

La primera voz científica en alertar de la conexión fue el cardiólogo norteamericano Peter Libby, del hospital Brigham and Women’s de Boston. En los años 80, Libby sugirió que durante estos procesos defensivos, ciertas moléculas concentran macrófagos y otras células inmunes en los vasos sanguíneos, lo cual puede llevar a la creación de placas en las arterias. Es decir, a la ateroesclerosis. En su tiempo parecía una idea extravagante, pero hoy nadie en la comunidad médica duda de su hallazgo.

Lo que no se sabía a ciencia cierta es si la inflamación simplemente se limita a favorecer la ateroesclerosis o si también puede desencadenar el propio ataque cardiaco, que muchas veces ocurre cuando una placa rasga y obstruye una arteria. Un colega de Libby, Paul Ridker, indagó por esta vía y llegó a la conclusión que efectivamente el aumento de células inmunitarias predecía el riesgo de sufrir un infarto. Sin embargo, los estudios estadísticos realizados con los fármacos antiinflamatorios disponibles en el mercado –principalmente los clasificados como esteroideos y no esteroideos– no produjeron los resultados esperados. De hecho, uno de ellos, llamado Vioxx, incluso duplicaba las probabilidades de sufrir un ataque al corazón. Fue retirado del mercado en 2004.

Cambio de diana

Tal vez había que afinar con la sustancia terapéutica, cambiar de antiinflamatorio. Libby y Ridker se fijaron en un medicamento prescrito para la artritis idiopática juvenil repentina, la fiebre mediterránea familiar y otras enfermedades: el anticuerpo monoclonal canakinumab, que bloquea la actividad de la molécula interleuquina 1 beta (IL-1β), una proteína relacionada tanto con la inflamación como con la ateroesclerosis. La pareja de investigadores convencieron a la compañía Novartis para poner en marcha el estudio CANTOS.

Libby y Ridker consiguieron reunir a 10.000 personas afectadas por un ataque cardiaco para comprobar cómo influía la administración de canakinumab en las probabilidades de padecer un segundo infarto un año después del primero. Pues bien, hubo un efecto significativo: según el seguimiento que hicieron, el riesgo de tener ese segundo ataque o morir a consecuencia de él diminuía un 15% entre quienes tomaron el fármaco. Además, este grupo necesitaba un 30% menos de cirugías cardiacas que los voluntarios que tomaban placebo, lo cual indica que sus arterias se mantenían más sanas.

Pero hay varios problemas con el canakinumab. En primer lugar, que es muy caro: cuesta alrededor de 16.000 dólares por dosis, que se administra mediante infusión intravenosa. Y además, hay una posibilidad del 1% de que este fármaco antiinflamatorio produzca una infección mortal, especialmente entre pacientes con edad avanzada y diabetes. Por todo ello, es un tratamiento solo recomendado para personas que ya han sufrido un ataque cardiaco, o sea, con alto riesgo de padecer otro. De cualquier modo, el estudio CANTOS abre la puerta a la investigación con otros antiinflamatorios y estrategias terapéuticas para prevenir los accidentes vasculares.

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Descubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicioDescubren una proteína que ‘engaña’ al corazón para que crea que haces ejercicio

La cardiotrofina-1 favorece el crecimiento sano de los tejidos y el bombeo de la sangre, reduciendo el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca.

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El crecimiento del músculo cardíaco, un evento comúnmente conocido como hipertrofia cardíaca, es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo. Se produce cuando el corazón es incapaz de bombear sangre normalmente y, como método adaptativo, crece de manera disfuncional dañando parte del tejido.

La hipertrofia es normalmente una adaptación perjudicial, generalmente irreversible, y suele conducir a una insuficiencia cardíaca.

