Relaciones: los de afuera ¿son de palo? [3-10-17]

by salud on 03/10/2017

in Pareja - Romance,Salud

 

Relaciones: los de afuera ¿son de palo?

Muchas veces, solemos contar nuestros problemas sentimentales a amigos, familiares y compañeros de trabajo exponiendo a nuestra pareja.

Cuando nos encontramos en una relación de pareja, es normal que usemos como confidentes a todos los que nos rodean: padres, amigos, compañeros de trabajo, etc. Un poco porque necesitamos consejos y otro poco porque inexorablemente necesitamos comparar nuestra relación con las demás, para buscar acciones ajenas, ejemplos que nos den la razón en supuestos problemas de amores.

En esa búsqueda desesperada de una opinión externa, solemos contar nuestros problemas a boca de jarro, sin darnos cuenta que no solo exponemos a nuestra pareja, sino que aparte exponemos nuestra relación. “¿A vos te parece bien lo que me dijo mi novio?”, “¿Qué harías si te hace esto?”, pasando por alto que todas las personas son distintas y todas las relaciones son diferentes. Entonces seguimos buscando desesperadamente un parámetro de cordura que nos guíe, como si las relaciones de amor fuesen un mueble que trae instrucciones y encaja perfectamente.

Es en esa misma búsqueda en la que cometemos el peor de los errores: mostrar las miserias de la persona que amamos.

Primero comenzamos contando un par de diferencias. Más tarde, plasmamos en los demás las actitudes y esencias de la persona que amamos como erróneas. Con el correr del tiempo, pasamos a relatar nuestra relación como una novela de televisión a los televidentes, dándole, y casi exigiéndoles una opinión. Como si ellos fuesen a decir qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.

Cuando contamos todas las peleas y diferencias que tenemos con nuestra pareja, es normal que obviemos todos nuestros errores, y solo contemos la parte en la que la otra persona es casi un demonio que nos está haciendo mal. Entonces, finalmente, la gente que nos rodea comienza a engancharse con la historia y a participar activamente de la misma, opinando y diciéndonos lo malvada que es la persona que tenemos al lado.

Ignorantes de quiénes somos nosotros mismos, nos juzgan como amigos, primos, hijos y otras yerbas, sin pensar que para juzgar a una persona como amante, hay que amarla. Así que nuestros confidentes comienzan a ser nuestros socios en esto de destruir nuestra relación y comienzan a remarcarnos nuestras cualidades, dejando a relucir las miserias de quien tenemos al lado: “Vos sos una excelente persona, no te mereces que te corten el teléfono”, dice un amigo sin saber que antes de que nos corten el teléfono nosotros le estábamos gritando a nuestra pareja. “¿Cómo te va a tratar así?”, dice una amiga sin saber que para que nos traten así, nosotros estábamos portándonos peor. “Ubicalo porque no tiene limites”, opina un familiar sin saber que nosotros nunca pusimos límites.

Y en esa búsqueda desesperante, seguimos siendo juzgados como hijos, hermanos, amigos y primos, por personas que no saben de nuestros celos, de nuestra forma de amar, de nuestro accionar ante una indiferencia, y de quiénes somos en el amor.

Es en este momento cuando nos encontramos con lo que fuimos tejiendo inconscientemente de a poco: “Dejalo”, “Cortale”, “Abrite”. Y esas palabras nos suenan a nosotros como una locura. En ningún momento nos percatamos de que le estábamos dando un poder innecesario a quienes creíamos nuestros consejeros. Ahora, nuestros amigos, familiares, y demás, piensan de nuestra pareja lo que nosotros reflejamos. Nuestra visión, nuestro sentir, nuestro descontento, pero desconocer lo que hicimos nosotros, lo que nos equivocamos, y desde el amor que sienten por nuestra persona, nos recomiendan que nos alejemos de quien nos está lastimando.

Un pensamiento tan básico y primitivo como la protección maternal. Entonces nos damos cuenta que expusimos a la persona que amamos, que nuestros amigos no la quieren ver más, que nuestra familia no la quiere en su mesa, y que todos los confidentes que antes nos consolaban, hoy se transforman en enemigos íntimos que no están dispuestos a escuchar más relatos, porque como toda serie de televisión, tienen sed de final.

Y aquí nos encontramos, de la mano con la persona que amamos, a quien no supimos cuidar. De la mano de la persona que amamos, a quien no le dimos privacidad. De la mano de la persona que amamos, a quien hoy todos quieren lejos menos nosotros.

Entonces, me pregunto yo: ¿Tan importante es lo que piensan los demás? Si las personas viven llenas de problemas, de guerras, de diferencias. A la hora de hablar todos nos cuentan lo ideal, olvidándose que lo ideal es amigo de lo irreal, y que si ellos fuesen tan exitosos, no podrían siquiera engancharse en nuestros tontos culebrones quinceañeros.

Por eso, sospecho que la mejor manera de cuidar a quien queremos es discutir nuestras diferencias en la privacidad. Confrontar lo que nos molesta cara a cara y hacer lo imposible por resolverlo. Cuando exponemos a la persona que amamos, trazamos una línea imaginaria entre nuestros vínculos sociales y ella, pero por más imaginaria que sea la línea, después es muy difícil de saltar. Y cuando nos encontramos con la directiva de apartarnos de esta relación, nos damos cuenta que en realidad no es lo que queremos, y ahora pretendemos que ellos acepten a nuestra pareja, aquel demonio que tanto mal nos hacia, pero que sin ella no podemos vivir.

Como profeta una frase futbolística: “Los de afuera son de palo”, y siempre es mejor dejarlos siendo palos, a permitir que le den a quien amamos con un palo.

 

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