El cerebro y el ejercicio cognitivo [2-6-17]

by salud on 02/06/2017

in Neurologia,Psicologia - Psiquiatria,Salud

El cerebro y el ejercicio cognitivo

Durante siglos se pensó que el cerebro era un refrigerador de sangre y que el corazón era el principal motor de las funciones cognitivas del ser humano. Hoy, esto se considera arqueología del saber. Sabemos que no sólo realiza las actividades más complejas del cuerpo, sino que también es un órgano muy dinámico, sujeto a constantes cambios de acuerdo a los estímulos que recibe. El conocimiento sobre el cerebro ha ido en aumento conforme la tecnología de imagen mejora. La resonancia magnética funcional (MRIf) ha permitido mirar dentro del cerebro sin tener que abrirlo, además, permite conocer que áreas están trabajando cuando éste realiza alguna actividad cognitiva.

Se pensaba que el cerebro perdía su plasticidad y capacidad a medida que pasamos de la infancia a la edad adulta. Hoy, sin embargo, disponemos de evidencia creciente de que el cerebro retiene su plasticidad hasta muy entrada la edad adulta y posiblemente durante toda la duración de la vida. La actividad plástica se refiere a la capacidad del cerebro para reasignar funciones en otras áreas del cerebro. El hecho de que muchas funciones cerebrales tengan una localización típica se conoce como el concepto de localización cerebral.

Aunque el cerebro forma su estructura de acuerdo al código genético, esta conformación no produce una red de células inalterables. Las conexiones envejecidas pueden permanecer flexibles, y otras nuevas pueden formarse, sin importar cuán vieja sea la materia gris del cerebro. De acuerdo al doctor Arnold B. Scheibel, profesor de neurobiólogo y psiquiatría de 81 años de edad, en la UCLA, “con la plasticidad podemos hacer un corto circuito a la evolución. Podemos forzarnos a evolucionar dentro de nuestro periodo de vida”

Una de las formas como los científicos han encontrado que se puede mantener esta plasticidad cerebral es a través de la actividad física. Aunque no se ha podido señalar los mecanismos por lo cual esto ocurre, el esfuerzo del sistema cardiovascular y muscular parece mantener al cerebro más flexible. Los estudios clínicos han demostrado que los ejercicios aeróbicos de caminar mejoran las funciones ejecutivas del cerebro en personas de 60 a 75 años, y no hay razón para pensar que esto no pueda ocurrir en personas de 80 a 95 años de edad.

Probablemente uno de los actos más críticos en la plasticidad cerebral está en el ejercicio mental. Así como Scheibel señalaba, el ejercicio mental mantiene al cerebro vivo; “ahora nos damos cuenta, después de un trabajo muy exhaustivo, que el tan llamado cerebro envejecido es tan poderoso en aprendizaje como el de un cerebro joven”. La nueva evidencia, que surge tanto de los estudios con animales como la investigación con humanos, abre vía enteramente nueva de pensar sobre los efectos del ejercicio cognitivo. Como señala el doctor Goldberg (El cerebro ejecutivo 2000), en lugar de intentar configurar o reconfigurar procesos mentales específicos, es mejor tratar el reconfigurar el propio cerebro. Esto quiere decir, en vez de tratar de mejorar el nuestro juego tratemos de mejorar el cuerpo que lo juega.

El cerebro es el microcosmos de todos los sistemas biológicos, es el más complejo y diverso en estructura y función. Los aspectos bioquímicos del envejecimiento del sistema nervioso están siendo aceleradamente reconocidos. Hoy se está estudiando cómo se pierden las neuronas, cómo afectan los radicales libres y del estrés oxidativo a la actividad neuronal, se han identificado los genes que controlan el ciclo celular y las vías de transducción en las señales de la membrana celular. Estas son áreas que están emergiendo con un considerable progreso.

El dinamismo informático que caracteriza nuestra sociedad ejerce una fuerte presión sobre el grado de gratificación social que se otorga a los individuos. El tener el vigor mental a lo largo de nuestra vida nunca ha sido tan esencial para el éxito como lo es hoy. Las funciones ejecutivas, que son las que le dan a la persona la habilidad para planificar, organizar el tiempo, estar enfocado y motivado en alguna actividad, mejoran con el entrenamiento meramente físico. Una alteración en la función ejecutiva interfiere con la habilidad del individuo para establecer, mantener el apoyo social. Muy probablemente con los ejercicios cognitivos y la actividad física, la habilidad de los sujetos para cambiar de una tarea a otra mejoran.

Existe evidencia de que el ejercicio mental no dirigido, de hecho, aleatorio, tiene un efecto protector demostrable contra la demencia. Esto hace suponer que un régimen de trabajo cognitivo orientado y científicamente diseñado debería ser aún más. El beneficio, mental y físico, que se obtiene cuando las personas envejecidas permanecen en contacto con sus familiares y amigos se puede incrementar cuando se incluye un plan de ejercicios cognitivos. Los datos demuestran que una vida socialmente activa beneficia las funciones cerebrales tanto como lo hacen los ejercicios físicos. El estar socialmente activo también ayuda a mantener una actitud positiva, al estimular los sentimientos de valoración.

 

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