Pero ahora un grupo de investigadores ha descubierto una proteína que es capaz de hacer crecer al corazón de manera sana, de forma distinta a cuando lo hace en una hipertrofia patológica. ¿Cómo? Haciéndole creer al corazón que el cuerpo se está ejercitando. La proteína se denomina cardiotrofina-1 (CT-1), y es capaz de “engañar” al corazón para que actúe como si estuviera haciendo ejercicio. Así se favorece el crecimiento sano de sus tejidos y el bombeo de la sangre, evitando que estos crezcan de manera disfuncional, y reduciendo la probabilidad de que se produzca una insuficiencia.

“Descubrimos que CT-1 provoca el crecimiento de los músculos de forma más sana y estimula el crecimiento de los vasos sanguíneos en el corazón. Esto incrementa la habilidad del corazón para bombear sangre, tal y como se vería durante el ejercicio o el embarazo”, según el autor principal del estudio, Lynn Megeney.

La ciencia ya había demostrado con anterioridad que tanto el embarazo como el ejercicio de resistencia son dos circunstancias en las que se produce esta forma sana de crecimiento de órganos, a diferencia del crecimiento disfuncional de la hipertrofia patológica, que daña los tejidos del órgano. Cuando esta se produce, la masa muscular del corazón aumenta, pero no se produce una mejora correspondiente en su función de bombear sangre, convirtiendo este proceso en inadaptativo.

Gracias a la proteína CT-1, el cuerpo responde de la misma manera que bajo la influencia de estos procesos orgánicos, el ejercicio físico intenso y el embarazo.

“Esta terapia experimental es muy emocionante, porque parece prometedora para el tratamiento de insuficiencia cardiaca tanto en el lado izquierdo como en el derecho del corazón”, afirma el cardiólogo y coautor del estudio Duncan Stewart.

Tal como se detalla en el estudio, quedó demostrado que la proteína CT1 humana se compromete con una forma completamente reversible de crecimiento miocárdico, y que atenúa la patología y la pérdida de función en un modelo agresivo de insuficiencia cardíaca. A su vez, promueve el crecimiento de cardiomiocitos, en parte, mediante la activación limitada de una señal de hipertrofia, que de otro modo sería patológica. Además, esta proteína se relaciona con una señal de crecimiento vascular derivada de cardiomiocitos para asegurar que el modesto crecimiento del músculo cardíaco coincida también con la formación de vasos sanguíneos nuevos, un proceso llamado angiogénesis.

No obstante, aún es necesario obtener las patentes necesarias para poder tratar enfermedades cardiacas con esta proteína, y poder probar su eficacia antes de lanzar un producto al mercado. Por ello, en la actualidad, el único tratamiento para tratar la afección en el lado derecho del corazón es a través de un trasplante.

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 Enfermedades cardiacas pueden tomar desprevenidas a las mujeres

El ataque cardiaco y otras enfermedades pueden tomar desprevenidas a las mujeres en formas que las pruebas estándar del corazón detectan.

Forma parte de una extraña brecha de género: las mujeres tienden a tener síntomas diferentes de ataque cardiaco que los hombres, y son más propensas a morir en los 12 meses posteriores a su primer ataque al corazón.

De hecho, más del 40% de las mujeres estadounidenses no se ha dado cuenta todavía de que las enfermedades cardíacas son la primera causa de muerte de su género. Una de cada 30 muertes de mujeres en 2007 fue por cáncer de mama, en comparación con una de cada tres por enfermedades cardiovasculares, según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés).

Según un nuevo informe ha habido muy pocos avances en la lucha contra las diferencias de género en las enfermedades cardiacas. En él se esbozan las preguntas más frecuentes que los científicos deben responder para encontrar las mejores maneras de atender el corazón femenino y, en primer lugar, prevenir problemas.

“El corazón de una mujer es la amenaza más grande para su salud, y todos los que se hagan cargo de una mujer tienen que darse cuenta de eso”, dijo la cardióloga Nanette Wenger, de la Universidad de Emory, quien es coautora del informe.

No hay que confundirse: las enfermedades cardiacas también son la principal causa de muerte entre los hombres. Son más frecuentes en los hombres y tienden a afectarlos más de una década antes que a las mujeres.

