La normalización de la flora intestinal mejora los síntomas asociados al autismo

by salud on 29/01/2017

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La normalización de la flora intestinal mejora los síntomas asociados al autismo

El incremento de la variabilidad de las bacterias de la microbiota intestinal mejora algunos de los trastornos gastrointestinales y del comportamiento en los TEA

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Cada vez es mayor el número de evidencias que demuestran el importante, sino crucial, papel que juega la flora intestinal –esto es, el conjunto de especies bacterianas, en su mayoría beneficiosas, que habitan en nuestros intestinos– sobre la salud de nuestro organismo. De hecho, la composición de este microbioma parece condicionar nuestro riesgo de desarrollo de enfermedades –como la diabetes– y de sus síntomas –como ocurre en el párkinson–. Pero aún hay más; algunas investigaciones han sugerido que la clave para el tratamiento de algunos trastornos del neurodesarrollo, y más específicamente de los trastornos del espectro del autismo (TEA) se encuentra en el intestino, no en el cerebro. Y ahora, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe (EE.UU.) muestra que la normalización de la flora intestinal de las personas con autismo mejora muchos de los síntomas de los TEA.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Microbiome», muestra que el trasplante de materia fecal para mejorar la composición y variabilidad de la microbiota intestinal resulta sumamente eficaz para el tratamiento de algunos de los trastornos gastrointestinales y del comportamiento asociados al autismo.

Desagradable, pero eficiente

Los autores ya habían observado en un estudio previo una asociación entre los síntomas asociados a los TEA y la composición y diversidad de la flora intestinal. Por ello, el objetivo de esta nueva investigación fue evaluar si la mejora de esta microbiota del intestino podía ser efectiva en el tratamiento del autismo.

Para ello, los autores contaron con la participación de 18 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 7 y los 16 años y diagnosticados de autismo a los que sometieron a un lavado intestinal, a un tratamiento antibiótico durante 10 semanas y a un trasplante fecal diario –a lo largo de dos meses.

Y exactamente, ¿qué es un trasplante fecal? Pues básicamente, la transferencia de las bacterias de la flora intestinal de un donante ‘sano’, en la que se encuentran en torno a un millar de diferentes especies bacterianas, a un paciente. De esta manera se consigue que el receptor pueda tener un microbioma intestinal con una composición y variabilidad ‘normales’.

Los resultados mostraron que el procedimiento conllevó beneficios a largo plazo para los receptores, caso de una mejora promedio de un 80% de los síntomas gastrointestinales asociados a los TEA y de una mejoría de un 20-25% en los trastornos del comportamiento –entre otros, las habilidades sociales y los hábitos del sueño.

Como explica Dae-Wook Kang, co-autor de la investigación, «hemos observado un gran incremento en la diversidad del microbioma y un gran aumento en algunas especies bacterianas específicas, muy especialmente en el caso de las del género ‘Prevotella’, que previamente habíamos visto que se encontraba en baja cantidad en los niños con TEA».

No probar en casa

En definitiva, combinar el trasplante fecal, aun nauseabundo, con enemas y antibioterapia podría ser eficaz para corregir algunos de los síntomas asociados a los TEA. Más aún cuando se contempla que, una vez concluido el tratamiento, las bacterias ‘trasplantadas’ permanecen a largo plazo en la flora del receptor.

Como indica James Adams, director de la investigación, «nuestros resultados son muy convincentes. Hemos completado un ensayo clínico en fase I demostrando la seguridad y la eficacia del procedimiento. Pero para recomendarlo como tratamiento y poder aplicarlo en la práctica clínica se requieren estudios en fases II y III. Así, estamos planificando ampliar nuestra investigación sobre esta estrategia terapéutica mediante un estudio más grande y controlado con placebo que llevaremos a cabo en el futuro».

Es decir, aún habrá que esperar. Tal es así que los autores reclaman cautela a los padres que se vean tentados de reproducir el tratamiento en sus hijos.

Como concluye Rosa Krajmalnik-Brown, co-autora de la investigación, «aunque hemos visto que el tratamiento es prometedor, es importante que los padres lo consulten con sus médicos, dado que el uso de técnicas inadecuadas puede dar lugar a la aparición de infecciones gastrointestinales graves».

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