Sin embargo, aunque las muertes por esta razón han disminuido en general en los últimos años en Estados Unidos, esa mejora ha sido más lenta para las mujeres, que enfrentan algunos problemas específicos, según el informe de la organización sin fines de lucro Society for Women’s Health Research (Sociedad para la Investigación sobre la Salud de las Mujeres) y WomenHeart: The National Coalition for Women with Heart Disease (Corazón de las Mujeres: Coalición Nacional para Mujeres con Enfermedades Cardiacas).

No hacer ejercicio y comer mucha comida chatarra es malo para el corazón, sea una mujer o un hombre.

El colesterol elevado obstruye las arterias y la hipertensión puede causar un accidente vascular en el cerebro.

Pero hay un problema. Incluso si una prueba a las principales arterias del corazón no encuentra bloqueo alguno, las mujeres en situación de riesgo todavía pueden tener un problema grave: algo llamado enfermedad microvascular coronaria, que es menos común en los hombres.

Wenger explica que en esa enfermedad se dañan los pequeños vasos sanguíneos que irrigan el corazón, de manera que se cierran involuntariamente; sufren un espasmo.

El informe indica que parte de la falta de comprensión acerca de estas diferencias de género se debe a que los estudios relacionados con el corazón todavía no hacen suficiente hincapié en las mujeres, especialmente las pertenecientes a minorías.

Sólo una tercera parte de los estudios de tratamiento cardiovascular incluyen información sobre cómo responde cada sexo, a pesar de que las políticas federales estadounidenses dicen que deberían precisarlo. El informe exhortó a los científicos a que hagan comparaciones directas de qué tratamientos funcionan mejor en las mujeres y que se mejoren las pruebas de diagnóstico.

Otra cuestión: incluso las mujeres jóvenes tienen a veces ataques al corazón y hay indicios preocupantes de que los riesgos aumentan.

Ha habido un pequeño incremento en las muertes entre mujeres menores de 45 años. Además, la presión arterial alta, diabetes o complicaciones relacionadas con el embarazo una preocupación creciente a medida que más mujeres se embarazan mientras tienen sobrepeso no son sólo problemas temporales, sino que aumentan el riesgo de que esas madres sufran enfermedades del corazón cuando tienen entre 40 y 65 años de edad.

El informe dice que muy pocos médicos son conscientes de que deben tener en cuenta esas diferencias de género.

La periodista Lauran Neergaard cubre la información médica y de salud para The Associated Press en Washington DC.

 

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El primer trimestre parece ser crucial para la salud cardiaca del bebé

Un estudio halla que un desarrollo fetal lento se vincula con problemas cardiovasculares posteriores

Los niños que son pequeños en las primeras etapas del desarrollo fetal podrían tener un mayor riesgo de problemas cardiacos, indica un estudio reciente.

Los hallazgos sugieren que los primeros tres meses del embarazo podrían ser un periodo esencial para la salud cardiaca más adelante, apuntaron los investigadores holandeses. Anotaron que el primer trimestre incluye un periodo de desarrollo rápido en que el corazón y otros órganos importantes comienzan a formarse.

Los investigadores evaluaron a casi 1,200 niños a los seis años respecto a los factores de riesgo cardiovascular, como la cantidad y la distribución de la grasa corporal, la presión arterial y los niveles de colesterol e insulina.

En comparación con los niños que tenían el mayor tamaño en el primer trimestre del embarazo, los que tenían el menor tamaño presentaban significativamente más grasa total y grasa abdominal, una presión arterial más alta y unos niveles malsanos de colesterol, halló el estudio.

Tener un menor tamaño en el primer trimestre también se asoció con un aumento en el riesgo de tener varios de estos factores de riesgo cardiovascular en la niñez, según el estudio, que aparece en la edición en línea del 23 de enero de la revista bmj.com.

Pero el estudio solo descubrió un vínculo entre el tamaño pequeño en el primer trimestre y los problemas cardiacos potenciales. No probó una conexión causal.

Se necesitan más estudios para identificar por qué un tamaño más pequeño en el primer trimestre parece asociarse con un mayor riesgo de problemas cardiacos en la niñez, además de las consecuencias a largo plazo, concluyeron Vincent Jaddoe, profesor de epidemiología pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, y sus colaboradores.

Este estudio amplía la creciente evidencia de que un crecimiento fetal lento se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y otros problemas en un futuro, escribieron Gordon Smith y Catherine Aiken, de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, en un editorial acompañante.

Pero antes de apresurarnos a intervenir, “necesitamos una comprensión más profunda de la potencia, la naturaleza y los mecanismos de las asociaciones reportadas”, añadieron los investigadores.

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Alimento contra la diabetes y el ACV

Para prevenir enfermedades cardiovasculares y diabetes, por fin pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes que lo hacen posible.

Después de tomar una pequeña dosis de nitrato inorgánico durante tres días, las personas sanas examinadas en un estudio han consumido menos oxígeno al pedalear en una bicicleta estática.

En dicho estudio se ha examinado la mejora del rendimiento físico, provocada por un aumento de la eficiencia de las mitocondrias que energizan a nuestras células.

Conviene dejar claro que los autores del estudio no recomiendan a nadie que comience a tomar suplementos de nitratos inorgánicos guiándose por los resultados de esta investigación.

Lo que ellos han pretendido con este estudio es encontrar una explicación para los conocidos beneficios en nuestra salud de las frutas y las verduras.

La cantidad de nitrato usada en la investigación es equivalente a la que se encuentra en un plato de espinacas.

Ya se sabía que las dietas ricas en frutas y verduras pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares y la diabetes, pero hasta ahora no se tenían pistas sólidas sobre la identidad de los nutrientes específicos que lo hacen posible.

Los resultados del nuevo estudio, a cargo del equipo de Eddie Weitzberg del Instituto Karolinska en Suecia, presentan al nitrato inorgánico como candidato para explicar esos beneficios.

De hecho, hasta hace poco se consideraba que el nitrato no tenía ningún valor nutritivo.

Los nuevos resultados demuestran que el aumento del nitrato en la dieta puede tener un efecto positivo a corto plazo.

Sin embargo, aún no está claro lo que podría ocurrirles a las personas que consuman altos niveles de nitrato inorgánico durante largos períodos de tiempo.

El siguiente paso en esta línea de investigación podría ser la repetición del experimento en sujetos con enfermedades vinculadas a la disfunción mitocondrial, incluyendo la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, para ver si ellos también se benefician de los efectos del nitrato.

 

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El Tai Chi podría ayudar a los pacientes de insuficiencia cardiaca

Investigadores informan que el antiguo ejercicio chino parece mejorar la calidad de vida

El antiguo ejercicio chino llamado Tai Chi podría mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de insuficiencia cardiaca, según informan investigadores de la Harvard.

El Tai Chi combina movimientos circulares fluidos, equilibrio y cambios en la distribución del peso, técnicas de respiración y una conciencia interna enfocada. Ya se ha demostrado que resulta útil en una variedad de afecciones médicas, entre ellas la hipertensión, las enfermedades del equilibrio y musculoesqueléticas, y la fibromialgia, anotaron los investigadores.

“El entrenamiento en Tai Chi mejoró importantes parámetros de la calidad de vida, el estado de ánimo y la confianza de hacer ejercicio en pacientes de insuficiencia cardiaca”, apuntó la Dra. Gloria Yeh, investigadora líder, de la división de medicina general y atención primaria del Centro Médico Beth Israel Deaconess, y profesora asistente de medicina de la Facultad de medicina de la Harvard.

“Mantener un régimen de ejercicio es importante en la insuficiencia cardiaca. El Tai Chi podría ser una alternativa adecuada o un ejercicio adjunto para estos pacientes”, señaló.

El Tai Chi incorpora aeróbicos de intensidad baja y moderada con entrenamiento de fuerza, técnicas de respiración, relajación y gestión del estrés, explicó Yeh.

El informe aparece en la edición del 25 de abril de Archives of Internal Medicine.

Para el estudio, el equipo de Yeh asignó al azar a cien pacientes de insuficiencia cardiaca a un programa de Tai Chi de doce semanas o a sesiones educativas sobre la insuficiencia cardiaca.

Los investigadores encontraron que aunque ambos grupos tenían un uso similar de oxígeno durante caminatas de seis minutos, los que practicaban Tai Chi mostraron mayores mejoras en la calidad de vida, que se midió con el Cuestionario de vida con insuficiencia cardiaca de Minnesota.

Además, los que practicaron Tai Chi también mostraron una mejora en el estado de ánimo y en el número de calorías que quemaban semanalmente, frente a los que estaban en el programa educativo, añadieron los investigadores.

Las personas que tienen insuficiencia cardiaca sufren por la incapacidad del corazón de bombear la sangre con eficacia para satisfacer las necesidades del organismo. La afección provoca falta de aire, tos, congestión venosa crónica, inflamación de los tobillos y dificultad para hacer ejercicio.

El Dr. Gregg Fonarow, jefe asociado de cardiología de la facultad de medicina Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles, anotó que “la insuficiencia cardiaca resulta en una discapacidad funcional en la capacidad funcional, la calidad de vida y el estado de ánimo”.

“Aunque el ejercicio aeróbico tradicional puede ofrecer algunos beneficios a los pacientes de insuficiencia cardiaca, muchos de ellos tienen dificultades para realizar y continuar con ejercicio aeróbico regular”, agregó.

Ha habido un interés creciente en utilizar ejercicios de cuerpo y mente como el Tai Chi en pacientes de insuficiencia cardiaca, dijo Fonarow. “Tal vez sea más fácil de implementar y agradable, y conllevar el beneficio añadido de la meditación”, apuntó.

“Como complemento de la atención médica estándar, este estudio ha demostrad que el Tai Chi mejoró la calidad de vida, el estado de ánimo y la auto eficacia del ejercicio”, aseguró Fonarow. “El Tai Chi parece ser una alternativa segura al entrenamiento con ejercicio convencional de intensidad de baja a moderada en pacientes de insuficiencia cardiaca. Se necesitan más estudios para comparar el Tai Chi con el entrenamiento en ejercicio aeróbico y para determinar si practicar Tai Chi tendrá un impacto favorable sobre el riesgo de hospitalización o la supervivencia en pacientes de insuficiencia cardiaca”.

Otro estudio que apareció en la misma revista encontró que los pacientes de VIH podrían estar en mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.

En el estudio, el Dr. Adeel A. Butt, de la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, y colegas recolectaron datos sobre 8,486 veteranos, 2,391 de los cuales eran VIH positivos. Durante el seguimiento de 7.3 años, los investigadores encontraron que los que eran VIH positivos tenían un riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca 81 por ciento más elevado que los que no lo eran.

Podría haber varios motivos para la conexión entre el VIH y la insuficiencia cardiaca, entre ellos la infección misma, el uso empedernido de alcohol, los efectos secundarios de la terapia antirretroviral, deficiencias nutricionales y daño al músculo cardiaco, especuló el grupo de Butt.

“La infección con VIH se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca tras ajustar por los factores de riesgo tradicionales de esa enfermedad”, escribieron los investigadores. “Esta asociación persiste incluso tras excluir a los pacientes con antecedentes de línea de base de enfermedad cardiaca coronaria, insuficiencia cardiaca y angina, además de un evento de enfermedad cardiaca coronaria en el periodo de seguimiento tras el diagnóstico de insuficiencia cardiaca, y antecedentes de abuso de alcohol o un diagnóstico de dependencia. La infección viral continua se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca”.

 

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